Pensamiento crítico latinoamericano
Ricardo Salas Astraín (Chile), Universidad Católica Silva Henríquez
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Definición conceptual, su historia y relevancia internacional. El hecho de adjetivar el pensamiento latinoamericano, en estos tiempos de cierto desencanto, de crítico, puede parecer controversial. Sin embargo, al seguir la propuesta conocida en la tradición filosófica moderna con ello se quiere apuntar, en primer lugar, a precisar que todo pensamiento cuestionador requiere asegurar las formas de justificación de su propia aproximación. En segundo lugar, este adjetivo también llama la atención respecto de problemáticas multidisciplinarias y de cruces categoriales, donde la filosofía aparece en un cruce epistemológico que se asume en los programas de investigación en curso. No se trata, entonces, de contraponer “un pensar crítico” a las formas “ingenuas” de aprehensión de la realidad, sino de un ejercicio que devela las limitaciones de las perspectivas disciplinarias y apunta a ejercer cierto control y cierta validación de las categorías utilizadas por el trabajo intelectual de los investigadores del subcontinente. Por último y, consecuencia de lo anterior, se trata de un pensar filosófico que cuestiona las formas discursivas veladas o encubiertas, tan propias de las ideologías de la dominación, del cinismo imperante y de la negación del otro, que desgarran dramáticamente nuestros mundos de vida, pero que permiten, a pesar de estas limitaciones, la acción responsable de los sujetos individuales y colectivos mediante la que se puede transformar los contextos y, a veces, reconstruir los sueños de emancipación. En este sentido, el pensar crítico fusiona de un nuevo modo varios problemas centrales de la lógica, del lenguaje y del pensamiento que se habían separado. No obstante, aunque este acercamiento no reduce el carácter problemático de tal expresión, en general se está de acuerdo históricamente en que la referencia a “la crítica” ha ido apareciendo de modo incipiente como un concepto en diversos momentos de la historia del pensamiento occidental. Su uso moderno deriva de la especialización dada por la filosofía kantiana a la crítica del conocimiento. Esta noción de tipo epistémico continúa vinculada a la crítica de las ciencias. Así, en el siglo XX se da en torno al cuestionamiento al predominio del positivismo, único modelo de la ciencia y telón ideológico de una sociedad de élites, y alude asimismo al racionalismo “crítico” asociado al falsabilismo popperiano. Pero también adquiere relevancia este adjetivo, en referencia al proyecto de “teoría crítica” que inaugura una “crítica de las ideologías” en la Escuela de Frankfurt, en especial en la filosofía de Horkheimer, Adorno y Habermas. Esta expresión en América Latina aparece fuertemente vinculada al cuestionamiento de las teorías hegemónicas de la “ciencia sin
presupuestos” y, en general, a las teorías que no vinculan sus modelos epistémicos con las estructuras vigentes del poder, tal como ocurre en la visión neopositivista o tecnocientífica. Define en este sentido el trabajo de las ciencias sociales críticas, aludiendo, entonces, a una teoría de la dependencia, a una sociología crítica, a una pedagogía crítica, e incluso a una crítica cultural. En este desarrollo de las ciencias sociales y de la filosofía latinoamericana actuales se asocia la crítica al tema de la reflexividad, a saber: un pensar que toma plena conciencia del análisis de segundo orden y la maduración de las propias categorías para explicar y comprender la realidad sociohistórica. Aunque todos los conceptos explicitados acerca de los rasgos propios del pensar “crítico” son problemáticos, se entiende que ello es parte de la propia constitución de un cuestionamiento de un pensar que alude a la realidad sociocultural e histórica. Se trata así de considerar no solo los significados de estas categorías, sino de escrutar su funcionalidad política y axiológica, en medio de los mundos de vida que son mundos históricos, cargados de tensiones sociales, económicas y políticas. Ello permite concluir entonces en la existencia compleja y variada del pensamiento crítico latinoamericano actual. Existencia que requiere reducir la distinción tajante que se ha levantado entre la “filosofía” y la “sabiduría”, “la ciencia” y el “saber cotidiano”, y el “logos” y el “mito” dentro de la tradición científico-racionalista de Occidente, y que en buena parte sobrevive en el medio universitario, que esconde en su exageración academicista un velo de a-criticidad.
