Transferencia I. Psicologia. FIL.
Categoria:
Filosofía
Noción y tipos. El concepto de t., en su origen, es típicamente freudiano. Designa un complejo y sutil proceso, mediante el cual los deseos inconscientes se actualizarían o revivenciarían en determinados objetos reales o simbólicos, dentro de un tipo peculiar de relación terapéutica y, sobre todo, en la llamada "situación analítica". Para el psicoanálisis (v.) la t. sería, pues, la repetición o desarrollo en la vida actual del enfermo -con una postura afectiva del paciente hacia el psicoanalista- de las actitudes emocionales inconscientes desarrolladas durante la infancia respecto al grupo familiar. Es,pues, uno de los fenómenos nucleares en los que se desarrolla la problemática de tal sistema, como técnica terapéutica y como fuente de conocimientos psicodinámicos.En 1905, Freud, a quien se debe el término, describió la t. como el conjunto de impulsos y fantasías que se conciencian durante el periodo analítico y por medio del cual "la persona original es sustituida por el médico" (Obras completas, Madrid 1967-68). Ferenczi (The selected papers of Sandor Ferenczi, Nueva York 1955), en 1909, lo extendió prácticamente a todas las relaciones humanas y la clasificó en hétero y homosexual, según el papel desempeñado por las figuras reales o simbólicas implicadas en aquélla. Posteriormente Freud, en 1912, insistió en su valor simbólico, considerando que el paciente vivencia al analista como calco o retorno de alguna figura importante en su infancia o en su pasado, y le transfiere los sentimientos y deseos desencadenados por la figura original.Distinguió Freud entre t. positiva y negativa, pudiendo ser la primera de tipo amistoso y de tipo erótico (Amor transferencial, 1915), considerando ambas como resultado de una frustración (v.) sexual prolongada o de la defensa contra la concienciación de deseos agresivos, impulsivos u hostiles. Sin embargo, cualquier perspectiva antropológica no psicoanalítica difícilmente puede estar de acuerdo con la dinámica y tipología freudianas sobre el amor y el encuentro, incluso desde el punto de vista de sus propios contemporáneos; predominan en este terreno las aproximaciones subjetivistas, pre y metaempíricas, frente a las hipótesis científicas, incluso en su sentido más restringido.También describió la neurosis de t. como conducta que evita la introspección requerida por el tratamiento psicoanalítico, en la búsqueda de descargar sus sentimientos o afectos " independientemente de la realidad de la situación". Estas neurosis de t. pueden referirse a dos conceptos distintos (V. NEUROSIS). En primer lugar, al de psiconeurosis, introducido por Freud en 1917, con un criterio pragmático, para distinguir las presuntas indicaciones del psicoanálisis (especialmente histeria de conversión, neurosis obsesiva e histeria de ansiedad) frente a aquellas en las que no eran de esperar resultados terapéuticos (V. HISTERIA); en las décadas transcurridas se ha insistido constantemente en la limitación de las indicaciones terapéuticas del psicoanálisis y de las terapéuticas psiquiátricas en general (Rachman y Eisenck). El segundo concepto se refiere a un conjunto de fenómenos neuróticos, e incluso psicóticos, movilizados por la técnica analítica y que aparecen en razón de la t. misma, aunque diferenciables de ella; es decir, se refieren a una neurosis que sustituye a la original, ya que la conducta sustituyente al síntoma neurótico previo es, en cierto modo, más extensiva y coherente.Desde Ferenczi y Rank se considera como finalidad intermediaria del psicoanálisis la sustitución de la neurosis manifiesta por una neurosis de t.; ésta se resolvería traduciendo convenientemente el material inconsciente en todas sus expresiones, e interpretando así no sólo el significado de la situación analítica, sino reconstruyendo también las experiencias infantiles traumatizantes.Resumiendo, la t. puede considerarse como un concepto freudiano fundamental, que expresa el conjunto de procesos afectivos que el psicoanalizado revierte al analista en función de sus propias expectativas, y, dentro de su ambivalencia (positiva y/o negativa), expresa una situación real o fantaseada; tras la clasificación freudiana de las neurosis en "actuales" y psiconeurosis, la neurosisde t., junto con las narcisistas, pertenecen a este segundo grupo, fundamentándose en el criterio pragmático de su tratabilidad por el psicoanálisis como técnica terapéutica; en la situación psicoanalítica existiría una concentraci ón de impulsos, vivencias y afectos sobre el propio psicoanalista, primigeniamente vividos por el paciente en relación con los padres u otras personas o instituciones microsociales; así se constituiría entonces otro "camino real" para llegar a un entendimiento y comprensión de la estructura caracterológica, desarrollo pulsional y genético de la neurosis del paciente, por lo que incluso algunos autores denominan a la técnica psicoanalítica como métodos de transferencia. Ésta a su vez puede conceptualizarse como t. en general y en estrecha relación con las diversas formas de simpatía (v.) y empatía, en el sentido de M. Scheller; t. psicoanalítica, en su sentido ortodoxo; positiva y negativa; t. erótica; t. libidinal; t. resistencial; t. simbiótica, etc., pudiéndose a su vez relacionar con los subsistemas psicoanalíticos, con las posibilidades de distorsión de las relaciones interpersonales, con las instancias y estructuras del aparato