Ciencias biológicas y bien común
Agustín Vicedo Tomey (Cuba), Instituto de Ciencias Básicas y Preclínicas Victoria de Girón
Ciencia y tecnología
Ciencia y ética. Desde una perspectiva histórica, la sociedad ha considerado a la ciencia como un valor positivo. En la experiencia colectiva los avances científicos han estado ligados a mejoras en las condiciones de vida de los seres humanos, la prolongación de su existencia individual y la mitigación del dolor y el sufrimiento. Los avances científicos y técnicos tienen un papel preponderante en el llamado modo de vida occidental, y aunque la bondad a largo plazo del mismo pudiera ser objeto de críticas, por lo general se acepta, tácita o explícitamente, como socialmente adecuado y deseable. Desde el punto de vista ético las expectativas sociales de comportamiento en relación con el quehacer científico sobreentienden que los avances de la ciencia estarán encaminados a la generación del bien común de hombres y mujeres. Este bien común debe asumirse en un sentido amplio, incluyendo la preservación del ambiente y del resto de las especies que habitan el planeta. Ocurre, sin embargo, que se defiende por algunos que la ciencia, como conocimiento que es, no podría ser catalogada de buena o mala, es decir, de ética o no; que solo las aplicaciones que se hacen del conocimiento científico pueden ser objeto de tal valoración. No obstante, por muy neutral que pudiera ser el conocimiento científico considerado en abstracto, no puede la comunidad científica en particular, ni la sociedad en general, sustraerse de las valoraciones éticas asociadas a la
producción intelectual, su modo de obtención y sus ulteriores aplicaciones. No cabe entonces considerar el concepto de una ciencia éticamente neutral.
Dilemas éticos en las ciencias biológicas. En el campo de las ciencias biológicas serían interminables los ejemplos que pudieran citarse en relación con sus resultados en función del bienestar de los seres humanos. Baste mencionar como casos relevantes el desarrollo de antibióticos, la producción artificial de insulina, los progresos en la producción de alimentos, etc. Pero se dan, en el caso de las ciencias biológicas, particularidades éticas que no se han manifestado en otras ciencias. Por ello la disciplina bioética ha surgido como respuesta a la necesidad de atender dichas particularidades. Como en otras disciplinas científicas, en las ciencias biológicas se originan dilemas éticos relacionados con la aplicación de sus resultados. Es conocido que actualmente constituye un campo de intenso debate la aplicación de los avances obtenidos en la clonación de organismos superiores a la reproducción de seres humanos. Debe resaltarse aquí un elemento fundamental para la comprensión inicial de las peculiaridades de estos problemas; para algunos críticos de la clonación humana los argumentos parten de sus peligros potenciales en relación con el individuo clonado; para otros se trata de algo más básico, algo que no debe hacerse aun cuando se cuente con todo el conocimiento y garantías de resultados exitosos. En el segundo caso se entiende que el procedimiento resulta tan “antinatural” como inaceptable. Sin embargo, y como peculiaridad de las ciencias biológicas, sus dilemas éticos no se circunscriben a la aplicación de los conocimientos logrados, sino que pueden originarse a lo largo de todo el ciclo del quehacer investigativo.
