Torres y Villarroel, Diego de
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Biografía GER
Escritor, poeta y matemático español.Personalidad y primeros años. N. en Salamanca a principios de 1696, siendo su vida una de las más novelescas del s. XVIII. En sus años de estudiante, aun disfrutando de una beca en el Colegio Trilingüe (1709-13), se dedicó, más que a los estudios serios, a "bailar, a jugar a la espada y a la pelota, a torear y hacer versos". Siguiendo su inclinación aventurera y picaresca, se escapó de casa (1713) y vivió en Portugal durante algunos meses como curandero, maestro de baile, soldado y torero. Todo queda relatado con expresivos pormenores en la Vida, ascendencia, nacimiento, crianza y aventuras del Dr. D. Diego de Torres Víllarroel, su obra más popular (1743), de la que se han hecho numerosas ediciones, que han contribuido como ningún otro de sus libros a forjar su fama de escritor festivo y satírico, desvergonzadamente sincero. Sin embargo, su popularidad estaba cimentada desde muchos años atrás, merced a sus siempre ingeniosos escritos. En 1737 comentaba el "Diario de los Literatos": "El público de España ha recibido con aplauso las travesuras de este ingenio. No solamente los ¡literatos han hecho su delicia de la lectura de sus obras... No se ha usado de más poderoso exorcismo para lanzar el demonio de la melancolía".Obras pseudo-científicas. Estas ingeniosas travesuras con las que deleitaba a sus contemporáneos eran sus pronósticos y sus obras satíricas. Desde 1718, siguiendo el ejemplo de Italia, T. y V. se dedica, entre atrevido y burlón, a pronosticar anualmente los sucesos futuros, mezclando con elementos ciertos de la ciencia astrológica ingeniosas intuiciones de su poderosa fantasía. El acierto en la predicción de la muerte del rey Luis I, en 1724, le granjeó la admiración de todos y una difusa aureola de brujo que no le abandonó hasta la hora de la muerte. Contribuyeron en gran medida a esta fama sus demás obras de carácter pseudo-científico, como sus tres Cartillas (1727): rústica ("Lecciones pastoriles y juicios de agricultura para hacer docto al labrador"), eclesiástica ("Contiene quince tablas para saber perpetuamente los números de los años futuros y todas las fiestas movibles, lunaciones y eclipses") y médica ("Que enseña el tiempo idóneo para la recta aplicación de las enfermedades"). Otras publicaciones en las que se aprovecha de la ignorancia científica de sus lectores son: Anatomía de todo lo visible y lo invisible (1738), Vida natural y católica, Doctor a pie y médico para el bolsillo (en donde propone los más extravagantes métodos curativos), Uso y provecho de las aguas de Tamames y Baños de Ledesma, Arte nuevo de aumentar colmenas, sus escritos sobre la piedra filosofal, sobre los temblores de tierra, sobre las lombrices, etc.El episodio más conocido de su vida, que él mismo relata profusamente, es su actuación en la Univ. de Salamanca como catedrático de Matemáticas (1726), ciencia de la cual se habían olvidado en España hasta los rudimentos, y que era considerada allí como una de las raras, con el hebreo, griego, música, cirugía, etc., por ser pocos los interesados en su estudio. Comenta con desenfado su postura: "Yo bien conocía mi ignorancia y mi ceguedad... pero también sabía que estaba en la tierra de los ciegos, porque padeció entonces la España una oscuridad tan afrentosa que en estudio alguno, Colegio ni Universidad de sus ciudades había un hombre que pudiese encender un candil para buscar los elementos de estas ciencias. Esta desdicha, mis temeridades y los espíritus del refrán de que en la tierra de los ciegos el tuerto es rey, me arrempujaron a Salamanca, a leer la cátedra de matemáticas, que había 30 años que estaba sin maestro y vacante por más de 200".Esto sólo puede explicarse en el ambiente de decadencia en que estaba la Universidad española de su época. Para mayor afrenta de la sociedad que lo glorificaba, T. y V. incide una y otra vez en lo escaso de sus conocimientos y lo gigantesco de su osadía: "Yo, cuando escribí los más de estos papeles, era un mozo vagamundo, haragán, revoltoso, criado en la calle... de espíritu libre, de ingenio atolondrado y más amigo de las torerías, las bullas y los locos espectáculos que de las Escuelas y las soledades... Nunca tuve traza, inclinación ni sosiego para ser estudiante; siempre caminé vago, sin sujeción, sin libros y sin maestro. De la facultad que cogí para ocupación y comercio con que ganar la vida, sólo agarré en la tienda de un vejestorio computista