Capitulo Ī-ORGANIZACIÓN TRIBAL 1. Constitución de las tribus
Capitulo Ī
ORGANIZACIÓN TRIBAL
1. Constitución de las tribus
La tribu es un grupo autónomo de familias que se consideran descendientes de un mismo antepasado. A la tribu se la denomina según el nombre o sobrenombre de su antepasado, precedido o no de «hijos de». Los ejemplos árabes son inumerables. En la Biblia, al grupo de los descendientes de Amalek, de Edom, de Moab, se los llama Amalek, Edom, Moab sin lá. adición de «hijos de». Sin embargo se dice «Israel» o también «hijos de Israel», «Judá» o «hijos de Judá», etc., y siempre «hijos de Ammón», excepto dos casos, de los cuales uno es textualmente incierto. En lugar de «hijos», se puede decir «casa» (en el sentido de familia, descendencia): «la casa de Israel», sobre todo, «la casa de José». Los textos asirios siguen las mismas normas para designar los grupos arameos que vivían en condiciones análogas a las de los primeros israelitas: bit (casa) yakin y mar (hijos) yakin, o bit adini y mar adini. Aún más, a propósito de los israelitas sedentarios del reino del norte, después de Omrí, dicen: bit humri y mar humri.
Lo que une a los miembros de una misma tribu es el vínculo de la sangre, real o supuesto: se consideran todos «hermanos», en un sentido amplio. Abimélek dice, dirigiéndose a todo el clan de su padre: «Acordaos de que soy hueso vuestro y carne vuestra», Jue9:2. Todos los miembros del clan de David son para él «hermanos», 1Sa 20:29, y a todos los ancianos de Judá les dice: «Vosotros sois mis hermanos, hueso mío y carne mía», 2Sa 19:13. Cada tribu posee tradiciones propias sobre el antepasado del que pretenden descender. Estas tradiciones no son siempre verídicas,pero independientemente de su valor, lo importante es que el nómada piense que es de la misma sangre que los otros miembros de la tribu, que las relaciones entre las diferentes tribus se expresen como relaciones de parentesco. Según esto, toda la organización social del desierto se resume en un árbol genealógico.
Esta idea ha dirigido, al principio del islam, la composición de grandes genealogías, cuyo material ha sido coleccionado por Wüstenfeld. Cada tribu se remonta a un antepasado único, y dos tribus aisladas se remontan a dos antepasados que eran hermanos en sentido propio. Estas genealogías, que pueden ser exactas cuando se trata de un pequeño grupo, resultan inevitablemente arbitrarias y artificiales cuando se las quiere extender en el espacio y en el tiempo. En la región del Eufrates medio hay un conjunto de pequeñas tribus, dedicadas al pastoreo de ovejas, que se llaman los 'agédút, es decir, los «confederados». El nombre expresa bastante bien el modo como se ha formado la agrupación: sin embargo, esta unión política y económica se traduce en un cuadro genealógico. Este procedimiento condujo a la invención de los antepasados epónimos. Hay una tribu llamada hoza'a, los «separados», porque se separaron de los azd en el momento de la gran dispersión yemenita: los genealogistas le han dado un antepasado individual, que denominan Hoza'a. Asimismo los holoý, es decir los «transportados», así llamados porque Ornar I los traspasó de los 'adwán a los al-harit: sin embargo, según los genealogistas, Holoý es el sobrenombre de Qais, hijo de Al-Harit.
De hecho, además de la descendencia de la sangre, otros muchos elementos pueden intervenir en la constitución de una tribu. La comunidad de morada conduce a la fusión de grupos familiares. Elementos débiles son absorbidos por un grupo vecino más fuerte, o bien muchos grupos débiles se juntan para formar una unidad capaz de permanecer autónoma, es decir, con capacidad para resistir a los diversos ataques. En cuanto a los individuos, su incorporación a una tribu puede realizarse por adopción en una familia — es caso frecuente en los esclavos que han obtenido la libertad — o por aceptación del šeih o de los ancianos.