Sistematización de problemas éticos con relación al bien común. A partir de esta peculiaridad, un intento de sistematización de los problemas éticos de las ciencias biológicas en su relación con el bien común pudiera incluir las siguientes categorías: 1. Según el objeto que se pretende investigar. Aquí se considera que determinado objeto, por su propia naturaleza, no debe ser sometido a escrutinio científico. Pudiera preverse que los posibles resultados científicos no contribuirían al deseado bien común o que, en el peor caso, pudieran llegar a ser contraproducentes. La caracterización del fondo genético de algunos grupos poblacionales calificaría como una problemática de este tipo. 2. Según el grado de prioridad social del objeto investigado. La investigación es un proceso costoso en cuanto a recursos financieros y humanos. Es éticamente cuestionable que estos recursos estén encaminados a la solución de problemas que no se encuentren entre los más
acuciantes en un momento histórico determinado. Es conocido que algunos flagelos de la salud humana no han recibido la atención merecida por tratarse de afecciones, como es el caso de la malaria, que no se padecen en los centros geográficos donde se concentra el mayor potencial científico y económico. 3. Según los procedimientos seguidos en el proceso investigativo. Se cuestiona el procedimiento, no el resultado. Por ejemplo, por lo general se reconoce el potencial beneficioso de las investigaciones realizadas con células totipotenciales para el tratamiento de muy variadas condiciones morbosas, no obstante la fecundación in vitro de óvulos humanos con este único fin es condenada por determinados segmentos de la sociedad. 4. Según la aplicación del conocimiento. Es aceptado el conocimiento, pero no una aplicación particular. Así la creación de organismos transgénicos cuando se usa para conseguir una mayor producción de alimentos pudiera ser aceptable, pero la creación por modificación genética de organismos patógenos más resistentes o de mayor virulencia sería condenable. 5. Según la población blanco de determinada aplicación. Lo criticable en este caso sería la falta de equidad al realizar una aplicación. Se genera este problema cuando por motivos sociales, raciales, económicos o de otra índole una población necesitada queda excluida de los beneficios de la aplicación de determinado logro científico. Los altos costos de la terapia antirretroviral para el tratamiento del sida excluye de sus beneficios a grandes grupos poblaciones, en especial en los países subdesarrollados. La lucha por la producción de medicamentos genéricos de esta naturaleza está siendo particularmente aguda. 6. Según las conclusiones que se proponen. Se objetaría en este caso una particular interpretación de determinadas observaciones, experimentos, etc. Resulta particularmente criticable la metainterpretación. Sería el caso de que se pretendiera concluir que una raza o grupo poblacional es inferior al resto por el hecho de presentar una mayor susceptibilidad a determinada enfermedad somática o psíquica.
Problemas relevantes en América Latina. Debe advertirse que los problemas utilizados como ejemplos en las seis categorías expuestas en modo alguno se consideran agotados en relación con sus potencialidades para el debate y la investigación, se han seleccionado solo como ilustraciones relativamente conocidas dentro de su clase. Tal vez esta categorización pudiera resultar metodológicamente útil al participar en las polémicas éticas alrededor de la investigación biológica y el bien común, en cuanto circunscriben el problema y precisan la naturaleza del hecho éticamente enjuiciable que es sometido a análisis. Cada categoría fijaría con claridad el centro de atención, evitándose así discursos colaterales que distraigan
del punto focal al abordar un problema dado; mas no debe perderse la noción de que muchos problemas éticos en relación con las ciencias biológicas pueden implicar, dada su complejidad, más de una de estas categorías. Desde nuestra perspectiva latinoamericana, caracterizada aún por grandes desigualdades sociales, la existencia de grupos étnicos marginados, recursos económicos limitados y mal distribuidos y un relativo retraso científico-técnico, la actitud vigilante y militante de la conciencia ética debe desarrollarse fundamentalmente en relación con los problemas ligados a las categorías I, II, V y VI, donde resultan más evidentes las repercusiones colectivas de las conductas éticamente reprobables. Esto no debe implicar que el pensamiento crítico latinoamericano se margine de las corrientes de discusión que abordan otros problemas que tienen una connotación más circunscrita. Se propone privilegiar la investigación y el debate bioético alrededor de aquellos problemas más relevantes en relación con las características demográficas y socioeconómicas de la región.
Responsabilidades de la bioética latinoamericana. El volumen de conocimientos acumulado por las ciencias biológicas contemporáneas y su crecimiento explosivo en las últimas décadas, tendencia que deberá acentuarse en el futuro previsible, determina que no puedan abordarse los debates bioéticos en relación con las ciencias biológicas y el bien común a partir exclusivamente de consideraciones generales sobre el bien y el mal y de enfoques principialistas en este campo. Se requiere,
ineludiblemente, la profundización en los elementos técnico-científicos de cada problema particular. Ignorar este requisito puede conducir a debates abstractos y estériles al no contarse con todos los elementos necesarios para abordar estos problemas; o bien a la pérdida, por pecado de superficialidad, de la capacidad movilizadora y normativa de la bioética. Un riesgo adicional es el peligro de manipulación por parte de corrientes científicas e intereses espurios, mediante el uso y abuso de nuestras limitaciones para interpretar de manera adecuada lo que se pretende hacer, eludiendo así sus responsabilidades ante las implicaciones éticas de su actividad. Por ello la investigación y desarrollo en el terreno bioético, en su conexión con la investigación biológica y el bien común, devendrá una fortaleza en la medida que se establezcan las adecuadas corrientes de cooperación y educación mutua entre los especialistas de diferentes disciplinas sociales y biológicas. Se refuerza así el carácter obligadamente multidisciplinario de la bioética latinoamericana de nuestros días.
