Toledo IV. Arte. ARTE
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Arte
T. constituye uno de los centros fundamentales del arte español. Ya desde antes de su incorporación al mundo romano, a fines del s. II a. C., es zona de confluencia entre las culturas mediterráneas y atlánticas, celtas e iberas fundamentalmente (v. II). Se documenta la existencia de diversas ciudades en torno al Tajo y en las rutas que conducen al Mediterráneo, destacando la propia Toletum, de interés por su posición estratégica.Romano. Con su incorporación al mundo romano adquiere gran relieve, del que son testimonio los abundantes vestigios. Consta que se accedía a ella por dos puentes, de los que algunos restos se reconocen en el actual de Alcántara, así como huellas de su recinto amurallado. Son notables los restos del circo, de más de 400 m. de longitud por unos 100 de ancho, y capacidad para unos 25.000 espectadores. Asimismo, en el Museo Arqueológico de la capital de la provincia se guardan numerosos capiteles, columnas, elementos decorativos, cerámica, etc. Sobresalen dos mosaicos, ambos con temas marineros, peces, barcos, puertos y faros, de extraordinaria calidad y bellísimo colorido.Paleocristiano y visigodo. Aunque no quedan restos arquitectónicos completos, es indudable la trascendencia de las comunidades cristianas toledanas. Capítulo representativo es el integrado por los restos de sarcófagos, como el aprovechado en la Puerta del Sol, y los de Erustes (Museo Arqueológico Nac.), los dos de Layos (R. A. de la Historia y Museo Mares) y de Puebla Nueva (Museo Arqueológico Nac.), que evidencian el valor del arte paleocristiano toledano y sus conexiones con otros centros hispánicos y con Oriente.El periodo paleocristiano se funde con el visigodo, a partir de principios del s. VI, en que T. se convierte en metrópoli de la Iglesia española y centro del mundo visigodo (v. III). Se conservan muchos restos de iglesias, de las que hay abundantes noticias. Tenantes de altar, nichos con crismon, capiteles, cimacios, elementos decorativos del más diverso carácter, proliferan en la ciudad, recogidos en buena parte en el Museo de Arte Visigodo instalado en la iglesia de S. Román o aun aprovechados en iglesias y construcciones diversas. Destaca la pilastra con escenas evangélicas de la iglesia de S. Salvador. En la provincia es monumento capital la semidestruida iglesia de S. Pedro de la Mata (Casalgordo). De Guarrazar procede el más valioso conjunto de orfebrería del arte visigodo, actualmente en el Museo Arqueológico Nac., constituido por cruces y coronas votivas, que pertenecieron a la catedral toledana, y entre las que es pieza excepcional la corona de Recesvinto.Musulmán. La invasión musulmana fue importante para el desarrollo del arte toledano, pues, manteniendo cierta independencia respecto al arte cordobés, crea unas formas que le distinguen y constituyen el fundamento de las formas mudéjares. Son esenciales los restos arquitectónicos de carácter militar, como las murallas y arco de Maqueda, las murallas en la propia ciudad de T., el puente de Alcántara y la ciudad abandonada de Vascos, en las cercanías de Puente del Arzobispo, en la que se conservan amplios lienzos de sillería, parte del alcázar y la entrada en arco de herradura. Testimonio de la cultura islámica, aparte de un sinfín de noticias respecto a sus mezquitas, es la pequeña mezquita u oratorio de Bib al-Mardom, construida en el año 1000, de planta cuadrada, de ladrillo, y en la que se emplea la bóveda de crucería de tipo califal en sus nueve trames. Otros restos, como una pequeña capilla en la iglesia de S. Lorenzo, la capilla de Belén en el convento de Santa Fe, y la mezquita de las Tornerías son testimonio de la evolución y persistencia de las formas