Capítulo IV LA GUERRA 1. Sucinta historia militar de Israel
Capítulo IV
LA GUERRA
1. Sucinta historia militar de Israel
Las primeras guerras de Israel fueron guerras de conquista:
la tradición presenta al pueblo tomando posesión, con las armas y con la ayuda de Dios, de la tierra que le había sido prometida La derrota de Sión, rey de Hesbón, y de Og, rey de Basán, Núm 21:21-35, la campaña contra Madián, Núm 31:1-12, proporcionan un territorio a Rubén, a Gad y a la media tribu de Manasés. El libro de Josué describe la ocupación de la Cisjordania como una acción militar en tres acciones de gran envergadura; el pueblo, después de franquear el Jordán, se abre paso hasta el centro del país, Jos 1-9; se desbarata una coalición de cinco reyes cananeos del sur y queda conquistada toda la parte meridional del país, Jos10; los reyes del norte son derrotados en Merom y sus ciudades caen en manos de los israelitas, Jos11. Es muy cierto que esta descripción simplifica en gran manera la realidad, y que la acción de las tribus fue mucho más desparramada, más lenta y de éxito desigual, cf. Jos15:13-17; Jue1. Es cierto asimismo que los israelitas se infiltraron pacíficamente siempre que les fue posible, pero consta que también encontraron resistencias y que hubieron de superarlas con las armas en la mano.
Las guerras del período de los jueces y del reinado de Saúl fueron guerras defensivas, en primer lugar contra las reacciones de los cananeos y de los pueblos vecinos, en cuyo detrimento se había apropiado Israel de un territorio, y luego contra las invasiones de los filisteos que desbordaban su territorio costero. Por el contrario, el reinado de David fue un período de reconquista y luego de expansión. Ignoramos en parte las razones de las guerras exteriores de David. La guerra contra los ammonitas estalló después del ultraje hecho a los embajadores de David, 2Sam10:1-5, los arameos fueron atacados porque habían acudido en socorro de los ammonitas, 2Sam10:6-19; cf. 2Sa8:3-6. No se conoce la ocasión de la guerra contra Moab, 2Sam 8:2, ni de la guerra contra Edom, 2Sam 8:13. De la bravata de los ammonitas y de la solicitud con que los arameos acudieron en su ayuda, se desprende que los Estados vecinos se inquietaban por el creciente poder de Israel, pero también que no tenían en gran consideración el valor de su nuevo jefe; es posible que las provocaciones de aquéllos y sus propios éxitos indujeran a David a una política de conquista en que no había pensado en un principio.
Estas conquistas fueron muy mal defendidas por sus sucesores. No hubo guerra alguna bajo el reinado de Salomón, que no reaccionó al verse desposeído, en parte, de Edom y de Aram, 1Re11:14-25; los ammonitas se habían declarado independientes desde la muerte de David. El rey de Moab se rebeló a la muerte de Acab, sin que una expedición punitiva del rey de Israel sostenida por el rey de Judá y por su vasallo edomita, lograse hacerle volver a la obediencia, 2Re 3:4-27. Poco después Edom se emancipó del señorío de Judá, tras una desdichada campaña de Joram, 2Re 8:20-22.
Después del cisma, la frontera artificial que separaba a Israel y a Judá había sido causa de conflicto entre los reinos hermanos bajo Basá y Asá respectivamente, 1Re15:16-22, luego bajo Joás y Amasias, 2Re 14:8-14, y finalmente bajo Acaz y Peqah (guerra siro-efraimita), 2Re 16:5;2Cr 28:5-8. Pero cada reino tenía bastante quehacer con defender su territorio contra el extranjero. Roboam evitó una guerra con el faraón Sesonq entregándole los tesoros del templo y del palacio, 1Re 14:25-26, y en adelante, hasta Josías, Egipto fue con frecuencia un enemigo, y a veces un aliado ineficaz. En la frontera filistea surgieron conflictos sobre los cuales estamos mal informados y en los que Judá resultaba ora victorioso, ora vencido. Tales conflictos se produjeron bajo Joram, 2Re 8:22; 2Cr 21:16, Ozías,2Cr 26:6, Acaz,2Cr 28:18, Ezequías, 2Re18:8. Las guerras con Edom por la posesión de Elat, 2Re 14:7.2Re14:22; 2Re16:6, tenían por objeto el mantenimiento de la ruta comercial hacia el mar Rojo y Arabia.
