Test Psicológico
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Varios
1. Noción. Deben distinguirse dos significados, con el fin de evitar confusiones en la práctica psicológica. En un sentido amplio, t. p. significa cualquier tipo de apreciación, evaluación o emisión de juicio sobre rasgos comportamentales, hábitos de conducta, normal o patológica, en donde se ha utilizado un material "psicológico", entendiendo por tal lo que es incapaz de ser sometido a los cánones científico-positivos, preñado de saberes humanísticos ancestrales y susceptible de ser captado tan sólo por ciertas personas que poseen un carisma especial, imposible de ser operacional izado. A lo sumo, se cree que existen ciertas técnicas de medida psicológica que son objetivas, pero fundamentalmente irrelevantes para el ser humano. Está claro que se trata de una significación propia de un estadio de desarrollo precientífico lejano a la Psicología contemporánea.La otra acepción de t. p. es la propiamente científica y técnica. Damos dos definiciones de tratadistas clásicos del tema. Anstey los considera como "instrumentos para la evaluación cuantitativa de los atributos psicológicos de un individuo" (o. c. en bibl., 14). De manera similar se expresa Freeman, para quien un t. p. "es un instrumento normalizado diseñado para medir objetivamente uno o más aspectos de la personalidad, bien utilizando muestras de respuestas verbales o no verbales, bien mediante otras conductas" (o. c. en bibl., 46). Se distingue así entre t. p. en sentido estricto y técnica de evaluación. La segunda comprende los recursos utilizados por los psicólogos para apreciar las características comportamentales del sujeto sin necesidad de ser cuantificables ni encontrarse normalizadas, tales como las pruebas proyectivas, la evaluación de los "constructos personales" con las técnicas de rejilla o la técnica Q (v. PSICODIAGNÓSTICO; PERSONALIDAD).De una u otra forma, dos notas parecen repetirse implícita o explícitamente en los tratadistas del tema: la objetividad y la normalización. En cuanto a la objetividad, un t. p. debe tener instrucciones claras, la puntuación o calificación de la prueba debe ser inequívoca, las normas de calificación deben haber sido obtenidas en una muestra de la población seleccionada científicamente para los propósitos específicos de la prueba, debe poseer claridad en lo que pretende medir, y el contenido del test ha de haber sido construido siguiendo las técnicas científicamente aceptadas.Sin perjuicio de volver más adelante sobre ello, al tratar de la validez, hay que señalar que la normalización es un punto de vital importancia al enjuiciar un test psicológico. Se trata de que las calificaciones alcanzadas en cada una de las pruebas posean un valor normativo para el sujeto que haya sido sometido a ellas. Esto, sin embargo, se presta a confusiones de todo tipo. Cuando en los tests se habla de normatividad, se alude a un criterio frecuencial: en el proceso de construcción de la prueba se ha aplicado a una muestra de sujetos representativos de la población (v. ESTADíSTICA) sobre la que se desean normalizar las puntuaciones. Ello lleva consigo, entre otras cosas, que la validez de un t. p. depende del grado de representatividad de las muestras utilizadas, tanto como la pertenencia del sujeto a la población sobre la que se supone ha sido normalizado el test psicológico. Un ejemplo servirá para aclarar lo que queremos decir: se sabe desde hace algunos años que el complejo factor de inteligencia verbal está en función del status socioeconómico de los sujetos. En este caso, la aplicación deunas normas, pertenecientes a un status elevado, a un sujeto de status socioeconómico bajo es perjudicial; lo contrario, es decir, es beneficioso, si las normas se aplican al revés. En cada una de estas circunstancias, la puntuación deberá referirse a la población y la muestra deberá estar definida por una serie de variables críticas, importantes y definitorias, tales como edad, sexo, pertenencia a un nivel social y estado físico.2. Historia y uso actual. El fin de los t. p. ha sido la detección y estudio sistemático de las diferencias individuales (v. PSICOLOGÍA DIFERENCIAL). Hasta el último cuarto del s. XIX no se ha reconocido, de hecho, la importancia teórica y práctica de estas diferencias. W. Wundt (v.) defendía que un experimento psicológico genuino llevaba consigo la presentación de un estímulo objetivamente cognoscible y preferentemente mensurable, aplicado en condiciones específicas y que daba lugar a una respuesta aprehendida objetivamente y mensurable; las diferencias individuales eran consideradas como "factores de error". Fue F. Galton (v.) quien primero realizó