Tertuliano
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Biografía GER
Vida. Quinto Septimio Florencio Tertuliano, apologeta y escritor latino de primera línea, n. en Cartago, ca. el año 160. Recibió una esmerada formación retórica; era un maestro de la lengua latina y conocía suficientemente la griega. Sus escritos manifiestan una profunda formación jurídica, siendo citado como cultivador del Derecho. En Roma, donde ejerció durante largo tiempo como abogado, llevó al principio una vida un tanto licenciosa. Alrededor del a. 193 se convirtió al cristianismo y se volvió a su ciudad natal, donde desarrolló, como maestro al servicio de la Iglesia, una intensa actividad literaria (V. APOLOGÉTICA II, l). El motivo de su conversión puede entreverse, quizá, a través de su famosa frase "la sangre (el martirio) es semilla de cristianos" (Apol. 50): el ejemplo de los mártires debió, tal vez, ganar a T. para la causa cristiana; un hombre tan pasional como él no podía ser convencido por argumentos, sino, más bien, doblegado por hechos. La afirmación de S. Jerónimo (De viris illustr. 53) de que fue presbítero parece improbable.En el a. 207, lo más tarde, se separó de la Iglesia y pasó a la secta de los montanistas (v. MONTANO), que, por aquel entonces, iba ganando terreno también en África. En opinión de S. Jerónimo, fueron las injurias del clero romano las que motivaron tal separación; sin embargo, parece que la razón fundamental de la ruptura con la Iglesia hay que buscarla en el temperamento brusco de T., muy inclinado al rigorismo. Llegó a ser el representante más conspicuo de aquella secta, pero no pudo implantar sus exigencias extremas e insostenibles en una comunidad tan numerosa y se convirtió así, en poco tiempo, en cabeza de una minoría específica y extrema. A finales del s. IV existía aún en Cartago un pequeño núcleo de estos "tertulianos", que S. Agustín fácilmente pudo unir a la Iglesia. Murió, al parecer, en Cartago después del a. 220, de edad avanzada.Obras. T. es, entre todos los escritores latinos, uno de los más originales, y antes de S. Agustín, uno de los más fecundos. Sus escritos se caracterizan por un entusiasmo religioso que raya con el fanatismo, una inteligencia sutil, una retórica brillante, más efectista que convincente, una prontitud en la réplica y una formación polifacética. En total han llegado hasta nosotros 31 escritos. Se han perdido pocos. Sin embargo, la transcripción de sus textos ha sido muy deficiente. De algunos escritos (De pud., De ieium.) se han perdido los códices, basados en los cuales aparecieron las ediciones más antiguas. De otros escritos poseemos solamente el Códice Abogardino, procedente de Abogardo, arzobispo de Lyon. Solamente el Apologeticum ha sido transmitido por múltiples códices.Cronológicamente, los escritos pueden ordenarse con bastante seguridad, en función del periodo católico y montanista. El remitir frecuentemente a escritos anteriores y la crítica interna nos permite constatar, en su gran mayoría, la sucesión cronológica de los escritos.A. PERIODO CATÓLICO (ca. 195-205).a) Escritos apologéticos: 1. Ad nationes (A los paganos), 2 vol. Defensa del cristianismo frente a las impugnaciones paganas y ataque contra la degeneración del paganismo. Este escrito es, al mismo tiempo, como un esbozo de la obra subsiguiente, más explícita. 2. Apologeticum (o, según S. Jerónimo, Apologeticus). Escrito apologético dirigido a los gobernadores de provincias. En él se rechazan, ante todo, las inculpaciones políticas contra los cristianos y se muestra la base jurídica injusta de las persecuciones. A la vez se afirma que la crueldad de la persecución (v.) no es capaz de impedir la difusión de la Iglesia: "Nos hacemos más numerosos cada vez que nos cosecháis: semilla es la sangre de los cristianos" (50). El texto del Apologeticum es controvertible, ya que su versión es doble y no idéntica. Según una opinión, fue el mismo T. quien retocó la obra y la publicó de nuevo. Según otra, ambas versiones -como lo demuestra la existencia de faltas comunes- remiten a un mismo arquetipo, que pronto se dividió en dos ramas por las correcciones de los copistas. 