VIII. Revistas Literarias Españolas. L. Introducción. LIT.
Categoria:
Literatura
Se viene definiendo la revista como una publicación periódica por cuadernos, cuyo contenido se centra en una disciplina o en varias, pero ordenadas con cierto método. Aquí nos interesan las literarias. Establecemos dos grupos: a) de creación, generalmente de tono polémico; y b) de erudición, investigación y crítica. Sobre la mayor o menor importancia de estos dos tipos no anda acorde la crítica; ambos tienen gran interés, y hasta nos atreveríamos a decir que, por su carácter efímero y por brotar en momentos de agitación literaria, ofrecen más interés documental las del primer grupo. En este sentido, Ortega señaló a la revista una "misión placentaria", acogiendo material que la mayoría de las veces no llega a cuajar en libro; a la revista le está permitido el anuncio, el preludio y hasta cierta petulancia.La revistas surgen generalmente con un afán iconoclasta, ya que para abrirse camino, para imponer su credo estético creen que el primer paso es destruir lo anterior. Ese afán iconoclasta explica y justifica la balumba de manifiestos, proclamas y propósitos que encabezan estas revistas. G. de Torre, gran promotor de revistas, escribe: "Todo genuino movimiento literario, todo crevar albores... ha tenido indefectiblemente su primaria exteriorización en las hojas provocativas de alguna revista. Y, recíprocamente, puede volverse la oración por pasiva y afirmar que todo escritor o periodo sin expresión previa en revistas, no merece ser tomado en cuenta, salvo excepciones. La revista anticipa, presagia, descubre y polemiza", y constituye, en frase de Valéry-Larbaud, "los borradores del mañana". La revista polémica, representativa de movimientos literarios, es tan efímera como interesante; resultaría instructivo el análisis de la evolución del credo estético de los "pioneros" de las revistas. La mayoría de los movimientos y modas literarias han surgido de revistas, aunque luego para su estudio acudamos a libros que se han apoyado en aquéllas. Pensemos en las revistas del romanticismo, modernismo, noventayochismo, ultraísImo y, naturalmente, las opuestas a estas tendencias. La amplia bibliografía sobre esta problemática nos releva de todo comentario. Pero, además, las revistas polémicas o de movimientos, ofrecen otro interés: suelen ser obra de jóvenes, espíritus inquietos que, andando el tiempo, evolucionan; huelga citar nombres, y basta recordar que los neoclásicos de 1823 fueron, sólo al cabo de diez años, furibundos románticos. "Es un hecho comprobado que con los años, cuando se alcanza cierta notoriedad, el escritor se independiza cuando no llega a abominar de lo que considera veleidades juveniles" (G. de Torre).Aunque no con el nombre de revistas, las publicaciones de carácter literario y hasta de cultura general aparecen en el s. XVIII (los "Avisos" del s. XVII no pueden considerarse como tales). La enconada rivalidad entre seguidores del barroco decadente y los neoclásicos primero, y luego entre éstos y los "tradicionalistas" sobre unidades dramáticas, poesía culterana, teatro nacional, en particular los autos sacramentales, dan origen a varias publicaciones, que Menéndez Pelayo estudia en su Historia de las ideas estéticas en España (vol. 3). Según Sainz de Robles el nombre revista en la Península no aparece hasta 1832, en Rev. Española, fundada en Madrid por Carnerero y que duró hasta 1836. La denominación revista suele emplearse para las publicaciones periódicas de carácter crítico-erudito, compitiendo con las de boletín, análisis, cuadernos, pero aparece como subtítulo (ínsula: revista bibliográfica de ciencias y letras). Sólo a través de las revistas podemos seguir con amplitud y seguridad los movimientos literarios desde el romanticismo; labor pareja a la de las revistas desempeñan los periódicos o diarios, que solían dedicar semanalmente una sección a problemas literarios. Baste recordar Madrid cómico, del que fue asiduo colaborador Clarín, que ofrece notables críticas sobre los noventayochistas que la posteridad se ha encargado