investigaciones sistemáticas y estadísticas para apreciar las diferencias individuales. Estimuló las investigaciones en las diferencias individuales sobre una gran cantidad de campos psicológicos, y determinó el desarrollo de los intentos experimentales para medir la inteligencia con tests de imaginación y discriminación sensorial debido, precisamente, a la influencia filosófica del asociacionismo inglés.La construcción de la primera escala de medida de los procesos cognitivos superiores se debe al francés A. Binet (v.), para quien las pruebas de Galton eran excesivamente simplistas y elementales, hasta el punto de que ignoraban el mundo lingüístico, tan definitivo en el caso del ser humano. Binet, además, señaló que la medida psicológica no debía ser interpretada físicamente, sino como una ordenación de rendimientos dentro de una muestra de sujetos; su interés primordial radicaba en la extensión y naturaleza de los procesos mentales de uno a otro sujeto, así como en la determinación de las interrelaciones entre los procesos dentro de un mismo individuo. El principio básico descubierto por Binet y que ha sido aplicado desde entonces en la construcción de t. p. de inteligencia (v. INTELIGENCIA II) es que podemos identificar las diferencias en el desarrollo mental con las diferencias en los niveles de desarrollo, tal y como se encuentran representadas en las capacidades medias de los niños, a distintas edades cronológicas. Pese a que la escala desarrollada por Binet fue de inteligencia general, reconoció la existencia y necesidad de investigación de aptitudes especiales.La expresión "tests mentales" fue utilizada por primera vez en 1890 por J. Mckeen Cattell, discípulo primero y disidente después de Wundt, a causa del estudio de estas diferencias individuales. En Estados Unidos, el desarrollo de los t. p. fue vertiginoso. Poco después de 1916 y a consecuencia, entre otros factores, de la I Guerra mundial se desarrollaron definitivamente los tests colectivos, que posibilitaron la incorporación al campo psicológico de temas tales como las diferencias en rendimiento entre grupos raciales y nacionales, diferencias profesionales y de edad, y la influencia del grado de conocimientos sobre el cociente intelectual (v. COCIENTE DE INTELIGENCIA). Poco después se empezaron a estudiar sistemáticamente las diferencias en rendimiento con pruebas manipulativas y mecánicas -como reacción a la hipertrofia del verbalismo de los primeros tiempos-; siguieron los tests de aptitudes exigidos por la especialización del trabajo y, por la misma fecha, aparecieron los inventarios y cuestionarios de personalidad y las pruebas de intereses profesionales. Después de la II Guerra mundial se construyeron las pruebas de comprobación de rendimiento en ambientes educativos, y las baterías multifactoriales; a este último periodo preceden la obra de H. Rorschach y las pruebas proyectivas.La utilización de los t. p. es primordial en la evaluación de la evolución y desarrollo psicológicos, las diferencias intelectuales y no intelectuales asociadas con la edad, sexo o raza, las diferencias en niveles profesionales y aptitudes específicas, y las diferencias en conducta características de grupos atípicos y psiquiátricos. Los usuarios más frecuentes de los t. p. antes de la II Guerra mundial eran las escuelas y los centros de enseñanza secundaria. Durante y después de ella fue el ejército, en principio, el principal consumidor, al que siguieron la industria y el mundo clínico. En nuestros días, su uso se ha generalizado prácticamente a todos los niveles y especializaciones de la vida social. Sin hacer grave traición a la verdad, puede decirse que hoy se encuentran baterías de t. p. aceptables en el campo de los procesos cognitivos -percepción, inteligencia o creatividad-, pero en cuanto a la psicología de la personalidad el estado actual de desarrollo es menos aceptable, si bien el estudio de problemas tan relevantes como el de las dificultades en el aprendizaje y rendimiento, y la moderna Psicología clínica experimental, están logrando un mejor conocimiento de los procesos psicológicos y, con ello, la posibilidad de construir instrumentos eficaces en este campo.3. Clasificación. El problema de la clasificación de los t. p. es complejo, puesto que las categorías utilizadas o son psicológicamente irrelevantes -como el formatoo las dicotomizaciones empleadas no están de acuerdo con la realidad psicológica. A continuación presentamos una división basada en Anstey y que, si no definitiva, puede resultar útil en algunos casos.a) La primera clasificación se refiere a los contenidos de los tests. Pueden ser, en este caso, cognitivos y no cognitivos, llamados también de personalidad. Los primeros pueden dividirse, a su vez, en los siguientes apartados: 1) Tests de aptitudes fundamentalmente innatas, tales como tests primordialmente de inteligencia general; tests de aptitudes especiales, tales como fluencia verbal o inteligencia espacial; y tests principalmente de pensamiento creador, como la batería de Guilford o la de Torrance. 