145º Una tabla de madera que salva una vida no tiene precio.
Cuenta Hebbel, con ironía, la historia de aquel hombre que, estando hundiéndose en el mar recibió la ayuda de un desconocido que le tiró una tabla a la que pudo agarrarse y salvar así su vida.
Y añade que el náufrago, que había salido de las aguas, se dirigió a su salvador y le preguntó cuánto costaba la madera de la tabla, porque quería pagársela y, así, darles las gracias. ¡Como si su salvador le hubiera regalado una madera y no la vida!
Tenía razón Bernanos al escribir que "las cosas pequeñas, que parecen de ningún valor, son las que dan la paz. La pequeña llave del detalle abre más corazones de lo que imaginamos".
Y lo grande de los detalles es que en ellos no cuenta el valor monetario de los mismos.
A veces basta una pequeña señal de amor para dar a una persona una 'tabla de salvación', un motivo para recuperar el sentido y el valor de la vida. Saber, por ejemplo, perder un poco de tiempo para conversar con una persona que necesita una indicación, una orientación y sobre todo una señal que le revele su valor, es muchas veces salvarla de la desesperación.
Son gestos que superan todo valor económico, que no se pueden pagar sino con un 'gracias'. Un día, no muy lejano, caeremos en la cuenta de que pagar a un obrero solamente con un sueldo, aunque justo, no es suficiente. Una retribución puramente económica, no puede recompensar la labor de una persona que trabajó con amor y dedicación. Lo mínimo que podemos hacer hoy es que además del salario, hace falta demostrar a los obreros y empleados el sentido de agradecimiento un sincero gracias un gracias por su labor.
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