Urguay. V. Lengua y Literatura. LIT.
Categoria:
Literatura
1. Lengua. a) Elementos constitutivos del castellano en Uruguay. 1) Aportación indígena. Si exceptuamos a aquellos aborígenes guaraníes, tapes y arechanes (los pobladores marginales del primitivo U.), ninguna otra parcialidad autóctona de las que también habitaban dicha zona (charrúas, yaros, bohanes, chanes, güenoas y minuanes) hablaban como lengua propia el idioma guaraní (v. TUPÍ-GUARANÍES II), si bien empleaban la lingua geral (tupí-guaraní hablado principalmente en vastas regiones brasileñas) como forma de trato con las demás parcialidades. Si en toponimia (cerros, sierras, arroyos y ríos, sobre todo) y en flora y fauna perduran innumerables vocablos guaraníes y no de las lenguas correspondientes a los indios mencionados, que hablaban un idioma propio, aislado, sin vinculación conocida, ello se debe a tres factores: 1) a que fueron los guaraníes, tapes y arechanes los que bautizaron muchos accidentes geográficos de este territorio y ejemplares de su flora y fauna; 2) a que en los idiomas no guaraníes existían desde luego guaranismos, a manera de los vocablos exóticos en los idiomas actuales, y 3) a que siendo el guaraní un idioma tan extendido como lingua geral y de trato (algo así como el francés en ciertos ambientes cortesanos y diplomáticos de nuestros días), los sacerdotes de las misiones jesuitas lo adoptaron para predicar el Evangelio y traían lenguaraces guaraníes como intérpretes. En consecuencia, los vocablos guaraníes que perduran en este territorio provienen del hecho de que los lenguaraces traducían al guaraní el término vernáculo de otras lenguas, y en guaraní lo designaban los misioneros. Fuera de diversos y numerosos topónimos y vocablos de la flora y fauna, son muy pocas, sin embargo, las palabras guaraníes que se usan actualmente en U. La más divulgada es gurí, utilizada en el campo y en zonas suburbanas para designar a un niño no mayor de unos 14 años de edad. Además: ñandú, yacaré, camuatí, etc. Otros escasos vocablos indígenas mezclados con el castellano y que son de origen araucano o quechua, proceden de los tiempos en que los territorios del Río de la Plata dependieron (hasta 1776) del Virreinato del Perú.2) Otros elementos. Exceptuando esos vocablos y algunos más, traídos por marineros o soldados de la época colonial, las voces no castellanas proceden en su mayoría del aluvión inmigratorio llegado a estas tierras, sobre todo a fines del siglo pasado y principios del presente (y aun en épocas más lejanas) y son muy a menudo italianismos. En cuanto a los esclavos negros llegados de África en 1576 y luego durante el gobierno de Antonio Olaguery Feliú (1790-97), es muy pequeño el número de vocablos que incorporaron a esta lengua y casi todos se relacionan con actividades, ritos o bailes de su raza. Hay que añadir algunos galicismos (especialmente en la literatura, en la vida mundana o galante) y vocablos de origen británico, en el mundo del deporte, y, por último, una influencia muy importante: la luso-brasileña. Y no sólo porque este territorio fue, de 1821 a 1825, Provincia Cisplatina (incorporada al reino de Portugal hasta 1824 y después al imperio de Brasil), sino también por la vecindad fronteriza de U. y Brasil en la zona nordeste, donde se habla un lenguaje mezclado de castellano y portugués. Como muy acertadamente ha expresado B. V. de López, "el portugués se fue infiltrando en el ámbito lingüístico castellano, así como el castellano en el idioma portugués, como una consecuencia topográfica y demográfica. La intercomunicación, las formas de convivencia han determinado la conversión de ambos idiomas, castellano y portugués, en lo que se ha dado en llamar dialecto fronterizo, fluido, gracioso, atractivo y popular. Ocupa principalmente una faja en la zona norte y este del país. Esta lengua resultante debe caracteres al portugués, así como al castellano, aunque tiene caracteres propios, si bien son consecuencia de las dos lenguas fundamentales. La lengua fronteriza no es uniforme en toda la zona norteña y esteña (algunos son simples localismos, que pueden tener gran interés para el lingüista), así como no todos sus habitantes se expresan con ella. Los hay luso-hablantes, hispano-hablantes y bilingües. Como es notorio, esta infiltración se refleja en las letras uruguayas y muchos de nuestros escritores la reflejan tanto en prosa como en verso. Entre los escritores uruguayos en los que más se nota la influencia idiomática luso-brasileña, así como numerosas voces de otro origen que se usan en la frontera, recordamos especialmente a Bartolomé Hidalgo, Eduardo Acevedo Díaz, Javier de Viana, Adolfo Montiel Ballesteros, Carlos Reyles, Serafín J. García, Osiris Rodríguez Castillos, Juan José Morosoli, Enrique Amorin, quienes, de una u otra forma, han matizado el castellano con alguna voz fronteriza" (Lenguaje fronterizo en obras de autores uruguayos, Montevideo 1967, 17-18).
