Tonadilla LIT.
Categoria:
Literatura
La palabra t., como su similar tonada, derivó de tono, designándose de ese modo una canción suelta, desde la jácara popular hasta el aria distinguida, con un estribillo a lo sumo. Epilogábanse con ella los sainetes en las funciones teatrales hasta la primera mitad del s. XVIII. A partir de la segunda mitad de dicho siglo, la t. escénica -según el adjetivo puesto por Subirá para distinguirla de aquella otra y difundido por doquier- se convirtió en una creación específica. Ganó en extensión, introdujo una acción dramática, y se hizo necesario, para interpretarla, el concurso de varios actores; la t. se convirtió en indispensable en los entreactos de las comedias, y a veces al concluir la misma. Fijó su forma y durante mucho tiempo se articuló en introducción o entable, parte central o coplas, y final o seguidillas. Las coplas eran de tipo estrófico y las seguidillas se intermediaban con variantes métricas de los versos. Este número, en lo literaria, solía ser ajeno al asunto; y más tarde su música también era ajena a la seguidilla corriente. Después, la seguidilla final fue sustituida por la tirana o por otras piezas cuyo estilo recordaba el de la ópera. Finalmente, la t. alcanzó tal longitud, que esta denominación genérica se sustituyó por la de pieza de música.Tres etapas podemos registrar en la evolución de la t. tras sus comienzos, debidos al músico andaluz Antonio Guerrero. En la de crecimiento y juventud (1758-70) destaca el catalán Luis Misón; en la de madurez y apogeo (1771-90) el catalán Pablo Esteve y el navarro Blas de Laserna; en la de hipertrofia y decrepitud resaltan el citado Laserna y Pablo del Moral. Casi todos ellos estaban adscritos a los teatros de la Cruz y del Príncipe, de Madrid. Fueron también autores de t. los actores Antonio Rosales y jacinto Valledor; el futuro maestro de capilla de la catedral de Cuenca, Pedro Aranaz, y el violinista de la Real Capilla, Juan Marcolini. En la última etapa compuso dos t. el famoso cantante y futuro autor de óperas en varios idiomas Manuel García. También merecen mención los compositores Manuel Pla, José Castel, Ventura Galbán, Mariano Bustos y Bernardo Alvarez Acero.Mientras al principio su música recogía finamente las esencias populares, progresivamente se fue italianizando y fue perdiendo gracia y finura. De igual manera, los libretos terminarían perdiendo su sencillo costumbrismo. Son anónimos todos ellos, salvo en algunos casos, como en los de don Ramón de la Cruz, Tomás de Iriarte y Luciano Comella. También los escribieron los propios compositores Misón, Esteve, Laserna y Rosales.La Biblioteca Musical de Madrid conserva la música manuscrita e inédita de dos mil t. escénicas, en partitura de voz y bajo y las partes sueltas de orquesta. También conserva muchísimos libretos, guardando asimismo muchos la Biblioteca Nacional. Las t. se hicieron imprescindibles en todas las representaciones, por lo que, por consejo de Jovellanos (1791) se abrió un concurso para perfeccionarlas. Habría tres premios: uno de 25 doblones para una t. con cuatro personajes y duración máxima de 20 a 22 minutos; otro para una con dos personajes y 15 minutos, y un último para otra t. de un solo personaje y 12 minutos.Entre los admiradores extranjeros de esas producciones figuraron el escritor francés Beaumarchais, el historiador inglés Burney y el músico italiano Rossini. Tomás de Iriarte, en su poema La Música, dice que la t., antes canzoneta vulgar, era a veces toda una pieza musical escénica, lamentando que se introdujeran novedades con las que se deslucía su carácter nacional.JOSÉ SUBIRÁ.
BIBL.: J. SUBIRÁ, La tonadilla escénica, 3 vol., con 323 pág. de música inédita, Madrid 1928-30; fD, La tonadilla escénica: sus obras y sus autores, Barcelona 1933; fD, Catálogo de la Sección de Música: arte menor: tonadillas y sainetes, Madrid 1965; fD, Tonadillas teatrales inéditas, Madrid 1932.
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