Con todo, el principio queda siempre a salvo, pues el recién llegado es incardinado «de nombre y de sangre» a la tribu, es decir, reconoce al antepasado de la tribu como su propio antepasado, se casará dentro de la tribu y fundará una estirpe. Los árabes dicen que ha sido «genealogizado» (raíz nasaba). Cuando se trata de todo un clan, la fusión es más lenta, pero se llega al mismo resultado, y los extranjeros son finalmente considerados como descendientes de la misma sangre. Un texto de Al-Bakri lo expresa muy bien: «Y los nahd den zaid se unieron a los bene al-harit, se confederaron y se juntaron con ellos totalmente; y los ýarm ben rabbán se unieron con los bene zubaid, juntándose y viviendo con ellos, y toda la tribu, con sus confederados, se entroncó al mismo antepasado (nusibat).»
Las tribus israelitas no escaparon a estas vicisitudes. Y también tuvieron que absorber grupos de diferente origen. La tribu de Judá terminó por acoger los restos de la tribu de Simeón; y también incorporó extraños, los calibitas, los yerahmelitas, etc. El proceso seguido está claramente señalado en la Biblia a propósito de los calebitas: originariamente extraños a la federación israelita, pues Caleb era hijo de Yefunné el quenizita(Núm32:12;Jos14:6;Jos14:14; compárese con Gén15:19;Gn36:11), se pusieron en relación con Israel desde la estancia en Cades, donde Caleb es designado como representante de Judá para la explotación de Canaán, Núm13:6; su integración a la tribu viene señalada en Jos15:13;cf.Jos14:6-15. Finalmente Caleb es entroncado genealógicamente con Judá: el hijo de Yefunné, se hace hijo de Esrón, hijo de Peres, hijo de Judá, 1Cr2:9,1Cr2:18,1Cr 2:24, y hermano de Yerahmeel, 1Cr2:42, otro grupo extranjero,1Sa 27:10, igualmente unido al tronco de Judá, 1Cr2:9. Es indudable que fusiones semejantes se produjeron con frecuencia, de modo especial en los comienzos, y hay una parte de sistematización en la concepción de las «doce tribus», sin que pueda decirse exactamente hasta qué punto este sistema es artificial. En todo caso debemos tener en cuenta que el número y el orden de las tribus y a veces su nombre, varían según los textos, y estas variantes prueban que no se llegó de un primer golpe al sistema que ha prevalecido.
2. Agrupación, división y desaparición de las tribus
Las doce tribus de Israel forman una confederación. Se conocen agrupaciones semejantes de tribus árabes. A veces se trata sólo de pequeñas tribus que se unen para hacer frente común contra vecinos poderosos, así los 'agédát, los «confederados» del Eufrates medio, mencionados anteriormente. Otras veces se trata de tribus que tienen cierto origen común, que provienen de la escisión de una tribu que era demasiado numerosa. Las nuevas unidades adquieren entonces una autonomía de alcance variable. Conservan, en todo caso, el sentimiento de su parentesco y pueden volver a unirse para realizar empresas comunes, migraciones o guerras, y, en este caso, reconocen un jefe obedecido por todos los grupos o la mayor parte de ellos. Este estado social puede ser estudiado, en la época moderna, en dos grandes federaciones rivales del desierto de Siria, los 'aneze y los šammar. Israel conoció una situación análoga durante su permanencia en el desierto y durante la conquista de Canaán, situación que se prolongó cuando se volvió sedentario durante el período de los jueces. Se ha comparado el sistema de las doce tribus a las anfictionías que agrupaban en torno a un santuario cierto número de ciudades griegas. Esta comparación es interesante pero no debe ser llevada demasiado lejos, ya que las doce tribus no estaban regidas, como las anfictionías, por un organismo permanente, y el sistema no tenía la misma eficacia política. Su importancia era, ante todo, religiosa: juntamente con el sentimiento de su parentesco, la fe común en Yahveh, que todas habían aceptado seguir, Jos24, era el vínculo que unía las tribus en torno al santuario del arca, donde se encontraban con ocasión de las grandes fiestas.
Puede suceder también que un grupo, demasiado numeroso para poder convivir y utilizar los mismos pastos, se divida y forme dos grupos, que viven en plena independencia. De esta manera se separaron Abraham y Lot, Gén13:5-13. Sin embargo, los deberes de parentesco subsisten y, cuando Lot es llevado cautivo por los cuatro reyes victoriosos, Abraham corre en su auxilio, Gén14:12-16.