3. De testimonio animae. En él comenta T. la frase del Apologeticum 17: "¡Oh noble testimonio del alma naturalmente cristiana!" Todos los hombres, incluso los paganos, a través de múltiples exclamaciones espontáneas, muestran en lo más profundo de su alma que creen en la unidad de Dios, en la existencia ultramundana del alma y en la existencia de espíritus malignos. 4. Adversus Judeos. Escrito fragmentario polémico, cuya segunda parte (cap. 9 al 14) fue retocada posteriormente según el tercer libro Adv. Marcionem. Enseña que la ley de la Antigua Alianza fue válida hasta la venida de Jesús, quien fue anunciado por los profetas como Mesías y nuevo legislador.b) Escritos dogmático-polémicos: 5. De praescriptione haereticorum (La prescripción de los herejes). Recusa a los herejes el derecho de apoyarse en la S. E. para ir en contra de la Iglesia: Cristo encomendó solamente a los Apóstoles predicar su evangelio; los Apóstoles, por su parte, solamente confiaron su doctrina a las comunidades fundadas por ellos. Con esto se demuestra una mayor antigüedad de las comunidades apostólicas y, al mismo tiempo, su legitimidad frente a todas las herejías. Con esta constatación, en cuanto brotaron en un tiempo posterior, son rechazadas las herejías. Solamente es auténtica aquella doctrina que está en armonía con la doctrina de las comunidades apostólicas, ya que éstas han recibido su doctrina directamente de los Apóstoles, y éstos, a su vez, de Cristo, y Cristo de Dios. 6. Adversus Hermogenem: defensa de la doctrina cristiana de la creación frente al gnóstico Hermógenes de Cartago.c) Escritos ascético-prácticos: 7. Ad Martyres: obra de aliento dirigida a los cristianos en prisión. 8. De Oratione: da normas sobre la oración a los catecúmenos y comenta el Padrenuestro. 9. De spectaculis; critica duramente la asistencia a los espectáculos inmorales de los paganos. 10. De cultu feminarum. Sobre el vestido de las mujeres. 11. De Baptismo. Expone la doctrina cristiana sobre el bautismo, su necesidad y sus efectos; el bautismo de los herejes es inválido. 12. De patientia. 13. De paenitencia. 14. Ad uxorem: dos libros dirigidos a su mujer, donde advierte a ésta que en caso de quemuera él ha de permanecer viuda o casarse con un cristiano.B. PERIODO MONTANISTA (ca. 205-220).a) Obras apologéticas: 15. Ad Scapulam. Carta abierta a Escápula, procónsul en África y cruel perseguidor de los cristianos, a quien amenaza con el inminente castigo de Dios, bajo la alusión a un eclipse de sol.b) Escritos dogmático-polémicos: 16. Adversus Marcionem. Consta de cinco libros. Es la fuente principal para conocer los hechos y la doctrina de Marción (v.). Tertuliano dio a esta obra una triple exposición, aunque solamente ha llegado hasta nosotros la última y más amplia versión. Los libros primero y segundo intentan demostrar que el Creador del mundo no puede ser distinto del Dios bueno que ha revelado Jesús. El libro tercero demuestra que Cristo, manifestado en la carne, era el Mesías anunciado en la Antigua Alianza y no un Eón superior con un cuerpo aparente. En los libros cuarto y quinto critica el nuevo testamento hecho por Marción y muestra que no existe ninguna contradicción entre el A. y N. T. 17. Adversus Valentinianos. Contra del gnóstico Valentín (v.) y sus partidarios; se apoya, claramente, en el libro de S. Ireneo Adv. Haerases. 18. Adversus Praxeam. Es quizá la exposición más clara en su época de la doctrina trinitaria de la Iglesia y va dirigida contra el patripasiano Práxeas. En el cap. 3 aparece por primera vez la palabra "trinitas". 19. Scorpiace. Medicina contra la picadura del escorpión de la doctrina errónea de los gnósticos; defiende la dimensión ética del martirio. 20. De carne Christi. Rechaza el docetismo de los gnósticos; en el cap. 9 afirma T. que el rostro de Cristo era feo. 21. De carvis Resurrectione. Propugna la resurrección de la carne contra los gnósticos. 22. De Anima. Una de las obras más amplias, se aproxima a la que escribe contra Marción. No es un tratado sistemático, sino más bien polémico, donde impugna las doctrinas erróneas, tanto filosóficas como gnósticas, sobre el alma. Se funda insistentemente en autores no cristianos, especialmente en el médico Sorano de Éfeso.c) Escritos ascético-prácticos: 23. De Exhortatione castitatis. Exhorta a un amigo que ha perdido la esposa a no contraer nuevas nupcias, a las que considera como "una forma de lascivia". 24. De monogamia. Impugnación clara de todo segundo matrimonio, que es considerado como lascivia. 