Toponimia CIENCIA
Categoria:
Ciencia
Esta ciencia -del griego tópos (lugar) y ónoma (nombre)- trata del origen y explicación de los nombres propios de lugar, casi siempre en su doble vertiente etimológica e histórica.La forma lingüística del topónimo nos señala la lengua a que pertenece y es en ella donde deberá buscarse su explicación. Este. será su asidero más firme, pues, aunque haya que referirlo a un plano geográfico, las ciudades o pueblos permanecen, mientras sus pobladores, la mayoría de las veces, llegaron de otros lugares con sus diferentes lenguas. El que pueblos como los griegos y romanos nos transmitieran (por sus geógrafos e historiadores) nombres antiguos correspondientes a ciertos lugares y pertenecientes a otras lenguas allí emplazadas (el celta, el ibérico, el ligur, el etrusco, el vasco, etc.), no quiere decir que, como se ha intentado, puedan explicarse estos restos por el latín y el griego; hay que recurrir a la lengua que les hizo nacer. Así, Belgrado no tiene nada que ver con el latín bellu (bello) y gradus (paso); sino con el eslavo belu (blanco) y gradu (ciudad). Es frecuente que el topónimo "recogido" de otro pueblo anterior sufra alguna deformación, por inadaptación fónica a la nueva lengua o por incomprensión semántica (etimología popular); en ambos casos, cobra importancia la lengua que modificó dicho topónimo. Lo mismo ocurre en el caso en que el topónimo sea desechado, bien para traducirlo o sustituyéndolo por otra forma. Los topónimos pueden perder en parte su transparencia lingüística cuando contienen un nombre propio (intraducible) y es entonces cuando ha de colaborar la Historia: así, en Barcelona, de Barcinona, reconocemos los Barqas (de Aníbal); en Nuremberg, de Nuremberg, a Nerón; y en Constantinopla, a Constantino, etc. En cambio, en sufijos o palabras compuestas, será la lengua la que nos oriente: Vicálvaro de Vicus Alvari o Macarena de Macarius.La T. se puede estudiar por parcelas geográficas (pueblo, provincia, nación o continente) o por lenguas; pero siempre con un asidero histórico; se habla de época romana, celta, visigótica, etc. Su importancia fue grande siempre, aun cuando no se conocía su método lingüístico. Hoy cuenta con muchos órganos de difusión: en Suecia, el Institut de Toponymie de Uppsala de M. Salhlgren; en Inglaterra, la Placenames Society de A. Schimth (Cambridge); en Alemania, la "Zeitschrift für Namenforschung" (Munich) y la Beitrage zur Namenforschung; en Francia, la "Revue Internationale d’Onomastique", la "Chronique de Toponymie" (anexo a la "Revue d’Études anciennes") y la "Revue Internationale de Toponymie et d’Anthroponyme" de Lyon; en Bélgica, el "Bulletin de la Commision de Toponymie et Dialectologie" (Bruselas) y el Centro Internacional de Onomástica (relacionado con la UNESCO).En la Bibl. de la Univ. de Viena hay cuatro catálogos impresionantes sobre T. mundial. En otros lugares, aunque no hay revistas especializadas, no deja de cultivarse; tal sucede en España, donde inició su estudio Humboldt y lo prosiguió Meyer-Lübke, cuyo material sirvió a Menéndez Pidal, Hübschmid y Tovar. Recientemente, Schmoll y Untermann han sacado preciadas conclusiones, delimitando las fronteras de celtas, iberos y celtíberos.Hoy, la T. es imprescindible para la investigación histórica como elemento seguro y firme al penetrar en las civilizaciones primitivas, siempre que haya algún asidero lingüístico. Descubre relaciones insospechadas entre pueblos; investiga andanzas de razas; aclara fronteras entre lenguas antiguas; detecta pueblos perdidos; y, en fin, precisa y localiza episodios difusos en la niebla del pasado. Un ejemplo concreto de las técnicas de la T. nos lo ofrece Kahe, que recogió los nombres indo-europeos de los ríos (Hidronimia) y más tarde recopiló los pre-inda europeos. Por supuesto, con lenguas desconocidas -caso del ibérico o etrusco-, la T. no puede rendir los frutos esperados.V. GARCÍA DE DIEGO Y LÓPEZ.
BIBL.: M. BESNIER, Lexique de Géographie ancienne, París 1914; H. DAUZAT, Les Noms de lieux, París 1926; P. AEBISCHER, Estudios de toponimia y lexicografía románica, Barcelona 1948; J. CEJADOR, Toponimia hispánica, Madrid 1928; R. MENÉNDEZ PIDAL, Toponimia prerrománica hispana, Madrid 1952.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.