islámicas después de la conquista de T. en 1085. La puerta vieja de Bisagra, por donde según la tradición entró Alfonso VI en T., es un buen ejemplo de puerta fortificada islámica.Consta el papel desempeñado, durante el dominio musulmán, por las comunidades mozárabes (v.), aunque son muy escasos los restos anteriores a la conquista del reino de T. por Alfonso VI. Subsiste la iglesia de S. María de Melque, de planta de cruz griega, con técnica constructiva de tradición visigoda.Mudéjar. T. es fundamental en la creación y difusión del arte mudéjar (v. MUDÉJARES II), en el que se pueden distinguir varias etapas. Integran el primer grupo los edificios construidos en el s. XII o primera mitad del s. XIII para las comunidades mozárabes, que continúan con sus costumbres y privilegios después de la conquista por Alfonso VI. Se utilizan arcos de herradura semicirculares para las naves, se aprovechan soportes visigodos o islámicos, y se prefieren las cabeceras rectas. Son características las iglesias de S. Sebastián, S. Eulalia, S. Lucas y S. Román, esta última consagrada de nuevo en 1221; y corresponde ya a pleno s.XIII, pero mantiene el mismo tipo, la de S. Juan de Ocaña.A principios del s. XIII se inicia un tipo de construcción relacionado con las formas mudéjares de la Meseta y caracterizado por las cabeceras semicirculares o ligeramente poligonales, cubiertas con bóvedas de ladrillo y decoradas interior y exteriormente con arquerías superpuestas. En estas arquerías se combinan arcos apuntados, de medio punto y lobulados, que cobijan otros de herradura apuntados: cabeceras de S. Bartolomé, S. Antolín, Santiago del Arrabal, el Cristo de la Luz y el Cristo de la Vega. El cuerpo de la iglesia suele ser de una nave con techumbre, salvo la de Santiago del Arrabal, que es de tres naves con arcos apuntados, de proporciones góticas. A partir del s. XIV (S. Tomé, la Magdalena, S. Miguel el Alto y S. Clara), se organizan conforme al sistema del gótico-mudéjar, con una bóveda de crucería en la capilla mayor y cubierto el resto del templo con techumbre, que en el caso de iglesia de tres naves apean en pilares de ladrillo y arcos apuntados. Fuera de la capital, es monumento muy representativo la iglesia de Santiago, de Talavera de la Reina.Capítulo importante del mudéjar toledano es el de las torres, generalmente de un cuerpo liso y un segundo cuerpo de campanario, con dos o tres huecos por frente, en los que se combinan los arcos de herradura apuntados y los lobulados. En las más antiguas, como las de Santiago del Arrabal y S. Bartolomé, aparecen arcos de herradura semicircular pareados; otras se decoran con una faja de arquerías, como en la de S. Tomé, gemela de la de S. Román, y en S. Miguel el Alto. El modelo de la capital se repite en la provincia, según se aprecia en las de Erustes y Ajofrin; sobresale la torre de S. María de Illescas, la más importante, por su rica decoración en fajas con arquerías, del mudéjar toledano.La arquitectura civil mudéjar se halla representada por numerosos palacios y dependencias, en buen número de casos ocultos hoy en las clausuras conventuales. Sobresalen la puerta del palacio del Rey D. Pedro, el conjunto del convento de S. Isabel la Real, los restos en el convento de S. Clara, las decoraciones del taller del Moro y de la casa de Mesa, el reconstruido palacio de Galiana y numerosos restos repartidos por el caserío toledano.Con las formas islámicas se relacionan las construcciones de la comunidad judía toledana, representadas por las sinagogas de S. María la Blanca y del Tránsito, llamadas así por su posterior transformación en iglesias cristianas. La sinagoga de S. María la Blanca, del s. XIII, se relaciona con las formas almohades, en tanto que la del Tránsito es del s. XIV, de