Trastámara, Casa de HIST.
Categoria:
Historia
Dinastía que reinó 147 años’ en Castilla (de 1369 a 1516) y 104 en Aragón (de 1412 a 1516), año en que se entroniza la casa de Austria (v.) en los reinos peninsulares unidos por loc Reyes Católicos.1. Origen de la dinastía y lucha fratricida. Los orígenes de la c. de T. se remontan al reinado de Alfonso XI (v.), cuando éste, de sus amores ¡lícitos con la noble dama sevillana Leonor de Guzmán, tuvo varios bastardos: Enrique y Fadrique, gemelos; Fernando, Tello, luan, Sancho, Pedro y Juana. Mientras que de su legítima esposa, María, hija de Alfonso IV de Portugal, sólo tuvo un hijo, Pedro. Esta liberalidad del rey en su vida amorosa, aunque pudo haber pasado sin consecuencias, ya que una actitud similar era entonces muy frecuente entre las clases nobles, trajo desdichadamente una de las mayores luchas fratricidas que estallaron en la Historia de España, cuyo fin fue el encumbramiento del bastardo Enrique, como rey de Castilla y fundador de la dinastía de los Trastámara.El parentesco de Leonor de Guzmán, madre de los bastardos, con la gran familia andaluza de los Guzmanes hizo que sus hijos fueran ricamente dotados y situados, ya por adopción, ya por nombramiento, en lugares destacados que les sirvieron más tarde, puestos al frente de los nobles descontentos, para combatir al rey Pedro I elCruel (Y.). Enrique, el primogénito, fue adoptado por el conde asturiano Rodrigo Álvarez, señor de Noreña, a cuya muerte recibió en unión de los señoríos de Noreña y de Gijón el de T., de donde procede el nombre de la casa.La entronización en Castilla de la dinastía T. tuvo lugar después de una cruenta y larga guerra civil, cuyo prólogo fue la lucha sostenida entre Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón (v.) por el predominio hispánico. En la primera etapa de la guerra (1356-61), nada más iniciarse las hostilidades, Pedro IV de Aragón firmó un tratado de alianza con Enrique de T. (convenio de Pina), al que se adhirieron varios representantes de la nobleza castellana, mientras que la burguesía permanecía al lado de Pedro I de Castilla. La segunda etapa de la guerra se prolongó en 1363 y 1375 y se inició con una poderosa ofensiva del rey castellano, que ocupó territorios de Aragón y Valencia. En esta situación entraron en acción las Compañías Blancas de Bertran Du Guesclin, que decidieron la lucha a favor del T. y de Aragón. Enrique de T. fue coronado rey de Castilla en Burgos (1366), refugiándose Pedro I en Bayona, donde obtendría el apoyo de las tropas inglesas del Príncipe Negro, logrando con esta nueva ayuda vencer en la batalla de Nájera (1367) sobre el Trastámara. Sin embargo, la falta de diplomacia del rey castellano alejó a los ingleses e hizo que muchos de sus partidarios pasasen a las filas del T., que con el decidido apoyo de la nobleza castellana y de Carlos V de Francia logró la victoria definitiva cuando en Montiel dio muerte con sus propias manos a su hermano Pedro I.2. Los Trastámara en Castilla. Enrique II (1369-79). Su victoria reflejó la ventaja francesa en la guerra de los Cien Años (v.), pero al mismo tiempo representó el triunfo de las ambiciones de la nobleza castellana, que se vio colmada por los favores o mercedes del nuevo monarca, al que no en vano se llamará el de las Mercedes.La ascensión al trono de Enrique supuso una vigorosa reacción nobíliaria, francófila, anflislárnica y antijudía, diametralmente opuesta al filoislamísmo, la tendencia burguesa y la alianza inglesa de Pedro el Cruel. Pero a la vez supuso también un bloqueo diplomático de Castilla en nombre del principio de la legitimidad monárquica; Fernando I de Portugal invadió Castilla, mientras los duques de York y de Lancaster, casados con Constanza e Isabel respectivamente, hijas de Pedro I y de María de Padilla, alegaban derechos a la corona. Por su parte, Carlos II de Navarra se quedó con Vitoria, Logroño y otras plazas, mientras que el rey de Aragón, Pedro IV, alegaba el no cumplimiento por parte de Enrique de T. del convenio de Pina de 1356. Ante esta difícil situación, Enrique orientó su política al lado de Francia, a la que prestó la colaboración de la escuadra castellana, que en 1372 derrotó a la inglesa en La Rochela. Con Portugal se negoció la paz de Santarem (1373) y con Aragón la de Almazán (1373), en la que se acordó la boda del heredero de