5. La educación
5. La educación
Durante los primeros años, el niño, aun después de destetado, seguía encomendado a su madre o a la nodriza, 2Sam4:4, aprendía a andar, Os11:3. El pequeño israelita pasaba lo mejor de su tiempo jugando en las calles o en la plaza con los niños y niñas de su edad, Jer6:11; Jer9:20; Zac8:5; Mt 11:16. Cantaban, danzaban, se divertían con figuras de barro cocido, de las que se han hallado muestras en las excavaciones; las niñas jugaron siempre a muñecas.
La madre daba a los pequeños los primeros elementos de instrucción, sobre todo moral, Prov 1:8,Pr 6:20. Estos consejos maternales podían extenderse también a los adolescentes, cf. Prov 31:1. Sin embargo, los muchachos al salir de la infancia se confiaban sobre todo a su padre. Uno de los deberes más sagrados de éste era enseñar a su hijo, ora se tratase de la enseñanza religiosa, Éx10:2; Ex12:26; Ex13:8; Dt 4:9;Dt 6:7.Dt 6:20s;Dt 32:7.Dt 32:46, o de la simple educación, Prov1:8; Pr6:20, y sobre todo Eclo 30,1-13. El azote y la baqueta secundaban esta formación, Prov 13:24; Pr22:15; Pr29:15.Pr 29:17; cf. Dt8:5; 2Sam7:14; Prov 3:12; .Eclo 30:1
El uso de la escritura era ya corriente en época antigua. Además de los escribanos de profesión, como los de la administración real, 2Sam8:17; 2Sa20:25; 1Re4:3; etc., o secretarios privados, como Baruc, Jer 36:4, los miembros de las clases dirigentes sabían escribir, a juzgar por los ejemplos de Jezabel, 1Re21:8, y del profeta Isaías, Is8:1. Pero el conocimiento de la escritura no estaba limitado a estos ambientes privilegiados: un joven de Sukkot puede dar por escrito a Gedeón los nortibres de todos los jefes de su clan, Jue 8:14, y la prescripción de Dt6:9; Dt11:20 supone que todo cabeza de familia sabía escribir.
No obstante, la enseñanza se daba sobre todo oralmente. El maestro contaba, explicaba, interrogaba, y el discípulo repetía, hacía preguntas o respondía a ellas,Ex13:8; Dt6:7.Dt 6:20s; Sal 78:3-4, etcétera. Ésta seguirá siendo la forma de enseñanza de los rabinos y de las escuelas modernas del Corán.
El contenido de la enseñanza era muy general: el padre inculcaba a su hijo las tradiciones nacionales, que eran también tradiciones religiosas, y las prescripciones divinas dadas a los antepasados, Éx 10:2 y otros textos que acabamos de citar. Se enseñaba también a los niños trozos de literatura, como la elegía de David sobre Saúl y Jonatán, 2Sam1:18, que se recitaba todavía en la época de los Macabeos, .1Mac 9:20-21
El padre daba también al hijo una educación profesional; en efecto, los oficios eran ordinariamente hereditarios y las técnicas se transmitían en el taller familiar. Un rabino dirá: «Quien no enseña a su hijo un oficio útil, lo cría para ladrón.»
Esta función educativa del padre explica que el sacerdote, que tiene la misión de enseñar, reciba el nombre de padre, Jue 17:10; Jue18:19, que José, que llega a ser consejero del faraón, sea como su «padre», Gén 45:8, que Amán, visir de Asuero, sea su «segundo padre», Est 3:13,f- Est8:12.l Asimismo la relación entre maestro y discípulo se expresa por los términos «padre» e «hijo», 2Re2:12, comparado con 2Re2:3; cf. las expresiones «hijo mío», «hijos míos», «Escucha, hijo mío», tan frecuentes en los Proverbios.
Fuera de esta enseñanza en familia, el joven israelita tenía muchas ocasiones de instruirse. En las caravanas y junto a los pozos oía cantar las «justicias de Yahveh», Jue 5:10-11. A la puerta de la aldea asistía a las conversaciones de los ancianos, a los arreglos de litigios, a las transacciones comerciales. El niño iba con sus padres a los santuarios, 1Sam1:4.1Sa4:21, o al templo de Jerusalén, cf. Lc 2:31 s, donde oía cantar los salmos y contar los recuerdos históricos que iban anejos a las grandes fiestas: la liturgia, lo mismo que en la edad media, era un poderoso medio de instrucción.
Algunos hombres tenían especialmente la misión de enseñar al pueblo. Eran en primer lugar los sacerdotes, guardianes e instructores de la ley, la tórah, que significa etimológicamente «directriz, enseñanza». Es probable que muy pronto se diese ya una enseñanza didáctica en los lugares de culto; el joven Samuel es confiado al sacerdote Elí, 1Sam2:21.1Sm2:26; Joás es instruido por el sacerdote Yehoyada, 2Re 12:3.
También los profetas tenían la misión de instruir al pueblo, por lo menos tanto como de predecir el porvenir; la inspiración profética daba a su predicación la autoridad de palabra de Dios. Es cierto que durante el período monárquico los profetas fueron los maestros de religión y de moral del pueblo, los mejores, ya que no siempre los más escuchados. Al lado de ellos se hallaban los sabios, que enseñaban el arte de vivir bien y cuya influencia aumentó ya en la cautividad, en que los sabios se confundieron con los escribas, y la educación moral se combinó con el estudio de la ley. Su enseñanza se comunicaba en las reuniones de ancianos, ,Eclo 6:34 en las conversaciones de las comidas de fiesta, ,Eclo 9:16 pero también al aire libre, a la puerta de las ciudades, en las calles y en las encrucijadas, Pr1:20s; Pr8:2s. Se expresaban en sentencias bien forjadas, que se conservaban por tradición oral antes de componer colecciones, Prov 10:1; Pr22:17; Pr25:1, etc.
Fuera de esta enseñanza que se daba cuando se ofrecía la ocasión y de que todo el mundo podía aprovecharse, los profetas y los maestros de sabiduría reunían en su derredor discípulos que recibían una formación más continuada, Prov 8:32; Is 8:16; Is50:4. Es también probable que, como en Egipto, en Mesopotamia y entre los hititas, existiesen desde muy pronto en las dos capitales escuelas de escribas, donde se formaban los funcionarios reales. Sin embargo, una enseñanza escolar organizada no está documentada sino en época tardía. La palabra «escuela», bét-midras, se encuentra por primera vez en el texto hebreo de .Eclo 51:23 Según una tradición judía, sólo el año 63 d.C. el sumo sacerdote Josué ben Guimla decretó que cada ciudad y cada aldea debía tener una escuela que los niños deberían frecuentar por obligación a partir de los 6 ó 7 años. Esta tradición es impugnada por algunos eruditos que hacen remontar la institución de la instrucción pública a la época de Juan Hircano, hacia 130 a.C.
Todo esto se refiere únicamente a la educación de los muchachos. Las muchachas quedaban bajo la dirección de su madre, que les enseñaba lo que debían saber para su oficio de mujer y para la dirección de la casa.
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