estilo gótico mudéjar, con formas que recuerdan las nazaríes (v. MUSULMÁN, ARTE, 5).Gótico e hispano-flamenco. Con la construcción de la catedral se introduce la arquitectura gótica, que coexiste con la difusión del arte mudéjar, y se fusionan en el hispano-flamenco del s. XV. Inicia la catedral en 1226 el maestro Martín, a quien sucede en la dirección de las obras Petris Petri. El interés de la catedral toledana se puede concretar en tres aspectos: la proliferación de capillas, tanto en la cabecera como en las naves, aprovechando el espacio entre los contrafuertes; la feliz resolución del problema de la cubierta de la doble girola, mediante la división en tramos triangulares y trapezoidales, con el consiguiente aligeramiento de los contrafuertes y multiplicación de las capillas; y la disposición del coro en el centro de la nave principal, con lo que se impone una costumbre, inspirada en el ejemplo de Santiago de Compostela, y que se sigue en la mayor parte de las catedrales españolas. Las formas de la arquitectura gótica se utilizan parcamente en principio. Hemos de llegar a fines del s. XIV para encontrar un templo de importancia: la colegiata de Talavera de la Reina.Sin embargo, desde mediados del s. XV, la arquitectura gótica alcanza un espléndido florecimiento con las formas flamencas que, al fundirse con las mudéjares, originan el estilo hispano-flamenco. Hanequin de Bruselas, Juan Guar (v.) y Enrique y Anton Egas (v.) son los arquitectos más destacados del estilo, que tiene en el monasterio toledano de S. Juan de los Reyes su monumento más representativo. A partir de entonces, las formas góticas se difunden ampliamente y se mantienen hasta bien entrado el s. XVI: colegiata de Torrijos e iglesias de Mora, Quintanar de la Orden, El Toboso, Villanueva de Alcardete, Yepes y Oropesa.Paralelamente, la arquitectura militar adquiere gran desarrollo, bien en la propia ciudad de T., según puede verse en la Puerta del Sol, obra característica gótico-mudéjar, en las murallas y castillo de S. Servando, en las murallas de Talavera de la Reina, o en los castillos de Mora, Puebla de Montalbán, Barcience, Consuegra, Maqueda, Escalona, Guadamur, San Silvestre, Casarrubios del Monte y muchos otros.En este periodo, los talleres de la catedral crean esculturas de singular importancia en torno a la decoración de las puertas y al revestimiento de los paños del trascoro. A fines del s. XV trabajan los maestros Egas Cueman y Sebastián, que se distinguen por sus labores en piedra y en la escultura funeraria; el maestro Rodrigo Alemán realiza el coro de la catedral. El desarrollo de la escultura corre paralelo al de la pintura, que se inicia con las obras de tradición románica de la iglesia de S. Román. En torno a T. se sitúan los escritorios donde se ilustran los códices de las Cantigas, pero hasta fines del s. XIV no hay obras de importancia, como las pinturas de la capilla de S. Blas de la catedral. Ya en el periodo hispano-flamenco, entre los numerosos maestros que trabajan en torno a la catedral, sobresalen los que se relacionan con el retablo de la capilla de Álvaro de Luna, estrechamente vinculados al centro artístico creado en torno a los Mendoza.Aparte de numerosas obras del más diverso carácter en las artes aplicadas, como la corona, espada y restos de ajuar hallados en los sepulcros catedralicios, es de destacar la magnífica custodia procesional de Enrique de Arfe (v.), obra maestra de la orfebrería de fines del gótico.Del Renacimiento a nuestros días. El Renacimiento supone para T. una nueva etapa de esplendor artístico. Se introduce merced al mecenazgo del card. Mendoza, con quien se relaciona la construcción del hospital de la S. Cruz, obra en la que se conjugan los elementos hispano-flamencos con los