Castilla, D. luan, con la infanta aragonesa Da Leonor. Al mismo tiempo, la alianza franco-castellana se afirmaba aún más al ocupar el trono de Inglaterra Ricardo II, que reivindicaba la corona de Castilla y se unía a Carlos II de Navarra. En el aspecto institucional y económico son dignos de mención los Ordenamientos de la Cancillería (1379), de justicia (1371) y sobre préstamos usurarios (1377).Juan I (1379-90) heredó de su padre una posición hegemónica en la Península que quedaba asegurada respecto a Portugal, Aragón y Navarra, por los tratados de Santarem, Almazán y Briones. En el ámbito extrapeninsular destaca el de una gran crisis económica en 1380 y la paralización de la guerra de los Cien Años, que como efecto inmediato obligó a Castilla a replegarse sobre sí misma y replantearse los problemas internos; de este modo, se inicia un periodo de reformas que abarca los reinados de luan I y Enrique III, y que da a la monarquía de los T. unos instrumentos institucionales que permiten su desarrollo frente a la nobleza. Como fruto de este afán reestructurador surgen el Consejo Real (v.), la Audiencia (v.) y las Hermandades (v.). El primero se convierte en el Tribunal Supremo de causas, penas y apelaciones al rey; mientras que las últimas crearon una incipiente organización de policía para todo el reino. Esta obra positiva se completó con una reforma del clero, que culminaría durante el reinado de los Reyes Católicos; así como también del ejército, que a imitación del francés tendrá a partir de entonces una fuerza permanente de unos 6.000 hombres en total.En el aspecto político, Juan I, casado con la hija de Fernando I de Portugal, Beatriz, heredera de aquel reino, al morir el soberano portugués intentó hacer valer sus derechos y unir los dos Estados; pero chocó con la resistencia nacional lusitana, que triunfó en Aljubarrota (1385) y que dio la corona al maestre de Avís (v.), hijo bastardo de Fernando I. La cuestión dinástica en Castilla quedó zanjada definitivamente, en el tratado de Bayona (1388), al casar a su heredero Enrique con Catalina de Lancaster, nieta de Pedro 1; de esta manera se unían los descendientes de los dos hermanos rivales en Montiel. Los recién desposados tomaron por primera vez el título de Príncipes de Asturias.Enrique III (1390-1410). La muerte prematura de Juan I provocó una nueva minoridad que favoreció la anarquía nobiliaria, latente hacía un cuarto de siglo. Enrique III sucedía a su padre con sólo 11 años, mientras que Pedro Tenorio, arzobispo de Toledo, se hacía cargo momentáneamente de la situación política del reino, hasta que fue desplazado por las ambiciones de la nobleza y las pretensiones del tercer estado. El desorden aumentó notablemente, exteriorizándose sobre todo en un sentimiento antisemita que produjo en 1391 una matanza general de judíos, primero en Andalucía, pero que después se extendería por el resto de Castilla y los demás reinos hispánicos. A pesar de todos estos hechos, al hacerse cargo personalmente el rey del gobierno se restableció lentamente el poder monárquico. En las relaciones internacionales el monarca fue un pacifista, prosiguiendo asi la política de los últimos años de su padre, que coincidía también con una cierta decadencia militar, el agotamiento de las ciudades y la rebeldía de determinados sectores nobiliarios. Enrique III fue el iniciador de la política africana de Castilla, realizándose un ataque a Tetuán (1400) y las primeras expediciones a las islas Canarias que dirigió el aventurero francés Juan de Bethencourt. Al tiempo que se enviaron las embajadas de Enrique Payo de Soto y Ruiz González de Clavijo al Gran Khan. La muerte del monarca a los 27 años hizo que su obra, el establecimiento de un sólido régimen monárquico, se viniera abajo en poco tiempo, ya que su hijo y heredero Juan apenas contaba dos años.Juan II (1406-54). Su larga minoría dejó el reino en manos de su tío el infante Fernando de Antequera (futuro Fernando I de Aragón) y de su madre, Catalina de Lancaster. D. Fernando aprovechó estos años al frentede la monarquía castellana para dar muestras de sus dotes políticas y de su prudencia; pero también para convertir a su familia, rama menor de los Trastámara, en una potencia indestructible (como dice Suárez Fernández). El propio regente, identificado con la naciente aristocracia, contribuyó más que nadie a la