Victoria de Ingla Terra
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Biografía GER
Reina de Gran Bretaña e Irlanda (Reino Unido), y Emperatriz de la India. N. en el Palacio de Kensigton; Londres, el 24 mayo 1819. Era el único vástago del duque de Kent, Eduardo, cuarto hijo del rey Jorge III, y de Victoria María Luisa, hija de Francisco, duque de Sajonia-Coburgo. Subió al trono en 1837, al suceder a su tío Guillermo IV. Educada "para ser reina" , bajo la dirección de la duquesa de Northumberland, adquirió sólidas nociones de Historia, Música y Ciencias naturales. Más tarde, por mandato expreso del rey, lord Melbourne la familiarizó con el conocimiento de los príncipios políticos y el mecanismo del sistema constitucional.Al subir al trono V., ostentaba la jefatura del Gobierno Melbourne, que desempeñó este cargo hasta 1841. Su ministerio se señaló por la unión del Alto y Bajo Canadá mediante una Constitución popular, el movimiento cartista, la aparición del sello de correos y la aprobación de la ley municipal irlandesa. Por estas fechas, a los tres años de tomar posesión de la Corona, la reina se desposó con su prímo Alberto, hijo menor del duque de Sajonia-Coburgo, que moriría en 1861. De este matrimonio nacieron: la princesa Victoria Adelaida María Luisa, que luego fue esposa del Emperador de Alemania, Federico III; el príncipe de Gales, Alberto Eduardo; el príncipe Alfredo Ernesto, duque de Edimburgo; la príncesa Elena Augusta Victoria; la príncesa Luisa Carolina; el príncipe Arturo Guillermo, duque de Connaught; Lopoldo, duque de Albany, y la princesa Beatriz María Victoria.
El del largo reinado de V. en Inglaterra, y de sus fructíferos resultados, entra de lleno en el proceso de liberación política que tiene lugar en la isla, a partir de 1830. Para un periodo amplio de la política británica, que abarca de 1832 a 1847, el peso del poder es compartido por los dos grupos políticos, tories y whigs, que se turnan en el poder. Durante este tiempo, la administración pública es simplificada y modernizada, en beneficio, en parte, de la burguesía, dueña ya del poder en los municipios, por la ley de reforma comunal de 1835. El hecho más importante de esta época fue el triunfo del librecambismo, que marcará con su sello indeleble e inconfundible toda la trayectoria histórica de la época victoriana.
El ministerio Peel, que duró de 1841 a 1846, hizo triunfar el librecambismo, que en manos de una Inglaterra formidablemente utillada para la industria y el comercio, había de ser palanca eficiente de la prosperidad y del imperialismo británicos. Desde el punto de vista de la política exterior, el ministerio Peel inició la pro. longada guerra con los sikhs ( 1845-49), cuyo resultado fue la anexión del Punjab a la India británica. En cuanto a la política interior, se renovó la legislación bancaria, se implantó una nueva política fiscal y se suprimieron los derechos económicos sobre los cereales. Esta política, de tan amplias miras, motivó que los adversarios de Peel, los proteccionistas tories, se coaligaran con los whigs y los radicales, derrocando al gobierno. Sin em bargo, el sucesor de Peel, John Rusell (1846-52), completó la obra de aquél, al derogar las famosas Actas de Navegación. El librecambismo, irremisibleIr!ente, se ponía en marcha.
La Inglaterra de Palmerston. Mientras la política partidista decrece a causa del desquiciamiento del partido conservador subsiguiente al voto de anulación de las Corn Laws, el pueblo inglés se siente atraído por las colonias, de manera casi exclusiva. Ello hace que poco a poco se pase del principio de no-intervención, legado por Canning, al de "espléndido aislamiento" , que será el tópico durante la última época victoriana. Palmerston, la persona más representativa de la política británica entre 1851 y 1865, vive inmerso en este ambiente, cuyo denominador común, por encima de los intereses personales y de partido, se traduce en el prevalecimiento y engrandecimiento, sobre todo, de la Gran Bretaña. Tal vez por esta razón, la política seguida por la Gran Bretaña durante estos años adolezca de una trayectoria recta y firme. Así, durante la primera época de su mandato, dirige los dardos de su política contra Francia, considerada como la gran rival tradicional de Inglaterra, mientras que luego, por los asuntos de Oriente, se inclina hacia una aproximación a Francia, lo que determinaría la entrada de Gran Bretaña en la lucha contra Rusia en 1854. Tampoco, durante este lapso de tiempo, supo oponerse a la audaz política de Bismarck, ni prevenir las grandes consecuencias de su política de aislamiento, de la que era, en cierto modo, responsable. Por el contrario, la política interior británica durante estos años se mantuvo firme, abundando en todo lo que representara interés para aquélla. Se reveló en esta tarea Palmerston -el viejo Palm- como un auténtico Pater Patriae.