Estado del concepto en América Latina (teóricopráctico). La complejidad sociocultural latinoamericana se enraíza siempre en contextos histórico-vitales específicos; desde esta óptica el pensar crítico está arraigado en medio de acervos de experiencias sociales, de amalgamas de creencias, conocimientos y prácticas que ayudan a germinar una crítica sociocultural de variados contextos de dominación y que posibilita las plurales luchas por el reconocimiento, ya larvadas en las primeras gestas de los patriotas hace 200 años, y presente en las diversas formas de lucha proseguidas en diversos momentos históricos. Entre los científicos sociales se ha acostumbrado a entender el “pensamiento crítico” en oposición a sistemas de pensamiento asociados a la dominación, a la hegemonía política y cultural, y en estos últimos años la teoría política lo opone al “pensamiento único” asociado a la ideología vinculada al proyecto neoliberal que se ha filtrado con el modelo de la globalización. Para la década pasada, Acosta estableció un fuerte vínculo entre el pensamiento crítico de las ciencias sociales de la
Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) y del Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI) con la crítica de los regímenes autoritarios. El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso) ha insistido en la pérdida de identidad del pensamiento crítico latinoamericano en desmedro de saberes sociales técnicoinstrumentales. Con esto puede demostrarse que la crítica de los complejos procesos vividos en estas últimas décadas por los países latinoamericanos permitió avanzar en el cuestionamiento de una mirada unilateral de las ciencias sociales y del pensamiento uniformado dentro de las universidades y centros de elaboración intelectual. En este sentido, el pensar crítico alude, en una primera instancia, al desenmascaramiento de una realidad sociopolítica escondida y velada por el autoritarismo y hoy por el pensamiento único.
El papel jugado por la filosofía latinoamericana. Lo que importa subrayar aquí es que existen relevantes propuestas teóricas que ya han clarificado esta problemática de la pluralidad y emergencia de los saberes y de la alienación de ciertos conocimientos, donde es menester reconocer la fecundidad y el papel significativo de algunas obras claves de filósofos ya consagrados. Hace más de tres décadas, el gran aporte fue del filósofo peruano Augusto Salazar Bondy, quien titulaba una pequeña obra en forma de pregunta: ¿Existe una filosofía de Nuestra América? Esta interrogante, aunque él la respondió negativamente, por la incapacidad de articular el conocimiento con la realidad sociohistórica, ha sido reformulada de diferentes maneras, y es interesante revisar las pluriformes respuestas que se han dado a esta cuestión en el curso de estos treinta últimos años. Haciéndose pronto eco de esta interrogante, respondía un año después el mexicano Leopoldo Zea con su libro La filosofía americana como filosofía sin más (1969), donde defendía la idea de que aunque nuestras teorías provenían de otros centros intelectuales de poder habían permitido que el filósofo respondiera a su realidad. Este debate formó parte de la polémica más significativa acerca de este punto en la década de los setenta del siglo pasado. Pero, no solo fue esta una discusión entre un filósofo peruano y uno mexicano, porque esta interrogante también tuvo enorme eco y fue respondida desde diferentes países de acuerdo con la reflexión de los procesos emancipadores de dichos años. Por mencionar uno que ha marcado fuertemente este debate, relacionamos el que se levantó en el contexto politizado argentino, donde tuvo gran relevancia el Manifiesto en pos de una “filosofía de la liberación”, donde tuvieron un papel destacado varios pensadores argentinos, que hoy tienen un reconocimiento latinoamericano y mundial. Un estilo
que se ha hecho canónico es el de una filosofía de la liberación, desarrollado sistemáticamente en la obra del filósofo Enrique Dussel. Con matices y variantes se encuentra en la obra del filósofo uruguayo Sirio López o en el pensador nicaragüense Alejandro Serrano Caldera o del pensador alemán afincado en Costa Rica, Franz Hinkelammert. Esta forma de entender la filosofía como crítica de la ideología de la dominación es uno de los proyectos filosóficos más prolíficos con relación a la elaboración de una crítica del saber en los contextos de globalización y exclusión. Esta postura liberadora se ha decantado y matizado, al tiempo que se han generado otras formas de pensamiento crítico y alternativo no solo en Argentina, sino en toda América Latina: con fuerza surgió la controversia acerca del problema del “pueblo” entre algunos filósofos, que llevó a Roig a plantear sus reservas y distancias frente a la versión dusseliana. Contra una filosofía desarrollada desde el “otro” levinasiano, se ha destacado la relevancia de las mediaciones históricas y políticas, marcando fuertemente la filosofía latinoamericana, entendida como una teoría y crítica del pensamiento latinoamericano. En este mismo plano de la crítica de las ideas y de la dimensión “utópica” del pensar crítico, es relevante el trabajo en el Centro Coordinador y Difusor de Estudios Latinoamericanos (CCyDEL) de la UNAM, de CeruttiGuldberg. Desde una versión “inculturada” de la filosofía latinoamericana, presente en Scannone y Picotti, se han aportado también diversas observaciones “críticas” al pensar latinoamericano contextualizado. En los últimos años se difunde la perspectiva de una filosofía intercultural, tal como lo propone el filósofo cubano Fornet-Betancourt. Esta filosofía prosigue una línea de una filosofía arraigada en el saber indígena y popular, tal como la propusieron desde los años sesenta Rodolfo Kusch y Miguel León-Portilla. Entre los chilenos habría que destacar, sobre todo, los aportes críticos de los estudios de E. Devés, N. Osorio y G. Salazar. En el medio colombiano se ha destacado el trabajo del Instituto Pensar en la Pontificia Universidad Javeriana, dirigido por Guillermo Hoyos. Recapitulando, la cuestión de la crítica y de la filosofía latinoamericana en estas tres décadas ha dado origen a importantes direcciones especulativas, teóricas y metodológicas del pensamiento crítico como articulador de saberes. En todas estas diversas expresiones, más allá de sus innegables diferencias y matices, se ha intentado responder, de una forma rigurosa, a la cuestión de las posibilidades y límites de una filosofía latinoamericana, y en todas ellas se tematiza el vínculo entre la reflexión y la crítica, que surge como una cuestión central, no solo para entender el lugar específico de la filosofía en los contextos sociales
y culturales de nuestros países, sino para armar una teoría de la reconstrucción del saber, desde los ámbitos de la reflexividad social básica hasta los niveles más altos de la crítica sociocultural.
