Vinicius de Morais, Marco
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Biografía GER
su regreso, y bajo la influencia de una obra de Tiziano conservada en España: La Danae; sus prodigiosos rosas, sobre una preparación blanca, para que destaque el cuerpo de espaldas, junto con toques bermejos, azules y verdes, le convierten en uno de los más delicados y púdicos desnudos. Algo así sucede en el Mercurio y Argos (Prado), iotra vez la envidia!, esta vez la de Mercurio a Argos por la posesión de la bella lo, quien a pesar de haber sido convertida en vaca por Júpiter, sigue siendo deseada por Mercurio, quien, escondiéndose en las sombras de la noche, asesina a Argos; por su formato y tema mitológico formaría pareja con la Venus; las pinceladas pastosas y abocetadas, y su colorismo, también la ponen a su altura. Por sus tonos rosados y nacarados debe de ser de esa época el retrato del "loco" v. Juan de Austria, en cuyo fondo posiblemente se representa la batalla de Lepanto como ironía histórica.
Las obras cumbres de estos últimos momentos de v. son Las Meninas y Las hilanderas. La primera es llamada "en los inventarios palaciegos el cuadro de La familia, puesto que representaba a la real. Nadie había osado sustituir tal denominación hasta que Pedro de Madrazo (1843) le da el nombre con que generalmente se le designa. Es de notar que el término portugués menina -muchachita- se aplicaba en el Palacio de Madrid a las doncellas de honor. Desde su realización, la fama de este cuadro fue en aumento. Lucas Jordán le llama "Teología de la pintura". En el s. XIX, el romántico T. Gautier, asombrado por su espacialidad, inquirió: "¿Dónde está el cuadro?"; con esta pregunta se abre el problema de su volumetría. Sin embargo, ésta es tan sólo una de tantas interrogantes que suscita Las Meninas. Así, Camón considera que no se trata de un "espacio pasivo" , como en la pintura anterior, sino que su profundidad la determinan las "interdistancias", por la luz y por las "recíprocas relaciones entre las cosas" y las actitudes de los personajes, lo cual crea "una complejidad espacial densa y palpable".
La ambientación tiene lugar en el "cuarto bajo del Príncipe Baltasar Carlos", en esa época convertido en obrador de Yelázquez. La atmósfera es tratada poétno ha concluido aún, sino que ha sido sustituida por una búsqueda de la plenitud del amor, concretado en cada aventura, como anota D. Mourso-Ferreira (Hospital das Letras, 232). De este modo, pasará a valorlr otros aspectos más reales, pero no por eso menos densos de amor idealizado. Solamente la muerte, que "viene de lejos", y el sentido agudísimo de lo efímero de cada instante parecen reforzar en nosQtros la inmensa soledad "de quien no tiene paz" (Sinos de Oxford) .La soledad, la tremenda sensación de "angustia de estar solo en la tristeza / y en la plegaria" (Soneto de Londres) no se manifiesta solamente en un sentido egogéntrico de quien nostálgicaménte se aísla, una mañana cualquiera de invierno, sino que reviste formas más reales y más profundas: la trágica soledad de los muertos, en un campo de copcentración (Balada dos Mortos dos Campos de Concentraf’iio), la inmensa soledad de los perseguidos, de los abandonados y de los desamparados, y la de la "casa vacía con reloj viviendo horas".
Las consecuencias de la violencia y de la guerra (Mensagen é Poesia) son la brecha por donde v. de M. intenta acercarse al mundo material. Aunque fiel a la temática amorosa -"grande es este mi amor de criatura / que ve envejecer y no envejece (Soneto de Aniversario)- V. de M. se asoma a otros aspectos mucho más prosaicamente absorbentes, y habla sobre la burocracia moderna (Balada dos Arquivistas) ; sobre el horror que le inspira la primera bomba atómica: "Que nunca, en tiempo alguno jamás / sea preciso que mates / donde hubo muerte demasiada; / que sólo quede tu imagen / aterradora imagen / sobre las grandes catedrales. / Guarda de una nueva era / Arcángel insigne de la Paz" ( A Bomba Atomica); o sobre aspectos de la dignidad proletaria (0 operario em construcf’iio) , donde todo partidismo está superado por la justicia. v. de M. parece haber logrado desvanecer los temores de R. M. Rilke (de quien imita un poema, ya quien debe mucho) sobre las dificultades y peligros que supone la poesía amorosa, usando para ello una delicada sensibilidad verbal y un sentido rítmico aparentemente fácil.
JOSÉ-ADRIANO DE CARVALHO.
BIBL.: V. DE MORAIS, Antología poética, Río de Janeiro 1960; D. MOURÁO-FERREIRA, O tema de Amor na Poesia de Vicinius de Morais, "Hospital das Letras", Lisboa 1966.
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