Corresponde asimismo no olvidar que en algunas zonas aisladas del campo no es extraño escuchar, mezclados a alguna conversación generalmente incorrecta, ciertos arcaísmos, así como giros castizos desconocidos o, por lo menos, no practicados en el habla de las zonas populosas y cultas. Ello se debe, sin duda, a que el aislamiento de esos habitantes ha preservado tales vocablos y giros, que se vienen repitiendo desde sus antepasados. b) Aspecto castizo del español uruguayo. En comparación con el español de la Península, el hablado en U. es arbitrario e incorrecto, lo que se debe no sólo a la mezcla indiscriminada de neologismos, voces exóticas, corruptelas, modismos y localismos, sino también al descuido con que se habla y escribe, olvidando muchas veces importantes reglas del idioma, necesarias para la claridad expresiva. No se puede pretender, desde.luego, que en Hispanoamérica se hable castizamente; sabemos que la evolución, el progreso, las costumbres y la ubicación geográfica (la vida en suma) modifican la fisonomía lingüística, pero no parece elogiable, ni siquiera aceptable, la incorrección que (deliberadamente o no) muestran algunos escritores en sus obras. Cuando el lenguaje popular se utiliza con medida y autenticidad, se logran efectos atrayentes, por el colorido y la frescura, sobre todo, en las escenas costumbristas, o por el carácter y la veracidad en los dialogados camperos o suburbanos; pero su abuso es contraproducente. Hay que limitar su difusión a las regiones del Plata, ya que para otras zonas se necesitaría la ayuda de un glosario de las voces no españolas (regionalismos, lunfardo, etc). Y ello sin olvidar que el lenguaje llamado gauchesco que usan varios poetas, narradores y versificadores es, en ciertos casos, forzado, convencional, falso.2. Literatura. a) apoca colonial. Es un hecho ya indiscutible que la literatura colonial fue muy pobre en el territorio que actualmente se conoce como U. El único escritor memorable entre los "primitivos" se puede considerar que es Bartolomé Hidalgo, nacido en Montevideo en 1788 y fallecido en Argentina en 1822. Su obra destaca como una expresión del alma popular. Era un verdadero poeta que cultivó diversos géneros, pero que sobresalió en sus cielitos, especie de coplas gauchescas (v. CRIOLLOS II), en las que anda mezclada la influencia del romancero anónimo español, en su gracia y en la exactitud de sus imágenes. Gran parte de estos cielitos se compone de adaptaciones de los que cantaban en sus reuniones los gauchos, y su origen es, pues, folklórico; otros son obra propia de Hidalgo. De cualquier manera, es 61 quien da razón al crítido uruguayo que aseguró que "nuestra literatura poética nació espontáneamente, sin estímulo, junto a los fogones revolucionarios, ya bajo la enramada de totora. El gaucho fue nuestro primer poeta, despertado al sentimiento de lo bello por su atavismo de raza, por su constante comunicación con la naturaleza y por las oscuras melancolías de su vida nómada" (C. Roxlo, Historia crítica de la literatura uruguaya, Montevideo 1912, 1,35). Los cielitos de Hidalgo sintetizan el alma, gauchesca por la autenticidad de su emoción, la agudeza de su humorismo, su expresión de los aconteceres populares de la época.Antes de Hidalgo, otros escritores (algunos nacidos en España) habían producido obras, ya en prosa, ya en verso, algunas de género teatral. Recordemos, sobre todo, por el valor didáctico de sus escritos, a dos uruguayos: Dámaso Antonio Larrañaga (1781-1848) y Juan Manuel Pérez Castellano (1743-1814), sobre todo el primero, en quien se unen el naturalista y el historiador. En este sector de la literatura cientifista no se ha de omitir a Félix de Azara (1746-1821), nacido y muerto en España, naturalista y geógrafo, que residió en U. y dejó excelentes obras sobre su historia natural. Las obras en verso de J. P. de