de revalorizar, aunque en su época se juzgaran violentas.2. Siglo XVIII. Con anterioridad no cabe hablar de revistas literarias; las obras de Barrionuevo, Zapata, B. Candamo, que contienen una inmensa cantidad de datos literarios, no pueden considerarse revistas; en el s. XVIII aparecen múltiples, aunque no con este nombre (Diario, Estafeta, Correo, Semanario, Cajón de Sastre, etc.). "De un modo mucho más directo y eficaz que las Academias, contribuyó en el s. XVIII, dice Menéndez Pelayo, a excitar y remover el espíritu crítico en diversos sentidos, la aparición de papeles periódicos desde el reinado de Felipe V en adelante. Hay uno, sobre todo, tan importante y de tan gloriosa historia, que por sí solo marca una fecha en nuestra historia literaria: Tal fue el famoso Diario de los literatos de España, revista trimestral que empieza a aparecer el 1 de enero de 1737, y si bien los diaristas concedieron mayor atención a lo científico, su influencia en el campo literario fue trascendental." En 1762 empieza a imprimir Clavijo (más conocido que por su valor literario por la comedia de Goethe y por sus devaneos con María de Beaumarchais), a imitación de Addison, El Pensador, del que llegaron a salir siete volúmenes. Representa la preceptiva neoclásica, con los consiguientes ataques al teatro nacional. Contra Clavijo destacan Juan C. Romea y Mariano Nipho (v.); el primero comienza a publicar en 1763 El escritor sin título. Pero es Nipho quien más se distingue en la polémica, ya que personalmente redactó de 10 a 12 periódicos, entre los que destacan Cajón de Sastre y Diario extranjero. En 1781 se inicia la publicación de El Censor, que lograría el máximo prestigio años después, dirigido por los jesuitas Cañuelo y Pereyra, y que llegó a contar, pese . a la persecución inquisitorial, con 161 números. Otros periódicos-revista fueron El Corresponsal del Censor, El Correo de los Ciegos de Madrid (1786) y El Apologista Universal, del mismo año; pero entre las innumerables revistas del s. XVIII la única que logró robusta vida (1782-1808) fue Memorial literario, colección de 53 tomos y que a lo largo de 28 años constituye un documento de importancia capital para el conocimiento de la L., ya que iniciándose en un neoclasicismo intransigente y dogmático, evoluciona hacia el prerromanticismo para llegar a una ecuanimidad "tradicionalista" bajo la inspiración de Capmany.3. Romanticismo. Con el romanticismo (v.) las revistas literarias se nutren de carga política, hecho que dificulta su clasificación. Las luchas entre liberales y absolutistas, y antes entre afrancesados y fernandinos trascienden al campo literario. Podemos abrir las publicaciones literarias del s. XIX con Diario mercantil de Cádiz y El Mercurio gaditano, que juntamente con Variedades de Ciencia, Literatura y Artes, en la que en 1805 colaboraba ya N. Báhl de Faber, se inician las polémicas sobre el romanticismo, años después en competencia con J. Joaquín de Mora y A. Alcalá Galiano, gerifaltes del mismo andando el tiempo. Con anterioridad al triunfo del romanticismo, citemos: Crónica científica y literaria de Madrid, en cuya redacción estaba Mora, La Lira de Apolo (1818); Miscelánea del Comercio, Arte y Literatura (1819-21), dirigida por Javier de Burgos; La Minerva Nacional; Academia de las Musas (1820); y El Censor, que en una nueva etapa contó con colaboradores tan ilustres como Lista, Hermosilla, Miñano y otros, y que llegó a publicar 17 tomos. En octubre de 1823 aparece El Europeo, que pervive hasta abril de 1824; "su corta vida fue el acontecimiento literario más importante de la España del s. XIX y representa el primer intento de europeizar las letras españolas, el comienzo de la incorporación de España al movimiento intelectual de Europa" (Casella).Aparte de otras de menor interés, Cartas Españolas, Rev. Española, El Siglo, Correo Nacional, destaca como portavoz del romanticismo El Artista, que aparece en enero de 1835 dirigida por Eugenio de Ochoa y que contó entre sus colaboradores a románticos destacados: Espronceda, Pastor Díaz, Salas