Referencias J. Bacallao, “La presencia de la dimensión ética en el trabajo científico”, Revista Habanera de Ciencias Médicas. Vol. 1, Nº 1, 2002. - R. G. Mc Kinnell, “Cloning of Homo Sapiens? No!”, Differentiation 69 (4-5):150-3, 2002. - T. H. Murray, “In brief: Will new ways of creating stem cells dodge the objections?”, Hasting Center Report 35 (1):8-9, 2005. - I. Clark, D. Piedra, “Investigación, ética y sociedad”, Academia de Ciencias de Cuba, Anales 3. http://www.cuba.cu/ciencia/acc/anales3.htm.
L
a bioética, según afirma la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos (2005), se ocupa de las cuestiones éticas relacionadas con la medicina, las ciencias de la vida y las tecnologías conexas aplicadas a los seres humanos, teniendo en cuenta sus dimensiones sociales, jurídicas y ambientales. Busca reflexionar sobre problemas éticos y establecer juicios que puedan orientar la acción en sentido normativo-prescriptivo. Pero la reflexión y el juicio ético no pueden realizarse sin el adecuado conocimiento de la realidad y teniendo en cuenta las verdades que la medicina y las ciencias de la vida puedan haber alcanzado. El problema del conocimiento y la verdad, sin embargo, tiene sus diferencias si hablamos de ciencia y tecnología (v.) en general o si hablamos de medicina (v.) o de salud y enfermedad (v.) en particular.
Conocimiento científico y conocimiento médico. La concepción tradicional sobre la medicina como conocimiento a partir de la modernidad se desarrolló bajo el objetivo de lograr que la medicina fuera una ciencia. La anatomía de Vesalio y la fisiología de Harvey fueron su punto de partida. Esta concepción trasmitía en los profesionales y en la educación médica la idea de que el saber médico manejaba la certeza de verdades cuasimatemáticas. Desde esta perspectiva, los juicios de valor y la posibilidad de la ética quedaban excluidos. Pero ya Aristóteles, en el libro VI de la Ética nicomaquea, afirma que hay cinco formas de actividad –el arte (téchne), la ciencia (episteme), la prudencia (phronesis), el intelecto (nous) y la sabiduría (sophia)–, y establece las diferencias entre ellas poniendo varias veces como ejemplo a la medicina: i) La ciencia tiene por objeto todo lo que existe por necesidad, es eterno, permite la demostración y da lugar al concepto de lo universal y necesario. ii) El arte, es una disposición capaz de producción por imitación o creación y acompañada de razón verdadera donde el fin de la producción –p. ej. la salud– se diferencia de la actividad productora –p. ej. el tratamiento de las enfermedades–. iii) La prudencia, en cambio, es la capacidad de decidir lo que es bueno y útil para la gente en general, como la felicidad, y no parcialmente, como la salud o el vigor físico en las que interviene el arte. Por lo cual la prudencia es una disposición o hábito, acompañada de razón justa, dirigida hacia la acción y con referencia a lo que es bueno o malo para el hombre; diferente de la ciencia porque el orden de la acción es susceptible de cambio, y diferente también del arte porque el
fin mismo de la acción en la prudencia es el hecho de obrar bien donde fin y actividad coinciden. Así, la prudencia es el concepto de lo que cambia y es particular y debe determinar cuál es el justo medio de las virtudes morales. iv) La inteligencia o entendimiento es la parte del alma que piensa y conoce de manera intuitiva (noesis) o discursiva (dianoia), y tiene la capacidad de comprender los primeros principios de la demostración de la ciencia y los fines últimos del arte y la acción prudente. v) La sabiduría, finalmente, es la máxima perfección de los conocimientos, que es a la vez ciencia e inteligencia, pero de lo que es más precioso o elevado por naturaleza: es distinta del arte y la prudencia, que se ocupan del orden de lo posible y no de lo inmutable, y es distinta de la ciencia, que se ocupa de lo que puede ser demostrado y no de lo que se alcanza también por la razón intuitiva. Pero si algo caracteriza la ética aristotélica, esto es su distinción entre prudencia y sabiduría, ya que la primera se ocupa de guiar la acción humana y se corresponde, por tanto, con la vida práctica, mientras la última, que se ocupa de lo necesario y, por tanto, de lo que no puede ser modificado por el hombre, corresponde a la contemplación o vida teórica, que es el ideal de vida del sabio. Con estas distinciones clásicas, que por ello al menos no pueden ser ignoradas al momento de considerar a la medicina y las ciencias de la vida como conocimientos sobre cuyas cuestiones éticas haya de ocuparse la bioética, cabe reflexionar entonces acerca de la verdad.