La nueva generación de la era victoriana: Gladstone y Disraeli. A la muerte del príncipe consorte (1861) , siguió la de Palmerston, en 1865. Ello señala el fin de una larga etapa política en la vida inglesa, la que los historiadores ingleses llaman la whigs ascendancy, o sea, el dominio ejercido en la práctica parlamentaria por los grandes magnates que hicieron la revolución de 1688. Al mismo tiempo, ambos acontecimientos señalan la iniciación de un nuevo periodo en la vida de la reina V ., que contaba sólo a la sazón 42 años. Más que nunca, se dedicó ahora la reina al cumplimiento de sus deberes de soberana, antes que al aparato externo de la Corona. Aflora también una nueva mentalidad, cuyo representante más caracterizado es w. E. Gladstone, el más cabal exponente, tal vez, de la mentalidad inglesa en la segunda mitad de siglo. Su ideología evolucionó hacia el liberalismo, ya que era de ascendencia tory. Hombre concienzudo, recto, de moral intachable, su conducta y sus reformas, democráticas y filantrópicas, caracterizaron de manera imborrable su mandato. Medidas trascendentales de este periodo son: prerrogativas de los Comunes en el Parlamento para la votación del presupuesto, reforma democrática de la ley electoral, reformas en la administración, reorganización de la enseñanza, y reconocimiento de las Trade Unions.
Al producirse, de nuevo, una mayoría conservadora en 1874, gracias a los innúmeros esfuerzos de Disraeli; éste tomaría el poder, que no abandonó hasta 1880. En plena época victoriana y desde la publicación de su célebre novela Sybil en 1845, actuará como un romántico. En este momento, Inglaterra interviene audazmente en los asuntos del Mediterráneo oriental, ya la gestión de su primer ministro debe aquélla Chipre y el canal de Suez. Además, con gesto romántico, puso sobre la cabeza de la reina la corona del Imperio de las Indias (1876-77), que daba cima a los anhelos británicos, después de varios siglos de forcejeo colonial.
Victoria I, Emperatriz de la India. Desde principios de siglo, tras la conmoción bélica de 1793 a 1815, Inglaterra tenía el rango de primera potencia colonial y marí. tima. Sus posesiones en la India y Canadá constituían los ejes sustanciales del Imperio, cuyas comunicaciones estaban garantizadas por una serie de bases navales. La historia de Inglaterra en el s. XIX es la historia de la formación de su magno imperio colonial. Por los cinco continentes, el poderío británico se extendió como una mancha de aceite, ampliando y completando el conjunto de sus posesiones territoriales en América, Asia y Oceanía. Al mismo tiempo, la posesión de importantes núcleos -bases estratégicas que dominaban los mares- le aseguraba el predominio marítimo y oceánico. En América, el Canadá se extendió del Atlántico al Pacífico, bajo la forma política de dominio dellmperio británico" En Africa, la colonia de El Cabo, con sus luchas entre colonos británicos y boers durante toda la segunda mitad de siglo; Nigeria, la costa de Zanzíbar, la alta meseta de Uganda, Rhodesia. La posesión de Egipto, como centro de irradiación política en el continente negro y el dominio del canal de Suez marcan los dos hitos más significativos de este febril imperialismo. La coronación de V. como Emperatriz de la India ( 1876) es un símbolo de esta política de expansión colonial, que diferencia incluso hasta dos épocas coloniales distintas, ambas sitas en el largo reinado de Victoria. Si bien el imperialismo britá. nico de esta época no se desarrolló exclusivamente bajo forma de imposición guerrera, ya que, desde mediados del s. XIX, fue principio de los Gobiernos ingleses la concesión de un régimen de amplia autonomía a las grandes colonias de poblamiento, siempre que ello no significara la ruptura de la unidad imperial, tan celosamente defendida por Disraeli.
El jubileo de la reina Victoria. En 1887, se celebró en Londres el cincuenta aniversario del advenimiento al trono de la reina V. con una procesión a la abadía de Westminster. Durante los años comprendidos entre 1861 y 1872, el prestigio y la popularidad de la Corona habían sufrido gran merma a causa del retraimiento de la reina y de su repugnancia a tomar parte en las funciones públicas. En 1872, la celebración del restablecimiento del príncipe de Gales de una peligrosa enfermedad impulsó en la opuesta dirección la corriente de los sentimientos. Disraeli persuadió a la reina a que abriese el Parlamento en persona (1876-77), lo que le conquistó grandes sim. patías.
El jubileo de 1887 hizo que la nación y el Imperio se hiciesen cargo, por primera vez, del inestimable tesoro que en la persona de su soberana poseían. Con ocasión de este jubileo, se celebró la primera conferencia colonial, inaugurando Australia el sistema de cooperación de las colonias en la defensa imperial. Sin embargo, el Instituto Imperial, fundado con el fin de conmemorar este aniversario, no dio los resultados que sus tundadores esperaban. No obstante, lord Salisbury pudo resolver, mediante pactos sucesivos, todas las cuestiones pendientes en Africa ( 1887-90), y determinar las "esferas de influencia" de las div.ersas potencias europeas en dicho continente. Fruto de este vuelco, casi exclusivo, hacia las colonias, es la decisión, tan apoyada por la misma reina, de robustecer la marina, siguiéndose la doctrina de lord Salisbury de igualar el poder en el mar de la Gran Bretaña con el de las dos potencias extranjeras más fuertes coaligadas. A tal efecto se dedicó una importante suma, que la prosperidad del país y el contento del pueblo permitieron. Con ello, la política imperialista quedaba claramente decidida y consolidada.