2) Tests de conocimientos fundamentalmente adquiridos, tales como tests de sentido común y de apreciación del modo como tienden a comportarse los seres humanos en situaciones reales y cotidianas; tests de comprensión y uso de los conocimientos escolares; y tests de conocimientos sobre materias especializadas, como Ingeniería aeronáutica, Medicina o Psicología.Los tests de personalidad podrían agruparse del modo siguiente: 1) Tests de factores generales de la personalidad, en donde se ubicarían los cuestionarios sobre dimensiones básicas de personalidad, tales como rigidez, neuroticismo o introversión (v. PERSONALIDAD); 2) tests de rasgos temperamentales específicos, tales como sociabilidad, sumisión y perseveración; y 3) tests de intereses específicos y vocacionales, como el inventario de Strong.Esta división, en función de los contenidos, posee algunos serios inconvenientes. En primer lugar, la diferencia entre tests cognitivos y de personalidad es problemática, por cuanto existen pruebas que pueden servir para ambos fines, en función del método y categorías de corrección asumidos. En segundo lugar, la caracterizaciónde innato y aprendido es discutible; a nivel operativo puede construirse un test de comprensión verbal utilizando, para ello, material que requiere conocimientos concretos; existen programas especiales para fomentar la creatividad con resultados positivos; e incluso, en los tests no verbales, influye el grado de culturización y pertenencia a determinada cultura o clase social en las puntuaciones obtenidas por los sujetos. En tercer lugar, suele decirse que en los llamados tests de personalidad el propósito de la prueba no debe estar claro para el sujeto, el cual no debe conocer realmente qué es lo que se trata de evaluar, toda vez que existen factores que, como la desiderabilidad social o la tendencia a mentir y la capacidad introspectiva del sujeto, influyen en las puntuaciones alcanzadas, sin que se hayan establecido unos criterios claros que permitan ejercer un control sobre estas variables (Pelechano, o. c. en bibl.).b) Otro criterio clasificatorio tiene en cuenta la finalidad que persiguen los tests psicológicos. En este caso, se distinguen dos grandes categorías: 1) tests dirigidos a la selección específica de determinadas rasgos; y 2) tests descriptivos, asociados fundamentalmente a las teorías y descripciones generales de la personalidad.c) Un tercer orden clasificatorio se basa en la forma de presentación del material. En este caso, pueden considerarse dos criterios: 1) el que apela al modo de presentación del material de prueba, siendo en este caso escritos, orales o manipulativos; y 2) en función del tipo general de respuesta que se exija al sujeto, bien sea la elección de una de las muchas que se ofrecen -se trata de descubrir la respuesta correcta- o bien que el sujeto cree una respuesta nueva o la exprese en su propio lenguaje. Una subdivisión menor dentro de este gran apartado se refiere a los tests cognitivos; según el tipo de problema planteado se han distinguido tradicionalmente dos grandes grupos: tests de rapidez mental, en el sentido de que todos los problemas pueden ser resueltos por todos los sujetos e intentando detectar la velocidad de solución -tal el caso de los tests de atención-; y tests de poder o nivel mental, compuestos por una variedad de problemas con distinto grado de dificultad y seleccionados bajo el supuesto de que los sujetos podrán resolver tan sólo los que les correspondan a su nivel mental, mientras que los otros no podrán solucionarlos, aunque se alargue indefinidamente el tiempo de solución.4. Fiabilidad. Es el grado en el cual un test arroja resultados consistentes de una aplicación a otra, el grado en que las puntuaciones alcanzadas en la prueba se encuentran libres de los defectos internos de la prueba, que introducen errores de medida inherentes a los elementos que la constituyen y a su normalización. Puesto que los sujetos no rinden del mismo modo en todas las situaciones, y puesto que el azar no puede ser de facto totalmente eliminado, los coeficientes de fiabilidad obtenidos reflejan, realmente, la interacción entre las diferencias individuales, los defectos del test y los factores aleatorios. Existen dos significaciones más importantes de fiabilidad que se relacionan entre sí.En primer lugar, se dice que un test es