INTRODUCCIÓN
INTRODUCCIÓN
Instituciones de un pueblo son las formas de vida social que un pueblo acepta por costumbre, escoge libremente o recibe de una autoridad. Los individuos se someten a ¡as instituciones, pero éstas, a su vez, no existen sino en función de la sociedad que dirigen, ya se trate de una sociedad familiar, política o religiosa. Varían con el tiempo y con los lugares, y dependen, hasta cierto punto, de las condiciones naturales: geografía, clima, etc.; pero se distinguen esencialmente de las formas de asociación de las plantas o de los animales y de sus cambios por una intervención, colectiva o individual, de la voluntad humana.
Las instituciones de un pueblo antiguo están, por lo mismo, íntimamente ligadas no sólo al lugar dónde habita, sino también a su historia. Hechas a su medida, llevan la marca de su psicología, de sus ¡deas sobre el hombre, sobre el mundo y sobre Dios. Como la literatura, las artes, las ciencias, la religión, las instituciones son también un elemento y una expresión de la civilización de un pueblo. Para describir y comprender estas formas antiguas, el historiador debe tener en cuenta todos los vestigios del pasado. En primer lugar, los textos, que son siempre más explícitos, pero también los monumentos, incluso los más humildes restos del trabajo humano, todo lo que permita reconstruir las condiciones y el cuadro de vida de ese pueblo.
Estas relaciones múltiples explican el hecho de que las instituciones de Israel hayan sido tratadas siempre como parte de un conjunto más vasto. Amplios estudios les son consagrados en las obras clásicas de historia: Geschichte des Volkes Israel, de R. KITTEL y, sobre todo, para lo referente a los últimos tiempos del Antiguo Testamento, Geschichte des jüdischen Volkes, de E. SCHÜRER. Por el contrario, en los estudios recientes de J. PIRENNE, Les institutions des Hébreux ✏ se sigue el desarrollo de la historia. En otro tiempo se trataba de las instituciones con el título de Antiquitates hebraicae. Hoy día se las asocia a la arqueología y, así, las encontraremos estudiadas en I . BENZINGER, Hebräische Archäologie, ³1927 ;F. NÓTSCHER, Biblische Altertumskunde,1940; A.G. BARROIS, Manuel d'Archaéologie biblique 1, 1939 ; II, 1953 .Un amplio espacio se les dedica en las historias de la civilización, A . BERTHOLET, Kulturgeschichte Israels, 1919 ; J . PETERSEN, Israel, its Lije and Culture I-II, 1926; III-IV, 1940.
Todas estas obras son buenas, y han sido constantemente utilizadas en la composición del presente trabajo. Pero he pensado que las instituciones del Antiguo Testamento podían constituir muy bien el tema de un estudio especial. La fuente principal es evidentemente la Biblia. Fuera de las secciones legislativas o rituales, la Biblia no trata directamente de cuestiones institucionales. Sin embargo los libros históricos, proféticos y sapienciales contienen muchas informaciones, tanto más interesantes cuanto que nos revelan lo que en realidad se hacía y no simplemente lo que se hubiera debido hacer. La utilización de estos textos supone una exégesis exacta y una crítica literaria que les asigne una fecha, ya que el desarrollo de las instituciones ha seguido el desarrollo de la historia. La arqueología en sentido propio, es decir, el estudio de los restos materiales del pasado, sólo interviene accesoriamente para reconstruir el cuadro real en el que funcionaban las instituciones: las casas donde vivían las familias, las ciudades que administraban los ancianos del pueblo o las autoridades del rey, las capitales donde residía la corte, las puertas donde se hacía justicia y donde se instalaban los comerciantes con sus balanzas y sus pesos metidos en una bolsa, las murallas que defendía el ejército, las tumbas cerca de las cuales tenían lugar los ritos fúnebres, los santuarios donde los sacerdotes presidían el culto. Para ser comprendidas, las instituciones de Israel deben, finalmente, ser comparadas con las instituciones de los pueblos vecinos, sobre todo Mesopotamia, Egipto y Asia Menor, donde la documentación es sobreabundante, y también, no obstante la escasez de nuestra información, con las instituciones de los pequeños Estados de Siria y Palestina, entre los cuales Israel se ha sabido tallar un territorio o bien han sido fundados al mismo tiempo que él, y con los que ha tenido contactos de todo género.
El presente libro ofrece solamente las conclusiones de todas estas búsquedas. A manera de introducción, y a causa de su supervivencia tenaz, se exponen primeramente las costumbres nómadas y la organización de las tribus. Se estudian, a continuación, las instituciones familiares, civiles, políticas, militares y religiosas. La obra no está destinada directamente a los especialistas de la ciencia bíblica. Quiere sencillamente servir de ayuda para lograr una lectura más inteligente del Antiguo Testamento. Por este motivo se han multiplicado las referencias al texto de la Biblia y se han evitado intencionadamente las discusiones demasiado técnicas, renunciando a notas eruditas que hubieran llenado fácilmente el pie de las páginas. Muchas de las afirmaciones o sugerencias enunciadas en el libro exigirían una justificación más amplia, y suponen opciones de crítica textual, literaria o histórica sobre las que se puede discutir. El autor espera que los lectores le prestarán la suficiente confianza. Si quieren controlar sus afirmaciones y formarse un juicio personal, encontrarán los instrumentos necesarios en las indicaciones bibliográficas agrupadas por capítulos, al final del libro. Dicha bibliografía no es completa. De los trabajos antiguos retiene aquellos que aún no han sido reemplazados, y de los recientes cita sólo aquellos que han parecido más útiles y en los que el autor ha encontrado sus informaciones. Citándolos, quiere reconocer la deuda contraída con sus predecesores, pero, al mismo tiempo, suministra armas contra sí mismo, pues muchos de estos trabajos exponen soluciones diferentes de aquellas que él ha adoptado. El lector curioso irá a ver y después escogerá.
El título delimita la materia del libro a la época del Antiguo Testamento. Al Nuevo Testamento no se alude a no ser a modo de simple esclarecimiento o de adición. En el estudio del Antiguo Testamento, las instituciones ocupan un puesto subordinado, y el lector podrá sentirse, a las veces, lejos del mensaje espiritual y doctrinal que busca en la Biblia. Sin embargo, lo va siempre bordeando y frecuentemente lo alcanza de manera directa. Las costumbres familiares, los ritos fúnebres, la condición de los extranjeros o de los esclavos, las concepciones sobre la persona o función del rey, las relaciones existentes entre la ley, aun la profana, y la alianza con Dios, la manera de hacer la guerra, todo lleva consigo el reflejo de ideas religiosas, y éstas encuentran en el culto y en la liturgia su expresión consciente. Las instituciones del pueblo escogido preparan y prefiguran las de la comunidad de los elegidos. Todo nos interesa en ese pasado sagrado, pues la palabra de Dios es algo vivo y se percibe mejor su resonancia si se escucha en el ambiente mismo donde ha sido pronunciada.
Jerusalén, junio de 1957
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