También en 1866 comienza un periodo nuevo en la historia de Gran Bretaña. Con lord Salisbury , excelente diplomático aunque mediano político, suben al poder los conservadores, que secundados después por otros miembros del partido, jóvenes y ambiciosos, Balfour y Chamberlain, darían un sesgo más amplio a la política exterior. Salisbury comienza sus primeros escarceos para sacar a su país del aislamiento en que se hallaba. Respecto de las alianzas europeas, comienzan entonces las conversaciones anglogermanas para una posible asociación de Inglaterra a la Triple Alianza, formada por Bismarck y que, al fallar por desacuerdo en los intereses defendidos por ambas partes, es sustituida por una política exterior vacilante, de oscilación hacia Alemania o Francia, según las circunstancias. Ya que, a pesar de ser Alemania la aliada más lógica y natural para Inglaterra, también constituía aquélla para ésta la principal rival.
La Inglaterra victoriana. El reinado de V. de Inglaterra, que ocupa dos tercios del s. XIX, se presenta como un periodo macizo y homogéneo, como difícilmente puede encontrarse en la Historia. Reinado, además, que vino señalado por una espléndida prosperidad, una gran paz interior, y una expansión colonial inusitada, que llevó al poderío británico -en lo político, en lo naval-militar , en 10 económico- hasta los últimos confines del mundo. La era victoriana ha quedado ya, históricamente, como símbolo de prosperidad y equilibrio. En lo interior, paz absoluta, negocio fácil, organización perfecta, cultura, refinamiento; en lo exterior, dominio de los mares, colonialismo, imperialismo, expansión económica. Y de aquí, opulencia, prestigio, orgullo, que no tendrá inconveniente en proclamar a la patria por encima de todo (right or wrong; m y country ) .
Esta larga época, que abarca más de medio siglo, define además un ambiente, caracterizado por el convencionalismo y rigidez de costumbres, tan bien caracterizado por Oscar Wilde, de un lado; y por los esfuerzos de una sociedad que intentaba sintetizar con la tradición las nuevas fuerzas, lo que, de otro lado, hacía conferir a su historia un perfecto sentido de continuidad. Jamás en la historia británica del s. XIX se registró una evolución constitucional tan radical y tan rápida como la operada entre 1864 y 1913, y al mismo tiempo un enriquecimiento, desigual pero efectivo, de sus posibilidades. Aquella Inglaterra, trabajadora, rica, llena de fecundas iniciativas, bien administrada y gobernada, se convertiría en admiración de todo el mundo.
El reinado de V., gozne en torno al cual gira la historia británica del s. XIX, se convierte en símbolo de este extenso periodo de prosperidad. Personalmente, la reina hizo gala de una elogiable adaptación a unas circunstancias históricas concretas, a que tuvo que servir como un ciudadano más. Su actuación, a veces forzada, se caracterizó por su estricta imparcialidad en los asuntos de política interna, lejos de apoyar a un partido en detrimento de otro. Tuvo siempre plena conciencia de la función de piedra angular que desempeña la Corona en el edificio de su vasto Imperio. Su prudencia, su conocimiento de la política exterior, su altruismo y rectitud fueron los rasgos sobresalientes de su reinado. Ningún soberano, en toda la historia moderna de Inglaterra, ha sido tan venerado como la reina V ., ni tampoco ningún soberano dejó una huella tan imborrable en la historia de aquel pueblo. En 1901 falleció la reina. después de 64 años de reinado, el más dilatado y feliz de la historia británica.
M. MORENO ALONSO.
BIBL.: The Letters of the Queen Victoria, en tres series: 1837-lil, 3 vol. (1907); 1862-85, 3 vol. (1926-28); 1886-1901, 3 vol. (1930-32); Further Letters of Queen Victoria, 1938; H. BOLITHO, The Reign of Queen Victoria, Londres 1938. V. t. la correspondencia sostenida entre Gladstone y la reina, así como con otros ministros de ésta. N. STREATEFEILD, Queen Victoria, Nueva York 1958; H. GERNSHEIM, Queen Victoria, Londres 1959; R. FULFORD, Hannover to Windsor, Londres 1960; A. H. SCOTT-ELLIOT, The etchings by Queen Victoria and Prince Albert, Nueva York 1961 ; G. M. TRAVELYAN, Historia política de Inglaterra, México 1943 ; E. LONGFORD, La reina Victoria, Barcelona 1966.
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