Epistemología médica. El conocimiento y la acción en salud han estado ligados siempre a cuestiones referidas a la verdad de los juicios, pero esas cuestiones nunca se habían visto convertidas –hasta muy recientemente– en problemas auténticamente epistemológicos, propios del quehacer de los profesionales de la salud, y necesarios para poder actuar de una manera justificada. Los problemas referidos al origen, la forma y la justificación del conocimiento solo en época moderna tienen una importancia bien diferenciada de los problemas ontológicos en la propia filosofía, de modo tal que mucho menos podían haberse convertido en problema en el campo de la salud. Progresivamente, sin embargo, las cuestiones del método del conocimiento en salud fueron siendo cada vez más importantes, hasta culminar en la Introducción al estudio de la medicina experimental (1865) de Claude Bernard. Puede decirse que desde entonces las preocupaciones epistemológicas en salud fueron trazando un conjunto de problemas más
definido. Pero ha sido en las últimas décadas que los filósofos de la ciencia y los profesionales de la salud han ido encontrando conjuntos de problemas de interés común (v. Ciencia y tecnología). La justificación del diagnóstico sobre el estado de salud de un paciente o de una población pueden ser entendidos hoy como problemas auténticamente filosóficos. Ha de empezarse sin duda por la misma definición de salud para la cual la Organización Mundial de la Salud diera una respuesta que, como se sabe, supuso no solo un notable esfuerzo para el progreso en esa búsqueda, sino también una fuente de múltiples críticas a la misma. La definición de muerte que hemos debido reformular a partir de la aplicación sistemática de los trasplantes de órganos como recurso terapéutico, puede ser otro ejemplo de ello. Pero también la pretensión de justificar conceptos como el de necesidad en salud (v.), calidad de vida (v. Bienestar. Dolor y sufrimiento), medios ordinarios de tratamiento, y tantos otros.
