Vascongadas. IV. Lengua.
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Cultura
1. Origen. El vascuence plantea en cuanto a su origen uno de los problemas de mayor interés entre los vascólogos. No se ha demostrado hasta ahora que exista parentesco genético próximo entre el vascuence y otras lenguas (V. LENGUA II). Las afinidades estructurales, no simplemente de detalle, que se han podido observar con algunas de ellas, han estimulado a pensar en sus posibles relaciones, que no son necesariamente, ni siquiera probablemente, genéticas.El vascoiberismo, tesis que confunde el ibérico con el vasco, manteniendo que éste procede de aquél, fue postulado por G. de Humboldt y ha tenido muchos seguidores. Sin embargo, las inscripciones ibéricas pueden ser leídas, pero no entendidas, lo cual es de esperar que, no ocurriría si el vasco fuera una lengua emparentada de cerca con el ibérico.El parentesco con las lenguas del grupo hamito-semítico (acadio, hebreo, árabe, egipcio antiguo y copto, líbico antiguo, dialectos bereberes modernos, etc.) fue una teoría elaborada por H. Schuchardt, quien, partiendo del vascoiberismo y de la idea tradicional de que el ibérico tiene sus raíces en el norte de África, intentó demostrar las coincidencias del vascuence con las lenguas de esa zona. Sin embargo, las afinidades lingüísticas presentadas por H. Schuchardt no parecen ofrecer base suficiente para establecer dicha relación.K. Bouda y R. Lafon se han ocupado de estudiar detenidamente los posibles lazos de parentesco entre el vasco y las lenguas caucásicas. Este estudio presenta problemas muy difíciles de resolver: son varias las familias de lenguas caucásicas, y sus relaciones de parentesco no están bien establecidas, por lo cual la relación habría que establecerla o con alguna de ellas o con el protocaucásico. Pero los estudios de lingüística histórica sobre las lenguas caucásicas, que permitirían obtener conocimiento de los rasgos más antiguos, es decir, establecer la estructura del protocaucásico, son absolutamente insuficientes, por lo que la tarea resulta de momento insuperable. A pesar del elevado número de coincidencias lingüísticas del vasco con las distintas lenguas caucásicas, e incluso de algunas afinidades con todas ellas, no hay de momento base suficiente, con los datos estudiados, para hablar de un parentesco vasco-caucásico.2. Historia de la lengua. El primer texto extenso, Linguae Vasconum Primitiae, de Bernat Dechepare, escrito en dialecto bajonavarro oriental, se publicó en Burdeos en 1545. A partir de esa fecha se van publicando otros textos en los distintos dialectos, en su mayoría con una finalidad práctica: la enseñanza de la doctrina cristiana. Pero ya desde el s. X se puede decir que se encuentran testimonios abundantes de la lengua vasca, aunque no textos extensos, sino glosas, topónimos y antropónimos en la documentación latina y romance medieval. Por el contrario, las noticias que se tienen de la lengua en épocas anteriores al s. X son verdaderamente escasas.R. Lafon ha señalado que el vascuence del s. XVI no tiene un aspecto fundamentalmente diferente al de la lengua actual. El contacto secular con el latín y las lenguas romances ha influido poderosamente en el desarrollo de la lengua que, sin embargo, no ha perdido su fisonomía propia, sino que ha sabido adoptar los préstamos encajándolos en moldes propios. Este contacto ha enriquecido en algunos aspectos al vascuence, p. ej., en el orden fonológico: como afirma L. Michelena, el inventario fonológico del vasco histórico es mucho más pobre que el actual. En el orden léxico son también muchos los elementos foráneos, los cuales han sufrido desde su adopción cambios fonéticos y semánticos, debido a las diferentes presiones de la estructura de la lengua, de modo que resulta difícil en muchos casos la identificación del étimo. De todos modos, son muchos los elementos léxicos para los que no se