unos harapiezos miserables y raídos de astronomía, con los que malvendí la farándula de mis Kalendarios, cubriendo sus roturas y desgarrones con los cintajos y los dijes de una astuta parola y con los cascabeles de unos refranes chillones y taimados, procurando con este ruido aturdir el juicio de las gentes para que no columbrasen su desnudez y mi malicia".Poeta y dramaturgo. Como poeta, T. y V. publicó en 1726 sus Ocios políticos, libro voluminoso, sin unidad temática, en el que incluye, además de poesías de circunstancias, romances festivos, villancicos, letrillas y coplas de corte popular, con una larga serie de sonetos morales y amorosos que siguen, en lo fundamental, la línea temática ascética o petrarquista del siglo anterior. También cultivó el teatro, con sainetes como Los gitanos, El valentón, La peregrina, El miserable, etc., trazados con perfiles costumbristas. A T. y V. se debe la zarzuela La armonía en lo insensible y Eneas en Italia y la comedia El hospital en que cura amor de amor la locura. Como nombre de conjunto puso a estas obras el de juguetes de Talía (1738).Otras obras en prosa. En prosa, además de las obras mencionadas, hay que recordar sus biografías ascéticas del P. Jerónimo Abarrategui (1749) y de la M. Gregoria Francisca de Santa Teresa (1738). En estas obras, T. y V. reprime su natural inclinación a la retórica barroquizante, logrando un estilo llano, sin afectación, de singular atractivo, a caballo entre la picaresca y la prosa hagiográfica. No obstante, tienen más importancia literaria sus obras de imaginación, como El ermitaño y Torres (1733), "aventura curiosa", toda dialogada, en la que hace crítica literaria y científica. En Historia de historias (1736) satiriza los vicios del habla vulgar, a imitación del Cuento de cuentos de Quevedo (v.). Es obra de gran riqueza léxica, de sumo interés para el conocimiento del idioma. Pero sus escritos más importantes son los Sueños morales, entre los que destacan sus Visiones y visitas con Don Francisco de Quevedo por Madrid (1727), consumado ejemplo de expresionismo descriptivo que, sin llegar a la maestría del gran conceptista madrileño, su maestro indiscutible, enlaza su genial visión sarcástica y desengañada del mundo con el atormentado esperpento valleinclanesco.Perfil de su obra y últimos años. Aunque se ha querido ver en T. y V. uno de los primeros reformadores españoles del XVIII, su vinculación con los ilustrados es muy escasa. Por su imitación consciente de Quevedo y por su estilo literario es, sin lugar a dudas, una culminación y prolongación de la época barroca, todavía la veta más castiza del s. XVIII. No hay en sus escritos la menor concesión a los postulados neoclásicos, de refinamiento aristocrático y contención expresiva. Escribe para todas las capas de la sociedad, que admira en él su singular ingenio y su temperamento zumbón y satírico. Es cierto que tiene conciencia de los males de la patria, pero se limita a denunciarlos con su crítica, sin hacer lo más mínimo por una reforma, para la que no estaba preparado ni científica ni vocacionalmente. En 1745, a los 52 años, fue ordenado sacerdote, después de haber permanecido otros 21 como subdiácono. En 1751 fue jubilado de su cátedra, viviendo desde entonces en Salamanca en calidadde administrador del duque de Alba, en cuyo palacio de Monterrey m. el 19 jun. 1770. Este día, en el Piscator Historial de Salamanca apareció la siguiente cuarteta: "Hoy tuvo ocaso en su Oriente / el gran Torres salmantino, / por sus obras aclamado / el Quevedo de este siglo".V. t.: HUMORISMO II.F. AGUILAR PIÑAL.
BIBL.: Obras, 14 vol., 2 ed., Salamanca 1752; 15 vol., Madrid 1794-99; Vida, ed. de F. DE ONIS, Madrid 1921; Poesías, ed. de L. A. DE CUETO, Madrid 1869; Visiones y visitas de Torres con D. Francisco de Quevedo por la Corte, ed. de R. P. SEBOLD, Madrid 1966; A. GARCíA BOIZA, D. Diego de Torres y Villarroel, Ensayo biográfico, 2 ed., Madrid 1949; L. SÁNCHEz GRANJEL, La Medicina y los médicos en las obras de Torres de Villarroel, Salamanca 1952; E. SEGURA COVARSI, Ensayo crítico de la obra de Torres de Villarroel, en "Cuadernos de Literatura" VIII (1950) 125-164; R. P. SEBOLD, Torres de Villarroel y las vanidades del mundo, "Archivum" VII (1958) 115-146; E. CARILLA, Un quevedista español: Torres de Villarroel, en Estudios de Literatura española, Rosario 1958, 179-191; I. MARICHAL, Torres y Villarroel: autobiografía burguesa al hispánico modo, "Papeles de Son Armadans" 36 (1965) 297-306.
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