Capacidades, proyecto de vida y sistema de derechos
Jorge Iván Bula (Colombia), Universidad Nacional de Colombia
Justicia y derechos humanos › Sistema de Derechos Humanos
El concepto de capacidad. El enfoque llamado de capacidades (capabilities) ha sido principalmente desarrollado por el premio Nobel alternativo de economía, el profesor Amartya Sen. Las capacidades están asociadas, principalmente, a las llamadas libertades positivas, aquellas que, a diferencia del concepto de libertad negativa, de no injerencia en nuestras elecciones, se requieren para utilizar nuestras habilidades humanas. Las capacidades contribuyen a desarrollar esa libertad para ser y esa libertad para hacer, como miembros de una sociedad. El desarrollo de las capacidades está asociado a la posibilidad que una persona tiene de realizar el proyecto de vida que más valora y del que tiene razones para valorar. La libertad negativa no deja de jugar aquí un papel importante, en cuanto constituye un factor fundamental para agenciar autónomamente nuestras elecciones. Dichas capacidades dependen de un subconjunto de bienes, tangibles e intangibles; del conjunto de bienes disponibles en la sociedad, que una persona está en capacidad de movilizar y sobre los cuales puede ejercer un control, es decir, tener un derecho o una titularidad. No obstante, el enfoque de las capacidades, a diferencia de otros enfoques en el campo de la economía del bienestar, pone más el énfasis en las condiciones que una sociedad ofrece para la expansión de las mismas que en los bienes, que son solo medios a través de los cuales dicha expansión ha de alcanzarse. Como lo señala Sen, no importan tanto los bienes a los que las personas pueden acceder, como saber lo que estos bienes pueden o no pueden hacer por el desarrollo de las capacidades de las personas.
Derechos y titularidades. La titularidad, entendida como “el conjunto de paquetes alternativos de bienes sobre los cuales una persona puede establecer un pedido” (Drèze y Sen, 1989), otorga al individuo un derecho que en una sociedad de mercado se traduce particularmente en lo que Sen denomina titularidades de intercambio: el derecho de enajenar unos bienes a cambio de otros. Pero no todas las titularidades están sujetas a un proceso de intercambio en el espacio del mercado. Algunas titularidades, como el caso de algunos bienes públicos, o de algunos bienes intangibles (v. gr., el cuidado materno), pueden tener otras fuentes distintas al intercambio monetario. Los llamados bienes meritorios (que
se derivan de la condición de ciudadano en su propio derecho), como la salud y la educación, por ejemplo, bien deberían formar parte de un esquema de aprovisionamiento cuya responsabilidad recae principalmente en el Estado, y que no necesariamente suponen el espacio del mercado para su asignación. Sin duda este principio, tan caro al concepto de Estado de Bienestar, en particular en el campo de la salud (pero no del todo ajeno al de educación), se ha visto trastocado por las nuevas reformas en los sistemas de seguridad social con la introducción de esquemas de mercado o semimercado en un buen número de países durante las últimas dos décadas. El aspecto distributivo adquiere un matiz importante en la forma de acceder a uno u otro tipo de titularidades. El esquema de distribución, más o menos equitativo, de las titularidades de intercambio dependerá del acuerdo institucional, generalmente sancionado por el derecho. En otros términos, un sistema de derechos de propiedad puede llegar a legitimar una distribución tal que en situaciones de hambruna, como lo señala Sen, la concentración de medios alimenticios para su solución haga inviable superar esta situación. Además, las titularidades y, en consecuencia, las capacidades a las que pueden contribuir, quizá se vean afectadas por factores exógenos como los ingresos y los precios relativos. La imposibilidad de acceder a determinado nivel de ingresos, o de no tener ingreso alguno, limita a la persona a transar bienes en el mercado y obtener el conjunto de bienes que contribuya al desarrollo de sus capacidades. El deterioro o el mejoramiento en los precios relativos de una titularidad pueden restringir o expandir las posibilidades de intercambio de la misma en el mercado. Una caída en los precios de la cosecha para un campesino supone un menor nivel de ingresos para adquirir un conjunto de bienes; una desvalorización del salario, es decir, del precio que se paga por la fuerza de trabajo, puede tener un efecto similar.
