Turdetania GEOG.
Categoria:
Geografía
Es la región probablemente continuadora del antiguo imperio tartésico. Aparece con tal nombre ya tardíamente, cuando los romanos comienzan la conquista de España. La T. estaba limitada, según Estrabón, al N y 0 por el río Guadiana; al S, por la zona litoral comprendida entre la desembocadura de dicho río y el estrecho de Gibraltar y parte de los dominios de los bastetanos (v.); se extendía hacia el E hasta la región de los carpetanos. De ello se desprende que abarcaba casi la mayor parte de la actual Andalucía, especialmente la baja, y las zonas de Ciudad Real y Extremadura comprendidas al sur del Guadiana. Su arteria más importante la constituía el río Guadalquivir.La población estaba compuesta en su mayor parte por los turdetanos propiamente dichos. No obstante, los bastetanos y pueblos vecinos, comprendidos en las fronteras, hay que englobarlos también en la población de Turdetania. En las fuentes literarias aparecen citados unos túrdulos que, según unos, responden al mismo concepto de turdetanos y, en opinión de otros, son un pueblo diferente. Tal concepto todavía no es claro y si bien no pudieron identificarse, al menos, habría que considerarlos relacionados entre sí. Polibio, en el s. II a. C., cita a los túrdulos como limítrofes septentrionales de los turdetanos, mientras que Estrabón, algo más de un siglo después, afirma que no existen diferencias notorias apreciables entre ambos. La región toma la denominación de T. del pueblo preponderante que la habita. En realidad, en el momento de comenzarse la conquista de España por Roma, resulta poco menos que inútil el intento de delimitación del complejo mosaico racial del mediodía peninsular, ya que sus elementos étnicos se presentan bastante mezclados. El intento de diferenciación racial y territorial de tal complejo ha motivado varios teorías en divergencia.Religión. Es principalmente la arqueología la que va proporcionando información sobre el carácter religioso de Turdetania. Parece ser que tal cuestión alcanzó verdadera importancia; sin embargo, no pueden precisarse datos exactos, ni ritos, ni nombres claros de los dioses, ni incluso el mismo concepto religioso preciso de esta región, porque para ello la arqueología es insuficiente y las fuentes literarias, al ser escasas sus noticias sobre esta materia, no ayudan a esclarecer el problema. No obstante, en T. se encuentra un fuerte sustrato religioso de tipo mediterráneo, de pura raigambre orienta¡, con costumbresrituales ancestrales. El culto al toro en las zonas costeras tendría precisamente su raíz en esa tradición. Sobre este sustrato fueron actuando los conceptos religiosos de los púnicos. Prueba de ello es el culto al Melkart fenicio que tanta importancia tuvo en Cádiz. Finalmente, los romanos hicieron desaparecer la tradición religiosa de Turdetania.Organización y vida social. La idea de la vieja monarquía tartésica permaneció en T., si bien la organización y centralización de aquélla se vio modificada por la presencia cartaginesa en la región. Las fuentes antiguas no son demasiado explícitas respecto al proceso seguido por la organización política del mediodía peninsular en el espacio de tiempo que va desde el auge de Tartessos (v.) hasta la absorción total de dicha región por la administración romana.La cohesión del antiguo imperio tartésico fue perdiéndose poco a poco como consecuencia de la actuación política de Cartago. La unión entre las distintas ciudades, que ahora tienden a hacerse suficientes a sí mismas y a independizarse, no puede ser mantenida sino con grandes esfuerzos de los reyes, cuyo poder disminuye en progresión geométrica. Las ciudades desertan en repetidas ocasiones de la obediencia a un rey para establecer pactos por sí mismas, lo que hace suponer discordancias de tipo político entre ciudad y reyezuelo. El concepto a que responde en estos momentos tal tipo de monarquía hace dudar entre una base de fundamento divino o un simple caudillaje al estilo de Celtiberia, p.ej. Tampoco informan las fuentes antiguas sobre el carácter hereditario o electivo de estos reyezuelos ni sobre la limitación de su autoridad y prestigio. Parece cierto que estos reyes eran, al menos, miembros de familias aristocráticas y con gran importancia dentro de unas bases sociales ya establecidas desde mucho tiempo atrás. Sobre los organismos de que estos reyes se valieran para dominar las distintas ciudades tampoco hay noticias, aunque la presencia de magistrados indígenas en algunas de ellas está demostrada por la numismática.En lo concerniente a las clases sociales, la estratificación es clara. Las fuentes literarias señalan, todas de acuerdo, una clase de grandes propietarios nobles, cuyo refinamiento en el modo de vivir es proverbial. La arqueología demuestra suficientemente este juicio de las fuentes por medio de los hallazgos realizados en las necrópolis. La magnificencia y riqueza de sus construcciones y ajuares es extraordinaria. Después de la nobleza, el pueblo estaría organizado en auténticas castas, según estima Caro Baroja. Es de suponer la especialización de los distintos tipos de trabajo por grupos diferentes, si bien no puede afirmarse la existencia de una organización cerrada en gremios. La extensión rápida de la clientela romana en los tiempos primeros de su dominación hace suponer que anteriormente hubiera un tipo de clientela dentro de la sociedad turdetana. La existencia de una esclavitud al servicio de la