Vigilia
Categoria:
Varios
Con el nombre de v. se suele entender, en la liturgia, la anticipación o la preparación de la celebración de las principales solemnidades o fiestas (v.) al día anterior, o a la tarde de éste. Características propias tiene la celebración de la V. Pascual, es decir, la v. del domingo de Resurrección (v. PASCUA II), la principal y más solemne del año litúrgico (v.). Dicha anticipación o preparación de las principales fiestas ha conocido diversas formas a lo largo de la historia, formas que arrancan de la recomendación de Jesucristo a la oración (v.) y vigilancia (v.),Los primeros cristianos, movidos por el ejemplo de Jesucristo (Mt 14-23; 26,38-41; Mc 1,35; Le 3,21; 5,16; 6,12; 9,18.28-29; 11,1; etc.) y por sus continuas exhortaciones (Mt 6.5-6; 18,19-20 ss.; 24,42-44; 26,41: "vigilad y orad"; Mc 13,33-37; Lc 11,5-14; 21,36; "estad vigilantes, orando en todo tiempo"; cfr. 1 Pet 4,7; etc.), procuraban orar sin interrupción, tanto a solas como reunidos. Así, además de la oración privada, las reuniones para orar a diversas horas eran frecuentes (de ellas nació la oración pública u oficial de la Iglesia: v. OFICIO DIVINO). Las reuniones eran a veces también a las horas nocturnas (también Cristo dedicaba a veces la noche a la oración: cfr. Lc 6,12; Mt 26,38-41), sobre todo la noche que va del sábado al domingo (v.): se oraba, se cantaban salmos y se leía la Escritura, terminando, por lo general al amanecer, con la celebración de la Eucaristía o Santo Sacrificio de la Misa (cfr. la descripción de una’de estas reuniones en Tróade, en Act 20,7-12); se comenzaba así la celebración del domingo (v.), día de la Resurrección del Señor.
Entre estas v. dominicales, que eran preludio de la Misa del domingo, se celebraba con una especial solemnidad la V. Pascual, a la que S. Agustín llamaba "madre de todas las santas vigilias" (Serm. 219: PL 38,1088). Adémás de las v. dominicales, consta la celebración ya desde los primeros siglos de similares v. nocturnas en el aniversario de la muerte de los mártires (v.). Estas v. eran celebradas generalmente junto al sepulcro de los mismos mártires, teniendo, por tanto, un carácter más bien local. Otras frecuentes alusiones o recomendaciones a la oración nocturna que se encuentran en los escritos de los primeros siglos se refieren a la oración privada en la última hora del día de cada uno de los fieles en sus casas (cfr. Righetti, o. c. en bibl., 1085 y 1279).En el s. IV encontramos otro tipo de v. que practicaban los monjes, rápidamente extendidos por Oriente y Occidente. Casiano en su De Coenobiorum Institutis (PL 49,53-476) es una de los más ilustres testigos de las instituciones monásticas de este periodo, con abundantes datos sobre la oración monástica. Entre las reuniones de oración más Característcas de los monjes, está la oración nocturna llamada Vigilia. Según los historiadores, el Oficio de esta antigua v. monacal dará origen más tarde a los llamados Maitines del Oficio divino (v.). Otro documento del s. IV, el Diario de viaje de la peregrina española Eteria (v.), ha conservado una descripción de estas v. cotidianas de’ los monjes de Jerusalén: "Todos los días, antes del canto de los gallos, se abren todas las puertas de la Anástasis y descienden todos los monazontés (monjes) y parthenae (vírgenes) como dicen aquí; y no sólo éstos, sino también los laicos, hombres y mujeres, que quieren hacer la v. de la madrugada. Desde esta hora hasta que amanece, se cantan himnos y se responde alternativamente con salmos y antífonas; a cada himno se reza una oración. Dos o tres presbíteros y lo mismo los diáconos, se alternan cada día con los monjes y, después de cada himno o antífona, rezan oraciones" (Peregrinación de Eteria, intr., trad. y notas de V. J. Herrero Llorente, Madrid 1963, 82-83). En la narración de Eteria aparece claro que la v. cotidiana de entre semana es una práctica propia de los monjes aunque no exclusiva, pues asisten libremente grupos de fieles laicos. Eteria habla poco más adelante de las v. dominicales de Jerusalén, en las cuales participaba todo el pueblo fiel y su celebración presentaba un marcado carácter festivo y pascual.Poco a poco, las v. nocturnas, incluso las dominicales, caerán en desuso, quedando como práctica exclusiva de los monjes, que fácilmente podían organizarlas. Quizá contribuyeron a ello las posibles dificultades de traslado a la Iglesia por la noche para asistir a esas v. nocturnas por parte de los laicos y seglares, que