ha encontrado explicación adecuada en otras lenguas y que, por su antigüedad, parecen constituir el caudal primitivo.Es difícil calcular el número de hablantes vascos actuales., Las cifras que se han dado oscilan entre 435.000 y 700.000; lo que sí cabe afirmar es que prácticamente todos ellos son bilingües. La zona de habla vasca comprende actualmente: en territorio español, la parte oriental de Vizcaya (a partir de la ría del Nervión), unas pocas poblaciones de Álava, toda la provincia de Guipúzcoa y una zona bastante extensa de Navarra al norte de Pamplona (v. NAVARRA vi); en territorio francés, casi la mitad del departamento de los Bajos Pirineos, al sur del Adour (sin comprender Bayona ni Biarritz), abarcando Mauléon y Tardets al este. Así como en la zona de ultrapuertos el límite de habla vasca se mantiene inalterado desde la Edad Media, en la parte española este límite se ha replegado notablemente hacia el norte: hay testimonios de que en el s. xiii se hablaba vascuence en el valle de Ojacastro (Rioja Alta); y en La Bureba (provincia de Burgos) se encuentran abundantes topónimos vascos. En el s. XVI se hablaba vasco alrededor de Vitoria. En Navarra el límite de habla vasca pasaba en 1778 por Estella y Tafalla, y se encuentran topónimos y antropónimos vascos en la región comprendida entre el valle del Roncal y jaca.3. El sistema lingüístico. Las vocales vascas (salvo en dialecto suletino, que conoce un sonido mixto ü) forman un sistema triangular de tres grados de abertura, que coincide con el sistema castellano:Esta coincidencia suele considerarse como uno de los rasgos más claros de sustrato vasco en el castellano. Las vocales se combinan entre sí formando los diptongos au, eu, ai, ei, oi, con el segundo elemento semivocálico. No se dan diptongos crecientes, salvo en préstamos latinorománicos.
Las consonantes oclusivas son p, b, t, d, k, g, y las sonoras tienen, como en castellano, una variante fricativa sin valor fonemático. En algunos dialectos del país vascofrancés se dan oclusivas aspiradas ph, th, kh, coincidiendo con las zonas donde se da la aspirada h, que puede ser inicial o intervocálica. Como variantes expresivas de t y d se dan tt y dd (o t y d, según las distintas grafías), palatalizadas, con un valor diminutivo o afectivo que también poseen otras consonantes palatalizadas. La f se ha introducido a través de préstamos y hoy día es un fonema bastante frecuente. Las sibilantes pueden ser predorsales (fricativa y africada: z y tz en la ortografía actual) y prepalatales (fricativa y africada: s y ts). También se da la oposición fricativa/africada en el orden palatal: x y tx. El sistema de las líquidas presenta cuatro fonemas: dos vibrantes, sencilla y múltiple, r, rr (esta última suele representarse también r), que se pronuncian como en castellano aunque su distribución es distinta: ninguna de las dos se da en posición inicial, si bien la múltiple se está introduciendo por la presión de los préstamos castellanos; y dos laterales, la alveolar l y la palatal 11, que puede ir en posición inicial, intervocálica y final. Las nasales son m, n y la palatal ñ. La j, velar, que se pronuncia como en castellano en una gran parte del país, alterna con las palatales x e y, y, en algunos puntos, se pronuncia fricativa palatal sonora, como la j francesa.El nombre puede presentarse en su forma singular (con sufijo -a: semea, ?el hijo?), plural (con sufijo -ak: semeak, `los hijos’) o en forma indefinida (raíz pura: seme, `hijo’). A estas formas se añaden los sufijos casuales. Así, un nombre propio, al que se añaden los sufijos sobre la forma indefinida, Matxin, forma el dativo con -i, Martxini y, si termina en vocal, con una consonante de unión -r-: Pello, Pellori.Algunas categorías casuales tienen dos sufijos distintos, uno para seres animados, otro para inanimados. Así, la dirección se indica con el sufijo -ra en los inanimados: eliza, ?la