Oliver, también español, de E. Valdenegro y del P. Juan F. Martínez son de muy escaso valor.Exceptuando a Hidalgo, sólo sobresale un poeta en los tiempos anteriores al romanticismo: D. Francisco Acuña de Figueroa (1791-1862), de ilustre familia hispánica. Por su erudición, por lo correcto de la forma, por sus gustos, es un clasicista. Escribió un sinnúmero de poemas, de muy diverso tema y extensión, en los que el ingenio supera la presencia lírica. Pero no se le puede negar gracejo, personalidad, dominio del verso e imágenes felices a veces. Baste decir, en su elogio, que no es inferior a los demás prestigiosos poetas de su época en los países hispanoamericanos y supera a muchos de ellos. Si se le puede censurar falta de sensibilidad en la generalidad de su producción, muchas veces excesivamente objetiva y narrativa, llegando a lo meramente prosaico rimado y a lo vulgar, también da muestras de una emotividad honda y delicada, como lo patentiza La madre africana, encendida protesta contra el tráfico de negros esclavos, escrita antes de J. G. Whittier, H. W. Longfellow (v.), C. Alves y A. Gongalves Dias (v.), los mayores poetas antiesclavistas de América. F. Acuña de Figueroa es, además, autor de la letra del himno nacional. El conjunto de su obra es profuso y confuso, retórico y verboso; era un improvisador incurable. Su larga vida, sus muchas amistades y fiestas, y su facilidad para escribir y publicar perjudican grandemente su individualidad. Se ha de resaltar además otro poema, Malambrunada, muy extenso, de certera e ingeniosísima sátira.Petrona Rosende de la Sierra presenta la curiosidad de ser, cronológicamente, la primera poetisa de esta tierra; cabe citarla junto a Bernardo Berro, Carlos Villademoros, Manuel y Francisco Araucho, cinco versificadores en quienes la buena intención poética era muy superior al poder creador, perdido en tonos declamatorios o artificiosos.b) El romanticismo. Como todas las modalidades literarias y estéticas, procedía esta corriente de Europa, y en tiempos de las luchas libertarias halló en U. campo propicio para sus excesos. En principio, el romanticismo uruguayo (como en Argentina y otros países de América) concuerda con el triunfo revolucionario, con la búsqueda de la independencia, si bien corresponde no olvidar que el dominio del romanticismo fue en la Plata (y en toda Hispanoamérica) muy largo, ya que las corrientes del naturalismo llegaron muy tarde a terminar con ese auge. También el modernismo llegó atrasado, si tenemos en cuenta que Azul..., de R. Darío, se había publicado en Chile en 1888. Tan largo fue el reinado del romanticismo en U. que, generalmente, se divide en dos periodos: el primero, débil, de valor más histórico que literario, en el que figuran, entre otros, Juan C. Gómez (1820-84), Adolfo Berro (1819-41), Alejandro Magariños Cervantes (1825-93), Heraclio Fajardo (1833-68), y el segundo, en que hallamos a dos personalidades (verso y prosa, respectivamente), las más interesantes y perdurables de este movimiento: Juan Zorrilla de San Martín (v.) y Eduardo Acevedo Díaz (v.), También pertenece a este segundo romanticismo el poeta Rafael Fragueiro (1864-1914) y, cerrándolo, puede ubicarse a Carlos Roxlo (1861-1926), poeta demasiado fácil quizá, pero de grato colorido y simpático brío en sus pinceladas del paisaje campero.Fue característico del romanticismo platense, así como del brasileño, la incorporación del léxico de la flora y fauna nacionales, y también de algunos vocablos indígenas, tupí-guaraníes sobre todo. Este fondo americanista es casi siempre arbitrario, no muy sujeto a la verdad objetiva y científica, pero debe señalarse porque entraña una particularidad importante, principalmente por el empeño de esos autores (A. Magariños Cervantes, p. ej.) en tratar temas y ambientes autóctonos. Mucho más tarde, poetas y prosistas del s. XX buscarán la