Toledo III. Archidiócesis. REL. CRIST.
Categoria:
Religión Cristiana
Su sede posee el privilegio de la primacía eclesiástica de España.Orígenes del cristianismo en Toledo. Prescindiendo de tradiciones sin respaldo histórico, la aparición del cristianismo en T. debe situarse a fines del s. III o principios del s. IV. Su primer obispo, Melancio, suscribe entre los asistentes al Conc. de Elvira (300). S. Leocadia (v.) es encarcelada y martirizada en T. a principios del s. iv, bajo Diocleciano. Tal vez, por su posición central en la Península, T. es elegida para celebrar en ella el Concilio antipriscilianista (v. PRISCILIANO), catalogado tradicionalmente como del 400.Toledo, metrópoli eclesiástica. Hasta la tercera década del s. IV no se puede hablar con certeza del obispo de T. como metropolitano. Montano (523-531) ejerce funciones metropolitanas, pero sólo en la región carpetana; hasta el 610 el prelado de T. no es designado oficialmente metropolitano de la provincia cartaginense, título que ha ostentado desde entonces hasta nuestros días. Según la división eclesiástica de la época, la metrópoli cartaginense comprendía las 20 sedes sufragáneas siguientes: Acci (Guadix), Arcavica (Cabeza de Griego?, Sacedón?), Beatio o Biatia (Baeza), Boasti o Basti (Baza), Bigastro (Cehegrin), Castulo (Cazlona), Compluto (Alcalá de Henares), Diania (Denla), Illici (Elche), Mentesa (La Guardia), Oreto (Granátula de Calatrava), Oxuna (Osma), Palentia (Palencia), Setabis (Játiva), Segovia, Segóbriga, Segontia (Sigüenza), Valentia (Valencia), Valeria (Valera de Abajo) y Urci (cerca de Torre de Villaricos).El periodo áureo de la Iglesia de T. en la antigüedad es el s. VII, época en que la ciudad es la corte de la monarquía visigoda (v. II); tiene entonces grandes metropolitanos, como S. Eugenio (v.), S. Ildefonso (v.) y S. Julián (v.), y se celebran numerosos concilios (V. TOLEDO, CONCILIOS DE). En el pontificado de S. Julián se configura la primacía toledana. Con la invasión de la Península por los musulmanes, la organización eclesiástica sufre un serio quebranto. El adopcionismo (v.) profesado por Elipando de T. contribuye a oscurecer la autoridad de esta sede (V. BEATO DE LIÉBANA, SAN). Durante casi cuatro siglos, la región toledana vive bajo la dominación musulmana, a la que pone fin Alfonso VI (v. II).Restauración de la diócesis y establecimiento de la primacía. Tras la conquista de la ciudad y de gran parte del territorio al norte del Tajo, Alfonso V I restaura la diócesis (18 dic. 1086), a la que hace una amplia donación territorial. Es elegido arzobispo el cluniacense Bernardo, y la sede vuelve a su antiguo esplendor. Alfonso VI concede a su arzobispo que desempeñe las funciones de juez en los litigios que puedan surgir entre los obispos del reino. El nuevo arzobispo marcha a Roma para prestar a la sede apostólica el juramento de fidelidad de los arzobispos; avalado con cartas de recomendación de Alfonso VI y del abad de Cluny, S. Hugo, es benignamente recibido por el papa Urbano lI (v.), quien le confiere el palio arzobispal y le declara primado de los obispos de España: "primatem te universi Hispaniarum praesules respicient et ad te, si quid inter eos quaestione dignum exortum fuerit, referent, salva tamen Romanae auctoritate Ecclesiae et metropolitanorum privilegiis singulorum...".Con este texto de la bula institucional, del 15 oct. 1088, se inician las bulas de confirmación de la primacía eclesiástica de T., que repiten los Papas del s. XIl: Pascual II, Gelasio II, Honorio II, Lucio II, Eugenio III, Adriano IV, Alejandro III, Urbano III y Celestino III. De tal forma que el s. XII es el periodo esplendoroso de la primacía, privilegio que en cierta forma suponía la unidad política del territorio. Sin embargo, cuando los reinos de’ España se multiplican, alentados por los respectivos monarcas, los arzobispos de estos reinos, concretamente los de Braga y Tarragona, comienzan a desconocer y negar el acatamiento al arzobispo de T.; al conseguirse definitivamente la unidad política hispana, el arzobispo de T. continúa con su título de primado, pero solamente como honor y precedencia.La provincia eclesiástica de Toledo. Durante la Baja Edad Media, al conformarse la geografía eclesiástica hispana, T. debía contar intencionalmente con el mismo número de sedes sufragáneas