Utilidad (economía) ECON.
Categoria:
Economía
En el pasado, la ciencia económica se ocupó de la teoría de la conducta del consumidor principalmente en cuanto fundamento de la función de demanda (v.) del mercado. No obstante, el desarrollo de dicha teoría ha adquirido una entidad propia, hasta desembocar en la moderna Teoría de la decisión, en que economía, psicología y matemáticas concurren para explicar el proceso de toma de decisiones de los sujetos en el mercado. En todo caso, la teoría de la u. ocupa un puesto destacado tanto en dicha rama como en la microeconomía (v.) tradicional.El concepto de u. fue empleado desde antiguo en economía; de él se derivó el más fecundo de u. marginal, que es, aproximadamente, el aumento de la u. que reporta, para un individuo, el consumo de una unidad más del bien de que se trate. Pero su significación y su papel en la teoría han evolucionado considerablemente. Así, para Bentham (v.) tenía caracteres hedonistas, como medida del placer y del dolor. Posteriormente se puso énfasis en su condición de fenómeno psicológico y fisiológico, ligando la u. de los bienes a su capacidad para satisfacer necesidades biológicas (v. UTILITARISMO). Con el paso del tiempo, el concepto de u. se fue despojando de estas connotaciones, que resultaban tanto innecesarias como perjudiciales (como muestra el hecho de que aún hoy en día se critica al concepto de u. con base en estas consideraciones que le son ajenas).La teoría de la u. empezó a ocupar un lugar central en economía a raíz de la revolución marginalista de la década de 1870. En aquellos momentos era aún, para muchos autores, una magnitud conocida por introspección, susceptible de medida, intercomparable entre distintos sujetos y aditiva (es decir, la u. de un conjunto de bienes era la suma de las u. de cada bien concreto, sin que mediasen interrelaciones entre la u. que proporcionaba un bien y el consumo de otro). Con el paso del tiempo, también esos caracteres fueron depurándose. Edgeworth abandonó el supuesto de aditividad, admitiendo la interrelación de las u. de los diferentes bienes; con ello la función de u. ganó en generalidad, sobre todo en su tratamiento matemático. A él debemos también las curvas de indiferencia (lugares geométricos de las combinaciones de dos bienes entre las que el individuo es indiferente, es decir, que le proporcionan la misma u.), que fue posteriormente el instrumento principal para el desarrollo de la teoría. El carácter introspectivo de la u. fue también abandonado.La evolución en el tiempo de la cuestión de la mensurabilidad ilustra muy bien el desarrollo de la teoría de la utilidad. Para Bentham, como para Menger y Walras, la u. era una magnitud cuantificable. Otros, como Jevans, discrepaban en este punto, aunque con notables inconsistencias en sus posturas (como la de proponer un método para medir esa u. no mensurable). Con la aceptación de la no mensurabilidad, parecía que la teoría perdía validez y extensión. En efecto: el engarce de la teoría de la u. con la de la demanda se hacía a través del supuesto de la u. marginal decreciente (o sea, que sucesivos incrementos de la cantidad consumida de un bien aumentan la u. del sujeto, pero esos aumentos son cada vez menores). Este principio estaba en la base de la ley de igualdad de las u. marginales ponderadas, que sintetizaba el equilibrio del consumidor. De acuerdo con dicha ley, el sujeto consigue el equilibrio y maximiza su u. cuando, gastando toda su renta, la u. de la última peseta dedicada a la compra de un bien es igual a la u. de la última peseta dedicada a la compra de cualquier otro bien. Pareto (1909) sostuvo que, para que esto se diese, no era necesario que la u. fuese mensurable cardinalmente, sino sólo ordinalmente (es decir, que el sujeto fuese capaz de ordenar decrecientemente sus elecciones, de acuerdo con la u. que cada una le proporcionaba).Con las aportaciones de W. E. Johnson (1913) y E. E. Slutsky (1915), esta tesis ganó definitivamente la batalla: la u. es, desde entonces, un concepto carente de connotaciones psicológicas, y no derivado por introspección, al que no se le exige sino que cumpla ciertas condiciones de ordenación de las preferencias, resultando que, bajo estas reducidas exigencias, se pueden deducir las mismas condiciones de equilibrio