Tepozotlán GEOG.
Categoria:
Geografía
La historia de T., ciudad del Estado de México, situada a 2.310 m. de altitud, en la cordillera Neovolcánica, repite la de tantas otras ciudades mexicanas que inician su trayectoria en el s. XVI, decaen en la centuria siguiente y experimentan un desarrollo importante durante el s. XVIII. De los primeros tiempos, el convento es un ejemplo característico de iglesia conventual mexicana; su claustro con almenas repite el tipo de construcción conventual en la que el edificio cumple una doble función religiosa y defensiva. En algunas obras de ese momento y principio del s. XVII se muestra la transformación de los estilos cultos en formas simples, de cuño indígena. Así, p. ej., el relieve de la iglesia de T. representando a la Virgen entre S. Catalina de Siena y S. Domingo evidencia la traducción a un estilo local de soluciones en las que se aprecian goticismos. La técnica es elemental, con escaso relieve y sin sentido del modelado, que resulta plano.Del primer cuarto del s. XVII es, al parecer, la estatua sepulcral de Pedro Ruiz de Ahumada, en el colegio de los jesuitas. La vestimenta del personaje acredita la cronología citada. El interés de esta escultura ’de orante arrodillado, en madera policromada, reside en que es una de las más antiguas de este tipo que se conservan en México. Entonces se impone el estilo de la escultura de finales del s. XVI español. Los grupos de Felipe II y Carlos I en El Escorial o el de Guzmán el Bueno de Montañés en S. Isidoro del Campo, como señala Angulo, son precedentes de este tipo de escultura. EI ejemplo de T. pone de manifiesto el cultivo de un género con escasos precedentes en México y de extraordinario interés.Durante el s. XVII son varias las obras de interés que se producen. La iglesia de S. Martín de T. presenta algunas partes de esa época, aunque lo más notable desde el punto de vista artístico es su fachada, de los primeros años del último tercio del s. XVIII. Se trata de un ejemplo de la vitalidad y expansión del estilo de la ciudad de México que se ha querido relacionar, aunque sin mucho fundamento, con la estancia en T. de Lorenzo Rodríguez (v.) algunos años antes. Más bien se trata de un ejemplo del arraigo y difusión del estilo de este artista por todo México, al tiempo que se nos muestra como una de las soluciones extremas de este tipo de portadas. Consta de tres cuerpos y tres calles, la central más ancha y las laterales reducidas a simples intercolumnios, que sólo permiten la abertura de nichos paraalbergar esculturas. La calle central tiene la clásica claraboya mexicana, y el cuerpo superior se remata a modo de un festón mixtilíneo de gran efecto barroco. Lo dinámico y el barroquismo de su trazado se atemperan por la moderación con que se ha aplicado la decoración, de escaso relieve y, por ello, privada de los contrastes de luz y sombra, propios del estilo de Rodríguez.Si la portada es un ejemplo de la expansión del barroco de la ciudad del s. XVIII, el interior responde a una concepción seiscentista de gran simplicidad, que contrasta con el énfasis decorativo de la fachada o los elementos de decoración de algunos de sus muros con soluciones ornamentales mudéjares. En este sentido, hay que hacer referencia a la capilla de Loreto, en S. Martín de T., de finales del s. XVIl, en la que el testero se cubre con una bóveda de tipo califal cordobés de arcos cruzados. El origen de esta solución es hispanomusulmán; ahora bien, en el s. XVII fue usada por el arquitecto Guarino Guarini, estableciendo una adaptación barroca de este elemento que volvemos a encontrar en el monumento que nos ocupa. Una vez más, sin que llegue a formularse una auténtica escuela artística en la ciudad, se produce una obra señera y, en muchos aspectos, única en el panorama artístico mexicano (v. MÉXICO VIII).VÍCTOR NIETO.
BIBL.: D. ANGULO IÑIGUEZ, Historia del Arte hispanoamericano, I y II, Bacelona 1950-56; E. MARCO DORTA, Arte hispanoamericano, en Ars, 1953.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.