Tebas (egipto) II. Historia Antigua. HIST.
Categoria:
Historia
Capital del antiguo Egipto durante el Imperio Medio y parte del Nuevo. Su nombre procede de una de sus denominaciones egipcias, T-apt. Formó parte del nomo 4 del Alto Egipto, cuya capital era Armant. Poco sabemos de su historia durante el Imperio Antiguo, pero arqueológicamente se puede ver que era un pequeño centro situado a la derecha del Nilo, cuyo dios local recibía el nombre de Amón, y veneraba además a Mut y a Khonsu, los cuales formaban la tríada tebana. La importancia de T. se afianzó en la época herakleopolitana porque, dividido Egipto en regiones independientes, allí se centró la vida política del Alto Egipto y, a medida que el Norte se debilitaba, crecía la importancia de Tebas. Desde finales de la dinastía IX obedecía a unos príncipes que reconocían la autoridad del faraón herakleopolitano, pero hacia 2120 a. C. se sublevaron contra el poder central y se titularon reyes del Alto y Bajo Egipto. Poseían su ejército propio, su tesoro, y en esa época T. se transformó en capital de su nomo, desplazando a Armant. Empezó su expansión hacia el S, y en poco tiempo se convirtió en la capital del Sur, rival de Herakleópolis. Mentuhotep reunificó Egipto y, a partir de entonces, T. entró en su etapa ascensional, como capital del país unificado. Era el centro artístico y político en una época que constituía el periodo clásico de la cultura egipcia. Lo poco que queda de los monumentos de entonces demuestra que se trataba del momento de más exquisito gusto en el arte egipcio (v. I).La invasión de los hicsos no llegó a T., y ésta mantuvo su autonomía sobre sus vecinos, pagando tributos a los reyes del Norte. Con la dinastía XVII, T. inició la ofensiva contra los extranjeros y les expulsó en los albores de la dinastía XVIII. Así se constituyó en la capital del imperio más grande del mundo oriental y a ella afluyeron los tesoros de las conquistas, lo que la elevó a categoría de gran metrópoli, cuyo eco llegó hasta Homero, que la denomina "la de las cien puertas". Cada faraón rivalizaba con sus antecesores en dotarla de monumentos cada vez más importantes. Las mercancías llegaban desde el golfo Pérsico por el camino de Coptos, de Nubia a lo largo del Nilo, y de los oasis occidentales, que a su vez enlazaban con las regiones lejanas del desierto.Los dioses de la tríada tebana reciben el agradecimiento de los faraones. Karnak, Luxor y la necrópolis tebana a la orilla izquierda, así como los lugares inmediatos, se pueblan de monumentos y, en conjunto, constituyen un centro de arte egipcio que sólo tiene rival en la zona norte de Menfis. Con la herejía de Amenofis IV (v.) y el traslado de la capital a el-Amarna, sufre un duro golpe del que pronto se rehace con la vuelta de Tutankamon (v.), la cual significa el triunfo sobre su rival. Sin embargo, a partir de ese momento empieza a decaer. A pesar de que Seti I y Ramsés II habían contribuido como nadie a su grandeza, las necesidades políticas les obligan a trasladar el centro de gravedad de su imperio al Norte, con lo cual suscitan un peligroso rival a la vieja capital. T. iba quedando alejada en el Sur. El proceso continúa en las dinastías XXI-XXIV. La dinastía XXV, de faraones etíopes, desplaza el peso hacia el Sur, pero es ya un Sur muy lejano y bárbaro, que no tiene nada que ver con la T. de los días gloriosos. Poco a poco, la ciudad decae, la población disminuye, y sólo mantienen su prestigio los templos de los grandes dioses. El golpe de gracia se lo asesta la invasión de los asirios, durante la cual Asurbanipal reduce a ruinas la ciudad. "Conquisté en su totalidad la ciudad de Tebas con la ayuda de Asur y de Eistar. Me apoderé de plata, oro, piedras preciosas, todas las posesiones de su palacio, telas multicolores, caballos, hombres y mujeres, dos grandes obeliscos de brillante oricalco, de 2.500 talentos de peso, los pilonos de la puerta del templo los arranqué de sus fundamentos y los llevé a Asiria. Me llevé de Tebas un inmenso botín incalculable". Este relato señala el final de T., del que nunca se recobró.Las excavaciones de Karnak han revelado los restos de las casas quemadas, posiblemente lo que quedaba del incendio provocado por la soldadesca asiria cuando conquistó la metrópoli. Al retirarse de la ciudad arruinada, el príncipe local purificó los templos violados por los impuros extranjeros. El rey Psamético I restauró el templo de Karnak, y lo mismo hizo con Amasis, continuando la tradición de los antiguos faraones. En la época persa, la ciudad se vio de nuevo metida en las luchas de la época. Cambises pasó por allí en su expedición hacia el S y, según Diodoro, renovó el saqueo de los asirios. En la época helenística fue sitiada por Ptolomeo Látiro.El prestigio de sus templos, sin embargo, movió a caudillos como Alejandro a construir capillas en el templo de Luxor. Los romanos también testimoniaron su piedad hacia la ciudad, y aún puede apreciarse. En el s. 1 a. C., Diodoro Sículo habla de construcciones y monumentos. Un siglo después, Estrabón la describe como una ciudad en decadencia que conserva restos de su grandeza. A lo largo del Bajo Imperio, los templos se abandonaron, y en algunos se instaló el culto cristiano. Actualmente, los restos de la ciudad constituyen el pueblo de Luxor.V. t.: EGIPTO IV.F. PRESEDO VELO.
BIBL.: A. M. BLACKMAN, Das hunderttorige Thehen, Leipzig 1926; W. OTro, Topographie des thebanische Gaues, Leipzig 1952; J. CAPART, Thébes, la gloire d’un grand passé, Bruselas 1925.
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