psíquico, etc.La contratransferencia. Este término expresa, en su sentido más amplio, el conjunto de sentimientos que el analista experimenta hacia el paciente, mientras que en una segunda acepción más restringida indica únicamente un conjunto de reacciones, emociones, sentimientos o afectos (impaciencia, cólera, agresividad, etc.) que tienden a oscurecer la comprensión de los procesos inconscientes del paciente, por lo que requiere un permanente equilibrio del psicoanalista; la contratransferencia puede ser clasificada en positiva y negativa.La importancia de la t. y la contratransferencia resalta en la situación psicoterapéutica y analítica, aunque pueden tener también un sentido más general, al suponer una catectización, investimiento o desplazamiento de afectos y valores sobre un objeto o conjunto determinado, frente a los que se movilizaría tanto a la resistencia (proceso que dificulta el progreso del análisis y que va, p. ej., de los silencios prolongados a la verborrea; del acting-out al acting-in, es decir, a descargar deseos infantiles reprimidos, mediante gratificaciones fuera o dentro de la situación analítica y en un proceso habitualmente inconsciente, que evita la elaboración de tales impulsos en los rígidos límites del contexto analítico), como todo un conjunto de mecanismos de defensa que llevarían a la aceptación o rechazo de la transferencia.Otros aspectos de la transferencia. Aunque numerosos psicoanalistas restringen el término t. para los fenómenos producidos en su propio contexto, es innegable que fuera de la situación analítica ocurren procesos semejantes, como en todas las influencias o interrelaciones humanas (v. II); sin embargo, para el psicoanálisis, sería posible desmenuzar las emociones relacionadas con deseos reprimidos, pues aquéllos se expresan en fantasías, acciones y actitudes, frecuentemente asociadas a síntomas y trastornos. En la mayoría de las manifestaciones de la personalidad pueden encontrarse vestigios de los condicionamientos, aprendizajes y vivencias anteriores, pero el influjo del pasado se mostraría convincentemente en la situación transferencial, especialmente si no se ha transgredido la presunta regla de la neutralidad y se ha actuado de pantalla, en la que el paciente proyecta sus deseos infantiles.Wolstein ha intentado esbozar recientemente la lógica interna de la experiencia terapéutica y transferencial, como ciencia y arte, como estructura y modelo científico transaccional, dentro de una serie de postulados y enfoques metapsicológicos, centrándolos al mismo tiempo en la concepción ortodoxa de t., desde sus orígenes en la hipnosis hasta el encuadre de la sugestión (v.), para llegar a una formulación del concepto en su propia ambigüedad, de tal forma que la t. sigue siendo un complicado modo de relación y comunicación interpersonal, que aparece tanto en la vida común como en la situación terapéutica, y particularmente en la psicoanalítica, si bien aquí más "sofisticada" por los rituales del terapeuta y más distorsionada por los trastornos neuróticos y psicóticos del paciente; de todos modos, no parece llegar a una definición transanalógica o simplemente operativa, al depender fundamentalmente de los postulados metacientíficos de cada autor.Visión crítica. Además de las limitaciones ya expuestas del concepto freudiano de t., ésta es considerada por algunos como un seudoproblema, reducción y ficción científico-natural, o simplemente artificio técnico del psicoanálisis, cuyo objetivo sería eludir el encuentro antropológico médico-paciente en su totalidad, además de basarse en un modelo mal concebido y aplicado, ser difícilmente operativo en la práctica, conceptualmente oscuro, y de eficiencia dudosa en los diversos intentos de objetivación experimental (Eyserick y Rachman). También adquiere formulaciones diversas según los diferentes subsistemas psicoanalíticos y según la peculiar aplicación de cada uno, con lo que todo intento explícito de formulación se hace más difícil. El "encuentro", en las antropologías analítico-existenciales, tampoco parece mejorar la situación, al no disponer de un aparato metodológico más adecuado, transformándose, a través de juegos de lenguaje más o menos complejos, de técnica en método, de tratamiento en cosmovisión, de aportación clínica en interpretación relativa y/o subjetiva; por lo que su posición metodológica no puede ser sino ambigua, al no pasar, en el mejor de los casos, de un cierto fenomenismo o al depender profundamente de la actitud filosófica o simplemente especulativa de cada autor.V. CONDE LÓPEZ.
BIBL.: Además de la citada en el texto, R. DALBIEZ, El método psicoanalítico y la teoría freudiana, Buenos Aires 1948; L. EIDELBERG, Enciclopedia del psicoanálisis, Barcelona 1971; H. J. EYSENCK, The effects of psychotherapy, Nueva York 1969; 0. FENICHEL, Teoría psicoanalítico de las neurosis, Buenos Aires 1971; V. E. FRANKL, Psicoanálisis y existe ncialismo, 5 ed. México 1967; J. LAPLANCHE y J. B. PONTALIS, Diccionario de psicoanálisis, Barcelona 1971; J. NUTTIN, Psicoanálisis y concepción espiritualista del hombre, Madrid 1961; S. RACHMAN, The effects of Psychotherapy, Oxford 1971; R. S. WALLERSTEIN, Las nuevas direcciones de la psicoterapia, Buenos Aires 1972; B. WOLSTEIN. Transference. Its Structure and Function in Psychoanalytic Therapy, 2 ed. Nueva York y Londres 1964; D. Wyss, Las escuelas de psicología profunda, Madrid 1964.
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