instauración de la oligarquía. La obra política del regente se vería coronada por la conquista de Antequera, ciudad que quedará unida al nombre de D. Fernando, como prueba de su capacidad de acción y de mando. Logrado este prestigioso triunfo militar (1410), justo en un momento crucial por la muerte de Martín I el Humano de Aragón y por haberse planteado el problema sucesorio en aquel reino, al que estaba unido por vínculos familiares maternos, D. Fernando no volvió a emprender operación alguna contra Granada, ya que la baza estaba ahora en conseguir la corona de Aragón; por eso el regente desarrollará una política de acercamiento a Inglaterra, paz con Portugal y amistad con el Pontífice, preparando así el veredicto de Caspe. Cuando en 1412 Fernando de Antequera sea designado rey de Aragón, los Trastámara habrán alcanzado su apogeo como familia. De los hijos del de Antequera, Alfonso tendrá la corona de Aragón (V. ALFONSO V DE ARAGÓN); Juan, los enormes dominios de su padre con el ducado de Peñafiel y el señorío de Lara, y la mano de Blanca de Navarra, que le permitirá ceñir dicha corona (v. JUAN II DE ARAGóN Y NAVARRA); otros dos, Sancho y Enrique, los poderosos maestrazgos de las órdenes de Alcántara y Santiago; mientras que las hembras serían reinas: María, de Castilla; Leonor, de Portugal.La crisis política bajo Juan II de Castilla (v.), según Vicens Vives, tuvo como base el desquiciamiento social provocado por el alza de precios a consecuencia de las exportaciones laneras, que enriquecieron, de un lado, a los conversos y a los grandes mercaderes a través de los puertos del Cantábrico, y, de otro, a la aristocracia latifundista por Sevilla.Enrique IV (v. 1454-74). Durante este reinado la crisis castellana alcanza su punto álgido, debido a las exigencias nobiliarias y la debilidad regia.3. Los Trastámara en la corona de Aragón. La muerte de Martín I (1410) dejó planteada la cuestión sucesoria en dichos reinos. El pleito debía dirimirse entre los principales candidatos a la corona de la Confederación (v. CASPE, COMPROMISO DE), pero pronto por motivos internos la candidatura de Fernando de Antequera logró situarse a la cabeza de entre todos los pretendientes. Los nueve compromisarios de la Confederación, después de largas discusiones, eligieron al Trastámara Fernando de Antequera como rey.La entronización de la c.deT. en Aragón con Fernando 1 (1412-16) supondrá la introducción de una dinastía castellana en aquel reino y el preludio de una unión definitiva que se efectuará cuando las dos ramas de la familia se unan con los Reyes Católicos. Los principales problemas del breve reinado de Fernando 1 fueron sofocar la rebelión armada del conde de Urgel en 1413, y sobre todo la adaptación de la nueva dinastía a la mentalidad política de la corona de Aragón, tan distante del autoritarismo monárquico castellano.En el plano internacional, los Trastámara entraban de lleno en el ámbito mediterráneo, en el que encontraron un nuevo camino expansionista de su dinastía, como lo demostrará Alfonso V el Magnánimo (1416-58). Este soberano, hijo y sucesor de Fernando 1, sin olvidar los intereses de su familia en Castilla, centró su política en el Mediterráneo, donde llevó a cabo una trepidante acción política. Nada más comenzar a reinar, Juana de Nápoles solicitó su ayuda contra Luis de Anjou, a cambio de adoptarle como hijo y declararle heredero (1420). Alfonso aceptó la proposición, pero la voluble soberana revocó la adopción y nombró heredero al de Anjotí (1423). El fracaso no desanimó al Magnánimo, que permaneció siete años en sus Estados peninsulares, pero con la atención puesta en Nápoles. La muerte de Juana II y el nombramiento de Renato de Anjou (hermano del fallecido Luis de Anjou) como heredero del trono de Nápoles impulsó al Trastámara a la conquista de aquel reino. Al principio la suerte le fue adversa, ya que el Pontífice lanzó contra él a los genoveses y a Francisco Sforza, duque de Milán, que le derrotaron e hicieron prisionero en la batalla naval de Ponza (1435). Liberado al año siguiente, Alfonso prosiguió la conquista del reino napolitano, y entró triunfalmente en la capital en 1443. Desde entonces Nápoles fue la residencia de Alfonso, que convirtió a la ciudad en uno de los centros del renacimiento italiano (V. NÁPOLES, REINO DE). Por su larga estancia en Italia, los reinos peninsulares