que la teoría antigua derivaba bajo supuestos de mensurabilidad cardinal. En concreto, ya no es necesario suponer que la u. marginal de un bien es decreciente; ésta (así coma el supuesto de mensurabilidad de la u.) puede tener un cierto atractivo de tipo psicológico o docente, pero en modo alguno es necesaria para la teoría. Con todo, la necesidad de medir la u. con fines normativos fue aún objeto de una polémica en los años 40 y 50, hoy ya olvidada (v. bibl.).La teoría de la u., tal como hoy se enuncia, no es sino una forma de presentar el conjunto de axiomas en que se basa la teoría de la conducta del consumidor, pero tiene las ventajas de mayor comprensión intuitiva y obtención de nuevas consecuencias interesantes sobre la conducta de los sujetos o consumidores. Supuesto que el consumidor pueda llevar a cabo una ordenación débil de sus preferencias (aproximadamente, que sea capaz de decidir, entre dos conjuntos de bienes, si prefiere el primero al segundo, el segundo al primero, o es indiferente entre ellos), se supone que existe una función que asigna a cada conjunto de bienes x un número real único u, de modo queu=f(x)
y tal que, dados los conjuntos x y x?, dicho número u no será menor para x que para x? (o sea, la u. de x no será menor que la de x?) sólo si x es, por lo menos, tan deseable para el sujeto como x?. Si esta función cumple ciertas condiciones (complitud, transitividad, continuidad, diferenciabilidad, convexidad estricta, etc.), y si el sujeto es racional (lo cual equivale a que, en sus elecciones, busque siempre aquel conjunto de bienes que haga máxima su u.), es posible derivar de ello toda la teoría de la conducta del consumidor, hasta obtener funciones de demanda de los diversos bienes.
Nótese que la u. así establecida carece de significado "sensorial" (ligado al placer o al dolor) o ético, y que no es sino una característica común a todos los bienes que los hace comparables para el sujeto en sus elecciones. Al propio tiempo, se muestra que esta función no es única, sino que cualquier transformación monótona positiva de la misma permite también enunciar los teoremas de la conducta racional del sujeto consumidor. Esto es válido no sólo para la teoría ordinal de la u., sino también para ciertos intentos de medición de la misma que, bajo condiciones sencillas, se han demostrado como factibles (a partir de la obra pionera de van Neumann y Morgenstern; en 1944), aunque siempre bajo una escala arbitraria y no única. Por último, la teoría de la preferencia revelada muestra cómo, con sólo dos axiomas sobre la conducta del consumidor, se pueden obtener los teoremas significativos sobre la misma observando la actuación del sujeto en el mercado.ANTONIO ARGANDOÑA.
BIBL.: La teoría tradicional de la u. puede hallarse en cualquier texto de microeconomía, p. ej.: G. J. STIGLER, La teoría de los precios, 2 ed. Madrid 1968, cap. 4; R. H. LEFTWICH, Sistema de precios y asignación de recursos, México 1972, cap. 4 y 5; J. CASTAÑEDA, Lecciones de Teoría económica, Madrid 1969, 2, parte. Para la historia de la teoría de la u., cfr.: G. J. STIGLER, The Development of Utility Theory, "Journal of Political Economy" 57 (agosto y octubre 1950); y W. EDWARDS y A. TVERSKY (ed.), Decision Theory, Middlesex 1967, sobre todo cap. 1-3 (colección de ensayos sobre teoría de la decisión). Clásicos de teoría de la u. son: P. A. SAMUELSON, Fundamentos del Andlisis económico, Buenos Aires 1957, cap. 5-7; y J. R. HICKS, Valor y capital, 3 ed. México 1968, parte la. La polémica sobre la medi~ ción de la u. citada en el texto aparece en "Rev. de Economía política", enero-abril 1956. El libro de J. VON NEUMANN y O. MORGENSTERN es Theory of Games and Economic Behavior, 2 ed. Princeton 1947; para una versión sencilla de su método de medición, A. ALCHIAN, The Meaning of Utility Measurement, "American Economic Review" 42 (marzo 1953). El enlace de la teoría de la u. con los axiomas de ordenación de preferencias, en H. A. JOHN GREEN, Consumer Theory, Middlesex 1971, partes I y II. Sobre la teoría de la preferencia revelada: "De Economía" 66 (1960). Una valoración de los temas de Economía relacionados con la utilidad, el bienestar, etc., puede verse en A. MILLÁN PUELLES, Economía y libertad, Madrid 1974.
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