Toledo, Francisco de (cardenal)
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Biografía GER
Teólogo y escriturista español del s. XVI, jesuita, Cardenal de gran influencia en los problemas de la Iglesia en su tiempo.Datos biográficos. Es poco lo que se sabe de su infancia y primeros años; n. en Córdoba (España), de padres modestos, hacia 1533 (el cálculo más aceptado da el 4 oct. 1532). Las primeras noticias de su vida se tienen de sus estudios en Zaragoza, donde llegó a ser profesor de Filosofía (y no en Valencia como dicen muchos; cfr. Cereceda, o. c. en bibl., 92, nota 4). En 1556 está en la Univ. de Salamanca, ocupando la misma cátedra a los 23 años, con gran fama como profesor, y a la vez siguiendo los cursos del celebérrimo Domingo Soto (v.). En 1558 entra en la Compañía de Jesús, haciendo el noviciado en Simancas y siendo ordenado sacerdote por S. Francisco de Borja. Pronto es reclamado por sus superiores a Roma; en el Colegio romano de la Compañía explica Metafísica tres años y después Teología. Sus obras son fruto de estos años de docencia.A partir de 1569, bajo el pontificado de S. Pío V (v.), comienza a intervenir en las Congregaciones romanas y en los asuntos de la Iglesia. Es teólogo de la Sagrada Penitenciaría y de la Inquisición; predicador del Papa y del Colegio cardenalicio; Consultor del Santo Oficio y otras Congregaciones. Tan estimados eran sus consejos, que Gregorio XIII afirma: "Nada se resuelve sin consultar a Toledo". Siete Papas se beneficiaron de su actuación: Pío V, Gregorio XIII, Sixto V, Urbano VII, Gregorio XIV, Inocencio IX y Clemente VIII, del que fue confesor.Gregorio XIII le envió en 1580 a Lovaina a discutir con Bayo (v.) su postura teológica, consiguiendo la rectificación de éste. Formó parte de la comisión de correctores de la Vulgata. Su intervención en el campo de la diplomacia de la Iglesia no fue menos interesante. Intervino ante los Gobiernos de Austria, Polonia y Baviera. En Francia decidió la reconciliación de Enrique IV con la Iglesia. Como premio a tales servicios Clemente VIII en 1593 le dio la púrpura cardenalicia, a pesar de su oposición, siendo así el primer Cardenal jesuita. Murió en Roma en 1596 y fue enterrado en S. María la Mayor. El epitafio fue compuesto por el Papa.A pesar de su prestigio y fama y de su elevado cargo era austero y humilde, pero sobre todo de una prudencia extraordinaria. Numerosos escritores se han ocupado de su vida y elogio; entre otros: Aloy, Baldasarri, Nieremberg, Eritreo, Navarro, Vitorelli, Cabrera, etc.Escritos. Obras filosóficas: Introductio in Dialecticam Aristotelis, Roma 1561; Commentaria in Aristotelis logicam, Roma 1572; Commentaria in 8 Libros de Physica, Venecia 1573; Commentaria in 3 libros de Anima, Venecia 1574; Commentaria in 2 libros de Generatione, Venecia 1575. Obras teológicas: In Summam Theolog. S. Thomae Aquinatis enarratio; Instructio Sacerdotum. Obas exegéticas: Commentaria in Ihoannis Evang., Roma 1588; Commentaria in XII cap. Evang. secundum Lucam, Roma 1600; Commentaria et adnotationes in Epistolam B. Pauli ad Romanos.La principal de sus obras filosóficas es el Comentario a los tres libros de Anima. Especialmente con la Introductio in Dialecticam realizó una importante contribución a la sistematización de la Lógica. En todas ellas al igual que en las teológicas se ve "una tendencia laudable a evitar sutilezas y una simpatía por las ideas del Doctor Angélico", aunque no siempre le sigue. Su Enarratio fue publicada en el s. XIX por J. Paria, reproduciendocorregidos unos cuadernos autógrafos guardados en el Colegio romano jesuita (cfr. Tromp, en "Gregorianum" 14, 1933, 333-344). Su Instrucción a los Sacerdotes o casos de conciencia fue editada en 1601 por el P. Vázquez de Padilla y tuvo una gran difusión en todo el mundo; se trata de un verdadero compendio de Teología moral en forma casuística, muy consultado, paralelo a los de los también jesuitas Juan Azor (1536-1603) y Herman Busembaum (1600-68).Pero lo que le dio más fama fueron sus obras exegéticas. En ellas demuestra un sentido crítico, bastante raro en su época, aunque para el gusto de hoy día resultan un tanto pesadas. En el Comentario a la Epístola a los Romanos sigue la línea exegética antiprotestante. Cereceda dice de él que es un digno émulo de Maldonado (v.).V. t.: MODERNA, EDAD III, 3-4.DANIEL DE SANTOS.
BIBL.: A. ASTRA(N, Historia de la Compañía de Jesús en la Asistencia de España, 11, Madrid 1905, 64-65, y III, ib. 1909, 599-604; J. PARIA, Francisci Toleti Enarratio, introductio, Roma 1869-70; B. S. CASTELLANOS, Toledo, Francisco, en Biografía Eclesiástica completa, t. 28, Madrid 1867; M. SOLANA, Historia de la Filosofía española, III, Madrid 1941, 311-337; C. GIACON, La Seconda Escolastica, II, Milán 1944, 25-44 y 51-65; F. STEGMüLLER, Toledo et Cajétan, "Rev. thomiste" (1935) 358-371; F. CERECEDA, En el IV centenario del P. Francisco Toledo, "Estudios Eclesiásticos" 13 (1934) 90-108; VARIOS, en "Archivo Teológico granadino" (1940) (n° dedicado a T.); J. M. BOVER, La acción del Espíritu Santo en la Encarnación... según el card. Toledo, ib. 9 (1946) 69-113; íD, Seis sermones sobre Isaías del card. Toledo, ib. 161-235; I. M. H. LEDESMA, Doctrina Toleti de appetitu visionis beatificae, Manila 1949; J. ECHARRI, Un influjo desconocido en la formación del sistema cartesiano (dos textos paralelos de Toledo y Descartes sobre el espacio), "Pensamiento" 6 (1950) 291-323; J. LEAL, El simbolismo del agua en el IV Evangelio según el card. Toledo, "Archivo Teológico granadino" 25 (1962) 239-255; S. DEL PÁRAMO, La plenitud de gracia en la S. Virgen según el card. Toledo, "Estudios marianos" 24 (1963) 177-192; J. I. TELLECHEA, Censura inédita del P. Toledo sobre el Catecismo de Carranza, cotejo con la de Melchor Cano, "Rev. Española de Teología" 29 (1969) 3-35.
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