Quiroga, Escosura, Tassara, Romea, Maury, Zorrilla; en 1837 ocupa su lugar la rev. No me olvides, dirigida por Salas Quiroga, que perduró hasta el 11 feb. 1838. Menos fortuna tuvo El siglo XIX, que sólo pervivió cinco meses más. El Iris (1841), El Entreacto (1839-40) y El Pensamiento corrieron idéntica suerte; este último, aparecido en 1841, intentó la revalorización del romanticismo; contaba con colaboradores de la talla de Espronceda, M. de los Santos Álvarez, Gil y Carrasco, Ros de Olano, García de Tassara, a pesar de lo cual, iniciando su publicación a principios de mayo llegó hasta octubre. Las revistas románticas constituyen un precioso documento, pero fracasaron rotundamente en cuanto imposición de una escuela: "No hay un solo año del s. XIX en que ni siquiera una exigua mayoría de las aportaciones a dichas revistas tengan carácter romántico. El número de colaboradores antirrománticos solfa ser mayor, y el de los neutrales lo era siempre". Mejor fortuna que las madrileñas tuvieron las revistas catalanas; no olvidemos que los primeros brotes románticos se dieron en Cataluña, y los nombres de López Soler, Aribau y los Bofarull relevan de todo comentario. Por otra parte, se daba la circunstancia político-social del renacimiento de las lenguas regionales: El Vapor, La Guardia Nacional, La Religión y, sobre todo, Diario de Barcelona, aunque todos, a excepción del último, de corta duración. La lista de las revistas españolas se haría interminable; citemos: Rev. Española de Ambos Mundos, Semanario Pintoresco, Rev. de España y del Extranjero, El Correo de las Damas, Correo Literario y Mercantil, Alhambra (Granada 1839-41). Junto a las revistas catalanas merecen especial mención las de Asturias; "Oviedo, dice J. Altabella, es la provincia española que en proporción al número de habitantes tiene mayor número de diarios. En poco más de siglo y medio de vida el periodismo asturiano ha logrado una cifra que sobrepasa el millar de títulos". Prescindiendo de periódicos literarios, la primera revista es El Nalón, creada en 1842 por un grupo de jóvenes (Suárez Bravo, R. de Aguilera, A. de Lorenzana, Neira Mosquera) que alcanzarán gran renombre años después. Siguen, todas con vida efímera, La Rev. Ovetense, El Eco de Asturias, El Correo de Asturias, El Apolo, Album de juventud, La Ilustración de Galicia y Asturias, y, especialmente, La Rev. de Asturias (1878-82), con colaboradores como Clarín, Arboleya, Palacio Valdés, Aramburu, Campoamor, Sánchez Calvo y otros. Cataluña y Valencia, aunque más destacadas en el periodismo, contaron con revistas como Pel y ploma. y Las Bellas Artes respectivamente.4. Modernismo y noventayochismo. No establecemos distingos entre estos dos grupos coincidentes en lo cronológico. Resulta difícil señalar revistas que encarnen de modo exclusivo un ideario, ya que hay que tener en cuenta las circunstancias que atraviesa España, de confusionismo en todos los órdenes de la vida. Es forzoso señalar, sin embargo, que la revista literaria adquiere valor trascendental desde las últimas décadas del s. XIX: "Casi todos los escritores españoles que se dieron a conocer a finales del siglo pasado o a comienzos de éste, publicaron una buena parte de sus escritos en los periódicos literarios, sobre todo en los fundados por ellos mismos o por sus amigos y compañeros. Pero de estas primicias se sabe muy poco, muchísimo menos de lo que sabemos de las revistas comparables del romanticismo" (Geoffrey Ribbans). La cantidad de revistas es ingente, aunque no todas tengan carácter exclusivamente literario; arte, política y sociología completan su contenido. Reina en este aspecto una completa anarquía, ya que a propósito de cualquier problema estético o político aparecen defensores, contradictores y neutrales. Ciencia social, Rev. Blanca, Rev. Ibérica, Nuestro Tiempo, Arte Joven y otras, por su variedad temática, carácter ácrata o por su efímera duración, nos interesan poco. Todas proclaman su condición innovadora y de oposición a cuanto antecedió: aperturismo, europeización, libertad de ideas, sinceridad, constituyen los hitos de todos los programas.En