6. Adopción
6. Adopción
La adopción es el acto por el cual un hombre (o una mujer) reconoce como su hijo o hija a una persona extraña a su sangre, con los derechos y deberes legales de hijos. La adopción se practicó en Mesopotamia ya en época muy remota. Tenía por finalidad compensar la falta de hijos en los matrimonios estériles y dar a los padres adoptivos una ayuda en su trabajo y un sostén en la ancianidad. A mediados del II milenio antes de nuestra era, en Nuzu, en la región de Kerkuk, contratos de adopción ficticia cubrían toda suerte de transacciones económicas.
Las leyes del Antiguo Testamento no contienen disposición alguna relativa a la adopción. Los libros históricos no refieren ningún caso de adopción en sentido estricto: el reconocimiento legal de un extraño con los derechos de hijo natural. No se pueden considerar verdaderas adopciones el caso de Moisés tratado como hijo por la hija del faraón, Éx2:10, o el de GUENUBAT, educado entre los hijos del faraón, IRe 11:20, o el de Ester, huérfana, recogida por Mardoqueo, Est 2:7,Est 2:15. Por lo demás, estos tres ejemplos se sitúan en ambiente extranjero. La historia de Abraham, que piensa en dejar sus bienes a su servidor, ya que no tiene hijo Gén 15:3, se ha explicado como adopción de un esclavo, conforme a un uso comprobado por los textos de Nuzu; si esta explicación es exacta, revela el influjo de una costumbre de Mesopotamia en la época patriarcal, pero no prueba que esta costumbre echase raíces en Israel, y la Biblia no presenta el caso como adopción.
Hay otros casos más claros. Raquel da a Jacob su esclava Bilhá para que dé a luz sobre sus rodillas y poder así tener hijos por medio de ella; los dos hijos de Bilhá reciben efectivamente su nombre de Raquel y son considerados por ella como hijos, Gén 30, 3-8. Jacob considera como suyos a los dos hijos de José, Efraím y Manasés, Gén 48:5, y los «pone entre sus rodillas», Gén 48:12. Se cuenta también que hijos de Makir, hijo de Manasés, «nacieron sobre las rodillas de José», Gén 50:23. En fin, Noemí toma al recién nacido de Rut, lo pone sobre su regazo, y las gentes dicen: «Ha nacido un hijo a Noemí», Rt4:6-17. No es difícil reconocer en todos estos casos un rito expresivo de adopción, que está documentado en otros pueblos: se ponía al niño sobre las rodillas o entre las rodillas del que lo adoptaba. Pero aquí no se trata de adopciones en sentido pleno, puesto que se hacen en el interior de la familia y en línea recta, siendo «adoptado» el niño por su madrastra, cf., sin mención del rito, Gén16:2;Gn30:1-13, por su abuelo o por su abuela. Los efectos- legales de tal «adopción» son, pues, restringidos.³
Se podría reconocer un reflejo de las costumbres de adopción en los textos en que las relaciones entre Yahveh e Israel se expresan como relaciones de padre a hijo, Éx 4:22; Dt 32:6; Is 63:16; Is64:7; Jer3:19;Jer31:9;Os11:1, etc. Pero apenas si son más que metáforas, en que la ¡dea de la paternidad divina, que será puesta plenamente de relieve en el Nuevo Testamento, se esfuma ante la idea de Dios señor y creador. Más significativa es la profecía de Natán concerniente al rey descendiente de David: «Yo seré un padre para él y él será para mí un hijo», 2Sam 7:14, con los otros pasajes que dependen de éste, 1Cr 7:13;1Cr 22:10;1Cr 28:6; Sal 89:27. Sólo hay un texto: «Tú eres mi hijo, hoy te he engendrado», Sal 2:7, que parece utilizar una fórmula legal
Podemos concluir que la noción de adopción en el sentido jurídico del término era conocida en el Antiguo Testamento, pero que tuvo muy poco influjo en la vida corriente; es extraña al derecho judío posterior.
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