Teruel IV. Arte. ARTE
Categoria:
Arte
Es de interés el mudéjar (V. MUDÉJARES II; ARAGÓN VI) de la capital, que quedó como un islote, sin repercusión aparente en la provincia, exceptuando Montalbán, precedente de S. Pedro de Teruel. Lo típico turolense no es el barro, sino los entramados y grandes galerías, pisos volados y aleros salientes de la sierra (especialmente Albarracín, pintoresco en grado sumo), y la piedra en el Maestrazgo y la Tierra Baja. Las iglesias, de piedra, son de una sola nave con capillas, exceptuando algunas de tres naves: Orihuela del Tremedal (1772-76), Cantavieja (1664-1745) y Alcañiz (Carmelitas, 1695; la colegiata comenzada en 1736). Son importantes las iglesias de: Peñarroya de Tastavins, del s. XIII, con techo de madera, de lazo de octógonos; y Valderrobles, del s. XIV, por su gran portada, finas ventanas y enorme rosetón.Son numerosos los castillos y recintos fortificados de la provincia; merecen mención los de: Albarracín (parte musulmana), Mosqueruela (s. XIV), Iglesuela del Cid (portal de S. Pablo, s. XIV), y Cantavieja (s. XIII?), además de los castillos de Blancas (s. XIII; torre posterior), Mora de Rubielos (comenzado en 1198; galería de finas columnillas, sobre piso bajo de grandes arcos apuntados; patio y capilla de los s. XIV-XV), Alba (1357, muy arruinado), Belloca (1300), Valderrobles (comenzado en 1390) y Albalate del Arzobispo, de igual fecha que el anterior, ambos dentro de un gran recinto que rodea el palacio, de dos plantas; la baja con saeteras, la alta de finas tracerías en las ventanas y techo de madera sobre arcos. El castillo más importante es el de Alcañiz, con aspecto de gran palacio aragonés (s. XVIII), galería de ladrillo en alto y torres angulares. Al fondo, tras de puerta románica, hay un pequeño patio de arcos apuntados; sigue la torre, que tiene salas con techo de madera y ventanas con maineles; las pinturas presentan muy variada temática: la rueda de la fortuna, con un rey sentado al centro y cuatro en derredor; un trovador en un árbol, el zorro y el gallo, gremios y oficios; dos castillos sobre el mar; tres damas despidiendo a un jinete que parte; ejércitos cristianos y moros; paisaje de palmeras; campamentos, etcétera; quizá sea todo ello recuerdo de la conquista de Valencia, que partió de aquí. La torre se remata en ladrillo. Su piso inferior, cubierto con crucería primitiva, da paso a la capilla. La puerta es románica, y la iglesia tiene bóveda de cañón apuntado sobre arcos fajones, de finales del s. XII (pinturas muy borrosas; Anunciación, Huida a Egipto, etc.; tanto éstas como las anteriores son de los s. XIII al XIV).Abundan en la provincia los porches de arcos apuntados o circulares (excepcional el de Valderrobles, bajo el ayuntamiento herreriano). A pesar de los destrozos de la Guerra de 1936-39 son muchas las casonas y los municipios suntuosos. En Molinos, la casa del Moro tiene ventana con mainel y arquillos angrelados; en lo monumental, luce Alcañiz la bella Lonja, de tres arcos lobulados; encima, galería de arquillos sobre columnas, y elayuntamiento contiguo (clasicista, s. XVI), bien decorado, cubierto por un gran alero (la fachada lateral es de ladrillo).La catedral antigua de T. se la cita en el fuero de 1176 (v. II). La torre, sobre la calle, como todas las de T., está fechada en 1257, y es semejante a las de Daroca, de planta cuadrada; la portada es moderna. Fue de nave única y capillas, luego de tres naves; crucero y cabecera se añadieron en 1335. Los muros internos simulan azulejos y aparejos complicados (las claves decoradas por Domingo Peñaflor); la obra se ejecutó con dinero prestado por la judería. El cimborrio, copia del de la Seo, fue hecho por Miguel de Montalbán (1538). De 1700 a 1720 se construyó la girola rectangular. La restauración reciente dejó al descubierto el artesonado de la nave, por suerte poco dañado; asombra la profusión, no explicada, de menestrales, clérigos, monjas, labriegos, moros, caballeros, damas, artesanos, bestias y monstruos, y temas de guerra, caza y heráldica. Fue pintado en los primeros años del s. XIV, por Bernabé Alluvena, Pedro Guarín y Juan el Pintor. También en la capital, el monasterio de S. Francisco parece comenzado en 1391 y terminado en 1402, acaso por los maestros Vilbo y Rey. La muralla tuvo 40 torres; la que queda, importante, es de planta estrellada, único caso conocido, aparte la desaparecida de Zaragoza.Está en formación el museo de la capital (destrozado el anterior en la Guerra de 1936-39), con una buena serie de cerámica romana y turolense, procedente de alfar muy viejo, que no se ha interrumpido hasta hoy. La medieval más antigua (segunda mitad del s. XIII) es mudéjar, parecida a la valenciana de Paterna en técnica y temática, pero más tosca. Modernamente, ha sido mayor la influencia toledana. En la catedral de T. pueden admirarse el retablo de Gabriel de Joly, contratado en 1536, excepcional entre lo plateresco, sin policromar; gran reja de hierro en el coro, del maestro Cañamache (1486), dorada por Joan del Villar; tablas primitivas, sobre todo el retablo hispano-flamenco de la Coronación, terminado en 1474, de autor ignorado, seguidor de Bermejo; plata y ornamentos y arqueta de marfil, con representación de los pecados capitales y vírgenes prudentes y fatuas, del s. XV. En la catedral de Albarracín pueden admirarse: tapices de Bruselas, marca de Francisco Geubels (1534-71); portapaz rico y muy florentino (en el viejo inventario, atribuido a Cellini); y naveta de cristal de roca y decoración de oro esmaltado, quizá veneciana (s. xvi).F. IÑIGUEZ ALMECH.
BIBL.: S. SEBASTIÁN, Guía de Teruel, Barcelona 1959; J. GALIAY SORAÑANA, Arte mudéjar aragonés, Zaragoza 1951; A. NOVELLA MATEO, El artesonado de la catedral de Teruel, Teruel 1965; M. ALMAGRO y L. M. LLUBIÁ, La cerámica de Teruel, Madrid 1962.
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