También el reino de Israel lindaba al sudoeste con los filisteos. Guibetón, plaza filistea que amenazaba a Guézer, fue sitiada por Nadab y por Omrí, 1Re 15:27; 1Re16:15. Todavía más tarde, Isaías presenta a Israel entre los filisteos y los arameos, que lo devoran, Is 9:11. Estos arameos de Damasco fueron durante largo tiempo amenazadores adversarios. Las guerras, que duraron durante casi todo el siglo IX a.C. con alternativas de éxito y aun más a menudo de reveses para los israelitas, tuvieron por primer objeto el resto de las posiciones arameas de David en Transjordania (se combatía delante de Ramot de Galaad, 1Re22:3.1Re22:19; 2Re8:28; 2Re9:1s) y los distritos de Galilea septentrional, 1Re15:20; cf. 1Re20:34. Dos veces los arameos pusieron sitio a Samaría, 1Re20:1s; 2Re6:24s. Hazael de Damasco intentó incluso dominar enteramente a Israel y casi lo logró, 2Re10:32-33; 2Re12:18; 2Re13:3-7. La situación fue restablecida bajo Joás, 2Re13:25, y bajo Jeroboam II, 2Re 14:25, una vez que los asirios hubieron quebrantado el poder de Damasco.
Pero los asirios fueron enemigos todavía más temibles. Cuando Salmanasar n apareció en Siria central, una coalición intentó detenerlo y, en 853 a.C. Acab participó con 2000 carros y 18 000 infantes en la batalla de Qarqar, en el valle del Orontes. Es curioso que esta única expedición lejana de un ejército israelita no esté mencionada en la Biblia y que sólo la conozcamos por documentos cuneiformes. Sólo una decena de años más tarde, en 831, se avino Jehú sin resistencia a pagar tributo. El siglo siguiente, con ocasión del segundo gran avance asirio bajo Teglat-Falasar III, Menahem se declaró vasallo en 738, 2Re 15:19-20, pero en 734-732 el rey de Asiría ocupó parte del territorio de Israel sin encontrar seria resistencia, 2Re15:29. Finalmente, el año 724, Salmanasar v fue a poner sitio a Samaría que, no obstante haber sido hecho prisionero su rey, resistió hasta principios del 721.
Cuando tuvo lugar el ataque de Teglat-Falasar, los reyes de Aram y de Israel habían intentado asociar a Acaz de Judá a su lucha contra los asirios, pero como Acaz se negase, pusieron sitio a Jerusalén: fue la guerra «siro-efraimita». Entonces Acaz llamó en su ayuda a los asirios, con lo que Judá se convirtió, sin combate, en Estado vasallo, 2Re16:5-9; Is7-Is8. Ezequías trató de sacudir el yugo, aprovechándose de un movimiento general de revuelta contra Asiría y aliándose con los Estados de la costa y, más lejos aún, con Egipto y Babilonia; pero la réplica de Senaquerib fue terrible: en 701 se apoderó de todas las ciudades de Judá, a pesar de una resistencia de que dan testimonio los documentos asirios, las cuales fueron asignadas al rey de Filistea que se había mantenido fiel; sólo Jerusalén pudo salvarse, 2Re18:13- 2Re 19:13; Is36-Is37. No se sabe cómo repararon estas pérdidas Ezequías y su hijo Manasés: de todos modos, Judá siguió siendo vasallo de Asiría. Cuando el poder de ésta declinó, Josías sacudió el yugo y liberó no sólo el territorio de Judá, sino también parte del antiguo territorio de Israel, cf. 2Re 23:15-20. En esta coyuntura en que el dominio de Asiría estaba quebrantado en todas partes, es posible que no fuera necesario recurrir a las armas para esta reconquista. En todo caso la Biblia, preocupada únicamente de la política religiosa del rey, no habla de ninguna acción militar. Por el contrario, cuando el faraón Nekao subió para socorrer el último rey de Asiría, acorralado por los babilonios y los medos, Josías