fiable en la medida en que posee una consistencia interna, esto es, consistencia de resultados en el momento de su aplicación, llamada también homogeneidad interna del test, y para cuya obtención se ha utilizado en los últimos tiempos el análisis factorial de los elementos que constituyen la prueba (v. ANÁLISIS FACTORIAL).En segundo lugar, se dice que un test es fiable cuando uno o varios grupos de sujetos alcanzan la misma puntuación en ocasiones distintas. Los coeficientes de fiabilidad se expresan en cifras decimales con valores entre cero y uno, y el grado de aceptación práctica de un test por parte de los profesionales, por lo que se refiere a este concepto, depende del rasgo psicológico de que se trate; así, p. ej., los coeficientes de fiabilidad aceptados por la comunidad psicológica en el caso de los tests cognitivos oscila entre 0,80 y 0,98, mientras que en el caso de los tests de personalidad resulta excepcional encontrar fiabilidades del orden de 0,90 y son frecuentes cuantías entre 0,60 y 0,80.Entre los elementos que inciden en los coeficientes, suponiendo constantes los demás factores de error, hay que señalar los siguientes: a) La edad de los sujetos a los que se aplica la prueba. Es lógico pensar que los rasgos comportamentales que muestrea el t. p. no se mantienen constantes a lo largo del proceso de evolución y desarrollo psicológicos. De ahí que una prueba que se aplique a sujetos dentro de límites cronológicos muy amplios sea menos fiable que otra que se aplique a sujetos con poca variabilidad de edad. b) Las posibles puntuaciones en la prueba y por cada elemento. Este aspecto se refiere no a la puntuación total alcanzada por los sujetos en el test, sino más bien, a la ordenación de los sujetos dentro de cada grupo, en función de su mayor o menor puntuación de una a otra ocasión. Cuanto menor es la variabilidad en la ordenación de los sujetos, el coeficiente es mayor; de ahí que, con la misma prueba, si el sistema de calificación por cada elemento es de cero y uno, pueda obtenerse un coeficiente de fiabilidad mayor que si la puntuación por cada elemento varía entre uno y seis, independientemente de la bondad de la prueba. c) El intervalo temporal entre las situaciones de prueba. Se obtienen mejores coeficientes con intervalos cortos. d) Efectos de la práctica y del aprendizaje sobre las puntuaciones. e) La fiabilidad de los factores y subfactores que constituyen el test en el caso de que se trate de una prueba multifactorial. f) La consistencia de los calificadores.5. Validez. Se dice que un test es válida si mide lo que pretende, cuando se comparan las medidas con criterios predictivos aceptados. Importa señalar dos cosas aquí. La primera es que para que un test sea válido debe ser fiable, ha de presentar resultados consistentes de una ocasión a otra y entre los elementos que lo constituyen. La segunda, que la validación de un t. p. es un proceso muy largo y prácticamente interminable porque, entre otras cosas, los criterios de validación son muy variados y el mismo concepto de validez es, aparentemente, ambiguo. La ambigüedad estriba en que existen muchas significaciones de validez. Veamos algunas.a) Validez operacional y predictiva. Se dice que un test es válido operativamente en el caso de que cubra un campo comportamental y operacionalmente definido. Así, p. ej., un test de aptitud musical es operativamente válido si es fiable y detecta diferencias individuales sistemáticas en la captación auditiva de determinadas composiciones musicales. Se dice que un test posee validez predictiva, si se da una correlación muy alta con criterios externos; en el caso de una prueba que pretenda detectar a los buenos vendedores de electrodomésticos, las puntuaciones conseguidas en la prueba deben relacionarse con el número de electrodomésticos vendidos por unidad de tiempo. En cuanto a la validez predictiva, se trata del valor isomórfico del modelo en relación con el mundo real.b) Se habla de validez aparente cuando el contenidode los elementos que constituyen la prueba da la impresión, tanto al profesional como al sujeto que cumplimenta la prueba, de que está midiendo lo que pretende. Si bien no es cuestión de ningún requisito científico, la importancia de este tipo de validez estriba en que puede servir para lograr el grado de motivación necesaria para que el sujeto realice la prueba con interés.c) La validez factorial se limita a los t. p. construidos siguiendo esta metodología (v. ANÁLISIS FACTORIAL). Un test es factorialmente válido siempre que los elementos saturen significativamente con las unidades funcionales obtenidas, y que los porcentajes de varianza explicada por cada una de estas unidades funcionales aisladas