25. De virginibus velandis. Exige la velación de todas las vírgenes, no solamente en la iglesia, sino también en público. 26. De Corona. Contra la condecoración de los soldados y el servicio en la guerra, incompatible con la fe cristiana. 27. De idolatria. Exige una repulsa absoluta de todo culto a los ídolos y de todas las profesiones que le fomentan de alguna manera, p. ej., artista, maestro, empleado estatal o militar. 28. De fuga in persecutione. Afirma que la huida en la persecución va contra la voluntad de Dios. 29. Pudicitia. En contraposición al escrito de la época católica De Paenitentia, deniega a la Iglesia el poder para perdonar los pecados. El poder no lo posee "la iglesia episcopal" organizada legítimamente, sino solamente los "homines spirituales", es decir, "los apóstoles y los profetas". 30. De ieiunio adversus psychicos. Defensa de la práctica del ayuno de los montanistas, impugnando el laxismo de los psíquicos, o sea, de los católicos. Es muy importante para la historia de la práctica del ayuno. 31. De pallio. Un breve escrito de defensa donde T. se justifica ante sus conciudadanos el haber cambiado la toga por la capa de los filósofos. El motivo fue una sátira de Varrón.Otros escritos de T. se han perdido, entre ellos los siete libros De ecstasi (defensa de los discursos extáticos de los montanistas). El índice de los libros perdidos se encuentra en Corpus Christianorum, series latina, 1, V-VI. Son conocidos fragmentos de algunas obras perdidas, p. ej., De fato y Adversus Apelleiacos. No auténticas son las siguientes obras: Adversus omnes haereses, De exsecrandis gentium diis y el Carmen adversus Marcionitas. Pudiera ser que fuese T. el redactor de la Passio SS. Perpetuae et Felicitatis. Tres obras latinas, que han llegado hasta nosotros, fueron publicadas, como lo atestigua el mismo T., en versión griega: De spectaculis, De baptismo, De virginibus velandis. Sin embargo, se han perdido estos textos griegos. Probablemente también fue traducido al griego De ecstasi.Valoración y juicio crítico. Los escritos de T. son una fuente abundante para el conocimiento del cristianismo de la segunda mitad del s. II y principios del iii y de la polémica de la religión cristiana universal con el medio ambiente religioso y la cultura del imperio romano. Ciertamente T. no es siempre un testigo de fiar, ya que después de su ruptura con la Iglesia, la atacó tan intensamente como antes la había defendido; sin embargo, nos ofrece un amplio arsenal de datos, elementos de la praxis cristiana y de teología viva, que sin él no conoceríamos. Casi todos sus escritos son polémicos, en los que, con todos los medios retóricos, intenta ridiculizar a sus adversarios y demolerlos. Es un intelectual pasional y, sin embargo, al mismo tiempo, auténtico pensador, a quien, con todo, permanece cerrado el horizonte de lo metafísico y de lo ascético. Con respecto a la filosofía se manifiesta escéptico, aunque apunta que los filósofos paganos hallaron un cierto núcleo de verdad. En muchos puntos fundamentales se le ve, con todo, influido por la filosofía popular estoica.Según sus presupuestos filosóficos estoicos, afirma que todo lo existente es "corpus", por cierto "corpus su¡ generis" (De Carne Christi, II). Por eso Dios es también "corpus", "etsi spiritus est", aunque es espíritu (Adv. Prax. 7). Acaso signifique aquí "corpus" solamente sustancia, de modo que T. intente designar a Dios como sustancia. Por otra parte, atribuye al alma, sustancia espiritual, propiedades corporales (De anima, 7-9).Trinidad. La doctrina trinitaria es expuesta con gran claridad en su obra Adv. Praxeam. Partiendo de la S. E., que designa al Padre, Hijo y al Espíritu Santo, como otro" respectivamente, T. distingue, por primera vez, las distintas "personas" y la unidad de "sustancia" en Dios (Adv. Prax., 2: "tres unius substantiae et unius status et unius potestatis", tres de una sustancia, y de un estado y de una potestad). Introduce el término jurídico de "persona" en las controversias trinitarias para poder distinguir mejor los tres titulares divinos de la unidad sustancial. A pesar de sus aciertos, su doctrina trinitaria no carece de fallos. Todavía no analiza ni la esencia, ni la constitución de la persona. La unidad en Dios es basada en las relaciones procesionales. El Padre es cabeza y origen de la