esencia nacional. Pertenecen también al romanticismo, en un sector especial, poetas de tono popular que utilizaron el tema gauchesco, de los cuales el más difundido fue Elías Regules, 1861-1929 (V. ROMANTICISMO IV).c) El modernismo. Como en toda América, fue una modalidad que se expresó más en la poesía que en la prosa (v. MODERNISMO III). Llegó, más o menos, unido al naturalismo (v. NATURALISMO V), que dio obras narrativas y teatrales de trascendencia: en el cuentista Javier de Viana (1868-1926), de un realismo amargo y crudo al retratar la miseria de ciertos sectores campesinos y la decadencia del gaucho; en el dramaturgo Florencio Sánchez (v.), verdadero renovador del teatro platense. Del modernismo poético, la mayor personalidad es Julio Herrera y Reissig (v.), sobre todo por su refinamiento expresivo y lo constante, rico y auténtico de su visión modernista. Delmira Agustini (v.), aunque de raíces modernistas, posee mayor amplitud. Poco antes de esta escritora, María Eugenia Vaz Ferreira (1875-1924) había iniciado en el país lo que podríamos llamar, usando un término convencional, la poesía "femenina", aunque quizá sea en D. Agustini donde ese carácter se expresa más intensamente, sobre todo por algunos de sus grandes poemas eróticos (haciendo la salverdad, por lo demás, de que no toda poesía femenina deba ser erótica ni la feminidad se halla sólo en ese tema).Pertenecen, en parte, al modernismo en prosa Carlos Reyles (v.) y José E. Rodó (v.). El primero, que fue modernista (decadentista, con más exactitud) en breves nouvelles de su juventud, criticadas por Juan Valera, evolucionó a una narrativa realista, expresada a veces en un estilo desordenado, nervioso e incorrecto por veces, pero que logra paisajes de gran belleza y ajuste, como acontece con El embrujo de Sevilla, la más difundida de sus novelas fuera de U. Creemos, no obstante, que sus obras de carácter vernáculo son más interesantes, ya que en ellas, además de la observación y descripción certeras, hay elementos aplicados a la realidad social y económica, conceptos originales y discutibles. Fue también ensayista. En cuanto al modernismo de Rodó, sólo se halla en algunos momentos de su personalidad, la cual se evade, en su mayor parte, de las normas modernistas, pero a las que está vinculada sobre todo por su esteticismo. Tampoco puede localizarse a Horacio Quiroga (v.) en el modernismo, pese a sus orígenes tan enraizados en esa modalidad. Contemporáneo y amigo de Rodó fue Víctor Pérez Petit (1871-1947), autor de sonetos parnasianos, cuentista y dramaturgo, pero, sobre todo, autor de estudios críticos muy apreciables, tanto al referirse a las letras europeas finiseculares (francesas, sobre todo) como al tratar escritores compatriotas: en tal sentido, es excelente su exégesis de Eduardo Acevedo Díaz, incluida en su libro En la Atenas del Plata.d) Finales del siglo XIX. Merece mención aparte Carlos Vaz Ferreira (1872-1958) por ser el único filósofo del U. Lógica viva e Ideas y observaciones figuran entre sus obras más representativas. Así como Rodó procede en gran parte de E. Renan (v.), es reconocido el magisterio de Stuart Mill (v.) en la formación filosófica de C. Vaz Ferreira, quien evolucionó luego a mundos más sutiles, próximos a los de Henri Bergson, en un eclecticismo en que el uruguayo puso mucho de su propia personalidad. Combatió la estrechez de los temperamentos unilaterales, de los criterios puramente librescos y "simplistas"; exaltó la amplitud de espíritu, la "lógica viva" y la relatividad. Aunque muy distinto de Rodó, es como él uno de los más notables pensadores de América. Junto a ambos y pese a sus muchas divergencias de personalidad, hemos de colocar, por su alta jerarquía cultural, la obra Arte, estética, ideal de Pedro Figari (1861-1938), más famoso como pintor y autor asimismo de un bello libro de poemas, El