que tuvo durante la época visigoda, pero la creación de nuevas ciudades, la desaparición de otras y las ambigüedades en la localización de algunas de ellas hacen que se reduzca el número de obispados sufragáneos, así como los avatares de la Reconquista fijan como sedes dependientes de la metrópoli toledana la diócesis de Palencia, Osma, Sigüenza, Segovia, Alba rracín-Segorbe, Cuenca, Córdoba y Jaén. Posteriormente, aumenta el prestigio eclesiástico toledano.En su episcopologio descuellan figuras de singular relieve, como Bernardo de Cluny en el s. XII, Rodrigo Jiménez de Rada (v.) en la primera mitad del s. XIII, Pedro Tenorio a finales del s. XIV, el card. Gil de Albornoz (v.) a mediados de ese siglo, y Pedro González de Mendoza (v.) en los comienzos del reinado de los Reyes Católicos. En 1226, Fernando III el Santo y el arzobispo Jiménez de Rada ponen la primera piedra de la actual catedral (v. IV), cuyas obras duran hasta 1492. La relevante personalidad de los arzobispos de T. sigue en todo tiempo; destacan los cardenales: Francisco Ximénez de Cisneros (v.), Tavera (1534-45), Silíceo (1546-57), Sandoval y Rojas (1599-1618), Pascual de Aragón (166677), Portocarrero (v.; 1678-1709), etc. Dada la categoría eclesiástica de T., se puede decir que desde finales del s. XV, con el card. Mendoza, casi la totalidad de los arzobispos de T. han poseído la púrpura cardenalicia.La Iglesia de Toledo en la actualidad. Hasta bien entrado el siglo actual, desmembradas ya del territorio diocesano de T. la diócesis de Ciudad Real en 1877 y la de Madrid-Alcalá en 1885, la diócesis de T. tuvo una gran extensión territorial; incluía casi toda la provincia de T., gran parte de las de Guadalajara y Albacete, dos arciprestazgos en la de Jaén, uno en la de Granada, uno en la de Badajoz y uno en la de Cáceres, con una extensión total de 26.809 Km2 y una población de 654.765 hab.; el arzobispo de su sede es el metropolitano de las diócesis sufragáneas de Coria, Cuenca, Madrid, Plasencia y Sigüenza, a las que se une el priorato de las órdenes militares, fijado en la diócesis de Ciudad-Real.Durante el s. XX han regido la diócesis de T., entre otros, los card. Pedro Segura y Sáenz (v.; de 1927-30), perseguido por la II República; Isidro Gomá y Tomás (v.; 1935-41), autor de excelentes obras, y el card. Enrique Pla y Deniel (1942-68). Durante la Guerra española 1936-39 (v.), T. fue víctima tanto en las personas como en las casas de la persecución roja y marxista, siendo asesinados 250 sacerdotes, aparte de otras personas y de robos, destrucciones y sacrilegios perpetrados en lugares religiosos y en otras partes. Acabada la guerra, se empeñó particularmente en la obra de reconstrucción el card. Pla y Deniel.En los últimos años, con la nueva adaptación territorial de la Iglesia española, se desgajan primeramente de T. los arciprestazgos de Jaén y Granada, después los de Guadalajara y, finalmente, los de Albacete; quedanen la diócesis los arciprestazgos de Cáceres y Badajoz, y habiéndose incorporado a T. parroquias que habían pertenecido a las diócesis de Cuenca y Ávila, los límites diocesanos coinciden casi con los geográficos de la provincia de Toledo. En el orden metropolitano, a excepción de la diócesis de Madrid, elevada al rango de arzobispado, continúa con el mismo número de sedes sufragáneas. La diócesis cuenta con el cabildo primado, compuesto por 28 miembros, la real capilla de Reyes Nuevos y la muy ilustre capilla Mozárabe y dos Seminarios, Mayor y Menor. Tenía, en 1973, 19.521 Km2, 558.975 hab., 558.960 católicos, 245 parroquias, 384 sacerdotes seculares y 66 regulares, 119 religiosos y 1.290 religiosas.J. F. RIVERA RECIO.
BIBL.: A falta de una historia eclesiástica diocesana, pueden consultarse las Historias eclesiásticas generales de España: Z. GARCÍA VILLADA, Historia eclesiástica de España, Madrid 1929-36; V. DE LA FUENTE, Historia eclesiástica de España, Madrid 1873-75. Para algunos temas particulares: J. F. RIVERA REclo, Encumbramiento de la sede toledana durante la dominación visigótica, "Hispania Sacra" 8 (1955) 1-32; íD, La iglesia de Toledo en el siglo XII, I, Roma 1966; íD, La persecución religiosa en la diócesis de Toledo, Toledo 1958; A. GRANADOS, El cardenal Gomá, primado de España, Madrid 1969.
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