alcance determinados valores.d) Un t. p. tiene validez cruzada cuando se han obtenido los mismos resultados con muestras distintas.e) La validez concurrente se logra correlacionando el t. p. a validar con otros ya validados y viendo las relaciones existentes.f) La validez de constructo se refiere a la coherencia de los resultados de un t. p., en muestras y situaciones distintas, con la teoría psicológica que sirve de base.6. Problemas y perspectivas. Los t. p. han estado sometidos, en los últimos años, a críticas de peso científico desigual, pero que son síntomas de la necesidad de depurar la metodología en su construcción, validación e interpretación. Entre los puntos críticos a considerar, siquiera brevemente, se encuentran el isomorfismo, la normatividad y el estatismo y lógica de los modelos utilizados.Por lo que se refiere al isomorfismo, en toda situación de test se supone que existe una correspondencia prácticamente perfecta entre la situación de prueba y la real, así como entre las respuestas que da el sujeto en el test y en su vida cotidiana. Este supuesto, en estrecha correlación con el problema de la validación, si bien fue fructífero en un determinado momento del desarrollo de la Psicología, resulta siempre ingenuo y alguna vez nefasto para la construcción de t. p., puesto que, por una parte, hace olvidar los problemas que lleva consigo la selección de unas conductas representativas y vitalmente importantes para el sujeto planteando situaciones banales, y, por otra parte, deja totalmente fuera de consideración la influencia que ejercen sobre la conducta los parámetros que definen una situación y que determinan tanta o más variabilidad comportamental que los rasgos aislados por los t. p. (Pelechano, o. c. en bibl.). A ello se añade la poca duración del tiempo de prueba.Un problema algo distinto se plantea con la normatividad. En el caso de los t. p., dijimos que se trata de normatividades frecuenciales. Un sujeto será inteligente o no, vaya por caso, con relación a un grupo de referencia. En cuanto a los tests de personalidad, la consideración de este punto lleva consigo el peligro de perder la individualidad y posibilidad de promoción de personalidades "des-personalizadas", en donde únicamente aquellos sujetos cuyas puntuaciones sean coherentes con las de su grupo de referencia sean los que se elijan para determinados puestos de trabajo. En cuanto a los tests de inteligencia, de la normatividad frecuencial se ha pasado a connotar los resultados con resonancias éticas, toda vez que, al parecer, los resultados de los tests de inteligencia convencionales reflejan modos de operar en estructuras cerradas, deductivas y, en muchos casos, en franca oposición a lo creador y novedoso, que es algo específico del progreso científico y social. Los tests de inteligencia son los más utilizados; el campo de la creatividad se encuentra, hoy en día, despegando lentamente desde las apreciaciones primarias del sentido común a un tratamiento más científico del problema. Sin embargo, no se debe perder nunca de vista que una hipervaloración de los t. p. puede conducir a una interpretación mecanicista del hombre, al intentar reducir a unos moldes la inmensa riqueza vital del espíritu humano.Lost. p.másavanzadosmetodológicamenteson los construidos siguiendo una metodología factorial. El modelo factorial postula relaciones lineales y aditivas entre las unidades funcionales aisladas y, a la vez, sigue la lógica del álgebra de matrices. Está por demostrar que las relaciones entre las unidades funcionales a nivel de análisis psicológico sean lineales, aditivas y sigan las leyes compositivas del álgebra de matrices. Por otra parte, los t. p. tratan, fundamentalmente, de obtener resultados, respuestas ante situaciones típicas. El estudio de los procesos, de la dinámica experimental, se les escapa. En último término cabría decir que los resultados en los t. p. al uso dan una idea sobre la estructura personal y rendimiento cognitivo de los sujetos ante unas situaciones normalizadas, que poseen cierto valor como medida económica en tiempo y esfuerzo para conocer a un sujeto, pero que todo lo que se refiere a procesos psicológicos en vivo, estrategias seguidas para la solución de los problemas y dinámica de la estructura personal se les escapa -al menos tal y como han sido aplicados hasta fechas muy recientes-. Esto no quiere decir que no existant. p.,los menos desgraciadamente, quese dediquen a estudiar estos puntos. En definitiva, los t. p. representan una de las vías más prometedoras dentro de la actual psicología.V. t.: ANÁLISIS FACTORIAL;INTELIGENCIA II;PSICOMETRÍA.V. PELECHANO BARBERÁ.
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