Una tribu, en lugar de crecer, puede sencillamente ir disminuyendo y por fin desaparecer. Así se debilitó Rubén, comparar Gén49:3-4 y Dt33:6. Así desaparece la tribu profana de Leví, Gén34:25-30; Gn49:5-7, reemplazada por la tribu sacerdotal, «dispersada en Israel», cf. Gén49:7. Del mismo modo desaparecerá también Simeón, Gén 34:25-30; Gn49:5-7, cuyos restos fueron muy pronto absorbidos por Judá, Jos19:1-9; Jue1:3s, pues no se nombra en las bendiciones de Moisés, Dt 33, anteriores probablemente al reino de David.
3. Organización y gobierno de la tribu
Aunque forma un todo, la tribu tiene una organización interna, fundada también en los vínculos de la sangre. Entre los árabes nómadas quedan fluctuantes los límites y los nombres de estos subgrupos. La unidad de base es naturalmente la familia, 'ahel, que es un concepto relativamente amplio. Diversas familias emparentadas constituyen una fracción o un clan, que se llama hamüleh o 'asireh según las religiones. La tribu misma se denomina qabileh, antiguamente batn o hayy, dos vocablos que expresan la unidad de sangre en que está fundada.
Los israelitas conocieron una organización muy semejante. La bét 'ab, la «casa paterna», es la familia, que comprende no sólo al padre, a la esposa o esposas y a sus hijos no casados, sino también a los hijos casados, con sus esposas e hijos, y a la servidumbre. Varias familias componen un clan, la mispahah. Ésta vive ordinariamente en el mismo lugar o, por lo menos se reúne para fiestas religiosas comunes y comidas sacrificiales, 1Sa20:6.1Sa20:29. Ella asume especialmente la venganza de la sangre. La rigen los cabezas de familia, los zeqenim o «ancianos». Finalmente, en tiempo de guerra, suministra un contingente, evaluado teóricamente en mil hombres, que está a las órdenes de un jefe, el sar. En Jue8:14 los jefes de Sukkot se distinguen de los «ancianos», en Gén 36:40-43 se enumeran los jefes de los clanes de Edom, que llevan el nombre particular de 'allüp, quizá relacionado con 'elep, «mil». El conjunto de los clanes, de los mispahót,H4940 constituye la tribu, sebet o matteh, dos palabras que se emplean equivalentemente y que designan también el bastón de mando y el cetro real: la tribu congrega a todos los que obedecen al mismo jefe.
La jerarquía de los tres términos, bét 'ab, mispahah y sebet, está expresada netamente en Jos7:14-18. Pero sucede también que se emplea a veces un término por otro, como en Núm4:18;Jue20:12 (texto hebreo). Makir y Galaad, que son dos clanes de Efraím, se mencionan en la misma línea que otras tribus en el cántico de Débora, Jue5:14-17.
Entre los árabes, el gobierno de la tribu está en manos del seih o jeque, en unión con los principales cabezas de familia. Esta autoridad se mantiene generalmente en la misma familia, pero no siempre pasa al hijo mayor. En efecto, se atiende mucho al valor personal y se exige que el seih sea prudente, valeroso, generoso... y rico.
No es fácil decir cuál fuera el equivalente del seih entre los israelitas ni con qué nombre se le designaba. Es posible que fuera el nâsî. Éste es el nombre que se da a los jefes de las tribus durante la permanencia en el desierto, Núm 7:2, donde se precisa que eran «los jefes de las casas paternas, los que estaban a la cabeza de las tribus», cf. Núm1:16, etc. La misma palabra designa a los jefes de Ismael, Gén17:20; Gn25:16, y los ismaelitas, tienen doce nasi' correspondientes a otras tantas tribus, donde es evidente el paralelo con Israel. Otro tanto se diga de los madianitas, Núm25:18;Jos13:21.Se puede objetar que éstos pertenecen a la tradición sacerdotal, que se suele considerar como la más reciente, y que el mismo término hallamos con frecuencia en Ezequiel, pero también aparece en textos ciertamente antiguos, Gén34:2;Éx22:27.Se ha supuesto también que este término designaba a los representantes de las tribus en la anfictionía israelita, pero en este caso se le da un sentido religioso, que no se ve claro en los textos que acabamos de citar. Por lo demás, si existía tal organización y estaba regida por una especie de consejo, es normal que las tribus estuvieran representadas en él en las personas de sus jefes. Únicamente hay que notar que la palabra no estuvo siempre reservada a los jefes de las tribus, sino que se aplicaba también a los dirigentes de fracciones menores; con la misma libertad emplean los árabes el término seih.