marzo de 1895 funda R. Altamira la Rev. Crítica de Historia y Literatura españolas, que desaparece a los siete meses, para dar paso a otra con la ampliación temática de portuguesas e hispanoamericanas. En 1898 se funda el semanario Vida nueva, que desaparece con el no 93 en marzo de 1900; tanto como literaria es una revista sociológico-política; colaboran Pérez Galdós, Unamuno, B. Ibáñez, l. Costa, Maeztu, y dos poetas en su evolución posterior tan dispares como luan R. Jiménez y E. Marquina. Y como prueba del confusionismo reinante, baste señalar que, siendo esta revista típicamente noventayochista, cuenta como colaboradores a Pérez Galdós, R. Darío y al primerizo y semiácrata luan Ramón Jiménez, autor de Ninfeas. En cuanto a la colaboración de Menéndez Pelayo que han señalado algunos críticos, no puede admitirse, ya que en la misma revista se publicó la carta de D. Marcelino en la que reclamaba por haber incluido un artículo adulteración de un estudio suyo. Este texto es significativo como credo ideológico-estético de la revista: "Una pléyade de afamados escritores, comprendiendo la necesidad de renovación que siente España, ha traducido estas ansias en la creación de un semanario: Vida Nueva" (R. de Maeztu). Vida nueva consiguió reunir a los escritores que formarán la generación del 98 y a muchos de los modernistas. Poco antes, en abril de 1897, dirigida por Joaquín Dicenta, aparece Germinal, que sólo logra vivir hasta diciembre del mismo año, y sobresale por la disparidad ideológica de los colaboradores. De ser suspicaces buscaríamos en el título un eco del determinismo-naturalismo de Zola.Las revistas más interesantes son Madrid cómico, Gente vieja, La Lectura y Vida literaria. La primera representa el gusto tradicional como fundada en 1880, en plena Restauración; 20 años después seguía anclada en la misma línea, a pesar de contar a Clarín entre sus colaboradores, abierto a todas las tendencias que, acertada o desacertadamente, creía justas; como ejemplo de sus críticas, señalemos las que dedica a Azorín y a ValleInclán en mayo y septiembre de 1897; aparece en ellas el término modernista, que si bien con sentido algo impreciso y no exclusivamente referido a lo literario, tiene significado peyorativo; al año siguiente, tres cambios en la dirección, Ruiz de Velasco, Clarín y Benavente, traen una tímida inclinación al modernismo, cuando ya Valera había dado a conocer =a Rubén Darío en su serie de Cartas americanas. Continuación del Madrid cómico es La vida literaria, fundada el 7 en. 1899 y dirigida por Benavente; señala una mayor apertura, ya que da entrada a una generación de tendencias políticas diferentes, con los catalanes Narcís Oller (v.) y P. Corominas. La revista desaparece en agosto del mismo año, en su n° 3l. Gente vieja interesa para estudiar la progresiva importancia que adquiere el modernismo. Abre polémica sobre esta moda en la que intervienen defensores y contradictores. El 1 oct. 1901 aparece Juventud, que duró hasta el 15 mar. 1902, y señala el equilibrio entre noventayochistas y modernistas, si atendemos a sus colaboradores: Rueda, Valle-Inclán y Manuel Machado, por una parte, y Azorín, Unamuno, Maeztu y Baroja, por otra; cabe destacar un furibundo artículo de Maeztu sobre la crítica y otro de M. Machado sobre modernismo.En abril de 1903 aparece Helios, que sin ser definitivamente modernista, función reservada a Renacimiento, señala el despegue del noventa y ocho, que se compensa con la admisión de los que se llamarán novecentistas: González Blanco, Pérez de Ayala, Martínez Sierra. "Si Helios es la revista del modernismo militante, Renacimiento es la gran publicación del modernismo triunfante" (Díaz-Plaja); fundada en marzo de 1907, desfila por sus páginas lo más selecto (poetas, traductores y críticos) modernista. Con proyección hispanoamericana, el mismo a. de 1907, funda Gómez Carrillo, a imitación del Mercure de France, El nuevo Mercurio. Afirmado el modernismo, aparecen algunas revistas que, con carácter ecléctico, insistirán en la necesidad de renovación y que con sus colaboradores van