Posición crítica del autor. En síntesis, la cuestión de la crítica surge por doquier en esta rápida panorámica de los saberes desplegados en los últimos treinta años, pero ella no es exclusiva de la sola filosofía, y podría ampliarse al conjunto de todo el pensamiento latinoamericano lo cual incluye las ciencias sociales y humanas, que de un modo u otro han intentado reflexionar críticamente acerca del paradigma de la modernización, de la modernidad y de la identidad cultural, por mencionar solo tres temas relevantes. En este sentido, la crítica de la filosofía latinoamericana presupone también responder por las relaciones profundas que tiene el pensar filosófico con las ciencias sociales, en especial la sociología, la economía, la teoría política, la bioética y actualmente la teoría de la comunicación. El pensar crítico no se condensa entonces en una propuesta única, sino que refiere a un “pensar crítico”, interlógico y multifacético, manifestado en diversas racionalidades hermenéuticas, como las de los saberes locales, de las ciencias sociales, de la filosofía y de la teología latinoamericanas. Hay entonces un proceso reflexivo y crítico en los sujetos y movimientos sociales que no aceptan y cuestionan la hegemonía de un pensamiento único hegemónico, y que puede ser incorporado a la racionalidad de las ciencias hermenéuticas críticas. En este sentido, el pensar crítico no puede desprenderse del despliegue de sentido que transmite la propia reflexividad de la cultura y de la sociedad latinoamericana, donde ella aparece íntimamente relacionada con la historia, la política, la bioética, la literatura, las artes y las teorías de la comunicación. Pensar críticamente no es algo propio de la filosofía, sino de otras formas de racionalidad presentes en nuestras culturas latinoamericanas; lo propio de la filosofía es llevarlo a la máxima claridad de un trabajo conceptual. Pero la cuestión referida al conjunto del pensamiento crítico latinoamericano exige explicitar un aspecto más crucial acerca del saber, porque, a veces entre los filósofos y los cientistas sociales, hay un tipo de incomprensión acerca del espacio propio de la conciencia crítica como algo que se reduce solo a los intelectuales profesionales de la crítica. Justamente un aporte de este pensamiento, al modo practicado por las tendencias señaladas, es que no puede desconocerse el papel de los diferentes tipos de sujetos que reflexionan y cuestionan la realidad social y cultural latinoamericana, por ejemplo en los líderes indígenas, en los movimientos obreros y campesinos, en los cantantes y artistas. El pensar
crítico es parte de una actividad cultural que está presente en las diferentes tradiciones culturales.
Referencias Y. Acosta, Las nuevas referencias del pensamiento crítico en América Latina, Montevideo, Universidad de la República, 2003. - Y. Altez, “De la hermenéutica a la crítica cultural”, en Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, Vol. 10, Nº 2, 2004, pp. 73-80. - S. Castro-Gómez y R. Mendieta (eds.), Teorías sin disciplina: latinoamericanismo, postcolonialidad y globalización en debate, México, Ed. Porrúa, 1998. - E. Del Búfalo y E. Paredes, El pensamiento crítico latinoamericano, México, Ed. Nueva Sociología, 1979. - E. Dussel, “Europa, modernidad y eurocentrismo”, en La colonialidad del saber (E. Lander, ed.), Buenos Aires, Unesco, 2003. - F. Hinkelammert, El nihilismo al desnudo, Santiago, LOM, 2001. - R. Fornet-Betancourt, Crítica intercultural a la filosofía latinoamericana, Madrid, Ed. Trotta, 2004. - A. Pizarro, Pensamiento crítico y crítica de la cultura en Hispanoamérica, Alicante, Instituto de Cultura, 1990. - A. Roig, Ética del poder y moralidad de la protesta, Mendoza, Ediunc, 2002. - R. Salas Astrain, “Presentación”, en Pensamiento crítico latinoamericano, Santiago, Ediciones UCSH, 2005, T. I, pp. 9-15. - VVAA, Pensamiento crítico contra la dominación, Madrid, Akal, 2000. - VVAA, Pensamiento crítico vs. pensamiento único, Madrid, Debate, 1998. - Catherine Walsh, Pensamiento crítico y matriz (de) colonial: reflexiones latinoamericanas, Quito, Abya-Yala-Universidad Andina Simón Bolívar, 2005.
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