Victor Manuel III de Italia
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Biografía GER
Último rey de Italia. N. en Nápoles el 11 nov. 1869 de Humberto I y Margarita de Saboya, fue desde joven iniciado en la carrera militar, en la que alcanzó el grado de mayor general del X cuerpo de ejército. El 24 oct. 1896 casó con Elena, hija del príncipe Nicolás de Montenegro. El 29 jul. 1900, Humberto I moría víctima de un atentado anarquista.Acceso al poder. Gobierno de Giolitti. V. M. subió al trono en una situación extremadamente difícil, bajo la doble presión de una izquierda en agitación y de una derecha que pedía nuevas disposiciones represivas. El nuevo rey mostró pronto mucho tacto, desarrollando una función pacificadora, abandonando las veleidades prusianizantes de Humberto, deshaciéndose de los intrigantes de corte de los cuales había estado circundado su padre y acomodándose a ser en Italia lo que era un rey en Inglaterra. V. M., que había sido siempre hostil a la política reaccionaria impuesta a su padre, se mostró inmediatamente sensible al problema de conciliar la actitud de la Corona con el sentir del país, y de evitar el distanciamiento entre trono y nación. Yendo al encuentro de las aspiraciones democráticas de Italia, encargó de formar gobierno a Zanardelli, mientras el decisivo ministerio del Interior era confiado a Giolitti, que en 1903 asumió la presidencia del Consejo, manteniéndola después ininterrumpidamente casi hasta 1913. V. M. no intervino jamás en la política de Giolitti y le dejó hacer libremente, contribuyendo así a acelerar el paso desde un sistema de gobierno autoritario a otro sinceramente liberal. Sin embargo, sería erróneo ver en esto un favor a Giolitti por parte del rey: la razón del libre funcionamiento de la política giolittiana, en el sentido de ausencia de toda intromisión real, estaba en la atrofia de las prerrogativas de la Corona y en la incapacidad de V. M. de restaurar el gobierno personal de su abuelo Víctor Manuel II. La excesiva educación militar había contribuido además a sofocar en él cualquier arranque de vitalidad. En el fondo se sintió poco atraído por la vida política y gustaba de vivir tranquilo; su gran pasión fue la numismática, y buscó siempre el no mostrarse ligado ni a una parte ni a otra, evitando dejarse implicar, como su padre, en una política de gobierno impopular .
Un ligero margen de libertad le fue concedido en política exterior. A continuación del acuerdo alcanzado entre Italia e Inglaterra, V. M. fue invitado, en 1902 y en 1905, a arbitrar dos controversias coloniales surgidas entre Inglaterra, Brasil y Portugal. Era además menos germanófilo que su padre, y su esposa, Elena, era oriunda de Montenegro, país hostil a Austria, y así intentó un reacercamiento a la Triple Entente, efectuando intencionadamente una serie de viajes a París, Londres y San Petersburgo. En 1908 V. M. recibió al zar en Racconigi, y se estipuló un acuerdo para impedir a Austria ulteriores engrandecimientos: era otro golpe a la Triple Alianza. La crisis de Bosnia indujo a V. M. a estimular un aumento de las asignaciones económicas militares. Se propagaba entre tanto en el país una oleada creciente de nacionalismo e imperialismo, y de ambiciosas y belicosas esperanzas.
Inducido por una favorable coyuntura internacional y por la mayoría de la opinión pública, nacionalista, Giolit ti declaró la guerra a Turquía en 1911, y el 11 de noviembre V. M., con decreto real, proclamó la anexión formal de Libia. La guerra no hizo más que agravar la ya tensa situación política económica interna, e iniciar la disgregación del sistema giolittiano, mientras los nacionalistas comenzaban a suscitar las simpatías de la corte. El rey se sintió más libre para maniobrar en su campo preferido, la política exterior, y, en oposición a Giolitti, el cual estaba preocupado por no crear un incidente que envolviese a Italia en una guerra europea, hizo todo lo posible para imprimir un dinamismo mayor a la acción diplomática. Así, se mostró favorable a aceptar la oferta austriaca de acción contra Servia, ep marzo y abril de 1913, y después, en octubre, a admitir el acuerdo mediterráneo propuesto por Francia e Inglaterra. Pero sus proyectos fueron bloqueados por Giolitti.
La I Guerra mundial: V. M. todavía continuó su juego: en resumen, fue seducido por un peligroso retorno a aquél secret du roi que tanto había fascinado a V. M. II, y sobre él, por tanto, cae gran parte de la responsabilidad respecto a la intervención italiana en la I Guerra mundial. El pacto de Londres fue, en efecto, una secreta operación de política exterior del presidente del Consejo (Salandra), del ministro de Asuntos Exteriores (Sonnino) y del rey. y cuando Salandra, frente al peligro de ser puesto en minoría en el Parlamento, presentó la dimisión, V. M. la rechazó, solución ésta no anticonstitucional, pero sí extraconstitucional, de la crisis. Así, la intervención maduró por un larvado golpe de Estado de V. M.: peligroso antecedente de cesión de la Corona frente a los demagogos, arrojando el descrédito sobre el Parlamento.