a protagonizar los movimientos de vanguardia; destacan Prometeo y su continuación Los Quijotes. La primera aparece en noviembre de 1908 fundada por l. Gómez de la Serna y dirigida por su hijo Ramón. Se publica hasta 1912 y abunda en manifiestos y proclamas, entre los que destaca el de Marinetti; es la revista precursora de los "ismos". Los Quijotes se funda a comienzos de 1915 y supone un paso más en el vanguardismo, ya que colaboran la mayoría de los que tres años después firmarán el manifiesto Ultra.5. Movimientos de vanguardia y revistas de preguerra. Si el vanguardismo no puede gloriarse de haber dado libros, proliferó en revistas tan efímeras como agresivas; sólo sus títulos llenarían varias páginas: Grecia (Sevilla y Madrid), Ultra (Madrid y Oviedo), Cosmópolis, Tableros, España, Perseo, Reflector, Vértice, Horizonte, Tobogán, Alfar, Parábola, Ronsel, El Caballo verde, Héroe, Verso y prosa, Los cuatro vientos, Pasquín, Mediodía, Ágora, Hoja literaria, Papel de aleluyas, Isla, Litoral, El Gallo gris, etc. "Yo recuerdo perfectamente, escribe Sainz de Robles, el éxito de escándalo alcanzado en Madrid por el ultraísmo. Ultraístas y antiultraístas se insultaban ferozmente de palabra y por escrito, llegando en muchas ocasiones `a las manos’ en los cafés, en los teatros y hasta en la vía pública." Gloria Videla ha estudiado ampliamente el ultraísmo. El principal teorizador del vanguardismo, G. de Torre, da por liquidado el movimiento alrededor de 1923, muerto a manos del popularismo; no obstante,hay que tener en cuenta algunas revistas para el conocimiento de esta época. Grecia y Cervantes ofrecen contraste entre lo clásico del título y el tono innovador e iconoclasta que las anima. La primera aparece en Sevilla, el 12 oct. 1919 iniciándose en la corriente modernista, y evoluciona hacia el vanguardismo; de junio a octubre de 1920 se publica en Madrid, y seis años después, ya liquidado el ultraísmo, aparece en Sevilla Mediodía, que continúa el ideario de Grecia.Con proyección hispanoamericana se crea en enero de 1917 Cervantes; la nómina de colaboradores -Villaespesa, Dicenta (hijo), Ingenieros, Vargas Vila, Luis G. Urbina, y la dirección de Cansinos Asséns desde enero de 1919- indica la variedad ideológica y estilística de la publicación, y logra alcanzar coherencia. Cosmópolis, fundada en 1918, fracasa como tantas otras. Sigue en interés Ultra, que aparece en Madrid, en enero de 1921, y se presenta como portaestandarte del vanguardismo; proclama que no tiene director, "porque se rige por un comité", en lo cual imitaba a Dadá. Sobresalió por lo humorístico de las frases definitorias del movimiento: "Después del ultraísmo el fin del mundo", "El ultraísmo es la rana que crió pelos", "El ultraísmo consiste en volver el mundo al revés", "Ultraísmo, único oxígeno vital", "El ultraísmo es el tren que pasa siempre; hay que subir y bajar en marcha". En cuanto a Ultra de Oviedo, hoja quincenal que alcanza tres números de vida (noviembre 1919), ni uno solo de sus colaboradores ha pervivido en el campo de las letras; sigue Vetusta en 1921 en la que colaboraran Pérez de Ayala, A. Camín y Alas, hijo. En noviembre de 1921 aparece Tableros, que se subtitula Rev. internacional de arte, literatura y crítica, lanzada por Isaac del Vando Villar, que "no podía resignarse fácilmente a perder su condición de abanderado, sumo oficiante del ultra y títulos semejantes con los que se le condecoraba"; llegó a publicar cuatro números y feneció en febrero de 1922. Menos vida (un solo número) tuvo Reflector (diciembre 1920). G. de Torre, su secretario, alababa el tono aperturista y ecuánime para todas las tendencias, y el mismo tono se acentúa en Horizonte, que en cuatro números (noviembre de 1922 a finales de 1923), reúne los siguientes nombres: E. D’Ors, J. R. Jiménez, García Lorca, A. Machado, Alberti, D. Alonso, Guillén, Bergamín, Moreno Villa, P. Garfias, Rivas Peneda, etc. En enero de 1925, liquidado ya el ultraísmo, aparece Plural, que solamente resistió dos números, y que ofrece el interés de incorporar a los que constituirán la pléyade