monarquía divina y tiene la plenitud de la divinidad. El Hijo y el Espíritu Santo tienen solamente una parte (portio) de ella. En cuanto al grado (gradu) en la monarquía divina, es el Padre primus, el Hijo secundus y el Espíritu tertius. En T. se encuentra por primera vez la palabra "trinitas". El Hijo es engendrado por el Padre con el fin de la creación del mundo, con lo que se inclina a un cierto subordinacionismo (v.). T. lo explica recurriendo a la diferenciación estoica entre palabra interna (pensada) y externa (expresada). El Hijoprocede del Padre, de la misma forma que el rayo luminoso del sol o el retoño de la raíz.En la Cristología el pensamiento de T. es nítido con respecto a la constitución del Hombre-Dios, acentuando la duplicidad de naturalezas en la persona de Cristo: "Vemos claramente la doble condición que no se confunde, sino que se une en una sola persona: Jesús, Dios y hombre... permanece la propiedad de una y otra naturaleza... las dos sustancias obraban distintamente" (Adv. Prax. 27). En los milagros de Cristo ve T., como Mileto de Sardes, signos de su auténtica Divinidad; y en los afectos y en los sufrimientos, señales de su verdadera humanidad (V. ENCARNACIÓN DEL VERBO II, 7).Su doctrina sobre la Iglesia experimenta un cambio en el decurso del tiempo. Si en principio se apoya, frente a los herejes, en la regula f idei, recibida por la Iglesia a través de los Apóstoles de Cristo y así de Dios, después, como montanista, se fundamenta preferentemente en el Espíritu Santo. T. se separa de la Iglesia como institución jerárquica y acentúa con toda intensidad su carácter pneumático ("Ubi tres, ecclesia est, licet laici", donde hay tres, aunque sean laicos, allí está la Iglesia: Exh. casi. 7,3; V. ECLESIOLOGÍA 1, 2; PRIMADO DE S. PEDRO II, 3A).Con respecto a la doctrina penitencial, T. es testigo, tanto en la época católica como en la montanista, de la práctica de la penitencia eclesiástica que se hacía una vez y no se repetía (v. PENITENCIA II, 4). Como montanista tiende a una posición rigorista. Distingue entre peccata remissibilia y peccata irremissibilia, limitando la penitencia eclesiástica a lo$ peccata leviora. Los pecados imperdonables son, ante todo, tres: adulterio, homicidio y apostasía. El poder de perdonar los pecados, sostiene además -ya montanista-, no pertenece al cargo episcopal, sino solamente al "hombre espiritual", que es instrumento del Espíritu Santo (De pud. 21). Sobre su doctrina eucarística, v. EUCARISTÍA II, A3.Desde el punto de vista literario tiene gran importancia: es el primer escritor latino que ha expuesto ampliamente la doctrina cristiana. A veces se ha querido ver en él el fundador de la lengua latina de la Iglesia. Aunque esta apreciación es exagerada, hay que reconocer que sus escritos, después de la Vetus Latina (V. BIBLIA VI, 3) y la Vulgata, han repercutido formalmente en el latín cristiano de múltiples áreas. T. ha tomado muchas expresiones del latín de su época -y en especial de los lenguajes jurídico y militar- y las ha acuñado en un sentido eclesial y teológico. Con gran libertad ha creado también nuevos términos. Su estilo se caracteriza por expresivas frases hechas y por paráfrasis universalmente reconocidas como gráficas; es lacónico y categórico, frecuentemente oscuro y a veces recortado en sugerencias. "Él es, sin duda ninguna, el autor más difícil de la lengua latina" (E. Norden). La influencia de T. en los escritores latinos posteriores y en los teólogos es importante. S. Cipriano solía leer diariamente en las obras de T. y le llamaba su "magister", aunque nunca menciona ni su nombre ni el de ninguno de los escritores cristianos del s. III. El primero que se acuerda de él es Lactancio y después S. Jerónimo, quien destaca su sutileza de conceptos, aunque luego le censure como herético. Posteriormente T. no fue leído, o al menos no fue nombrado, bien sea por su difícil lenguaje o, más bien, por su alistamiento en las filas del montanismo.V. t.: PADRES DE LA IGLESIA III.JOSEF FRICKEL.
BIBL.: Ediciones: PL 1-2; F. OEHLER, Tertulliani opera omnia, 3 vol., Leipzig 1851-54; ed. minor 1854; CSEL 20, 47, 69, 70TERTULIANO - TERUEL 1y 76; Corpus Chistianorum, Ser. lat. 1-2 (bibl.: 1,X-XXV); hay también numerosas ed. críticas particulares, algunas con traducción.
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