El rey intervino en la guerra con verdadera abnegación, participando en las ansias, los dolores y las alegrías de los soldados, y tratando de desarrollar una labor de intermediario entre el Estado Mayor y el Gobierno. Después de la derrota de Caporetto, aprobó la destitución del general Cadorna y el nombramiento del general Díaz, intentando de todas maneras incitar a la concordia al país, dividido entre el derrotismo y la continuación patriótica.
El fascismo en el poder. Terminada la guerra, Italia fue presa de una violenta crisis política, y V. M. no supo mirar hacia una solución orgánica, por miedo a que un conflicto armado entre autoridad estatal y escuadras fascistas pudiese conducir a una crisis del régimen monárquico.
Incapaz de comprender la situación real del país, V. M., después de haber aceptado la dimisión de su viejo enemigo Giolitti, en vez de favorecer la candidatura de un hombre fuerte y competente, apoyó la de Bonomi, hombre débil e indeciso (julio 1921). y cuando los socialistas decidieron hacer naufragar el gobierno Bonomi (feb. 1922), el rey se encontró desorientado y encargó formar gobierno a Facta, también éste sin autoridad y sin ninguna experiencia de gobierno. Frente a la amenaza de una insurrección fascista (octubre de 1922), Facta presentó a la firma del rey un decreto de estado de sitio. Pero V. M. cambió inopinadamente quizá bajo la presión del filofascismo de la reina madre y del duque de Aosta, con la ilusión de poder absorber y convertir a Mussolini, encargándole la formación de un nuevo gobierno. La marcha sobre Roma (28 oct. 1922) terminaba así victoriosamente bajo expresa invitación de V. M., que de tal manera, inconscientemente, firmaba también la capitulación de la monarquía frente al fascismo.
Se asistió así, con el beneplácito del rey, a la fascistificación del Estado ya la estatificación del fascismo. V. M., después de algunas vacilaciones iniciales, adoptó una postura abiertamente favorable al fascismo, considerado por él como la única defensa sólida de la Corona. Se viene a crear de tal modo un sistema de diarquía, que dejaba al rey sólo como primado nominal, porque pOCO a poCO le fue quitada toda posibilidad de determinar tanto la política interior como la exterior del país. En 1936 V. M. asumió el título de Emperador de Etiopía, después de su conquista, deseada por Mussolini, y aprobada por el rey. No se opuso ni a la guerra de España ni al Pacto de acero, y, tras una inicial tentativa de resistencia a aceptar la entrada de Italia en la II Guerra mundial, consintió al fin, cediendo también el mando supremo del ejército a Mussolini.
La II Guerra mundial. La caída de la monarquía. Sin embargo, cuando vio venir la derrota y comprendió que la pérdida de Túnez y el desembarco en Sicilia avecinaban la catástrofe del fascismo, en la que sería envuelta probablemente también la monarquía, se decidió a tomar contactos clandestinos con Bonomi y Badoglio. Pero a la conjura de palacio se fue a añadir el movimiento secesionista en el seno del partido fascista, culminado en la sesión del Gran Consejo del 25 jul. 1943. Al día siguiente Mussolini era arrestado y V. M. firmaba el nombramiento de Badoglio como presidente del Consejo. (I"
V .M. intentó inicialmente contener el movimiento antifascista en el marco de un fascismo reformado, pero fue superado por los acontecimientos. También intentó el rey apartar a Italia de la guerra mediante un acuerdo con Hitler, mas al rehusar éste, debió dirigirse a los aliados. Anunciado el armisticio el 8 sept. 1943, el rey y los generales huyeron de Roma y se refugiaron en Brindisi, dejando al ejército real conscientemente sin órdenes. Las fuerzas políticas antifascistas rehusaron colaborar con el rey, pidiéndole la abdicación. V. M. anunció entonces que se retiraría a la vida privada, confiando la lugartenencia a su hijo Humberto, permitiendo así la formación de un gobierno con la participación de todos los partidos antifascistas (22 abr. 1944 ). Terminada la guerra, V. M. procuró defenderse en vano contra la acusación de complicidad con el fascismo; no obstante, enfrentado a la <;:onvocatoria del referéndum institucional, se decidió por una abdicación tardía, esperando así salvar el trono (9 mayo 1946). Sin embargo, el referéndum del 2 jun. 1946 dio el predominio, con cerca de dos millones de votos, a la solución republicana: era el fin de la monarquía saboyana. Elegido como lugar de exilio Alejandría, en Egipto, m. allí el 18 dic. 1947.
GIOVANNI STIFFONI.
BIBL.: D. BARTOLI, V. M. Ill, Milán 1946; N. D’AROMA, Vent-anni insieme. V. E. e Mussolini, Bolonia 1957; N. VALERI, La lotta politica in Italia dall’unitil al 1925, Bari 1962.
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