Tomás Apóstol, Santo
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Biografía GER
1. El nombre y su etimología. El nombre de T. era desconocido antes del N. T., aunque el nombre propio T’m aparece en las inscripciones fenicias (cfr. T’m bn `Abd-Mlk, en Corpus Inscriptionum Semitic um, 1,46; R. Herzog, Namensübersetzungen, en "Philologus" 1897, 51; M. Lidzbarski, Handbuch der nordsemit-Epigraphik, Weimar 1898, 383). Tomás es un nombre arameo: The’ oma’, que significa "mellizo", de la raíz hebraica t’m: "ser en dos, duplicar" (cfr. Cant 4,5 y 7,4; respecto a la transcripción de las consonantes taw hebrea por theta griega: F. M. Abel Grammaire du Grec biblique, París 1927, § 66; F. Blass, A. Debrunner, A Greek Grammar of the New Testament, Chicago 1961, § 53,2d y 125,2).Tomás se encuentra en las cuatro listas de los Apóstoles (v.) del N. T. Los Evangelios de Marcos (Mc 3,18) y Lucas (Lc 6,15) presentan ese catálogo después de la noche en oración que precedió al Sermón de la montaña, y asocian "Mateo y Tomás", ocupando éste el octavo lugar. Mateo (Mt 10,3) da el catálogo de Apóstoles con ocasión de la misión de los Doce a Galilea (cfr. Recueil L. Cerfaux, I, Gembloux 1954, 425-469) y asocia también a "Tomás y Mateo el publicano", ocupando T. el séptimo lugar en la lista. En los Hechos de los Apóstoles (Act 1,13) ocupa el sexto lugar en la lista de los Once cuando, después de la Ascensión del Señor en el Monte de los Olivos, se retiran al piso alto de una casa de Jerusalén y perseveran constantemente en la oración (V. Larrañaga, La Ascensión de Nuestro Señor en el Nuevo Testamento, Madrid 1936). T. es citado aquí entre Felipe, por un lado, y Bartolomé y Mateo, por otro; la lista viene a constituir una introducción a la eleccióndesignación de Matías (cfr. Et. Trocmé, Le "Livre des Actes" et I’Histoire, París 1957, 199 ss.). En todas estas listas, formadas por tres grupos de cuatro nombres, T. figura en el segundo grupo, que empieza siempre con Felipe.El evangelista S. Juan, que le conoció bien, es el que da más noticias sobre el apóstol T., y en primer lugar sobre su nombre. Por tres veces, hace la siguiente precisión: "Tomás, llamado Dídimo" (lo 11,16; 20,24; 21,2). El nombre griego de Dídimo ("Mellizo") está atestiguado en los papiros desde el s. in a. C. (P. Oxy. 533, 15; cfr. 243,4; 251,1; 255,2; P. Fay. 16,3; P. Lond. I, 169; P. Tebt. 101,3; 120,122; J. R. Harris, The Twelve Apostles, Cambridge 1927, 23-28; E. Kiessling, Wdrterbuch der griechischen Papyrusurkunden, IV,3, Marbuch 1966, 568 ss.) y con una frecuencia sorprendente (cfr. J. H. Moulton, G. Milligan, The Vocabulary of the Greek Téstament, 2 ed. Londres 1949). En las regiones bilingües no era raro que se tuviera dos nombres de idéntica significación, en una lengua y en la otra (cfr. Tabitá-Dorcas=Gacela, en Act 9,36), lo que permitía tener acceso a las diferentes clases de la población y podía ser el signo de una promoción social. P. ej., sabemos que en el a. 194 d. C. el egipcio Eudemón, hijo de Psois y de Tíatres, solicitará el permiso de llamarse Eudemón, hijo de Herón y de Dídimo, traduciendo al griego el significado del nombre de sus padres (cfr. U. Wilcken, Chrestomathie der Papyruskunde, 1,2, Leipzig-Berlín 1912, n. 52). Por una parte se ignora el origen de esta denominación del Apóstol: ¿la recibió en su pueblo (¿bilingüe, en la Decápolis?) y en su nacimiento, o cuando estaba dentro del grupo de los discípulos privilegiados? Por otra parte, ¿de quién era