Tecnocracia POLÍTICA
Categoria:
Política
Concepto. Se conoce con este nombre al régimen político en el cual el gobierno es ejercido de hecho y está confiado a los técnicos. Hacia 1920 hubo en Estados Unidos un movimiento que tomó ese nombre y que dirigía Howard Scott, quien afirmaba que, como en el mundo actual los principales creadores de riqueza y los que dan dirección y movimiento al vivir social son los expertos en ciencias de la Naturaleza, es decir, los técnicos en sentido riguroso, a ellos debía encomendarse el mando de las sociedades. Este movimiento no tuvo difusión y se olvidó pronto.Ha sido más tarde, a partir sobre todo de la II Guerra mundial, cuando el apogeo de los técnicos ha adquirido caracteres de problema real, susceptibles de des pertar el interés de los hombres que viven en sociedad y de los sociólogos. El sociólogo italiano Sabino S. Acquaviva sostiene que es sobre todo con la automatización como parece apuntarse el apogeo de los técnicos, que aumentan constantemente en número y en importancia económica y social; y afirma que, lo mismo que el proletariado fue la clase típica de la primera revolución industrial, los técnicos lo serán en la fase de la automatización (o. c. en bibl.).Esta "nueva clase" ha sido descrita por G. P. Prandstraller, quien los define como los nuevos intelectuales (sucesores de los humanistas del Renacimiento, de la Ilustración y aun del s. XIX), que aparecen con perfil común y colectivo en el mundo presente de la producción y de la práctica. Destaca ese autor que constituyen un estamento, mientras que los intelectuales anteriores eran más individualistas. Y como caracteres definidores de este nuevo tipo social, señala: a) Se insertan en la burocracia empresarial; b) Adquieren mentalidad profesional de carrera; son asalariados, no "profesionales libres", ni tampoco empresarios; c) Su aparición e importancia no deriva de razones ideológicas (a diferencia de la "inteligencia" burguesa del s. XIX) y tampoco se ligan a cualquier ideología concreta, ni han producido una ideología propia.Tecnocracia y burocracia. En principio, la distinción entre técnicos y burócratas es clara: los primeros utilizan especiales conocimientos científico-naturales; mientras que los segundos se encargan de las gestiones administrativas, de las decisiones y el trámite. Pero esta distinción se hace más borrosa si advertimos que en el mundo actual de la industria y la administración pública los técnicos van asumiendo funciones más o menos de oficina (inspectores, jefes de departamento, incluso gerentes), mientras que el clásico burócrata va siendo sustituido por expertos con títulos docentes superiores o medios.Surge así una técnica administrativa junto a la intervención administrativa de los técnicos. Bettelheim distingue técnicos de producción y técnicos de administración (burócratas). Claro que, en esa semifusión de ambas actividades, quienes dan más carácter y tono al nuevo grupo social son los técnicos nuevos, más que los clásicos empleados (V. BUROCRATISMO).Significación sociológica. Hablando con rigor, los técnicos no forman una nueva clase: ni integran una categoría económica especial (tienen buenos sueldos, pero no grandes fortunas), ni adoptan un estilo peculiar de vida (el olvido de las solemnes formas del ancien régime o de la burguesía anterior a la I Guerra mundial es común a ellos y a otras agrupaciones profesionales y sociales), ni se puede decir que haya dentro de ellos una endogamia (o tendencia a casarse dentro de la misma clase). Más interesante es afirmar que, contra lo que a veces se dice, no detentan el poder. Podrán dirigir una empresa como gerentes (en Rusia, p. ej., los directores de empresa suelen ser ingenieros), pero no dirigen la sociedad ni el Estado.Algunos escritores, como G. Gurvitch, los atacan con algo de injusticia. Son, dice este autor, oligárquicos, desprecian a los demás, son privilegiados en los ingresos y en su posición jerárquica, tienen gran apetito de poder político y económico y, cada vez más conscientes de sí mismos, disfrutan (o padecen) de una ideología "fascista" con-moral nietzscheana (más allá del bien y del mal). Esta estampa no procede de una observación objetiva de la realidad, sino que es un eco de las ideas del famoso libro de J. Burnham La revolución de los gerentes (1941), el cual pensaba que si el capitalismo (v.) desaparece no es para ser sustituido por el socialismo (v.) sino por la sociedad de los managers o expertos, por la t., en suma.A Gurvitch le replicaremos que los técnicos, en general, no aspiran al poder; y a Burnham que nunca detentarán necesariamente el poder. La Sociedad managerial es, en suma, una ilusión: el poder siempre corresponderá a las élites políticas, y los técnicos estarán a sus órdenes (cfr. P. M. Sweezy, The Ilusion of managerial Revolution, "Science and Society" 6, 1942). Podrá haber técnicos que lleguen a ser políticos, no por su técnica, sino por otras cosas; y siempre habrá políticos que no es necesario que sean técnicos.Podrá haber gerentes técnicos y aun ministros técnicos; pero aquéllos, todo lo más, mandarán en su empresa, no en la sociedad, y éstos podrán, por su capacidad y conocimientos, dirigir bien un Ministerio; pero la política general no la dictan ellos por sólo su técnica o sus conocimientos técnicos. Por lo demás, así es deseable, ya que, aunque a veces se exageran los peligros y riesgos de la técnica, la verdad es que los tiene si se la deja sola. La técnica es un instrumento y debe ser orientada según una concepción del hombre y de la vida: de ahí la función social de los filósofos, los reformadores sociales, los humanistas. La realidad del problema se define muy bien por G. Friedmann: "el problema de los técnicos, o de la técnica en su conjunto, no es un problema técnico. Es un problema social, es un problema humano y sólo descuidando esos aspectos esenciales se ha podido darle una interpretación técnica o, más exactamente, tecnicista". V. t.: CIENCIA II, 2 (Ciencia y técnica); TECNOLOGIA.A. PERPINÁ RODRIGUEZ.
BIBL.: J. BURNHAM, La revolución de los directores, Buenos Aires 1962; G. P. PRANDSTRALLER, I tecnici come classe, Roma 1959; J. MEYNAUD, Technocratie et politique, Lausana 1960; J. BILLY, Les techniciens et le pouvoir, París 1960; C. N. P’ARKINSON, La ley de Parkinson, Barcelona 1961; S. S. ACQUAVIVA, Automazione della nuova classe, Bolonia 1958.
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