Toledo, Francisco de (virrey)
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Biografía GER
Quinto virrey del Perú. N. en Oropesa (Toledo) el 10 jul. 1515. Carácter de austera formación moral; en 1535 profesó en la Orden de Alcántara, no por razones de encumbramiento social, sino por vocación, como lo demostraría con el ascetismo y la espiritualidad que constituyeron el hilo conductor de su gestión política en el Perú, que parece inspirada por un religioso de rígidos principios, no desprovisto, sin embargo, de sentido práctico. En su juventud se formó al lado del emperador Carlos V, a cuyo servicio permaneció un cuarto de siglo. Durante unos años estuvo también en Roma en calidad de procurador de la Orden militar a la que pertenecía. A esas alturas de su vida, T. había acreditado ya una idiosincrasia perspicaz, enriquecida por su larga experiencia en el conocimiento de los hombres, aunque a causa de su carácter retraído pecara también por severidad, a veces inflexible y rigorista, y por entereza, no muy adecuada para atraerse la simpatía de quienes entraban en relación con él.Toledo, virrey del Perú. En 1568 fue nombrado virrey del Perú. Antes de emprender viaje participó en las deliberaciones de una junta extraordinaria, convocada en Madrid para examinar a fondo y de una vez para todas los problemas que afectaban a la buena administración de los dominios en Indias, y muy en especial la crisis por la que atravesaba el virreinato peruano, que por diversas causas todavía no había logrado su definitiva estabilidad. De la incertidumbre en torno a la situación del Perú es prueba el hecho de que el inmediato predecesor de T. no hubiese sido otro virrey, sino un gobernador, con cierto matiz de interinidad. Ello pone de relieve que el virreinato peruano reclamaba una reforma en todos los niveles, y que quien se hiciera cargo de tan delicada como amplia misión debía de estar adornado de méritos no comunes y de una capacidad de iniciativa que le permitieran salir airoso del compromiso (V. PERCI IV, 4).En la Junta Magna se abordaron las cuestiones de mayor envergadura que gravitaban sobre el virreinato meridional del Nuevo Mundo: la perpetuidad de las encomiendas (V. REPARTIMIENTOS); procedimientos para robustecer las facultades ejecutivas de las autoridades políticas, muy venidas a menos por la condescendencia en que, por temor a estallidos de violencia, habían incurrido los gobernantes que hasta entonces habían estado al frente de la administración pública; refuerzo de la potestad virreinal frente a las demasías de los magistrados de las audiencias; recursos eficaces para promover la evangelización de la masa indígena sobre bases amplias y con efectos duraderos; consolidación del patronato concedido a los monarcas, muy menoscabado por la desidia de quienes debían celar por sus atribuciones; sistemas para vigilar el comportamiento de los funcionarios públicos en un ambiente donde la lejanía y las tentaciones constituían factores poderosos para prevaricar; necesidad de efectuar una inspección ocular o visita del país entero, con la finalidad de compenetrarse con la realidad; y varios otros aspectos, por fin, de trascendencia no menos decisiva para la buena marcha del virreinato, tales como la implantación del tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, reorganización de los establecimientos de enseñanza superior, equitativa tasación de los tributos entregados por los indios, reglamentación del sistema de trabajo coactivo denominado mita (v.), con arreglo a la conducta cristiana, etc.T. entendió que su misión en el Perú consistía en ser un reformador, y, en cierto modo, su papel sería el de un segundo La Gasca (v.). Así como éste prácticamente restituyó el Perú a la corona española, T. consideró que debía restaurar la autoridad, la ley y la justicia mediante una reforma