Teodosio I el Grande
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Biografía GER
Flavius Theodosius, emperador romano, n. en Cauca, hoy Coca (Segovia) el 11 en. 347 (según algunas fuentes habría nacido el 330 ó el 335). M. en Milán el 17 en. 395. Los antecedentes de su familia son poco conocidos, aunque se sabe que era hijo del distinguido general Teodosio, llamado generalmente el Viejo para diferenciarlo de su hijo, y que pertenecía a una familia cristiana, posiblemente influyente. El ambiente familiar es sin duda el de los propietarios latifundistas de la Meseta. Se ignora el nombre de la madre, pero su tío Eucherius ocupó cargos notables tras su elección para el trono imperial.Fue exclusivamente militar; se inició a las órdenes de su padre en la campaña de Britania. Fue nombrado después dux de Moesia, donde se distinguió (a. 374) luchando contra los sármatas. Poco después, como consecuencia de la ejecución de su padre, se retiró a sus propiedades en España, en donde casó ca. el a. 376 con Aelia Flaccilla. El a. 378 d. C. fue llamado por el emperador Graciano. T. pretendía descender de Trajano (v.), lo cual es improbable. Algunos autores hablan de semejanza física, pero, al contrario de Trajano, T. era rubio, distinguido y como única coincidencia con aquél tenía nariz aguileña. Los retratos de T. que han llegado hasta nosotros no abonan esta pretendida semejanza. La elección de T. como emperador, de carácter enigmático, puesto que le eligió como colega quien pocos años antes había ordenado la ejecución de su padre, fue resultado de un acuerdo entre senadores y cortesanos de origen hispano o galo. De su carácter se destaca su desconfianza y veleidad, su ironía y sarcasmo. Dado su temperamento violento, seguían a sus excesos de crueldad otros de arrepentimiento. Aunque de escasa salud, sorportaba a gusto la vida de campaña, pese a sus escasas dotes tácticas y estratégicas, y gustaba de ser popular entre los soldados y cuantos solicitaban de él favores. Amaba al mismo tiempo la vida muelle y suntuosa. Tenía un alto concepto de sus deberes como príncipe y como cristiano, aunque era fácilmente influenciable y propenso tanto a la represión exagerada como a la indulgencia injustificada.Una vez elegido emperador se trasladó a Sirmio. De allí, en compañía de Graciano, se dirigió al frente para intentar alguna operación contra los godos. Obtenido algún éxito ambos augustos se separaron y T. estableció su residencia en Tesalónica. Tras pactar con un tránsfuga, Modares, consiguió la retirada de los godos. Este primer episodio anuncia ya la política pactista que T. llevaría a cabo durante su reinado. Ante las necesidades del ejército romano intentó establecer un reclutamiento intensivo, acompañado de la aceptación de federados godos que fueron trasladados al frente persa en sustitución de las unidades romanas. Al mismo tiempo promulgó severas leyes para resolver el problema de quienes rehuían el servicio de armas y reducir el personal de las oficinas militares. No permaneció inactivo frente a las expediciones bárbaras en los Balcanes durante el a. 380, y este periodo fue acompañado de una gran actividad legislativa sobre temas religiosos u organización burocrática.Tras solicitar refuerzos de Graciano regresó a Tesalónica, donde cayó gravemente enfermo. Fue en el curso de esta dolencia cuando recibió el bautismo, según la costumbre de la época que dilataba, entre cristianos, la recepción de este sacramento. Recuperado, decidió trasladarse a Constantinopla y establecer allí su capital.Aprovechando la discordia entre los godos consiguió la paz, estableciéndolos como federados en territorio romano al sur del Danubio. Por el mismo tiempo, Graciano acordó una paz análoga con los godos de Panonia. En adelante, soldados romanos y godos debían contribuir a la defensa del frente danubiano.Contento con esta paz, que disgustó al mundo romano, T. multiplicó su actividad legislativa y amplió el escalafón burocrático. Estableció leyes suntuarias y protocolos y se preocupó de la moral privada en una curiosa amalgama de severidad y sentimentalismo. Su política religiosa fue de apoyo decidido al cristianismo, que fue declarada religión oficial.El asesinato de Graciano a manos del general Máximo, y la proclamación de éste, lejano pariente de T., como emperador en Occidente, tuvo como primera consecuencia que T. proclamara augusto a su hijo Arcadio. La política de T. a partir de aquel momento debía orientarse a la protección de los derechos imperiales de Valentiniano Il, menor de edad y protegido de S. Ambrosio. Con su prudencia habitual, T. no se precipitó en iniciar la guerra y prefirió dilatarse en embajadas. El a. 384 nació Honorio, al año siguiente murieron la emperatriz y su hija Pulqueria. Durante este periodo la actividad legislativa aumentó, intentando resolver con el aumento de las penas los abusos siempre crecientes de los gobernadores, la crisis económica de las ciudades, el incremento del número de los delatores o el matrimonio entre consanguíneos. Al mismo tiempo, la presión fiscal se acentuó paralelamente al aumento de los gastos de la corte. Los desórdenes y los motines se acentuaron. La represión fue severa y, tras ella, profundo el pesar de T. Con la habitual política pactista