intentó detenerle en el paso de Meguiddó, en 609: no quería que sobreviviese Asiría ni que Egipto pusiera el pie en Palestina. Hubo una breve batalla en que Josías fue herido de muerte, 2Cr 35:20-25, que da más detalles que 2Re 23:29-30. Nekao se anexionó a Judá, donde colocó a un rey vasallo, Yoyaquim. La dominación egipcia fue de corta duración. La derrota de los egipcios en Carquemís el año 605, puso a toda Siria y Palestina en manos de los babilonios y Judá quedó sometido a vasallaje. Yoyaquim trató de emanciparse, lo cual suscitó represalias por parte de Nabucodònosor; los acontecimientos se precipitaron: primer sitio de Jerusalén en 597, instalación de Sedecías, sublevación de éste, segundo sitio interrumpido pasajeramente por una intervención egipcia y, por fin, la destrucción de Jerusalén en 587, 2Re24:1,2Cr 25:21y noticias dispersas en Jeremías. Los relatos bíblicos se interesan únicamente por la suerte de Jerusalén, si bien es cierto que las operaciones se extendieron muy lejos. Según Jer 34:1-7, Lakís y Azeqá resistían durante el sitio de Jerusalén. Las excavaciones de teli ed-duweir(Lakís) dan testimonio de las destrucciones que sufrió la ciudad durante las dos invasiones caldeas y de las obras de defensa que entre tanto se realizaron. Los ôstraka que allí se han encontrado dan una idea de la actividad que se desplegó inmediatamente antes del segundo sitio: enlaces con Jerusalén, intercambio de señales entre las ciudades, envío de una misión a Egipto.
Si se abarca de una ojeada esta historia militar de Israel bajo la monarquía, se observa que la era de las guerras de conquista se abre y se cierra con David y que en lo sucesivo sólo hubo guerras de defensa, excepcionalmente para hacer volver a la obediencia a algún vasallo sublevado o para mantener abierta una vía de comercio, pero lo más a menudo para proteger o restablecer una frontera y, finalmente, para tratar de resistir a los grandes conquistadores. Incluso Acab en Qarqar y Josías en Meguiddó no pretendían sino proteger la integridad del país.
Después de haber pasado varios siglos sometidos a soberanos extranjeros, los judíos por fin se sublevaron. La revuelta estalló contra Antíoco Epífanes, quien queriendo unificar su imperio helenizándolo, negó a los judíos el derecho que se les había reconocido, de vivir conforme a su propia ley. La guerra de la independencia de los Macabeos fue, pues, una guerra religiosa, y todavía volveremos a tratar de este aspecto Aquí únicamente notaremos sus particulares caracteres militares. Fue, en primer lugar, una lucha de guerrillas, que tenían en jaque a las guarniciones de los Seléucidas y a las tropas enviadas en su socorro, pero pronto Judas Macabeo hizo llamamiento a todo el pueblo y organizó un ejército según las antiguas tradiciones de Israel, 1Mac3:55-56. Fue, principalmente, una guerra abierta, extendiéndose las operaciones, a veces simultáneas, desde el sur de Hebrón hasta Galilea y desde la costa mediterránea hasta Transjordania; las plazas que resistían eran rápidamente arrebatadas gracias a los nuevos recursos de la poliorcética que los judíos habían aprendido de sus enemigos. Se recobró la libertad religiosa, 1Mac 6:57-60, pero Judas comprendió que no podía ser garantizada sino por la independencia nacional, y así continuó la lucha. Bajo su hermano Simón los judíos recuperaron por fin su autonomía y «el yugo de las naciones fue levantado a Israel», 1Mac 13:41.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.