mellizo?, ¿lo sería de Mateo, al que lo asocian los Evangelios sinópticos? (cfr. A. Plummer, The Gospel according to St. John, Cambridge, 1899, 232).En algunos círculos gnósticos se hará de él un "hermano" de Jesús (cfr. Act. de Thomas, 31,9; J. R. Harris, o. c., 48,131; cfr. E. Haenchen, Der Weg Jesu, Berlín 1966, 136); otros, como el apócrifo Evangelio de Tomás (80,11), le hacen hermano del apóstol Judas. Las Homilías clementinas (11,1) le consideran mellizo de Eliezer (PG II,73), y la Chronique Pascale (9), mellizo de Lisia (PG XC1I,1076). Entre los sirios, el nombre propio de nuestro Apóstol era Judas (Acta Thomae, 1,1; cfr. M. Bonnet, Acta Apostolorum Apocrypha, Darmstadt 1959, 11, 100; Leyenda de Abgar, en Eusebio, Hist. Eccl. 1,13,11: "Después de la ascensión de Jesús, Judas, que también se llama Tomás, envió al apóstol Tadeo a Abgar"). Respecto a lo 14,22: "Judas no el Iskariote", la siriaca de Cureton precisa: "Judas Tomás" (cfr. H. B. Swete, The Gospel according to St. Mark, Londres 1909, 61).Sería, pues, el primo o pariente del Señor, llamado Judas en Mc 3,6. Dado que había otros dos apóstoles que se llamaban Judas (v.), es explicable que para distinguirlos se haya llamado al nuestro con la denominación "el Mellizo", equivalente a Dídimo en griego, Tomás en hebreo-arameo. No hay nada que pruebe o favorezca la exégesis simbólica que, desde Orígenes a W. Bauer (1933), interpreta el nombre de Dídimo como una expresión del carácter de T. "dividido, partido en dos", creyente y desconfiado a la vez (cfr. lac 1,8 y 4,8).2. Su figura en los Evangelios. No conocemos el origen del apóstol T., ni con certeza si era pescador como Pedro (cfr. lo 21,2). Sabemos de su inserción en el grupo de los Doce enviados por el Señor primero a Galilea (Mt 10,5) y después en el de los Once a todo el mundo (Mt 28,16 ss.; Mc 16,14 ss.; cfr. G. Klein, Die zwdlf Apostel, Gotinga 1961, 203 ss.); conocemos su asiduidad en la oración en Jerusalén después de la Resurrección (Act 1,14) y la inscripción de su nombre en el "libro de la vida" (Lc 10,20; cfr. Apc 21,27), siendo esta certeza fuente permanente de alegría; pero hay pocos datos seguros de su actividad apostólica después de Pentecostés. Tenemos más datos de su figura durante la vida de Jesucristo.Poco antes de la Pascua del a. 30, Jesús se refugió en Perea para librarse de los sanedritas. Un mensaje de Marta y María lo llama a Betania para que socorra a su hermano Lázaro, enfermo. Aunque los Doce hicieron notar lo imprudente que era volver a Judea (lo 11,7-8), Jesús decide, sin embargo, ir allí: "Vayamos donde él". "Entonces Tomás, llamado Dídimo, dijo a los condiscípulos (synmathetai, término único en el N. T.): Vayamos también nosotros a morir con él" (lo 11,15-16). El evangelista nombra, pues, al autor de esta valiente iniciativa: T., que aparece como un realista; sabe que la decisión de Jesús es peligrosa y que puede acarrear una condena a muerte (cfr. lo 11,47-53); pero su adhesión al Maestro es más fuerte que el temor y no quiere dejar que Jesús se exponga solo al peligro. Decide, pues, que todos los Apóstoles le acompañen, aunque sea al precio de su vida. Pedro hará una declaración análoga (Mt 26,35; lo 13,37). Era la resolución de los soldados de morir con su jefe (synapothnéskein, 2 Tim 2,21; cfr. C. Spicq, Les Épitres Pastorales, 2 ed. París 1969, en este lugar), signo supremo de la fidelidad y de la "devoción" (cfr. Rom 6,8; 2 Cor 5,14-15 y 7,3). T. aparece, pues, como un espíritu