arquitecto. Otro ensayista que es preciso_ no olvidar es Raúl Montero Bustamante (1881-1958), hombre de vasta cultura, principalmente en lo que se refiere al periodo romántico del U., autor de ensayos en los que la sabia arquitectura y el estilo castizo se hermanan a la elevación conceptual. Aunque su catolicismo lo aparta de algunos postulados de Rodó, otros aspectos les asemejan, entre ellos el espíritu de tolerancia de Montero Bustamante y su amplitud de criterio al juzgar las obras literarias de sus contemporáneos.Continuador, en cierta manera, del teatro de F. Sánchez fue Ernesto Herrera (1886-1917), que dejó una obra apreciable, de tono realista, anunciadora de lo mucho que podía esperarse de quien falleció tan joven. Ese realismo del teatro de E. Herrera y de la narrativa de Javier de Viana (1868-1926) corresponden a veces y en cierta manera al de la poesía gauchesca posterior al romanticismo, ya que ambos se nutren de la realidad nacional y de su cotidianeidad un tanto costumbrista.El más popular de los poetas gauchescos en esta época fue José Alonso y Trelles (1857-1924), nacido en España, pero muy uruguayo, muy criollo para ser más exactos, por su idiosincrasia y por su larga residencia en estas tierras. Usó el seudónimo de El Viejo Pancho. Sus mejores poemas (que no son muchos) están reunidos en un tomo titulado Paja brava, en que el lenguaje gauchesco (bastante arbitrario, por lo demás) expresa emociones que a veces logran cierta viril ternura. Tuvo muchos imitadores. El éxito popular de la poesía gauchesca se va reduciendo, en la actualidad, a ciertas zonas rurales y suburbanas. Es poesía dialectal (cuando es poesía, ya que muchas veces no excede el área de la versificación improvisada, más o menos ingeniosa, sensiblera o patriotera), y posee tantas limitaciones que su mayor interés reside generalmente en su pintoresquismo, cuando no en su valor como documento regional de determinada época.Dejando por ahora el tema de la poesía gauchesca (al que retornaremos brevemente al hablar del nativismo poético), reconozcamos en Emilio Frugoni (n. 1880) a un poeta realista en sus mejores momentos, de un realismo romántico o, si se prefiere, neorromántico, cuyas estrofas poseen una generosa palpitación social, un anhelo de fraternidad y justicia humanas. Son acertados, además, sus Poemas montevideanos en que el autor, sin olvidar su ideario humanista, refleja aspectos típicos de su querida ciudad. Aunque actuó en épocas del modernismo, E. Frugoni posee la particularidad de no participar casi de las características de ese movimiento.e) Del posmodernismo a nuestros días. Terminada la I Guerra Mundial, el pensamiento, la vida y, en especial manera, el arte universal sintieron el influjo de una acentuada renovación. Decayó en la poesía hispanoamericana (y en la española) la tendencia del modernismo (desvirtuada ya desde la muerte, en 1916, de su pontífice, Rubén Darío) e irrumpieron modalidades bizarras, algunas que estaban ya en germen antes de dicha guerra: ultraísmo (v.) y creacionismo (v.) sobre todo. Éstas no aparecen directamente en la literatura uruguaya, aunque elementos de ellas se mezclen en el posmodernismo. El posmodernismo significó, ante todo, un regreso a la vida, luego de los preciosismos y exotismos parnasianos y simbolistas. El posmodernismo uruguayo es, sobre todo, poético. Lo encabeza Juana de Ibarbourou (v.) junto a Emilio Oribe (n. 1893), poeta de expresión austera que gusta de ahondar en las bellas apariencias y sigue (en parte y a su manera) el ejemplo de P. Valéry (v.); Fernán Silva Valdés (n. 1887), una de las expresiones más enérgicas del nativismo, sobre todo, en sus libros Agua del tiempo y Poemas nativos, bellas obras pero quizá demasiado objetivas frente al "gauchismo cósmico" de Pedro Leandro Ipuche (n. 1890), que posee trascendencia metafísica en sus mejores momentos.Muchos