Trovador LIT.
Categoria:
Literatura
Concepto. Aunque la palabra t. suela usarse en la acepción vaguísima de poeta de la Edad Media, propiamente tiene un significado muy concreto y designa a los poetas que escribieron en lengua provenzal entre los s. XI y XIII y que se caracterizan por unos rasgos muy peculiares. Probablemente, el verbo provenzal trobar procede del latín vulgar tropare (hablar figuradamente), que a su vez es una derivación del griego tropos (figura retórica).La poesía trovadoresca apareció en la parte meridional de la antigua Galia, entre el Macizo Central y los Pirineos, donde se hablaban diversos dialectos de la lengua de oc (también llamada occitano y provenzal), que seoponen a las hablas de dil, origen del francés moderno, usadas al norte del río Loira. Si en el norte se fue implantando progresivamente la lengua de París, en el sur se formó una koiné o lengua artificial basada en el habla del condado de Tolosa, y fue esta lengua literaria, que no corresponde exactamente a ninguno de los dialectos occitanos, la que conocemos por provenzal antiguo, el medio de expresión de los trovadores.Dentro del conjunto de la literatura europea de este tiempo, el fenómeno de la poesía trovadoresca es muy original, ya que reúne dos características que solían ser antagónicas: es una poesía culta en lengua vulgar, mientras que hasta entonces los poetas cultos usaban siempre el latín, y las lenguas vulgares se utilizaban en obras de carácter tradicional o popular. Para explicar la aparición de una lírica tan refinada en una lengua neolatina, se ha hablado de sustratos culturales griegos y de reminiscencias de antiguos mitos paganos, y se la ha relacionado con la civilización arábigo-española, pero las hipótesis más verosímiles apuntan hacia la influencia de los himnos litúrgicos y al hecho de una romanización más intensa al sur del río Loira, con su contrapartida, una germanización menos acusada; si la épica tradicional de influencia germánica (cantares de gesta) se dio en el norte en lengua de oil, la lírica culta, muy vinculada a la tradición latina, se dio en el sur en lengua de oc. Por otra parte, la situación política del mediodía de Francia, con sus numerosas y pequeñas cortes, favoreció el sistema del mecenazgo, inseparable del género de vida de los trovadores.Estos t. eran verdaderos poetas en un sentido aún más completo que el actual, ya que solían componer también la música de sus canciones y estaban encuadrados dentro ’ de una tradición culta (conocían los clásicos grecolatinos). A veces eran de elevada posición (reyes, príncipes y grandes señores feudales); otras, de origen muy humilde (antiguos juglares, criados, expósitos), pero siempre se sabían respetados por el público de los castillos y cortes que frecuentaban. Podían cantar sus propias composiciones, pero a menudo delegaban esta función en los juglares (v. MESTER DE JUGLARíA), intérpretes que acostumbraban a tener también habilidades funambulescas y que, aunque en ocasiones a la larga se convertían en t., distaban mucho de tener el prestigio de éstos. En general, es poco lo que se sabe de su personalidad, salvo cuando se trata de personajes importantes por otros conceptos; las vidas y razós (respectivamente, breves notas biográficas y comentarios al motivo por el que se escribió una canción determinada) que aparecen en algunos cancioneros del s. XIII-XVI, dan una información muy incierta y abundan en elementos legendarios.La voluntad de arte. Los t., dotados de una cultura nada desdeñable en relación a su tiempo (por lo común se formaban en escuelas clericales, aunque no eran clérigos) y lo suficientemente orgullosos de ella como para instalarse en una estética muy minoritaria, dan la primera imagen histórica del poeta moderno como creador personal; a diferencia de la poesía (Y.) tradicional, entre los t. el anonimato suele ser fruto del azar, cada poeta tiene una voz propia, un estilo característico que le singulariza. De ahí que se preste una gran atención a los aspectos formales y que esta poesía tenga una regularidad y una perfección raras veces igualada. La koiné trovadoresca es siempre la misma, aunque los autores proceden de regiones muy diversas y en ocasiones inclusci de países extranjeros, el cómputo silábico (el provenzal,como el francés, cuenta como última sílaba de cada verso la última acentuada) es irreprochable, las rimas siempre consonantes, los esquemas métricos raramente varían. Los módulos formales son, pues, muy rígidos, y en los poetas herméticos se llega a verdaderas extravagancias que exageran las dificultades hasta límites aún hoy no superados.En provenzal el verso se llama bordó, la canción o poema vers, y las estrofas (siempre con el mismo número de versos, excepto la última, más corta, que forma el envío o tornada), coblas. Los dos géneros principales son la cansó y el sirventés; la cansó (de cinco a siete coblas, más la tornada) es casi siempre de tipo amoroso y no debe contener ninguna palabra malsonante ni vulgar; el sirventés, de carácter satírico y a menudo de una gran violencia expresiva, puede ser personal, político o moral. Existen también el planh, planto o lamento fúnebre; la pastorela, que tiene su equivalente aproximado en la serranilla castellana; la tensó y el joc partit, dos variedades del debate poético; el alba, que describe la contrariedad de dos enamorados que tras haber pasado la noche juntos al amanecer tienen que separarse, y diversas canciones de danza como la balada (v.).La consciente voluntad de arte se manifiesta sobre todo en las escuelas llamadas trobar clus y trobar ric, expresiones traducibles aproximadamente por poesía hermética y poesía difícil y adornada. En oposición a estas modalidades