lúcido, un carácter resuelto, ligado inmutablemente a su Maestro. Resignado para lo peor, está dispuesto a morir; pero ya sabe que dar su vida es la manifestación suprema del amor (agapé; lo 15,13).También, T., después de la afirmación de Jesús: "A donde yo voy sabéis el camino", replica lo siguiente: "Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino? (lo 14,5). Somos incapaces de seguirte o de encontrarnos contigo, pues no sabemos tu destino" (cfr. 7,35); quizá piensa en una ciudad real del conquistador mesiánico que va a restaurar el reino de Israel (Act 1,6); ¿en dónde está esta ciudad? La pregunta, hecha respetuosamente (Kirié=Señor), es la de un hombre de buen sentido y realista; en este misterio de la "partida" de Jesús, quiere agarrarse a un dato concreto que satisfaga un poco su ignorancia. Pero siempre se trata de no estar separado de su Maestro.En el día de la Resurrección de Jesús, muchos Apóstoles dudan en dar crédito al testimonio de las mujeres y se niegan a creer que Jesús ha resucitado (Mt 28,17; Mc 16,11.13.14; Lc 24,11.25.28.41). T. parece ser el más escéptico. Estando ausente cuando la primera aparición del Maestro a sus discípulos, no se fía de la afirmación de éstos: "Hemos visto al Señor"; él quiere una experiencia personal, pruebas tangibles: ver y tocar ese cuerpo resucitado (lo 20,24; cfr. Lc 24,39; 1 lo 1,1); este gesto ha sido reproducido frecuentemente en los monumentos artísticos (cfr. H. Leclercq, Thomas, en DACL XV,2, col. 2273-2275), que, por otra parte, también le representan con una escuadra como patrón de los arquitectos y albañiles, porque, según Act. de Thomas II y XVII-XVIII, el Apóstol habría trazado los planos del palacio del rey Gundafar (cfr. luego, 3). La incredulidad de T. nos es más útil que una adhesión entusiasta (cfr. S. Gregorio Magno: "Plus nobis Thomae infidelítas quam fides profuit", Homil. 26 in Ev. 7: PL 76,1201). Ocho días más tarde, Jesús propone a T. que verifique. la marca de los clavos y de la lanza (cfr. lo 20,2628). Mientras que Magdalena, al reconocer al Maestro, había gritado: Rabboni (20,16), el Apóstol proclama la divinidad de Jesús en la confesión de fe más explícitadel Evangelio: "Señor mío y Dios mío". La asociación de estos dos títulos, frecuente en el A. T. (2 Sam 7,28; 1 Reg 18,39; Ps 30,3; 35,23; 86,15; 88,2; Zach 13,9), no era rara en el s. t (Epicteto, 11,16,13; Dittenberger, OGIS, 655,2; cfr. Acta Thomae, 10,26,159,167). Es la más exacta profesión de fe de un discípulo (cfr. Plinio, Epístola 96,7: "Carmenque Christo quasi deo dicere"), nacida de la evidencia de la resurrección.La última mención evangélica de T., insertado entre Pedro y Natanael, es la de lo 21,2. Después que el Señor previno a los suyos de que los vería en Galilea (Mt 28,10.16), éstos fueron sin duda a Cafarnaúm, y volvieron a tomar su ocupación de antaño para ganar su vida. Es probable, pues, que también T. haya sido un pescador del Mar de Tiberiades.Según los documentos más seguros, el apóstol T. es un hombre práctico, leal en sus convicciones y en sus palabras (cfr. Evangelio (apócrifo) según Tomás, 83,3), inclinado al pesimismo cuando no al escepticismo; pero resuelto y animoso; dispuesto a actuar en las circunstancias más difíciles, se entendería bien con Simón "el Celotes" (Lc 6,15; Act 1,12). Pronto y generoso, lo mismo que Pedro, se da en cuerpo y alma a su Señor-Dios.3. Tradiciones y leyendas. Según una tradición, Tomás, que ocupa un lugar importante en el Colegio