iglesia?, elizara noa, ?voy a la iglesia?; y con -rengana en los animados: arotza `carpintero’, arotzarengana noa, ?voy al carpintero?. Pueden acumularse varios sufijos casuales en una misma palabra: gizona, ?el hombre?; gizanaren, ?del hombre?; gizonarenari, ?al del hombre’. Cuando se trata de un grupo nominal, los sufijos que afectan a todo el grupo van añadidos al último elemento: gizon indartsu, ?hombre fuerte?; gizon indartsuenarentzat, ?para el hombre más fuerte?. La categoría gramatical de género no aparece en el nombre.El verbo tiene formas personales y no personales. Estas últimas son: el radical verbal, indeclinable, que puede aparecer acompañado de un auxiliar: ikus, ikus dezadan, ?lo haya visto?; el participio de pasado: ikusi, ?visto?; y el sustantivo verbal: ikuste, ?ver?. Las formas personales pueden ser simples o perifrásticas. Actualmente son muy pocos los verbos que mantienen las formas simples: eraman, ?llevar?; ikusi, ?ver?; etorri, ?venir?; joan, ?ir?, etc. Las perifrásticas están formadas por una forma no personal del verbo principal y una personal del verbo auxiliar. Algunos verbos admiten un auxiliar transitivo o intransitivo: ikusi du, ?lo ha visto?; ikusi da, ?se ha visto?, ?ha sido visto?; indicando de esta última forma que no hay agente, o que el agente es idéntico al paciente.Además de los índices de agente o paciente, de objeto y de dativo, que pueden darse en una misma forma verbal, puede haber un índice de segunda persona, que refleja la categoría apelativa de esa forma y que es capaz de distinguir el masculino del femenino. Así, en el tratamiento familiar, distinguimos dos formas: Ikusi diat etxea, ’visto te he la casa’, y Ikusi diñat etxea, ’visto te he la casa’. Diat se emplea solamente al dirigirse a hombres y diñat al dirigirse a mujeres. Estas dos formas difieren de la forma no apelativa, en la conjugación respetuosa, que no hace distinción genérica: Ikusi dut etxea, ’visto he la casa’.En casi todos los dialectos se distinguen cinco modos: indicativo, subjuntivo (sufijos -n y -la), potencial (sufijo -ke o -teke), supositivo (prefijo ba-) e imperativo.La subordinación se expresa mediante sufijos en la forma verbal personal de la oración subordinada; p. ej., las subordinadas temporales llevan el sufijo -nean; aun cuando hay un pronombre que introduce la subordinada, ésta suele llevar el sufijo de subordinación: Eztakit nun ikusi degun, ’no sé dónde visto lo hemos’ (la -n de degun es el morfema de subordinación; en una oración independiente se dice: ikusi degu, ’lo hemos visto’).El orden de palabras en la oración es muy libre. Se pueden señalar dos características: el orden envolvente: Aitaren txapela, ’del padre el sombrero’ o en Nik aurrari ogia eman diot, ’yo al niño el pan dado le he’, y la colocación del elemento por el que se pregunta en un lugar preferente, es decir, precisamente antes del verbo. Así, no son lo mismo: [1] Aurrak leioa itxi du, ’el niño la ventana cerrado ha’, y [2] Leioa aurrak itxi du, ’la ventana el niño cerrado ha’, ya que [1] contesta a la pregunta: [3] Zer itxi du aurrak?, ’¿Qué cerrado ha el niño?’, mientras que [2] contesta a [4] Zeiñek itxi du leioa?, ’¿Quién cerrado ha la ventana?’.El vascuence tiene un sistema de formación nominal con prefijación, sufijación y composición. Algunos prefijos son: berr-, de repetición: berrogei, ’cuarenta’ < < berr-+ogei, ’veinte’; el románico des- para indicar ’locontrario’: desegin, ’deshacer’< des- + egin, ’hacer’. Sufijos: -dun, indica poseedor: euskaldun, ’vasco’< euskal,’vascuence’ + -dun ’que tiene’; -ari < lat. -ariu, de oficio: pelotari ’jugador de pelota’< pelota, ’pelota’ + -ari. Además de poseer sufijos diminutivos, como -txo, -ko, el vascuence tiene un procedimiento para expresar el diminutivo o los valores apreciativos por medio de la palatalización de algunas consonantes: zezen, ’toro’; xexen, ’torito’; kato, ’gato’; katto, ’gatito’, etc.