total. Acaso por haber adoptado una política de rectitud inquebrantable, muchas de las decisiones que asumió han sido juzgadas como despóticas, cuando en realidad sólo constituyen actos de gobierno encaminados a instituir un verdadero Estado de Derecho, es decir, un ambiente propicio para el bienestar general. En suma, como con toda propiedad lo ha definido su mejor biógrafo, T. fue el "supremo organizador del Perú", renombre que no sólo se le atribuye modernamente, sino antes; ya en el s. XVII un sucesor suyo no vacila en proclamar que T. era el maestro de quien todos eran discípulos. T. desempeñó las funciones de virrey del Perú desde noviembre de 1569 hasta mayo de 1581. En casi 11 años de acción, de los cuales prácticamente la mitad de ellos los dedicó a recorrer la parte más principal del territorio colocado bajo su jurisdicción, quedaron sentadas las bases de la organización política y legislativa que, salvo leves retoques, perduró hasta las postrimerías del régimen español.Visita al virreinato. Las Ordenanzas. Reformas. Como único procedimiento idóneo para adquirir un conocimiento cabal del país, T. juzgó indispensable efectuar unavisita general del inmenso ámbito virreinal, explorándolo minuciosamente. A las comarcas donde no pudo llegar personalmente, destacó emisarios de entera confianza, con cuyas observaciones redondeó la imagen que necesitaba forjarse para obrar a ciencia cierta. En octubre de 1570 inició el viaje que lo llevaría por la sierra Central del Perú hasta el Cuzco, para proseguir posteriormente hacia la región de los Charcas, alargándose hasta sus confines actuales con Argentina y Paraguay, retornando por Arequipa a la sede- de su gobernación.El pliego de instrucciones, con arreglo al cual se recogían las datos, abarca todos los aspectos de la vida económica, política, comunal y religiosa de la población nativa. Frutos de este análisis profundo de la situación real en que se encontraba el Perú fueron en primer término las reducciones (v.), es decir, concentraciones de la población aborigen en núcleos urbanos, a fin de facilitar su instrucción religiosa, su empadronamiento, y, en definitiva, su incorporación a la vida civilizada. Simultáneamente se allegaban datos para elaborar las discutidas informaciones, que al acumular un caudal riquísimo de noticias de carácter retrospectivo acerca del pasado, las instituciones tradicionales y las costumbres de los indígenas, proporcionarían un conocimiento cabal de sus formas de vida, a fin de adecuarlas también a la estructura política implantada por España, o, por el contrario, acoplar ésta a los usos atávicos que no estuviesen reñidos con los propósitos civilizadores de aquélla.El conocimiento detallado del mundo indígena permitió redactar a T. las célebres Ordenanzas que le han granjeado el apelativo de "Solón del Perú". Constituyen un vasto cuerpo legal que regula la colectividad nativa en los órdenes más heterogéneos: trabajo, corporaciones comunitarias, autoridades propias, empadronamiento, atención espiritual, vida doméstica, asistencia hospitalaria, servicio de postas (chasquis), trabajo en los talleres de tejido (obrajes), etc. También se promulgaron otras Ordenanzas para la mejor administración y régimen urbanístico de la ciudad del Cuzco; para activar la explotación de las minas, cuyo contenido se mantuvo en vigor hasta finales dels. XVIII; y para proteger a los indígenas en todos los órdenes. Durante la misma visita se procedió a incorporar al patrimonio de la Corona las minas de mercurio de Huancavelica, en las cuales igualmente se reformó el sistema de
laboreo, que desde entonces se realizó por media de arrendamientos periódicos al gremio de industriales, y se dotó al asiento de operarios en número suficiente para mantener el ritmo de producción en concordancia con los requerimientos de Potosí.