se solucionó momentáneamente el problema persa. A ello hay que añadir algunos pequeños triunfos sobre los godos, resultado de la decisión de los generales más que de la voluntad de Teodosio.El problema de Máximo continuaba en pie, mientras Valentiniano t l seguía aguardando en Constantinopla el momento de su regreso a Milán, y sólo la ocupación de Panonia por las tropas de Máximo decidió a T. a emprender la campaña (verano del 388). Ésta fue de una facilidad tal que sorprendió en Constantinopla. T. se estableció en Milán y Valentiniano lI marchó a las Galias para hacerse cargo de sus estados. Una de las primeras medidas de T. fue abrogar las leyes de Valentiniano II a favor de los arrianos. El a. 389 celebró T. su triunfo en Roma y, como concesión a las circunstancias ambientales, confirió notables distinciones a los miembros más destacados de la reacción pagana.Durante este periodo continuó la actividad legisladora de T., ocupándose de los temas más diversos según le dictaba su afán detallista. Como en etapas anteriores, los sectores beneficiados fueron la jerarquía eclesiástica y los grandes propietarios rurales. La revuelta de Tesalónica (a. 390), duramente reprimida, dio lugar a una intervención de S. Ambrosio. En Constantinopla, donde permanecía Arcadio como augusto, se sumaron a los problemas de gobierno la discordia en la familia imperial, singularmente el desacuerdo entre el joven emperador y su madrastra Gala. Sólo el regreso de T. el 391 calmó un tanto los ánimos. Por el camino emprendió una campaña, poco brillante, contra los godos que ocupaban Tracia. Una vez más el escaso talento militar del emperador fue compensado por las dotes de sus generales. Fue asimismo en este momento cuando sealzó la estrella de otro militar, el vándalo Estilicón (v.), que debía jugar un papel importante en años sucesivos. Después tuvo lugar el asesinato de Valentiniano II en las Galias y la proclamación de un usurpador, Eugenio.Emperador único y sin reconocer la alianza que le ofrecía Eugenio, T. designó augusto a Honorio en en. del 393 d. C. La lucha adoptó el carácter de una "guerra de religión", en la que las leyes de tolerancia de Eugenio, señor de Italia, recibían la respuesta de las constituciones antipaganas y antiheréticas de Teodosio. Sólo el 394, debido a las presiones de Gala, T. decidió acompañar la actividad legislativa de medidas militares. Eugenio decidió defender las fronteras de Italia en los Alpes Julianos. La lucha fue durísima. El ejército romano de Occidente fue aniquilado y el de Oriente sufrió pérdidas muy graves (batalla de Rapidum, 5-6 de sept. del 394), hasta el extremo que, no injustificadamente, se ha visto en estas pérdidas la causa de la insuficiencia militar del ejército romano frente a las grandes invasiones bárbaras del s. V d. C.La victoria dio lugar a un nuevo conflicto entre S. Ambrosio y T., pues en Roma éste y sus altos funcionarios acentuaron las medidas contra los paganos. No puede hoy precisarse hasta qué extremo intervino en ello la fe y hasta cuál la represalia frente a la política de Eugenio y la adhesión de los paganos a la misma. La campaña del 394 afectó gravemente la salud de T., siempre mediana, que enfermó en Milán. Las fuentes hablan de hidropesía, lo cual no es una enfermedad, sino un síntoma. M. el 17 en. 395 d. C. En su testamento confirmó a Arcadio en sus antiguas provincias de Oriente y al joven Honorio en las de Occidente. En funciones de virrey quedaba el fiel Estilicón, sin duda el más fiel intérprete de su política.La actividad legislativa de T. es tan abundante como ocasional. Atendió más a los detalles que a las grandes líneas. Dadas las características de su reinado, benefició más a Oriente, singularmente a Constantinopla, que a Occidente. Fue fiel intérprete de los intereses de su clase, los grandes propietarios, a quienes benefició con sus leyes. Careció de dotes administrativas, singularmente financieras, aumentando innecesariamente los gastos de corte y los escalafones. Quizá sean injustas las críticas a su política de ampliación de las fuerzas armadas; no fue el único soberano de su tiempo que no supo evitar o atenuar los roces entre ejército y administración. Su concepto de la "monarquía carismática" no le ayudó a cumplir sus deberes, pero todo juicio debe tener en cuenta las circunstancias de su vida y las corrientes de pensamiento dominantes. Es difícil juzgar hasta qué punto supo, o no supo, conjugar su fe como cristiano y sus deberes como emperador. Las fuentes sobre su reinado no son escasas, pero sí parciales y excesivamente incisivas en aspectos que reflejan más al hombre que al soberano. Por ello su política frente a los bárbaros se ha presentado, probablemente con común exageración, tanto como signo de debilidad como reflejo de una política superior de integración de los bárbaros en el mundo romano.V. t.: ROMANO, IMPERIO.ALBERTO BALIL.
BIBL.: A. PIGANIOL, Vempire chrétien, París 1947; A. H. M. lONES, The Later Roman Empire, I, Oxford 1964; R. REMONDON, La crisis del Imperio Romano, Barcelona 1967; E. DEMOUGEOT, De l’unité á la division de l’Empire Romain, París 1951. No existe un estudio biográfico moderno y monográfico sobre el reinado de Teodosio.
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