apostólico (cfr. Eusebio, Hist. Eccl. 111,39,4), habría evangelizado a los partos y Persia (Eusebio, Hist. Eccl. III,1,1; Clemente de Alejandría, Rec. IX,29; PG 1,1415) y habría muerto en Edesa, en donde S. Juan Crisóstomo, en el s. IV, menciona su tumba como una de las cuatro tumbas apostólicas conocidas (con las de Pedro, Pablo, Juan) (Hom. 26 in Hebr. 2: PG 63,179; cfr. Rufino, Hist. eccl. 11,5: PL 21,518). Sus reliquias habrían sido trasladadas en 1258 a Chios, y después a Ortona en el Adriático, en donde son veneradas todavía.Pero en el s. IV se considera que T. sustituyó a Bartolomé (v.) como evangelizador de las Indias (S. Ambrosio, In Ps. 45: PL 14,1143; S. Jerónimo, Ep. 59; S. Gregorio Nacianceno, Or. 33: PG 35,228; J. N. Farquhar, The Apostle Thomas in North India... in South India, en "Bulletin J. Ryl. Library", X, 1926, 80-111, y XI, 1927, 20-50), en donde habría convertido al rey Gundafar (cfr. J. Dahlmann, Die Thomas-Legende, en Stimmen aus Marta-Laach. Ergüngungsband, XXVII Heft, 107, Friburgo 1912, 34 ss.), y habría muerto en Calamina (S. Jerónimo, De vitis Apost. 5: PL 23,722; Ps. Dorotea de Tyr, De LXX Domini discipulis: PL 92,1072; J. R. Harris, o. c., 113 ss.). Sin embargo, los cristianos (siriacos) de S. T., que se encuentran en Malabar (v.), parecen haber sido evangelizados, no por el Apóstol, sino por un misionero nestoriano de nombre Tomás (cfr. L. W. Brown, The Indian Christíans of St. Thomas, Cambridge 1956).Tres libros apócrifos (v.) llevan el nombre del Apóstol: un Evangelio (copto-sahídico) descubierto en Nag-Hamádi, en el Alto Egipto, en 1945, que contiene 144 logia (dichos) atribuidos a Jesús (cfr. Eusebio, Hist. eccl. III, 25,6; E. Hennecke, W. Schneemelcher, New Testament Apocrypha, Londres 1963, 278 ss.), y que debe ser distinguido del Relato de las Infancias del Señor por Tomás, filósofo israelita (ed. Ch. Michel, Évangiles Apocryphes, París 1924, XXIII-XXXII, 163-189); unas Actas que describen sus viajes misioneros a las Indias y su martirio (ed. M. Bonnet, Acta Philippi et Acta Thomae, 2 ed. Darmstadt 1959, 99-291; A. F. J. Klijn, The Acts of Thomas, Leiden 1962), y un Apocalipsis o Revelatio Thomae, de redacción tardía, sobre las desgracias del fin de los tiempos (condenada por el Decreto de Gelasio; cfr. E. L. Bihlmeyer, Un texte non interpolé de l’Apocalypse de Thomas, "Rev. Bénédictine" 1911, 270-282).V. t.: APÓSTOLES; BARTOLOMÉ APÓSTOL, SAN.CESLAS SPICQ.
BIBL.: Además de lo ya citado: F. SPADAFORA, A. M. RAGGI, Tomasso Apostolo, en Bibl. Sanct. 12, 536-544; M. ADINOLFI, La Parabole della Rete e del Lievito nel Vangelo di Tommasso, en Studi Biblici Franciscani XIII, Jerusalén 1963, 33-52; E. AMANN, Apocryphes du Nouveau Testament, en DB (Suppl.) 1,478, 490 ss., 501 ss., 529; F. A. D’CRUZ, St. Thomas, the Apostle in India, 2 ed. Madras 1929; P. DEvos, Le Miracle posthume de saint Thomas, en Analecta Boll., 1948, 249-251; G. GARITTE, L. CERFAUX, Les Paraboles du Royaume dans l’Évangile de Thomas, "Le Muséon" (1957) 307-327; R. M. GRANT, Introduction historique au Nouveau Testament, París 1969, 132 ss.; A. DE SANTOS OTERO, Los Evangelios Apócrifos, Madrid 1956, 299324; TH. ACHERMANN, Propheten-und Apostellegenden nebst 1üngerkatalogen, Leipzig 1907, 272 ss.; C. DE TISCHENDORF, Evangelio Apocrypha, 2 ed. Hildesheim 1966, 140-180; A. VATH, Der heil. Thomas, der Apostel Indiens, 2 ed. Aquisgrán 1925; 0. HoPHAN, Los Apóstoles, Barcelona 1957.
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