La composición está muy extendida en vasco: senaremazteak, ’matrimonio’< senar, ’marido’+emazte, ’mujer’+-ak, sufijo pluralizador; gauerdi, ’medianoche’< < gau, ’noche’+erdi, ’medio’; betoker, ’bizco’ < begi, ’ojo’+oker, ’torcido’, etc. La reduplicación del adjetivo sirve como fórmula intensificadora: berri berri, ’muy nuevo’. El sistema de numerales es vigesimal: ogei, ’veinte’; berrogei, ’cuarenta’; irurogei ’sesenta’; laurogei ’ochenta’.4. Los dialectos vascos. No existe un vascuence oficial ni literario unificado. Entre los dialectos vascos se distinguen cuatro con tradición literaria: el labortano y el suletino en el país vasco-francés, y el guipuzcoano y el vizcaíno en el país vasco-español. El labortano y el guipuzcoano aventajan al suletino y al vizcaíno desde el punto de vista de una mayor producción literaria.En cuanto a la lengua hablada, fue el príncipe Luis Luciano Bonaparte (1813-91) quien estableció una división de dialectos vascos, que dejó plasmada en su famoso mapa fechado en Londres en 1863. En el mapa se refleja su visión de los dialectos como unidades geográfico=lingüísticas cerradas, ya que aparecen delimitados entre sí por una raya única, que resume en un solo resultado los distintos fenómenos lingüísticos que sirvieron de criterio de distinción al ilustre dialectólogo. El trabajo de recolección de datos efectuado por Bonaparte es de gran envergadura y hoy día se sigue haciendo referencia a su clasificación, que coincide en general con demarcaciones históricas antiguas, aunque naturalmente la dialectología moderna requiere no una división por bloques sino la delimitación precisa de cada fenómeno lingüístico. Los dialectos establecidos por Bonaparte son: vizcaíno (que abarca también Álava y la zona occidental de Guipúzcoa), guipuzcoana (que penetra en el valle de La Burunda en Navarra), alto-navarro septentrional (que abarca la parte oriental de Guipúzcoa), alto-navarro meridional, labortano, bajo-navarro occidental (con parte del Labourd y el valle de Aézcoa), bajo-navarro oriental (con el valle de-Salazar) y suletino (con el valle del Roncal). A pesar de la variedad de rasgos diferenciales que pueden hallarse entre los dialectos, no debe olvidarse que son muchos los rasgos comunes a todos ellos y, como ha señalado Michelena, que uno de los elementos unificadores ha sido la serie de préstamos léxicos latino-románicos.V. t.: BIBLIA VI, 9 A (versiones vascas de la Biblia); NAVARRA VI.A. M. ECHAIDE ITARTE.
BIBL.: J. CARO BAROJA, Materiales para una historia de la lengua vasca en su relación con la latina, Salamanca 1945; P. LAFITTE, Grammaire bosque (Navarro-labourdin littéraire), 2 ed. Bayona 1962; R. LAFON, La lengua vasca, en Enciclopedia Lingüística Hispánica I, Madrid 1960, 67-97; L. MICHELENA, Sobre el pasado de la lengua vasca, San Sebastián 1964; G. ROHLFS, La influencia latina en la lengua g cultura vascas, "Revista Internacional de Estudios Vascos" XXIV, 1933, 323348; A. TOVAR, La lengua vasca, 2 ed. San Sebastián 1954.
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