de novelistas de la Rev. de Occidente: Jarnés, Bacarise y V. Andrés, y que nos indica que ya ha cambiado el rumbo de la literatura. Merecen citarse otras revistas: Perseo (enero 1919), dirigida por Santiago Vera; Vértices y Tobogán, ésta dirigida por González Ruano, se publican en 1923-24; Ronsel, de Lugo, fundada por Correa Calderón; Parábola, en Burgos; Meseta, en Valladolid, etc.Entre la liquidación de los "ismos" y la guerra civil aparecen gran cantidad de revistas tan efímeras como intrascendentes, pero que conviene señalar. Muchas marcan la transición al neopopularismo y a las tendencias de la generación del 27. Destacan Litc,,al (1926), de Málaga, dirigida por E. Prados y M. Altolagj:rre; Mediodía (1926-29), de Sevilla; Verso y Prosa (1927-28), de Murcia, patrocinada por Jorge Guillén y J. Guerrero Zamora; Papel de aleluyas, de Huelva, con Rogelio Buendía, F. Villalón y A. del Valle; Carmen y Lola, ambas bajo el patronazgo de G. Diego, la primera publicada en Gijón y luego en Santander, y la segunda en Sigüenza. Pasadas ya las veleidades del ultraísmo se centran en el ideario característico de la generación de 1927; Gallo (1928), granadina dirigida por García Lorca y un grupo de amigos; Manantial (1928), de Segovia; Hélix (1929), de Villafranca del Panadés; Taula (1928), de Valencia; y La rosa de los vientos (1927), de Tenerife. Este ciclo de revistas posultraístas termina con una cuyo título es ya suficientemente expresivo: Extremos a que ha llegado la poesía (Madrid 1931).Entre la liquidación del ultraísmo, la generación del 27 y la literatura de preguerra (nos referimos a la civil española de 1936), hay algunas revistas de capital importancia: España (1915-24), fundada por Ortega y Gasset, y absorbida por la Rev. de Occidente en 1923; La Gaceta literaria (1927-31), obra fundamental de G. de Torre y Giménez Caballero. La Pluma, índice, Diario poético, Sí y Ley son revistas fundadas por Juan Ramón Jiménez en su afán constante de depuración poética, pero de escasa importancia. La Pluma, publicación mensual, aparece en Madrid en junio de 1920, y deja de publicarse en el mismo mes de 1923, con un total de 37 números. Dirigida por M. Azaña y por su cuñado Rivas Cherif, se encabezó con un lema sumamente orgulloso: "La `Pluma’ es la que asegura -castillos, coronas, reyes- y la que sustenta las leyes"; la revista viene a resolver de un "plumazo" la ancestral polémica de las armas y las letras. Los propósitos superan en mucho a los logros, y como muestra valga el editorial "Dos palabras que no están de más", válido para todas las revistas que se publicaron: "La Pluma será un refugio donde la vocación literaria pueda vivir en la plenitud de su independencia, sin transigir con el ambiente; agrupará en torno suyo un corto número de escritores que, sin constituir escuela o capilla aparte, están unidos por su hostilidad a los agentes de corrupción del gusto y propenden a encontrarse dentro del mismo giro del pensamiento contemporáneo... La Pluma no es otra torre de marfil, como se usaban, hace años; lejos de eso, sueña con adquirir una difusión proporcionada al ímpetu de que nace". En medio de la efervescencia política de los tres años de publicación de La Pluma, es destacable que se conservó al margen de lo político-social, habida cuenta de la filiación de los fundadores.Al mes siguiente de la desaparición de La Pluma, en julio de 1923, aparece la Rev. de Occidente, que superando el marco de grupo se abre a amplios horizontes culturales; señalemos dos etapas, pre y posguerra, más interesante aquélla que ésta, hasta el punto de haber reunido una pléyade de colaboradores que impusieron una línea ideológica a la cultura española. De la etapa de posguerra destacan una serie de números monográficos (Ganivet, Unamuno, ValleInclán, Larra). Fundada por Giménez Caballero y como secretario Guillermo de Torre, aparece en Madrid 1 en. 1927, la revista quincenal La Gaceta literaria, que fenece poco después de proclamarse la república, en 1931. Ortega recomendaba, como finalidad, "curar de provincialismo a las letras españolas", y, en