debían y deben atender a sus obligaciones y deberes familiares, profesionales, etc., durante el día, en el que también hacían su oración o podían participar en la Misa. Al desaparecer algunas de las principales v. como celebraciones nocturnas con todos los fieles cristianos, fueron anticipados al día precedente los ritos vigiliares. Esto sucedió, finalmente, con las V. de Pascua y de Pentecostés, las cuales fueron progresivamente anticipadas a la tarde o a la mañana del día anterior. La V. Pascual en el rito romano prácticamente, desde hace al menos dos siglos, se había anticipado hasta la mañana del Sábado Santo (así, el Código de Derecho Canónico, can. 1.252, §4, señalaba el mediodía como término del ayuno cuaresmal). Desde la reforma de Pío XII en el año 1955 (v. SEMANA SANTA), la celebración de la gran V. Pascual ha ido volviendo a celebrarse al atardecer o ya entrada la noche, para terminar con la Santa Misa del domingo de Pascua o Resurrección (V. PASCUA II).Por lo que se refiere a las v. dominicales, la liturgia romana no conserva vestigio de las mismas, aunque algunos ven un recuerdo de tales v. en las primeras Vísperas (del Oficio) del domingo. En Oriente, en cambio, la v. dominical anticipada a la tarde del sábado ha conservado una gran vitalidad en una atmósfera dominical (pascual).Las demás v. de las fiestas del Señor, de la Virgen y de los Santos, perdido su carácter nocturno, cuando lo habían tenido, consistirán generalmente en una celebración completa, con formularios propios para la Misa y para el Oficio, anticipada al día anterior. Algunos consideran que estas v. nacen del deseo de preparar espiritualmente desde el día anterior, o antes, la celebración de ciertas fiestas o solemnidades, muchas veces con una jornada de especial penitencia y oración; y así muchas v. de fiestas del Señor (como la de Navidad) o de la Virgen eran día de ayuno (v.) o de abstinencia (v.), como deseo de purificación para mejor celebrar o recibir los frutos del misterio correspondiente a la festividad. "Un Ordo medieval dirá ieiunio praevenire (Ordo Lateran., ed. Fischer, nº 291). S. Agustín recuerda el diem ieiunii Natalis Domini (Epist. 62,1), y S. Juan Crisóstomo el de la Epifanía; el leoniano trae las Misas tituladas in ieiunio, precedentes a la fiesta de Pentecostés, de los Santos Pedro y Pablo y de S. Juan Bautista. Estas jornadas preparatorias, desde el s. VII, son llamadas en los libros litúrgicos vigiliae" (Righetti, o. c. en bibl., 1084-1085). La piedad popular añadirá otras prácticas extralitúrgicas como preparación a la festividad durante uno o varios días, las cuales tomarán formas de triduos, septenarios, novenas, etc. Algunas fiestas, además, se prolongan con una octava (v.).En el Misal Romano de 1970, las v. se celebran con una Misa, no en la mañana del día anterior sino en la tarde antes o después de las primeras Vísperas: así, p. ej., la v. de las solemnidades de S. Juan Bautista, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, de la Asunción de la Virgen Santísima, etc. Por otra parte, la Institutioa generalis del 2 feb. 1971 sobre el Oficio divino deja en pie la posibilidad de las v. de las principales solemnidades del año litúrgico: "Siguiendo el modelo de la Vigilia Pascual se introdujo el uso en las diversas Iglesias de comenzar con una vigilia la celebración de las varias solemnidades; entre éstas se distinguen Navidad y Pentecostés. El usa merece ser conservado e incrementado según las tradiciones propias de cada Iglesia. Si se considerase oportuno dotar de vigilia otras solemnidades o peregrinaciones, obsérvense las normas generales propuestas para la celebración de la palabra divina" (nº 71).MATÍAS AUGÉ
BIBL.: C. CALLEWAERT, De vigiliarum origine, "Sacris Erudirin, Steenbrugge 1940 (reed. anastática 1962, 329-333); H. LECLERCQ, Vigiles, en DACL, XV/2, 3108-3113; C. MARCORA, La vigilia nella liturgia, Ricerche sulle origini e sui primi sviluppi (sec. I-VI), Milán 1954; A. BAUMSTARK, Liturgie comparée, Principés et inéthodes pour l’étude historique des liturgies chrétiennes, 3 ed. (rev. por B. Botte), Chevetogne 1953, p. 39, 123, 126, 131; C. S. MOSNA, Storia dalla domenica dalle origini fino agli inizi del V secolo, Problema delle origini e sviluppo, Culto e riposo, Aspetti pastorali e liturggai, Roma 1969 (cfr. Vigilia en el índice analítico); M. RIGHETTI, Historia de la Liturgia, I, Madrid 1955, p. 1079 ss. y 1279 ss.
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