fueron gobernados primero por su prudente esposa, Da María, hermana de Juan II de Castilla, y luego por su hermano Juan, rey de Navarra. A la muerte del Magnánimo, y según voluntad suya, Nápoles quedó separado de Aragón, instalando en aquel trono a su hijo natural Fernando, mientras que los territorios españoles con Sicilia y Cerdeña pasaban a su hermano Juan de Navarra.Juan II (1458-79). Bajo su reinado se producirán importantes movimientos revolucionarios en Cataluña que gastarán las mejores energías de dicho principado. Rey consorte de Navarra desde 1425, gobernó junto con su esposa, Blanca, hija de Carlos III de Navarra. Al morir su esposa (1442) dejó como heredero a su hijo Carlos, Príncipe de Viana, con la condición de que no se coronase rey mientras viviese su padre, Juan. Las segundas nupcias de éste (1447) con Juana Enríquez, hija del Almirante de Castilla, y la postura favorable del Príncipe de Viana hacia Álvaro de Luna, enfrentaron a padre e hijo, estallando la guerra civil en Navarra entre los beamonteses (partidarios del de Viana) y los agramonteses (partidarios del rey); después de una serie de enfrentamientos, luan desheredó a Carlos y a Blanca, hijos de su primer matrimonio, y cedió el reino de Navarra a Leonor, hija de su segundo matrimonio, y a su esposo, Gastón de Foix. Carlos de Viana marchó a Italia, donde buscó apoyo en el Pontífice y en su tío Alfonso V. A la muerte de éste (1458) regresó a España, donde fue hecho prisionero por su padre. Al socaire de este hecho estalló en Cataluña un movimiento revolucionario cuya base era el enfrentamiento de los ideales pactistas de la oligarquía nobiliaria y burguesa, frente a las exigencias de las clases bajas urbanas (Barcelona) y de la masa campesina de los remensas (v.).La peligrosa situación creada aconsejó al rey liberar a Carlos, que fue aclamado heredero en Barcelona, y a aceptar un código de amplias concesiones políticas en la famosa Capitulación de Villafranca del Panadés (1461). Meses después moría Carlos de Viana sin haber podido dar sus frutos la nueva situación política. Pronto se produciría la ruptura violenta entre el rey y Cataluña, a quien la burguesía y los gremios combatieron a muerte. Se iniciaba así un periodo en el que la Generalitat de Cataluña ofrecía a distintos príncipes la corona del principado, según aconsejaban las circunstancias. El primero de ellos será Enrique IV de Castilla, pero la presiónfrancesa de Luis XI (v.) y el apoyo de los otros reinos de la corona de Aragón a Juan II decidieron la retirada del castellano. Poco después era coronado el condestable Pedro de Portugal, pero su derrota y prematura muerte obligaron a la Generalitat a buscar otro candidato en Renato de Anjou, conde de Provenza y tío de Luis XI de Francia, quien abandonó la causa de Juan II.La astuta actividad diplomática del anciano monarca aragonés, que ofreció el Rosellón a Luis XI, logró poner fin a la desgraciada contienda. Barcelona se sometía de nuevo en 1472 a Juan II, quien siguiendo una política de magnanimidad firmó la capitulación de Pedralbes, por la que se declaraban intactas las Constituciones de Cataluña. Juan II, en su afán de aglutinar fuerzas contra la presión de Luis XI de Francia, impulsó el matrimonio de su heredero Fernando (V. FERNANDO II DE ARAGÓN) con la princesa castellana Isabel. Este matrimonio de las dos ramas peninsulares de los Trastámara llevaría a la citada familia a su máximo apogeo político, al tiempo que supondría su pronta sustitución por la casa de Austria en el reinado siguiente.V.t.: JUANA DE CASTILLA; ARAGÓN II y III; CASTILLA II; NAVARRA, REINO DE; ISABEL I DE CASTILLA; REYES CATóLICOS.SALVADOR CLARAMUNT.
BIBL.: L. SUÁREz FERNÁNDEz, Los Trastámaras de Castilla y Aragón en el siglo XV (1407-1474), en HE XV, 1964; íD, Juan I rey de Castilla (1379-1390), "Rev. de Occidente" (1955) 7-172; íD, Política internacional de Enrique 11, "Hispania" XVI (1956) 1-114; íD, Historia de España. Edad Media, Madrid 1970; J. ViCENS VIVES, Els Trastamares (segle XV), Barcelona 1961; íD, Historia de los Remensas en el siglo XV, Barcelona 1945; J. VALDEóN BARUQUE, Enrique II de Castilla: la guerra civil y la consolidación del régimen (1366-1371), Valladolid 1966; VARIOS, Estudios sobre Alfonso el Magnánimo en el V Centenario de su muerte, Barcelona 1960.
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