efecto, éste fue el propósito que persiguieron los fundadores, a cuyo fin subtitularon la revista Ibérica, americana, internacional, y justo es consignar que lo alcanzaron, pese a ser tiempos de agitación y de luchas políticas. Se logró reunir un plantel de escritores hispanoamericanos, europeos y, lo que parecía más difícil, "regionales": catalanes y andaluces, vascos y gallegos, novecentistas y generación del 27. Especial mención hay que hacer de Cruz y Raya, dirigida por José Bergamín, de escasa vida también a causa de la Guerra civil; sin ser exclusivamente literaria, adoleció (para hacerse popular) de intelectualismo. Durante la Guerra civil apareció Hora de España, que con excesiva politización no careció de rigor intelectual, y dio a conocer (por la categoría de sus colaboradores) obras de gran valor: García Lorca, Alberti, Machado, Dámaso Alonso y León Felipe.6. Periodo de posguerra. La floración de revistas ya exclusivamente literarias, ya de más amplio contenido, en la posguerra es tan ingente que resulta imposible su enumeración. Las reseñamos en dos bloques: de erudición, investigación y crítica, y revistas que, a falta de un término calificativo mejor, llamamos polémicas, de las que vienen a "crear albores".Revistas de investigación y erudición. Se destacan las dependientes del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (v.). Las más importantes son: Rev. de Filología Española, dirigida por Dámaso Alonso, y continuación de la que en 1914 fundó Menéndez Pidal; Cuadernos de Literatura Contemporánea, con interesantes monografías sobre R. León, los Alvarez Quintero, Benavente, Valle-Inclán, etc., y continuada con más amplia temática en la Rev. de Literatura; Rev. de Bibliografía Nacional (1940-46) cede el paso a Rev. Bibliográfica y Monumental, que deja de publicarse en 1950; Segismundo, polarizada en temas de teatro; Rev. de Ideas Estéticas, Rev. de Dialectología y Tradiciones Populares. Junto a éstas, las de los institutos provinciales: boletines o cuadernos de estudios asturianos, leoneses, manchegos, jiennenses, riojanos, gallegos, segovianos, extremeños, etc.Otros grupos se pueden formar con las revistas culturales, filosóficas o teológicas, publicadas por órdenes religiosas: La Ciudad de Dios, Augustinus, Rev. de Espiritualidad, Razón y Fe, Humanidades, Miscelánea de Comillas, La Ciencia Tomista, Religión y Cultura y Eidos; las de organismos oficiales, academias, universidades, ayuntamientos (Bol. de la Real Acad. Española, Bol. de la Bibl. Menéndez Pelayo, Rev. de la Univ. de Madrid, Anales de la Univ. de Granada, Archivum, Rev. Española, Anales de la Univ. de Murcia, Rev. Valenciana de Filología, Bol. de la Acad. de la Historia, etc.); y otras, más o menos patrocinadas oficialmente, como: Clavileño, Mundo Hispánico, Cuadernos hispanoamericanos, Estafeta literaria, Correo literario, Aulas 63, Presencia, Finisterre, etc., algunas de las cuales podrían incluirse en el grupo de polémicas o innovadoras.Entre las revistas "no oficiales", se produce también análoga floración, por lo cual sólo podemos citar unas pocas. Ya hemos aludido a la segunda etapa de la Rev. de Occidente. Ofrecen gran interés: ínsula, Papeles de Son Armadans, Nuestro Tiempo, Punta Europa, Cuadernos para el diálogo, Atlántida, Laye, índice, Primer Acto, El Ciervo, etc. Prescindimos de revistas que incidentalmente abordan temas literarios, para centrarnos en "ínsula" y "Papeles de Son Armadans", de Madrid y Palma de Mallorca respectivamente; destacan por su mayor dedicación a la literatura y, en líneas generales, por la dignidad intelectual de los colaboradores y la variedad de secciones literarias: estudios extensos, crítica bibliográfica sobre los diversos géneros literarios, atención a la problemática actual y a la clásica, que hacen que estas revistas, juntamente con Estafeta literaria, ya citada, sean de mayor interés para la L.Las revistas polémicas y de "grupo". Ocupan un primer lugar las de poesía, porque desde el modernismo la mayoría de las polémicas se han dirimido en este género literario. La evolución de la poesía