La sociedad del riesgo
Cristina Ambrosini (Argentina), Universidad de Buenos Aires
Integridad
Concepto. Entre las distintas fórmulas adoptadas para caracterizar este particular estadio de la modernidad (posmodernidad, modernidad tardía, sociedad posindustrial), Ulrick Beck recurre a la denominación “sociedad del riesgo –Risikogesellschaft–, Risk Society” para destacar el carácter postradicional de nuestra época (Beck, 1998). Como orden postradicional, la modernidad institucionaliza la duda y presenta como provisorio todo conocimiento, lo que obliga a una permanente revisión del orden social. Esta reflexión adquiere una dimensión ética ya que la elaboración de la identidad requiere el establecimiento de ámbitos de confianza y seguridad ontológica. La constitución de un ethos fatalista o irracional aparece como una respuesta generalizada ante una cultura secular portadora de riesgos. Indeterminación, incoherencia, ilogicidad, irracionalidad, ambigüedad, confusión e inexpresabilidad son lo otro de la modernidad que se instala en su reverso. La brecha, cada vez más amplia, entre teorías y prácticas, hace que el futuro se presente como terra incognita, como dictadura de la novedad. El riesgo, que aparece como un “constructo social histórico”, pasa a ser una categoría clave, ya que alrededor de ella se estructuran mecanismos de producción, distribución y división de peligros.
Los términos “confianza” y “fiabilidad” están claramente relacionados con la fe. Según Niklas Luhmann, la fiabilidad (trust) se relaciona estrechamente con el riesgo. En inglés, risk puede haber llegado desde el español risco, palabra tomada del lenguaje náutico, que aparece en testimonios a partir de la segunda mitad del siglo XVI. El comercio y los viajes por mar son lugares donde el uso de la palabra es frecuente y los seguros marítimos testimonian la necesidad calcular los riesgos (Luhmann, 1996). Las sociedades contemporáneas se caracterizan porque en ellas “lo improbable resulta probable”, ya que su principal característica es la pérdida del sentido del viejo orden cuando el nuevo orden es altamente precario. Se produce una coexistencia problemática: la expansión de las opciones junto con la del riesgo. Si bien hay rasgos psicológicos relacionados con la confianza que parecen universales, es posible establecer diferencias relevantes en las relaciones de fiabilidad y riesgo en las sociedades premodernas y en las modernas.
Fiabilidad y riesgo en las sociedades premodernas y modernas. En las culturas premodernas, el distanciamiento espacio-temporal era relativamente bajo. Los contextos de confianza y riesgo estaban relacionados con circunstancias locales. El primer contexto de confianza era el sistema de parentesco que proporcionaba una red estable de relaciones amistosas o íntimas. Casi lo mismo podía decirse de la comunidad local. Otro eje de confianza se relacionaba con las creencias religiosas que proporcionaban interpretaciones morales de la vida social y natural, ya que aportaban un marco de referencia donde podían explicarse las contingencias de la vida. Otro contexto de anclaje de relaciones de confianza era la tradición misma cuando reflejaba el modo de organizar la temporalidad. La tradición no es sólo repetición de rutinas sino que sostiene la confianza en la continuidad de pasado, presente y futuro y conecta esta confianza con las prácticas sociales. Este señalamiento no implica la admisión de que en el mundo premoderno no existieran peligros o que la gente no se sintiese amenazada. La principal fuente de amenaza provenía del mundo natural. El riesgo ambiental se expresaba en las elevadas tasas de mortalidad y en la poca esperanza de vida, mientras que la amenaza de sufrir cualquier forma de violencia humana era permanente. En las sociedades modernas, en cambio, predominan tres grandes fuerzas dinámicas: la separación espaciotemporal, los mecanismos de desanclaje y la reflexividad institucional. En la modernidad el lugar se ha convertido en algo fantasmagórico. La distinción entre lo local y lo global se vuelve problemática. La pérdida de confianza en la religión y en la tradición es una nota característica, extensamente reconocida. La religión ha sido suplantada por el
conocimiento reflexivo. En gran parte, el análisis del riesgo está relacionado con el intento de convertir las incertidumbres en probabilidades. El arranque en esta línea se ubica en The Theory of Games (1944) de John von Neumann y Oskar Morgenstern. Jon Elster (1989) muestra la figura paradigmática de un Ulises moderno que intenta controlar las consecuencias no intencionales de su acción (riesgo), es consciente de su falibilidad y en ello reside su fortaleza.
