Terborch (ter Borch), Gerard
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Biografía GER
En la pintura de T. es donde más puramente se cristaliza el intimismo holandés. N. este artista en dic. 1617, al norte de Holanda, en Zwolle, pequeña ciudad de la provincia de Güeldres. Su afición hacia la pintura comienza en la niñez, ya que su padre era, además de recaudador de contribuciones, un buen cultivador del dibujo a plumilla. Pero es en Amsterdam y en Haarlem donde su formación se completa, estudiando la obra de Rembrandt y Frans Hals, aunque sus maestros directos no lleguen a estas alturas, ya que en 1634 se halla en esta segunda ciudad, en el taller del paisajista Pieter Molyn.Ávido de conocimientos, al siguiente año comienza un largo viaje, que dura dos lustros, y en el que recorre Inglaterra, Francia, Italia y España. Se pone en contacto con las altas clases sociales y dirigentes de las naciones visitadas, lo que da un gusto aristocrático a su pintura; sin embargo, su personalidad se mantiene intacta. Esta confluencia entre su formación burguesa y su elevadaeducación hace que sea el pintor holandés que capte con el mayor rigor posible la elegancia de la vida íntima de las clases superiores de su país, y retrate no sólo a personajes holandeses, sino de otras nacionalidades, matizándolos con una leve melancolía. Así, en 1648 firma uno de los retratos colectivos más importantes y originales de la pintura holandesa: La prestación del juramento en la paz de Westfalia; realiza esta pequeña obra maestra gracias a que llevaba viviendo dos años en Münster, ciudad donde se gestiona la concordia, y en la que conoce a los protagonistas de este acontecimiento histórico; a pesar del pequeño tamaño de sus cabezas, cada personaje está perfectamente individualizado, y, a su vez, todos unidos forman un grupo compacto y denso en el que no queda ajeno el misterio.Mientras se establece el tratado entabla amistad con el principal compromisario español, el duque de Peñaranda, al que hace, lo mismo que a su esposa, su microretrato. Posiblemente esta amistad es lo que le lleva a visitar la península Ibérica; así, en Madrid pinta un perdido retrato de Felipe IV, y toma contacto con Velázquez, quien presta a los retratos de T. sus tonos plateados y la severa prestancia, como en el citado de Peñaranda. Es posible que ejecutara entonces una Procesión (Museo Boymans, Rotterdam), que antecede por su sentido lúgubre a las de Goya. En España sólo se conserva un cuadro suyo, en el que se representa un Interior holandés (Alcázar de Sevilla).A su regreso a Holanda comienza el desarrollo fulgurante de la gran pintura de T., donde la concepción del espacio y el tratamiento del color se acrisolan y armonizan en serena perfección, sólo superado en este género por Vermeer (v.). Sus figuras, como en el eximio pintor sevillano, surgen serias, graves y estáticas; así, si se pudiera adelantar la fecha hasta 1645, la pequeña y entristecida hija de un pastor protestante, Helena van der Schalke (Rijksmuseum), podríamos considerarla como una versión diminuta de las infantas de Velázquez (v.).Sus conocimientos dibujísticos y la práctica continuada del retrato agudizan su potente instinto de observación, haciendo posible la creación de sus cuadros de género más excelsos. En ellos se charla amigablemente, quedamente se escucha la música, y en ocasiones una dama melancólica y bien vestida no sólo escribe una carta (Mauritshuis, La Haya) o se limita a labores domésticas, como la que, contemplada por un niño tocado con lujoso sombrero, minuciosamente monda frutas (Kunsthistorische Museum). En algún caso da rienda suelta al buen humor, especialmente en escenas militares, pues, como hacen sus compañeros de Holanda, representa el "descanso del soldado" con cierta dosis de picardía, aunque aquí suavizada por la elegancia natural y la hipersensibilidad llena de melancolía de T. (Rijkmuseum y Louvre).Su estilo marca un hito en la pintura holandesa, que discípulos y seguidores intentaron continuar. Destacan entre los primeros Caspar Netscher (1639-84); Gabriel Metsu (v.) y Nicolas Maes (1634-93) junto a los segundos. No obstante, ninguno de ellos consigue captar el ambiente sutil y misterioso, ni las calidades táctiles de los ropajes, ni las penetraciones psicológicas que dimanan de las pequeñas, mas inmensas, creaciones de T., quien m. en Deventer en 1681.JOSÉ ROGELLO BUENDÍA.
BIBL.: G. BAZIN, Les grands maitres hollandais, París 1950.
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