4. Territorio de la tribu. Guerra y razzia
Cada tribu tiene un territorio que se le reconoce como propio y dentro del cual las tierras cultivadas están generalmente bajo el régimen de propiedad privada, pero los pastos son comunes. Los límites quedan a veces fluctuantes y se da el caso de que grupos que pertenecen a diferentes regiones se compenetren en las regiones favorecidas, cuando tales tribus viven en relaciones de buena armonía. Pero la tribu a que pertenece el territorio puede poner sus condiciones y exigir derechos de pasturaje.
Estas libertades dan fácilmente lugar a diferencias, principalmente a propósito del uso de los pozos o de las cisternas. En el desierta todo el mundo debe saber que tal aguada pertenece a tal grupo, pero sucede que a veces se disputan los títulos y surgen así contiendas entre los pastores. Esto ha sido cosa de todos los tiempos: los pastores de Abraham disputan con los de Lot, Gén13:7; los servidores de Abimélek usurpan un pozo cavado por Abraham, Gén21:25; Isaac tuvo dificultad para hacer valer sus derechos sobre los pozos que él mismo había perforado entre Guerar y Bersabée, Gén 26:19-22.
Si los conflictos relativos a las trashumaciones, a los pastos o a las aguadas no se resuelven amistosamente, como en los ejemplos bíblicos que acabamos de citar, dan lugar a guerras. La guerra la decide el seih, y todos los hombres deben seguirle. Ordinariamente el botín se reparte entre los combatientes, pero el jefe tiene derecho a una parte especial, que antiguamente se evaluaba en la cuarta parte de lo recogido y que más recientemente se dejó al arbitrio del jefe mismo. En Israel, en la época de David, el botín se repartía por mitades entre los combatientes y los que se quedan en la retaguardia, quedando siempre una parte reservada al jefe, 1Sa30:20-25. En Núm31:25-30, se hace remontar esta institución a la permanencia en el desierto y la parte del jefe se considera como un aprontamiento para Dios y para los levitas.
Cada tribu árabe tiene su grito de guerra y su estandarte. Además, lleva en el combate una litera adornada llamada 'utfa, y más recientemente merkab o abu-dhur. En tiempos modernos esta litera se lleva vacía, pero en otros tiempos iba en ella la muchacha más hermosa de la tribu para animar a los combatientes. También Israel tenía su grito de guerra,Teruha, Nm10:5, Nm10:9; Nm31:6; Jos6:5, Jos6:20; Jue7:20-21;1Sa17:20,1Sa17:52;cf. Am1:14; Am2:2; Sof1:14-16, etc. Este grito de guerra forma parte del ritual del arca de la alianza, 1Sa4:5; 2Sa6:15, que es el palladium de Israel y cuya presencia en el combate, 1Sa4:3-11; 2Sa11:11, recuerda la litera sagrada de los árabes. Las tribus en el desierto, en sus campamentos y en sus marchas, se agrupaban quizá bajo estandartes, ót, Núm 2:2.
Cuando se confederan varias tribus, adoptan una enseña común, como la bandera del profeta, izada en La Meca y Medina. Con esto se puede a su vez comparar el arca de alianza y el nombre de yahveh-nissi, «Yahveh es mi bandera», que se dio al altar erigido por Moisés después de la victoria sobre los amalecitas, Éx17:15.
La«razzia» es diferente de la guerra: en ella no se trata de matar, sino de recoger botín sin experimentar daños. Es el deporte noble del desierto; supone el empleo de camellas de carrera y de yeguas de raza, y está sujeta a reglas fijas. La antigüedad israelita no conoció nada específicamente análogo. Lo que más se le parece son las incursiones de los madianitas y de los hijos de oriente, montados en sus camellos, en la época de los Jueces, Jue6:3-6; de menor envergadura son las expediciones de David al Négueb durante su permanencia entre los filisteos, 1Sa 27:8-11.
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