Las dotaciones iniciales. El conjunto de titularidades en general, y de titularidades de intercambio en particular, que cada persona posee una vez se enfrenta a las transacciones de mercado depende de lo que se denominan las dotaciones iniciales. Estas resultan de los recursos económicos, sociales y culturales, entre otros, que la familia ha logrado proveer a la persona en sus primeros años de vida antes de que esté en capacidad de establecer ella misma su conjunto de titularidades. Una forma de entender mejor esta idea de las dotaciones iniciales la proporciona Pierre Bourdieu con su categoría de Volumen de Capital Global que cada persona está en capacidad de movilizar. Bourdieu denomina Volumen de Capital Global el conjunto de recursos y poderes
efectivamente utilizables por una persona, que depende de las estructuras patrimoniales de acuerdo con una distribución del mismo dentro de un espacio geográfico jerarquizado, es decir, dentro de un territorio que contiene determinada estructura social. El capital global consta de tres tipos de capital: económico, constituido por los activos y las rentas o fuentes de ingreso de la familia y, posteriormente, de la persona; cultural, que equivale a su bagaje como producto de los procesos educativos formales o informales dentro de los cuales ha tenido oportunidad de participar; y social, que corresponde al conjunto de contactos y relaciones sociales a los que la persona y la familia han tenido acceso o han podido desarrollar. Sir James Edward Meade, premio Nobel de economía en 1977, adiciona a estos tipos de capital lo que él denomina el componente genético que todo individuo hereda como producto de la historia genética, sin duda adaptativa y variante, de cada persona: “Las dotaciones estructurales básicas de buena o mala fortuna las dan los padres a los hijos; pero el niño, a medida que crece, moldea y modifica las dotaciones básicas que recibió cuando niño de su padre y de su madre, antes de amalgamarlos con los de su mujer y pasar ese paquete modificado y mezclado de dotaciones de fortuna a sus propios hijos” (Meade, 1985).
Las dotaciones iniciales y el poder de negociación en las trayectorias sociales. Reconoce Meade que estas dotaciones iniciales, en condiciones de competencia perfecta –es decir, en ausencia de barreras artificiales a la movilidad de factores de producción y de políticas públicas redistributivas– llevan a las desigualdades en la distribución del ingreso. Estas desigualdades derivan de las inequidades existentes en la distribución social de las dotaciones iniciales donde algunas personas solo poseen como titularidad de intercambio su fuerza de trabajo para canjearlo por un salario (en una situación de desempleo esta única posibilidad se reduce), mientras que otros disponen de rentas, intereses o beneficios, provenientes de capitales previamente acumulados por sus progenitores pudiendo acceder a un mayor conjunto de bienes y gozar de mayores opciones a la vez. Las dotaciones iniciales y la posibilidad que permiten de acceder a determinado conjunto de titularidades generan un tipo de causación circular acumulativa en la cual quienes poseen un nivel muy bajo de titularidades carecen de un poder de negociación equivalente a quienes controlan un nivel significativamente mayor de recursos que conduce a una reproducción de la desigualdad en los procesos de intercambio y, en general, a una ampliación de la brecha en la distribución social de los capitales arriba mencionados. En términos de Bourdieu, esto corresponde al efecto de inculcación ejercido por la familia o las
condiciones de existencia originales del individuo, que influye en las titularidades de intercambio que la persona pueda generar, y que afectarían, según el autor, sus posibilidades de trayectoria social ascendente, cuando no descendente.
Realizaciones, funcionamientos y conjunto de capacidades. Las posibilidades de una persona para llevar a cabo el proyecto de vida que más valora, y que tiene razones para valorar, de acuerdo con un abanico de trayectorias sociales posibles en una sociedad, dependen de las capacidades que pueda desarrollar en función de la dotación inicial de titularidades que posee y de las oportunidades de intercambio que estas se le abren en el futuro. Una persona ocupa un lugar en la sociedad de acuerdo con su dotación inicial de bienes (ya sean mercantiles, no mercantiles, tangibles, no tangibles, de mérito, etc.), lo cual predispone sus capacidades, su libertad de desempeño y su rango de oportunidades. Esta libertad de desempeño, en términos de Sen, hace referencia al concepto de “funcionamientos” (functionings) que constituyen ese conjunto de opciones de vida que una persona pueda tener conforme a aquello que más le gustaría ser o poder hacer. La posibilidad de llevar a cabo un número distinto de combinaciones de estilo de vida está definida por la gama de oportunidades que una persona tiene frente a sí. De esta manera, lo que un individuo esté en capacidad de alcanzar en un aspecto de su vida constituiría lo que este autor denomina el vector de funcionamientos (functioning vector). El conjunto de capacidades (capability set) de una persona estaría definido por los distintos y alternativos vectores de funcionamientos entre los cuales una persona tendría oportunidad de escoger; la combinación efectiva de estos vectores se traduce en las realizaciones de la persona (Sen, 2000).