española a partir de 1936 (tal vez de unos dos o tres años antes) explica la abundancia de publicaciones. Donde han coincidido unos cuantos jóvenes con cierta inquietud literaria ha surgido una revista, fenómeno análogo al de la aparición de los "ismos". Estas revistas se han hecho eco de credos estéticos: así, frente a Garcilaso, surge Espadaña que protagonizará una concepción social de la poesía. La polémica, andando el tiempo, llegará a establecer dos conceptos distintos de la función y misión del poeta en la sociedad. Hoy se puede apreciar cuánto hubo de "palabrería" y de snobismo en estas polémicas.Revistas que ejercieron influencia efímera, pero en las que colaboraron los mejores poetas españoles, pioneros a la sazón, fueron: Verdad y vida, Haz, Corcel, Fantasía, Ágora, Poesía Española, Raíz y Vértice, de Madrid; Caracola (Málaga), Proel (Santander), Halcón (Valladolid), Mensaje (Tenerife), Entregas de poesía (Barcelona), Maricel (Sitges), Pórtico (Zaragoza), Manantial (Melilla), Verbo y Sigüenza (Alicante), Al-Motamid (Larache), índice (Valencia), Platero (Cádiz), Veritas (Granada), Cuadernos de Ágora, Aulas, Promos, La Jirafa, Uriel, Aldonza, Grial (Vigo), Ronsel (Lugo), etc. Estas revistas completaron su labor difusora de la poesía con la publicación, en volumen, de las obras -generalmente primicias- de los jóvenes. En este aspecto merecen destacarse las colecciones Adonais y El Bardo, de Madrid y de Barcelona, respectivamente, a las que se podrían añadir otras muchas, de vida más o menos efímera, como las revistas.No hay índices bibliográficos de revistas, pero el CSIC ha publicado los de las siguientes: El Artista, No me olvides, El Alba, Semanario pintoresco español, Cruz y Raya, Liceo artístico y literario, El arpa del creyente, Rev. de Estudios hispánicos, El Reflejo, Educación pintoresca, El Cínife, La Palma, Rev. Contemporánea, Rev. de Occidente, El Europeo, El Museo universal. También se han publicado índices bibliográficos de ínsula, Bol. de la Acad. Española, Arbor, etc., aunque menos interesantes por cuanto no ofrecen un resumen de los artículos y sólo se limitan al enunciado.V. t.: VII.J. M. ROCA FRANQUESA.
BIBL.: J. ALTABELLA, Siglo y medio de prensa asturiana, "Estafeta literaria" 402-404, Madrid 15 sept. 1968; A. ASENJO, Catálogo de la hemeroteca municipal de Madrid (interesante índice completo de revistas y periódicos a lo largo de casi dos siglos: 1732-1925); G. BLEIBERG, Algunas revistas literarias hacia 1898, "Arbor" XI (1948); J L. CANO, Iuan R. Jiménez y la Revista "Heiios", "Clavileño" VII,42 (1956); B. G. CARTEA, Las revistas literarias de Hispanoamérica, México 1959; G. DfAZ-PLAJA, El modernismo a través de las revistas, en Modernismo frente al 98, Madrid 1951; D. F. FOLGELQUIST, "Helios", voz de un renacimiento hispánico, "Rev. Iberoamericana" XX,40; E. GIMÉNEZ CABALLERO, Fundación y destino de "La Gaceta literaria", "Estafeta literaria" 1, Madrid marzo 1944; L. SANCHEz GRANJEL, Cincuentenario de una revista: "España", 1915-1924, "ínsula" 219, Madrid febrero 1965; íD, "Prometeo", 1908-1912, "ínsula" 195, febrero 1963; fD, "La Pluma", Revista literaria, "Ínsula" 233, abril 1966; J. C. MAINER, Recuerdo de una vocación generacional: creación literaria en "Vértice": 1937-1940, "ínsula" 254, enero 1968; M. MENÉNDEZ PELAYO, Historia de las ideas estéticas en España, Madrid 1946 (fundamental para el s. xvin); E. ALLISON PEERS, Some provincial periodicals in Spain during the Romantic Movement, "Modern Language Rev." XV, Cambridge 1920; G. RIBBANS, Riqueza inagotada de las revistas literarias modernas, "Rev. de Literatura" 25-26, enero-junio 1958; L. Ruiz CONTRERAS, Memorias de un desmemoriado, Madrid 1946; J. SANCHEz, Revistas de poesía española, "Rev. Hispánica Moderna" XXV, 4, Nueva York 1959; R. SANTOS TORROELLA, Medio siglo de publicaciones de poesía en España, Segovia 1952; G. DE ToRRE, Literaturas europeas de vanguardia, Madrid 1965; fD, La generación española de 1898 en las revistas del tiempo, "Nosotros" 67, Buenos Aires 194l.
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