Explicación y predicción en salud. En ese marco, sea por inferencia tradicional o interpretativa, recurriendo o no a la informática, los profesionales de la salud para tratar de alcanzar la verdad de su conocimiento dan una explicación del sentido que tienen los datos registrados en cuanto al estado de salud. Ellos interpretan tanto los datos de la realidad de un paciente individual como los datos de la realidad sobre las condiciones de salud de un país o del mundo. Pero la característica diferencial de ese momento de búsqueda de la verdad es que el clínico o el político relacionan los datos unos con otros, establecen taxonomías y ven hasta qué punto los datos registrados están de acuerdo con alguno de los sentidos que se conocen para esa combinación. Tos, expectoración hemoptoica, febrícula y pérdida de peso pueden sugerirle a un clínico la tuberculosis pulmonar. La combinación del porcentaje de población alfabetizada, esperanza de vida al nacer, porcentaje de niños inmunizados, profesionales de la salud por habitantes y gasto en salud de un país determinado, pueden sugerirle al político que se encuentra ante un grado de desigualdad muy alta en una determinada población. Pero en cualquier caso ambos querrán explicar la realidad que antes describieron. Para Schuster (1982), a diferencia del describir que “... implica señalar aspectos reconocibles o signos característicos de las cosas”, “... explicar es subsumir, incorporar un hecho bajo un enunciado general”. De todos modos, aunque se habla de diferentes tipos de explicación (causales, hipotético-deductivas, estadístico-inductivas, funcionales y genéticas, entre otras), de lo que se trata aquí es de buscar las leyes que incluyen a los hechos cuya definición hemos trazado en la exploración de hechos y valores. Pero no basta la explicación, sino que en la búsqueda del
conocimiento y la verdad elaboramos asimismo una predicción del estado de salud de individuos o grupos. Se trata de anticipar el curso que ha de seguir el estado de salud de un individuo o de una población sin ningún tipo de intervención, lo que se conoce como el curso natural de la enfermedad o de las condiciones de salud, así como las diversas alternativas de desarrollo posibles en el tiempo si media uno u otro tipo de acción sobre dicho estado. Predicciones hace tanto el clínico que formula un pronóstico como el político que ha de distribuir los recursos e imagina los escenarios posibles para hacerlo. Estas predicciones son tanto de cursos probables objetivos como subjetivos. Y es tan compleja la predicción que puede surgir a partir de las leyes encontradas por la interpretación de los datos que otorga la genética para un individuo, como pueda serlo la predicción que puede hacerse luego de una explicación de las condiciones de salud de un país determinado al considerar su índice de necesidad en salud. A diferencia de la explicación, al predecir contamos ya con las leyes que hemos encontrado con aquella y deducimos a partir de ellas los hechos a producirse. El aspecto característico de la aplicación de las leyes generales en salud, a diferencia de la biología básica, es que esas aplicaciones están orientadas a la realización de uno u otro tipo de acción por los sujetos que intervienen y no simplemente a afirmar qué es lo que sucederá en el futuro de una manera neutra. Para este último caso necesitamos saber que en la actualidad existen todas las condiciones necesarias para que se produzcan determinadas consecuencias futuras (v. Explicación y determinismo en ciencias de la vida). En cambio, al considerar en el campo de la salud si determinada situación puede modificarse, hay que introducir como una variable esencial de las consecuencias futuras a las decisiones de los actores en esa situación (v. Toma de decisiones médicas). Un trabajo continuo en bioética es tratar de hacer ver a los profesionales el aspecto probabilístico del conocimiento en biología y la incertidumbre en la que se mueve la toma de decisiones en el campo de la salud. Por eso, introducir el concepto de probabilidad e incertidumbre (v.) para incorporarlo a la reflexión en el momento de tomar decisiones de vida o muerte, de salud o enfermedad, etc., es fundamental para una visión más coherente de la práctica en salud.
La construcción de la verdad. El grado más activo de la tendencia a la persistencia de los sistemas de ideas –sostenía Fleck (v. Ciencia y tecnología)– lo constituye la ficción creativa, esto es, la realización mágica de las ideas, el interpretar que se han cumplido los propios sueños científicos (v. Construcción mítica de la realidad). Un ejemplo para él, era el de la pretensión de Moraldi de encontrar un perfecta regularidad en los ángulos de
las celdillas construidas por las abejas, dirigida a lograr un receptáculo que diera el mayor contenido con la menor superficie, intento que terminara desacreditado por Mach. Un segundo ejemplo era la respuesta dada por Bartum sobre una ilustración de Vesalio a la pregunta: ¿por qué vías entra la semilla femenina de la fertilidad durante su eyaculación, si el útero está tan herméticamente cerrado que ni siquiera una aguja puede entrar en él? Dicha respuesta –ficticia– era: “mediante una rama que parte del conducto eyaculatorio y se inserta en el cérvix uterino, como muestra la figura”. Esa tendencia a la persistencia de las ideas hacía que el colectivo de pensamiento fuera el portador del estilo de pensamiento. De acuerdo con un determinado estilo, predominaba una única solución a un problema concreto determinado y a esa solución se la denominaba verdad. No se trataba de una verdad relativa ni subjetiva en el sentido de que el mismo pensamiento fuera verdadero para A y falso para B, ya que si A y B pertenecían al mismo colectivo de pensamiento entonces tal solución será verdadera o falsa para ambos y si pertenecían a distintos colectivos entonces estarían determinados por distintos estilos de pensamiento y ya no estaría hablándose del mismo pensamiento. La verdad resultaba ser entonces –para Fleck– una coerción marcada por el estilo de pensamiento. A su vez, cuando a la libre arbitrariedad del pensamiento se le oponía una señal de resistencia, a esto se le llamaba hecho, que tenía con el colectivo una triple relación: 1. todo hecho responde a los intereses intelectuales de un colectivo de pensamiento –jurídico, estético, científico–; 2. la resistencia debe tener eficacia dentro del colectivo y ejercer coerción y resultar experienciable en cada componente del mismo; 3. el hecho se expresa en el estilo de pensamiento del colectivo.