italianos. Por los mismos años, el arquitecto Pedro Gumiel (v.), que trabaja para el card. Cisneros, ejecuta la sala capitular de la catedral, obra característica del "estilo Cisneros", versión renacentista del mudéjar. A partir de 1520 aprox., el Renacimiento triunfa merced a la obra del arquitecto Alonso de Covarrubias (v.), figura central de la arquitectura renacentista toledana, que interviene en el patio y escalera del hospital de la S. Cruz, en la puerta de Bisagra y en el proyecto del Alcázar, que con el hospital Tavera son los edificios más ucaracterísticos del Renacimiento toledano. En esta última obra debió intervenir también el P. Bartolomé Bustamante (v.), que con Francisco de Villalpando son los arquitectos más característicos después de Covarrubias. Sin embargo, el traslado de la corte a Madrid en 1561 (v. II) representa un duro golpe para el arte toledano.En el s. XVI, las obras del retablo mayor y la sillería alta del coro en la catedral entroncan la escuela toledana con los talleres de Burgos y Valladolid, ya que en ellas intervienen Felipe Vigarny (v.) y Alonso Berruguete (v.). En torno a ellos se crea un taller de gran importancia, en el que sobresalen Isidro Villoldo y Bautista Vázquez, con lo que la irradiación del taller toledano llega hacia Ávila y Andalucía.En la pintura del s. XVI, la evolución en las diversas fases del Renacimiento puede seguirse a través de las obras de Juan de Borgoña (v.), Juan Correa de Vivar (v.), Blas de Prado y Antonio de Comontes, hasta enlazar con la gran figura del Greco (v.), quien, identificado con el espíritu de la ciudad, se convierte en el más representativo de los pintores toledanos; salvo su discípulo Luis Tristán (v.), es el último pintor notable de la escuela toledana.A pesar de la crisis artística en el arte toledano del s. XVII, aún se construyen edificios de importancia y sumamente característicos. Así, la iglesia de S. Juan Bautista, antes de los jesuitas, iniciada hacia 1625 por Francisco Bautista (v.) y en la que triunfan las formas barrocas. Anteriores, que sirven de tránsito, son: la iglesia del hospital de Afuera o Tavera, el sagrario de la catedral y el ayuntamiento; en Talavera de la Reina, la antigua iglesia jerónima de S. Catalina, magnífico ejemplo del tránsito del manierismo al barroco, como ya de carácter barroco el santuario de Nuestra Señora del Prado, con abundante azulejería talaverana. El Transparente de la catedral, construido por Narciso Tomé (v.) entre 1720 y 1732, es la obra más fastuosa del barroco hispánico. A fines del siglo trabaja el neoclásico Ignacio Haam, a quien se deben la puerta Llana y el edificio para la Univ. toledana, encargo del card. Lorenzana.A lo largo del s. XIX y del XX se han construido numerosos edificios, que han transformado levemente el perfil histórico de la ciudad, en la que se mantienen multitud de rincones y calles de gran interés históricoartístico; el desarrollo de la ciudad se encauza hacia las afueras del antiguo recinto urbano y de la zona de los Cigarrales, en la orilla opuesta del Tajo. Cuenta T. con museos del más alto interés, como el de la S. Cruz, el Arqueológico Provincial, el de S. Román, el de la catedral y el de la Casa del Greco; se proyecta un Museo de Arte Contemporáneo.J. M. AZCÁRATE RISTORI.
BIBL.: A. DE LOS Ríos, Toledo pintoresca, Madrid 1845; VizCONDE DE PALAZUELOS, Toledo. Gula artística, Toledo 1890; M. GONZÁLEZ SIMANCAS, Toledo, Madrid 1929; M. GóMEz-MoRENo, Arte mudéiar toledano, Madrid 1916; CONDE DE CEDILLO, Catálogo monumental de la provincia de Toledo; 1. M. AzcÁRATE, Monumentos españoles, III, Madrid 1954; MORENO NIETO, La provincia de Toledo, Toledo 1960; VARIOS, Anales toledados, I-VIII, Toledo 1967-73.
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