herméticas está el trobar leu o poesía llana, fácil.El amor cortés. Dentro de una tónica general de secularización (el tema religioso es poco abundante hasta mediados del s. XIII, cuando la poesía provenzal está ya agonizando), los t. no se limitan a cultivar la lírica amorosa, sino que tienen también una importantísima vertiente de tipo satírico, por lo común de un tono crudo y realista capaz de llegar a las mayores injurias y obscenidades. Pero desde el punto de vista temático, el rasgo más original de esta poesía es el tratamiento de lo amoroso, que se envuelve en un cúmulo de convencionalismos destinados a tener una enorme influencia en todo el mundo. El núcleo de este enfoque es el llamado amor cortés, consecuencia de una nueva concepción de la mujer que se elabora en el seno de la sociedad feudal; la dama a la que cantan los t. no es una doncella, una puella, sino la domina, la señora a la que el poeta se somete para rendirle homenaje a la manera de siervo, trasponiendo las nociones del vasallaje al campo de la lírica; se trata de una amada lejana y superior a la que se implora humildemente y que se exalta hasta la idealización, pese a lo cual este amor no se presenta como sólo platónico, y se alude con frecuencia a relaciones carnales. Ahora bien, por el hecho mismo de ser domina, señora, esta dama ha de ser una mujer casada, la única que posee personalidad jurídica, y, por tanto, el amor cortés es un amor adúltero. El convencionalismo de esta situación (que probablemente refleja más una moda literaria que una desmedida inmoralidad) se complica con toda una casuística de la que forman parte tópicos como los del gílós (el marido celoso a quien hay que burlar), los lauzengier (aduladores del gilós que delatan por envidia a la esposa infiel).Historia. El primer t. cuya obra ha llegado hasta nosotros es Guilhem de Poitou, (1071-1127), conde de Poitiers y duque de Aquitania, señor feudal que poseía extensísimos territorios; en él la poesía provenzal aparece ya perfectamente configurada en todos sus aspectos, lo cual hace suponer la existencia de una tradición anteriorque se ha perdido. De su obra se conservan 11 composiciones, seis de carácter burlesco, a veces francamente obscenas, y cinco que responden a los cánones del amor cortés. En la primera mitad del s. XII destacan laufré Rudel (n. ea. 1149), príncipe de Blaya (junto a Burdeos), típico representante del trobar leu, y Marcabrú, n. en la Gascuña, que según su antigua biografía era expósito, y que es la gran figura del trobar clus; el primero es más famoso por su leyenda (según la cual se enamoró de una dama sin haberla visto y, tras un largo viaje para reunirse con ella, murió en sus brazos) que por su media docena de composiciones conservadas, llenas, sin embargo, de delicadeza y de ternura; Marcabrú, en cambio, fue un moralista misógino y malhumorado que criticó en el lenguaje más plebeyo y con las imágenes más audaces y retorcidas lo que consideraba depravación de costumbres y cobardía y afeminamiento de los hombres.En la segunda mitad del s. XII se dan también los mayores contrastes: junto al apasionado temperamento lírico de la Condesa de Día, el turbulento Bertrán de Born (ea. 1140-1215), señor feudal que se complacía en atizar discordias familiares (por lo cual Dante le situó en su Infierno) y que dejó una obra de inusitada violencia; junto a Bernart de Ventadorn, el mejor poeta del trobar leu, de temática exclusivamente amorosa, que trata con una emoción incomparable, el tolosano Peire Vidal (m. ea. 1205), hijo de un peletero, que destaca por su desenfado y pintoresquismo. Dentro de la corriente del trobar ric están Raimbaut d’Aurenga, conde de Orange, maestro del verso sonoro, la itnagen contorsionada y la rima difícil, y Arnaut Daniel, de quien conservamos 17 canciones amorosas en las que la técnica adquiere una importancia tan grande que el contenido pasa a ser un simple pretexto para su labor de orfebrería verbal, muy admirada e imitada por poetas de la talla de Dante y Petrarca.En el s. XIII el único t. de gran relieve es Peire Cardenal (m. ca. 1272), "el Juvenal de su siglo", cuyos torturados versos, a menudo de gran fuerza satírica, reflejan las angustias religiosas de su tiempo y sus problemas políticos y morales. Pero ya en estos años, tras el triunfo, a principios del s. XIII, de la cruzada aibigense, que prepara la incorporación de las tierras occitanas a la cultura del norte de Francia y desmantela las pequeñas cortes meridionales, la poesía trovadoresca se encontraba en plena decadencia. En 1323 unos burgueses de Toulouse fundan el "Consistori del gay saber", que otorga unos premios anuales a las composiciones en verso (juegos Florales), pero no se consigue más que repetir mecánicamente unos clisés que sólo tenían vida y significado propio en un contexto ya desaparecido.No obstante, durante los s. XIII y XIV la influencia de los trovadores es muy sensible en toda Europa, p. ej., en el norte de Francia (V. BRETAÑA, MATERIA DE), en Alemania (V. MINNESANG) y en Cataluña (V. CATALUÑA VI), que ya había dado varios trovadores en lengua provenzal, como Alfonso II de Aragón (1157-96), Guilhem de Berguedá (m. ea. 1192-96) y Cerverí de Girona (s. XIII); pero es en Italia, en donde también habían surgido trovadores como Sordello de Mantua (o Sordel de Goito, n. ea. 1200-m. ea. 1269), primero con el stil nuovo (v.) y Dante (v.), y luego con Pretrarca (v.), raíz de toda la lírica renacentista, donde la poesía de los trovadores pervive, ya muy transformada, en unos discípulos geniales cuya proyección llega hasta nuestros días.V. t.: PROVENZAL, LENGUA Y LITERATURA; URICA.C. PUJOL JAUMANDREU.
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