El concepto de inconmensurabilidad. Kuhn veía en aquello un esquema simple y convincente del descubrimiento científico, donde la novedad surge dificultosamente contra la resistencia que ofrece el fondo de lo esperado y la percepción de la anomalía abre paso al ajuste de los conceptos hasta que lo anómalo se haya convertido en lo previsto completando así el descubrimiento y la noción de verdad en torno al mismo. La superioridad de una teoría sobre otra no puede demostrarse en el debate y se apela entonces a la persuasión, ya que no hay un algoritmo neutral para la elección. Es la comunidad de especialistas –y no sus miembros individuales– la que decide que un conjunto de argumentos tiene más peso que otro. Para lograr que aquellos que perciben una misma situación
de modo diferente puedan ponerse de acuerdo hace falta que se reconozcan como miembros de comunidades lingüísticas diferentes necesitados de la traducción de una teoría o lenguaje a otro. Esa traducción no será apropiación –algo que solo puede hacerse convirtiéndose en miembro de la otra comunidad–. Este concepto kuhniano de inconmensurabilidad ha sido visto bajo la noción de inconmensurabilidad local o parcial en orden a ofrecer un marco de comprensión de las implicancias que la filosofía contemporánea de la ciencia tiene para la medicina (Veatch y Stempsey, 1995). Así se han distinguido cuatro pasos en el proceso de traducción de la ciencia médica a las decisiones clínicas sobre los cuales la incomensurabilidad puede estar jugando un papel: la construcción de la ciencia, la apropiación de los hallazgos científicos por el médico clínico, la transferencia de estos hallazgos desde el clínico hacia el paciente, y la elección de un régimen de tratamiento. La visión del mundo de aquellos que construyen las teorías científicas puede cargar de valores al proceso, así como la interpretación que los médicos hacen de los hallazgos científicos. Puede haber asimismo un aspecto inconmensurable en la comunicación de la información médica a los pacientes, y en los valores de médicos y pacientes que están en juego en cada decisión de tratamiento. Esto indicaría que ningún paso de la práctica médica, y ni siquiera de la investigación médica, estaría exento de valores. Pero esto no implicaría relativismo, ya que algunos informes científicos pueden ser considerados mejores que otros aunque el dar cuenta de cómo son mejores requiera análisis más profundos (v. Indecidibilidad). No obstante, si bien un científico se ocupa de observar los fenómenos típicos de la realidad, los médicos han de ocuparse de estudiar los fenómenos atípicos de la realidad del cuerpo humano del que se ocupan. ¿Qué relaciones puede obtener el médico en orden a alcanzar una comprensión racional de su objeto? Las relaciones de causalidad de los fenómenos mórbidos no establecen resultados siempre proporcionales e idénticos, toda vez que en biología es posible encontrarse con una reacción antagónica al efecto esperado de una causa determinada (v. Explicación y determinismo en ciencias de la vida). ¿Cómo intentar entonces aplicar una ley general a fenómenos irregulares? El problema del conocimiento y la verdad en la medicina y las ciencias de la vida de las que se ocupa la bioética se muestra así en toda su complejidad (v. Bioética y complejidad) y así debe tratarse para no proponer o practicar una bioética confusa u oscura. [J. C. T.]
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