nobleza está más que demostrada y son varias las citas de las fuentes en que se hace alusión a esclavos celtas en el Sur de la Península. Asimismo, se sirven de mercenarios celtas en los momentos de lucha, lo cual implica una adopción del sistema cartaginés.Ciudades. Destacan por su importancia y riqueza ya desde tiempos antiguos. El mismo Estrabón afirma tener noticias de diversas ciudades que sobrepasan el número de doscientas. Naturalmente, las de mayor importancia, desde el punto de vista comercial, son las que cuentan con una buena posición geográfica, al encontrarse al lado.de las principales vías de comunicación: los ríos y el mar. Entre las puramente indígenas se encuentran Astigi (Ecija), Carmo (Carmona), Ursao (Osuna), Obulco (Porcuna), Onuba (Huelva), Asta (Mesas de Asta, Jerez) y Nabrissa (Lebrija). Estrabón, ya en pleno dominio romano, cita entre las más importantes de su momento a Gades, la de más tradición, isla separada de la T. por un canal no muy amplio. Cita también Estrabón a las importantes Corduba e Hispalis, a las que se podía llegar por vía fluvial.Economía. Son varias las noticias de las fuentes antiguas sobre la proverbial riqueza de Turdetania. La región producía principalmente, al igual que en la actualidad, trigo, vino y aceite. Se cultivaban éstos, primordialmente, en las márgenes del Baetis, en especial en la izquierda. La cera y miel se producían también en cantidades suficientes como para permitir la exportación, así como la pez y el minio, según Estrabón. El cultivo del campo estaría confiado posiblemente a esclavos, con frecuencia de origen celta, según sucedía en los comienzos del dominio de Roma. La ganadería tenía igualmente un gran desarrollo. El ganado mayor debió de utilizarse también como ayuda para la agricultura. Estrabón afirma que existían ganados de toda especie. La caza era abundante. La riqueza pesquera de T. era considerable, con especies variadas, enumeradas minuciosamente por Estrabón.Las grandes reservas mineras de T. convirtieron al país en un potente foco de explotación ya desde la Edad del Bronce. Al norte del Baetis y en la región de Riotinto se extendían ricos yacimientos. El cobre, la plata y el hierro, en estado nativo, eran abundantes. El oro, que se encontraba también en las arenas de algunos ríos, se obtenía generalmente por lavado, en vez de buscarlo en las minas. Estrabón hace referencia a algunos procedimientos de extracción de minerales y a los trabajos preliminares en ellos, a la vez que elogia la energía de los mineros turdetanos al abrir profundas y complicadas galerías. El tornillo egipcio fue utilizado para el dragado de las minas. La industria estaba desarrollada. Las minas de sal y las salinas favorecían la industria conservera, derivada de la pesca, fabricándose salmueras y el famoso garo. Los textiles adquirieron gran importancia, especialmente la lana, que en loss de nuestra Era daba tejidos de gran belleza.El comercio contaba ya con una fuerte tradición desde los tiempos de Tartessos. Las principales arterias las constituían los ríos y el mar. El Guadalquivir era navegable con barcos de gran tamaño hasta Hispalis y, por medio de barcazas, hasta más arriba de Córdoba. El Guadiana fue también navegable, si bien no podía remontarse hasta tanta altura corno el Baetis ni con embarcaciones de gran tamaño. No obstante, la navegación resultaba a veces un tanto peligrosa debido a las mareas que invadían las desembocaduras de los ríos. La exportación era principalmente de productos agrícolas, pesqueros y mineros, manteniéndose todo el tráfico con Roma e Italia por medio de buen número de naves de gran tamaño.Cultura. El grado cultural de T. viene determinado ya desde tiempos antiguos por el auge de las civilizaciones que a partir del Bronce 1 alcanzó la región. El sustrato cultural resulta así de gran brillantez. A su mayor desarrollo contribuyó la aportación de los fenicios, cartagineses y finalmente romanos, y la riqueza del suelo y subsuelo, que la hacía centro de interés para éstos. La civilización turdetana, heredera de la tartésica, pudo proseguir así su esplendor. En los tiempos de la conquista romana se la consideraba como la región de más evolucionado grado cultural en Hispania. Los turdetanos tuvieron una escritura propia, como ya la habían tenido los tartesios, conservando, además, poemas y leyes en verso. Al decir de Estrabón, sus costumbres eran "ricas y cultivadas". Desde los primeros tiempos de la conquista romana se observa la asimilación cultural por parte de los turdetanos. Ya en loss de nuestra Era, los que vivían especialmente en el valle del Baetis habían aceptado y asimilado el modo de vida romano y a continuación lo asimilaría el resto de Turdetania. La adaptación a los usos y costumbres de Roma llegó a ser tan acusada que pronto desaparecieron las antiguas instituciones y hasta la lengua y escritura vernáculas.M. PELLICER CATALÁN.
BIBL.: A. ARRIBAS, Los iberos, Barcelona 1965; P. BOSCH GIMPERA, Etnología de la península Ibérica, Barcelona 1932; J. CARO BAROJA, Los pueblos de España, Barcelona 1946; L. PERICOT, La España primitiva, Barcelona 1950; A. GARCíA Y BELLIDO, Fenicios y cartagineses en Occidente, Madrid 1942; A. SCHULTEN, rartessos, Madrid 1945; M. GóMEZ MORENO, La escritura bastulo-turdetana, "Rev. de Archivos, Bibl. y Museos" 2, LXIX, Madrid 1961; R. THOUVENOT, Essai sur la province romaine de la Bétique, París 1940.
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