Conjunto de capacidades y el espacio de las libertades. El conjunto de las capacidades de una persona está estrechamente relacionado con el margen de libertad para alcanzar el nivel de realizaciones que más valora. Estas pueden abarcar ese espacio de reconocimiento y participación social, y traducirse finalmente en la calidad de vida de la persona, en su manera de ser y hacer en la sociedad a la cual pertenece. Sen entiende la libertad como aquella que “nos da la oportunidad de lograr nuestros objetivos: las cosas que tenemos razones para valorar” y distingue en principio dos facetas de la libertad: la “faceta de oportunidad” y la “faceta de proceso” (Sen, 1997). La faceta de oportunidad nos remite a la condición de alcanzar aquellas cosas que tenemos razones para valorar: una mayor libertad nos dará igualmente una mayor oportunidad de alcanzar las metas de nuestro proyecto de vida. Esta faceta permitiría a la persona escoger,
entre un espacio de combinación de libertades, aquel conjunto que le dé la oportunidad de alcanzar lo que más valora (Sen, 2004). La faceta de proceso nos remite a la idea de autonomía previamente mencionada, la libertad de elegir con autonomía, independientemente del resultado que se obtenga (v. gr.: una libre pero mala elección puede alejar a la persona del objetivo que más valora). La faceta de proceso incorpora dos criterios en relación con esta condición de autonomía. Por una parte, el aspecto de lo que Sen llama la autonomía decisional de las elecciones que una persona piensa realizar; por el otro, la inmunidad de la que debería gozar un individuo frente a posibles interferencias de otros. Estos dos aspectos están ligados estrechamente, pues la idea esencial consiste en que una persona tome sus propias decisiones sin que nadie ni nada la suplante. Así estaría libre de interferencias. Este criterio de no interferencia se asocia normalmente al concepto de “libertad negativa”, de no intervención, o de no intrusión en la libertad del individuo, ya se trate de personas o instituciones (v. gr., el Estado). Habría una coincidencia entre la faceta de proceso y este concepto de libertad. El concepto de oportunidad se acerca mucho más a la idea de libertad positiva, esa libertad de poder “ser” y de poder “hacer” gracias a la posibilidad (léase “oportunidad”) de usar nuestras propias habilidades humanas. Sin embargo, en un sentido más amplio, la libertad positiva para usar nuestras habilidades en realidad tendría que ver tanto con restricciones internas como externas, y desde esa perspectiva, una violación de la libertad negativa afectaría igualmente las libertades positivas, sin que lo contrario sea necesariamente cierto (Sen, 2004).
Libertades, realizaciones y derechos. Estas dos facetas de libertad han dado lugar a dos tipos de evaluaciones sobre el estado o la situación de las personas (state of affairs): una evaluación deontológica, que se preocupa más por los derechos y los deberes de las personas, independientemente de los resultados esperados, es decir, se centra más en la faceta proceso de las libertades; y una evaluación consecuencialista, que se interesa más por los resultados obtenidos y menos por los procesos con que han sido alcanzados; por ejemplo, el grado de bienestar (la visión extrema sería: “el fin justifica los medios”). El sistema basado en derechos (goal rights system) busca evaluar la situación de los derechos (y libertades) de las personas en relación con las acciones que han conducido a dicha situación. Este enfoque constituye un sistema moral en el que se evalúa la satisfacción o la no realización de los derechos incluidos en los objetivos por alcanzar y, en consecuencia, las acciones conectadas con dichos objetivos. Pero aquí la idea de derecho no se define sobre la base de
relación entre dos personas (v. gr., autonomía), sino como el derecho de la persona a desarrollar cierto tipo de capacidades, donde la división entre libertad negativa y positiva se diluye para incorporar tanto las restricciones internas y externas, lo que equivale a hablar de un sistema basado en capacidades (Sen, 1982).
Referencias Pierre Bourdieu. La distinction, critique social du judgement, Paris, Les Éditions de Minuit, 1979. - Jean Drèze, Amartya Sen. Hunger and Public Action, Oxford, Clarendon Press, 1989. - James E. Meade. La economía justa, Barcelona, Orbis, 1985 (original en inglés, 1976). - Amartya Sen. “Rights and Agency”, Philosophy and Public Affairs, Vol. 11, Nº 1, 1982, pp. 3-39. - Amartya Sen. Bienestar, justicia y mercado, Barcelona, Paidós, 1997. - Amartya Sen. Development as Freedom, New York, Anchor Books, 2000. - Amartya Sen. Rationality and Freedom, Cambridge (USA), Harvard University Press, 2004 (primera edición 2002).
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