Víctor Manuel II de Italia
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Biografía GER
Último rey de Cerdeña y primer rey de Italia. N. en Turín el 14 mar. 1820; hijo de Carlos AIberto de Saboya Carignaro y de María Teresa Habsburgo Lorena de Toscana. El joven no era propenso precisamente a los estudios, yen su lugar prefería la caza y las aventuras amorosas. En 1842 se casó con María Adelaida, hija del archiduque Rainiero y de Isabel de Saboya Carignano de la cual tuvo ocho hijos.Declarada la guerra con Austria en 1848, V. M. tomó el mando de la división de reserva y se distinguió en varias batallas. Después de la derrota de Novara, frente a las durísimas condiciones de armisticio puestas por los austriacos, Carlos Alberto decidió abdicar en favor de su hijo.
Comienzo del reinado. Este no era bien visto, y después de la paz pronto se llegó a una fuerte tensión entre el Parlamento democrático y el nuevo rey, el cual, frente al obstruccionismo de la Cámara con respecto a la aprobación del nuevo tratado de paz con Austria, se vio constreñido a amenazar larvadamente con un golpe de Estado (proclamación de Moncalieri de 20 nov. 1849). La Cámara fue disuelta y las nuevas elecciones dieron una mayoría más moderada, que condujo a la formación de un ministerio conservador con el íntegro y leal Máximo D’Azeglio. Este político consiguió domar el partido democrático, salvando juntamente el régimen constitucional en Piamonte y haciendo del rey el garante de la Constitución y de la conservación del orden social, y del Estado Subalpino, el centro y la guía de una nueva Italia. La coherencia y la lealtad al programa de D’Azeglio merecieron a V. M. el sobrenombre de Rey leal.
El golpe de estado de L. Bonaparte en Francia hizo, sin embargo, dudar al rey de la oportunidad de proceder al desarrollo de las instituciones liberales en Piamonte, pero su ministro Cavour le hizo comprender que si la necesidad de la nueva Francia era de destruir los tratados de 1815, para poder hacer tal cosa en Italia se necesitaba el apoyo de un Piamonte liberal. Cavour, entre tanto, ascendía a la presidencia del Consejo en noviembre de 1852, y lograba que V. M. aceptara tanto su política anticlerical como la intervención de Piamonte en la guerra de Crimea. Pero la muerte de María Adelaida, esposa de V. M., de la reina madre y del hermano Fernando (1855) provocó en el monarca una grave crisis religiosa, que le indujo a aceptar los consejos del obispo Callabiana de suspender la política anticlerical, desembarazándose de Cavour.
La obra de unificación. Suscitada, sin embargo, una viva agitación liberal, V. M. tuvo que volver a llamar a Cavour y firmar las leyes sobre los conventos. Gracias a la hábil política exterior de Cavour, en el congreso de París ( 1856), V. M. pudo hacerse conocer en Europa, y lo hizo con la vestidura de monarca liberal. En las mentes de los patriotas italianos comenzó así a tomar forma el mito de V. M., como símbolo de la unificación nacional. El partido republicano, vista la inutilidad de las tentativas revolucionarias, apoyó la monarquía constitucional de Víctor Manuel. Surgió así una Sociedad nacional en torno al lema "Italia y Víctor Manuel", obteniendo el rey el apoyo incondicional de Garibaldi.
El 27 abr. 1859 estallaba la segunda guerra de independencia. Después del improvisado cese de las hostili. dades, deseado por Napoleón 111, V. M. aceptó los preliminares de la paz de Villafranca, apoyando no obstante, a escondidas, la expedición de los Mil de Garibaldi. Pero frente a la peligrosa situación creada en el Sur, V. M., instigado por Cavour, descendió con su ejército hacia Nápoles, y en Teano se encontró con Garibaldi, que le saludó como rey de Italia, conservando el nombre de V. M. 11, con el fin de subrayar la prosecución ideal de la monarquía saboyana y el carácter anexionista-monárquico y no popular-revolucionario de la acaecida unificación.
Aquel mismo año murió Cavour, y V. M. creyó llegado el momento de volver a tomar su política personal, pero se encontró con el intransigente Bettino Ricasoli, al cual sucedió en 1862 Ratazzi, bastante más apreciado por la izquierda garibaldina y por el rey. V. M. pensó entonces dejar mano libre a Garibaldi, para tener un pretexto con el cual hacer intervenir al ejército regular en el Estado Pontificio. Pero la idea fue bloqueada en Aspromonte (28 ag. 1862). El rey fue obligado a sustituir a Ratazzi por Minghetti ya negociar con NapoIeón III la Convención de Septiembre (1864). Deseoso entretanto de reemprender la lucha con Austria y anexionarse el Véneto, V. M. inició la III Guerra de independencia, pero las disensiones entre el rey, Lamarmora y Cialdini provocaron una crisis de mando y condujeron a la derrota de Custoza (3 jun. 1866), y V. M. hubo de sufrir la humillación de recibir el Véneto de manos de Francia. Quedaba Roma, y V. M. quiso reintentar el viejo juego con Garibaldi; sin embargo, la oposición francesa condujo al desastre de Mentana (noviembre de 18-7). Sólo gracias a la guerra franco-prusiana V. M. pudo al fin adueñarse de Roma en 1870.
La nueva política europea. Mientras tanto, el advenjmiento de la nueva Europa bismarckiana hacía imposible la partida de doble juego que tanto gustaba al rey, de forma que V. M., mientras en er interior tuvo que aceptar el paso de poder a la izquierda parlamentaria, con la que creyó necesario hacer causa común por razones diversas, en política exterior intentó un acercamiento a Austria, única potencia con la cual era posible todavía el juego del secret dil roi. La fracasada tentativa de inducir a Austria a ceder el Trentino, en compensación de la expansión austriaca en la península balcánica, fue su último acto político.
v. M. m. el 9 en. 1878. La historiografía saboyana quiere hacer de él el artífice sumo de la unificación de Italia. En realidad contribuyó a ello de modo fundamental, pero con muchas vacilaciones. Permaneció siempre ligado a la vieja tradición monárquico-diplomático-militar de los arcana imperi y se encontró siempre en conflicto con la nueva realidad del estado liberal. Los asuntos exteriores y las cosas militares eran lo que más le interesaba, expresando una gran desconfianza hacia el régimen parlamentario, si bien tuvo la inteligencia de adaptarse a la nueva realidad histórica y contribuir así a la creación del nuevo estado italiano en el respeto a las libertades constitucionales.
GIOVANNI STIFFONI.
BIBL. : G. MASSARI, La vita e ii regno di V. E. II, Milán 1878 ; M. ROSSI, V. E. II, Bolonia 1930; F. COGNASSO, V. E. II, Turín 1942; R. ROMBO, Dal Piemonte sabaudo all’Italia liberale, Turfn 1963.
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