Capítulo II- LA LEY DE LA HOSPITALIDAD Y DE ASILO
Capitulo II
LA LEY DE LA HOSPITALIDAD Y DE ASILO
Como ya dejamos dicho, la hospitalidad es una necesidad de la vida en el desierto, necesidad que ha venido a ser una virtud, y una de las más estimadas entre los nómadas. El huésped es sagrado: recibirle es un honor por el que se rivaliza, pero que normalmente corresponde al seih. El forastero puede disfrutar de esta hospitalidad durante tres días, y cuando se marcha, todavía se le debe protección, cuya duración es variable: en algunas tribus «hasta que haya salido de su vientre la sal que ha comido»; en las grandes tribus como los rwala de Siria, durante otros tres días y en un radio de 150 kilómetros.
Espontáneamente se presentan a la memoria los paralelos del Antiguo Testamento: Abraham recibe espléndidamente a los tres «hombres» en Mambré, Gén1:1-8; Labán se apresura a acoger al servidor de Abraham, Gén 24:28-32. Dos relatos, el de los ángeles recibidos por Lot en Sodoma, Gén 19:1-8, y el del crimen de Guibeá, Jue19:16-24, muestran hasta qué extremos podía llegar el sentimiento de la hospitalidad. Lot y el anciano de Guibeá están dispuestos a sacrificar la honra de sus hijas por la salvaguardia de sus huéspedes, y se da la razón de ello: es sólo porque éstos han entrado bajo sus techos, Gén 19:8 y Jue19:23.
Otra consecuencia de la vida nómada es la ley de asilo. En este estado social es imposible e inconcebible la existencia de un individuo aislado que no pertenezca a ninguna tribu. Si un hombre es excluido de su tribu a consecuencia de un homicidio o de una ofensa grave o si él mismo se retira de ella por cualquier razón, se ve en la necesidad de buscar la protección de alguna otra tribu. Viene a ser lo que los árabes modernos designan con el nombre de dahil, «el que ha entrado», y lo que los árabes antiguos denominaban un yár. La tribu lo toma bajo su protección, lo defiende contra sus enemigos y practica en su favor la venganza de la sangre. En el Antiguo Testamento hallamos el eco de estas costumbres en la institución del ger, que es lo mismo que el árabe yár, así como en la de las ciudades de refugio¹
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