son los valores que diferencian la poesía nativista de la gauchesca: destaquemos ahora el hecho de que la poesía nativista emplea un lenguaje culto y correcto, no gauchesco, aunque, si es necesario, recurre a voces típicas, características. El posmodernismo uruguayo recibió asimismo la vibración vitalista y caudalosa de Walt Whitman (v.) en la vasta inspiración de Carlos Sabat Ercasty (n. 1887), que a su vez influyó en la primera etapa lírica. de Pablo Neruda (v.). Vicente Basso Maglio (1889-1961) y Enrique Casaravilla Lemos (1889-1968) merecen mención aparte, pues su posmodernismo tuvo un carácter esteticista, supersimbolista y un tanto esotérico por momentos, con más esencia humana en el segunda de dichos poetas. Carlos Rodríguez Pintos (n. 1895) y Juan Cunha (n. 1910) son líricos de verbo depurado y aguda sensibilidad; también lo son julio J. Casal (1889-1954) y Roberto Ibáñez (n. 1907). En cuanto a los poemas "negros" de lldefonso Pereda Valdés (n. 1899) se inscriben, a su manera, en el nativismo. El más activo crítico de este movimiento es Alberto Zum Felde (n. 1888). Luego, con obra más espaciada, Osvaldo Crispo Acosta, conocido como Lauxar (1884-1962), y Gustavo Gallinal (1889-1951).El teatro, después de E. Herrera, presentó obras de Carlos M. Princivalle (1887-1959), José Pedro Bellán (1889-1930), Edmundo Bianchi (1880-1965), Yamandú Rodríguez (1891-1957), etc., algunas apreciables, pero en general sin mucho aliento renovador, moviéndose entre lo realista o lo histórico. La obra de M. E. Vaz Ferreira, de D. Agustini y, sobre todo, de J. de Ibarbourou con su clamoroso éxito, estimuló la presencia de poetisas, algunas de alto valor como, p. ej., Esther de Cáceres (n. 1903), máxima expresión del lirismo místico uruguayo, de estrofa muy depurada y musical (es asimismo destacada ensayista). Sarah Bollo (n. 1904) posee una vasta y noble obra poética, amén de numerosos estudios críticos. Evoquemos también a Sara de Ibáñez (n. 1910) con su libro - Canto, de 1940, cuyos sonetos son joyeles; a Concepción Silva Bélinzon (n. 1903), barroca y existencial; a su hermana Clara Silva (n. 1905), una de las mayores novelistas de América, que aunque también cultivó el soneto, se expresa preferentemente en verso libre; a Dora Isella Russell (n. 1925), cuyo neorromanticismo se vierte en una delicadísima gama de imágenes, etc.Algunos años antes de la II Guerra mundial, Francisco Espínola (n. 1901) renovó la novela uruguaya con Sombras sobre la tierra, por sus aportes técnicos y psicológicos. Anteriormente, Justino Zavala Muniz (1898-1968) logró amplio éxito con sus bellas crónicas noveladas que reflejan nítidamente aspectos y sucesos uruguayos del siglo pasado: Crónica de la reja, p. ej., en que el ambiente gaucho se da en sabroso estilo. También cultivó, con menos éxito, el teatro.En cuanto a investigadores históricos, hemos de destacar sobre todo, luego de la obra magistral de Francisco Bauzá (1849-1899), a Pablo Blanco Acevedo (1880-1935), Eduardo Acevedo (1857-1948), E. Petit Muñoz (1894), sin olvidar La epopeya de Artigas de J. Zorrilla de S. Martín, ya de carácter más literario. Enrique Amorin (1900-60) dejó una copiosa obra, sobre todo narrativa, de valor dispar y con frecuentes y bellos hallazgos. Muy distinto es el caso de Felisberto Hernández (1902-64), de obra no muy vasta, que armoniza sus valores y su visión, un tanto fantasmagórica a veces, con una especie de delectación en sus exploraciones del mundo de la subconsciencia y, por momentos, con cierto aprendizaje proustiano en la sutil minuciosidad del detalle. Los cuentos de Juan José Morosoli (1899-1957) son valiosos por la síntesis expresiva y por la fraterna comprensión con que el autor se acerca a los destinos humildes, solitarios, doloridos, vagabundos, ávidos. También se inspira en destinos amargos y humildes la poesía de Líber Fálco (1906-55), de estremecido acento.Los tiempos inmediatamente posteriores a la II Guerra mundial trajeron diversas oleadas literarias y estéticas, entre ellas el existencialismo. El mismo año en que se desencadenó esa conflagración (1939), apareció en Montevideo El pozo, libro inicial de J. C. Onetti (v.), cuya vasta obra le da el primer puesto en la narrativa uruguaya de nuestros días y uno de los primeros en América. Mario Benedetti (v.) es, además de novelista y cuentista, crítico y poeta. Estamos ya en la llamada "generación del 45" que trajo una visión más amplia a las letras uruguayas (con algunos aportes de conspicuos autores de Gran Bretaña y Estados Unidos, de este siglo), incorporando la gran ciudad a sus temas narrativos y poéticos, afinando los recursos técnicos y los resortes psicológicos, bifurcándose en caminos existenciales, sobrerrealistas, realistas, sociales, etc., reflejando, en suma, o buscando reflejar, el complejo espíritu de esos años de posguerra. Los más activos críticos de esa generación pertenecen a ella: Emir Rodríguez Monegal (n. 1921), Ángel Rama (n. 1926), M. Benedetti (v.), A. S. Visca (n. 1917), C. Real de Azúa (n. 1916), más inclinado actualmente a los temas de la historia social.En el campo de la narrativa, sobresalen Armonía Somers (n. 1920), de un neorrealismo tejido en una sabia y originalísima conjunción de análisis, circunstancias imprevistas, ironía, sexo, tragedia, subconsciente; Carlos Martínez Moreno (n. 1917), analítico también en sus relatos de densidad psicológica y buena prosa; Mario Arregui (n. 1917) y Julio C. da Rosa (n. 1920), que dan, cada uno, distinto enfoque al tema rural; Giselda Zani (n. 1909), Rolinda Ipuche (n. 1922?), etc. En el género teatral hemos de subrayar la obra de Carlos Maggi (n. 1922), que posee a menudo carácter burlesco; Juan Carlos Legido (n. 1920), también poeta, que estrenó dramas de un neorrealismo con entraña social; Ángel Rama (n. 1926) y Carlos Denis Molina (n. 1917), de carácter más literario, llegan a lo poético y simbólico. En poesía reflejan el espíritu de su tiempo, sobre todo, Idea Vilariño (n. 1920), Ricardo Paseyro (n. 1926), Ida Vitale (n. 1928), Jorge Medina Vidal (n. 1925), Carlos Brandy (n. 1923), Washington Benavides (n. 1930), R. Blengio Brito (n. 1929), Selva Casal (n. 1927).Y vienen luego los poetas y narradores novísimos, cuyo panorama es todavía un tanto huidizo y borroso, difícil de captar con nitidez. En poesía, se ha abandonado definitivamente el tema de la naturaleza: son la ciudad, la terrible soledad del ser humano en la gran ciudad egoísta, la frustración, el afán de liberación espiritual, el amor y el sexo, los temas fundamentales. Bien que se busquen nuevos caminos temáticos; sólo que la mayoría de los poetas jóvenes se olvidan del fundamental problema de la forma (que nada o poquísimo tiene que ver con la retórica y la métrica, aunque sí mucho, muchísimo, con el ritmo y la armonía) y en la mayoría de los casos entregan, en vez de verdaderos poemas, apuntes más o menos líricos, de valor documental y provisional. Creemos que por algún motivo la poesía y la prosa son, han sido siempre, dos géneros distintos, cada uno con su mundo. Pero en la actualidad aparecen mezclados, "intercambiados", y a la prosificación de muchos poemas corresponden los "toques" poéticos en que gran parte de la narrativa actual se redime un poco de sus excesos realistas.V. t.: TUPE-GUARANÍES II; CRIOLLOS II.GASTÓN FIGUEIRA.
BIBL.: J. C. GUARNIERI, Diccionario del lenguaje campesino ríoplatense, Montevideo 1968; G. GALLINAL, Letras uruguayas, París 1928; S. BOLLO, Literatura uruguaya (1807-1965), Montevideo 1965; C. ROXLO, Historia crítica de la literatura uruguaya, 7 vol., Montevideo 1912-16; N. FUSCO SANSONE, Antología y crítica de literatura uruguaya, Montevideo 1940.
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