La mita fue objeto de una nueva reglamentación, a fin de atajar los abusos que esta arcaica institución prehispánica originaba a la hora de aprovechar la mano de obra que se obtenía por medios coactivos. A. T. se deben las pautas legislativas con arreglo a las cuales esta forma de trabajo siguió en vigor durante dos siglos y medio. Para dictar las nuevas disposiciones reglamentarias, T. solicitó el parecer de teólogos y juristas, cuya opinión fue favorable al sistema y cuya licitud abonaron, fundamentando la obligatoriedad de compeler a los nativos al cumplimiento de ciertas faenas que redundasen en beneficio común. T. tuvo particular esmero en mitigar el rigor de tal procedimiento obligatorio: acrecentó el jornal señalado a los mitayos; prohibió que éstos fuesen trasladados a trabajar a lugares en que peligrara su salud y bienestar, y abrió la posibilidad de que los obligados a servir por turno pudiesen redimirse contratando a voluntarios.Represión de los incas. Últimos años. Cuando se hallaba en el Cuzco, le tocó a T. encarar el problema más espinoso de su gobierno y el que le ha procurado la adversa nombradía que todavía acompaña a su recuerdo: la extirpación de los últimos focos de inquietud alimentados por un pequeño núcleo de descendientes de los incas refugiados en la abrupta comarca de Vilcabamba, al N de la antigua capital imperial. Comprendió que la subsistencia de ese centro de eventual subversión y de resistencia a las autoridades españolas entrañaba un peligro general, y, en una rápida campaña sobre el cuartel general de los rebeldes, se logró capturar al propio monarca Túpac Amaru, junto con varios seguidores. El último soberano de la dinastía incaica, tras un corto proceso, fue sentenciado a la pena capital y ajusticiado en septiembre de 1572. Esta acción, por su inusitado rigor, constituye un motivo de censura en la obra toledana largamente explotado por sus adversarios, que no le faltaron ya en sus mismos años. T. obró probablemente con ánimo de impresionar a cuantos intentaran secundar los planes de los refugiados en Vilcabamba. También en el Cuzco se concluyeron las Informaciones, que en manos de Sarmiento de Gamboa (v.) le servirían para redactar su Historia Indica.Prosiguió T. su viaje hacia La Paz, La Plata (hoy Sucre) y Potosí, en donde puso en práctica el nuevo método de la amalgama en el beneficio de los metales argentíferos. Desde La Plata inició una campaña para poner término a las depredaciones de los indios chiriguanaes, que mantenían en zozobra la región del Sudeste. La expedición no obtuvo el éxito que se había esperado, y el propio T. enfermó gravemente (1574).A su regreso a Lima, T. se preocupó de reivindicar la potestad virreinal frente a las extralimitaciones de las audiencias. Vivamente interesado en que el Estudio General creado en 1551 adquiriese. vuelos, lo sustrajo de la tutela de los dominicos, y a fin de consolidar la autonomía de dicha Orden religiosa instauró al primer rector seglar de la universidad. Para que ésta no careciese de los elementos económicos indispensables para su funcionamiento, la dotó de las rentas oportunas; instaló sus aulas en un local apropiado, y, finalmente, colocada ya la universidad bajo el patrocinio de S. Marcos, promulgó las Constituciones con arreglo a las cuales se gobernaría ese centro de estudios. Complemento de esta obra fue la fundación del Colegio Real de San Felipe.En 1579 hizo su aparición el primer pirata que surcara las aguas peruanas: el inglés Francis Drake (v.), quien, al frente de tres navíos, perpetró innumerablesdepredaciones y presas. La presencia intempestiva del corsario causó gran inquietud, y el virrey dispuso la organización de una escuadra para combatir a
Drake; con la finalidad de evitar futuras incursiones en el Pacífico, envió a Sarmiento de Gamboa al estrecho de Magallanes, para patrullar esa ruta y explorar la posibilidad de establecer bases que cerraran el paso a embarcaciones extranjeras.
Pocos virreyes como T. han sido objeto de más enconadas controversias, pues hasta el propósito verdadero perseguido con las Informaciones ha sido tergiversado, convirtiéndose en fuente de inspiración para sus detractores. En lo que hay completa unanimidad es en que adornaron a T. virtudes ejemplares: acrisolada honradez, espíritu de justicia, visión de estadista, actividad infatigable, discreción política. Por todos estos atributos, destaca su gestión gubernativa acaso como la más constructivaen la serie de los virreyes del Perú y su perfil surge con nítidos perfiles por la autoridad que supo imprimir a sus actos. Terminó su periodo gubernativo en mayo de 1581 y regresó a España. M. en Escalona (Toledo) el 21 abr. 1582. Es inexacto que Felipe II lo recibiera con despego y no es cierto que le reprochara el ajusticiamiento de Túpac Amaru; ello ocurrió muchos años antes, y a T. se le mantuvo en el gobierno.G. LOHMANN VILLENA.
BIBL.: R. LEVILLIER, Don Francisco de Toledo, supremo organizador del Perú, 3 vol., Madrid-Buenos Aires 1935-40; R. VARGAS LTGARTE, Historia general del Perú, II, Lima 1966, cap. IXXIV; 1. A. DEL BUSTO, Francisco de Toledo, en Biblioteca de hombres del Perú, XIII, Lima 1964.
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