Rasgos de la sociedad del riesgo. Las nociones de confianza y riesgo adquieren especial relevancia en situaciones de incertidumbre y de elección múltiple. No se trata sólo de la percepción de cambios sociales sino de la intuición de que estos cambios están fuera del control de los hombres. En este sentido afirma Anthony Giddens (1993, 1996): “Vivir en el mundo generado por la modernidad reciente es como cabalgar en los hombros de una divinidad destructora”. El perfil de riesgo de la modernidad presenta los siguientes rasgos: 1. Globalización del riesgo en el sentido de la intensidad: aparecen amenazas de catástrofes que afectarían a todo el planeta, siendo la guerra nuclear el caso paradigmático. 2. Globalización del riesgo en el sentido de la aparición de sucesos que afectan a gran número de personas; por ejemplo, los cambios en las condiciones del trabajo. 3. El riesgo originado en la naturaleza socializada, es decir, en la relación entre los seres humanos y el medio ambiente. Los peligros ecológicos no derivan de la irrupción de catástrofes naturales, sino de la transformación de la naturaleza debido al conocimiento humano, que hacen peligrar a humanos, animales y plantas del mismo modo. La lista interminable de tales riesgos se ha llegado a transformar en una letanía ya incorporada como parte del telón de fondo de nuestras vidas. El reverso de la naturaleza socializada es la socialización de las destrucciones de la naturaleza. Todos somos vecinos de Chernobyl y de los casquetes polares. 4. El desarrollo de lugares de riesgo institucionalizado, donde las empresas de inversión de capitales representan el mejor ejemplo. 5. La conciencia del riesgo como riesgo sin que pueda ser amortiguada por certidumbres religiosas o mágicas. 6. La conciencia de riesgo ampliamente distribuida. 7. La conciencia de las limitaciones de la experiencia.
Sociedad de riesgo y vida incierta. El discurso sobre la cultura del riesgo comienza allí donde desaparece la confianza. La conciencia del riesgo es una de las notas propias de la modernidad ya que en el mundo premoderno las empresas de alto riesgo eran auspiciadas por la religión o la magia. En un mundo secularizado aparecen formas supersticiosas de generar confianza frente a situaciones de riesgo, ya sea recurriendo a amuletos, rituales o a la búsqueda de
sistemas expertos que tratan de otorgar fiabilidad. En esta cultura predominan los imperativos de evitación y, en este sentido, la sociedad del riesgo es, básicamente, reflexión autocrítica. Los expertos ya no tienen prestigio, son permanentemente desmentidos. En los últimos años el Titanic y su trágico hundimiento se han transformado en un icono de nuestro tiempo. La perplejidad que produjo la inesperada catástrofe no termina de disiparse. Sin duda el barco fue considerado un logro máximo del poder de control y racionalización de la modernidad y su hundimiento parece llevarse consigo también los sentimientos de seguridad y confianza depositados en los sistemas expertos, último reducto de fiabilidad en la sociedad secularizada. A diferencia de los constructores y responsables del barco, que no pusieron suficientes botes salvavidas ya que pensaban que un hundimiento era imposible, nosotros vivimos en una sociedad que supone el fracaso de los sistemas de seguridad y que conoce los peligros desatados por las tomas de decisiones. En la sociedad del riesgo, la incertidumbre pasa a ser el modo básico de experimentar la vida, sin distinguir entre clases sociales o países más o menos desarrollados. En ella se produce una democratización de los riesgos que favorece la creación de vínculos de cooperación entre todos los seres vivos. Frente a la globalización de los ambientes del riesgo, que sobrepasan los controles locales, surgen nuevos riesgos. En los riesgos globalizados, desaparece la noción de “los otros” ya que no hay privilegiados o ricos que puedan escapar a una guerra nuclear o a un colapso económico internacional. Podemos decir que, frente a los riesgos que desatan los usos sociales de la tecnología, como en el Titanic, estamos todos, solidaria y responsablemente, sobre el mismo barco.
Referencias Ulrick Beck. La sociedad del riesgo. Hacia una nueva modernidad, Barcelona, Paidós, 1998. - Niklas Luhmann. “El concepto de riesgo”, en Josetxo Beriain (compilador), Las consecuencias perversas de la modernidad, Barcelona, Antropos, 1996, pp.123-153. - Anthony Giddens. Consecuencias de la modernidad, Madrid, Alianza, 1993. - Anthony Giddens. “Modernidad y autoidentidad”, en Josetxo Beriain (compilador), Las consecuencias perversas de la modernidad, Barcelona, Anthropos, 1996, pp. 33-71. - Jon Elster. Ulises y las sirenas, México, Fondo de Cultura Económica, 1989.
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