Tebaida HIST.
Categoria:
Historia
El cristianismo había penetrado tempranamente en esta región, poblada desde antiguo por gran número de judíos. En el periodo de paz que sigue al de las persecuciones, Egipto vivió la gran floración del monaquismo (v.). Fue precisamente la T. una de las regiones en que los monjes fueron más numerosos y en donde aparecieron las más célebres figuras del monacato antiguo, llegando incluso a que el nombre mismo de la región bastase para evocar la magnífica floración de la vida cenobítica.Los desiertos que limitan la T. por el E y por el O, lejos de las ciudades, con parajes de difícil acceso por razón de la configuración del terreno así como por el bandidaje que había en ellos, y en donde era fácil hallar cobijo en antiguas sepulturas, proporcionaron un marco adecuado para satisfacer el anhelo de soledad del asceta que se hacía monje.El documento más antiguo que se conoce relativo a la historia del monaquismo lo constituye la Vida de Antonio. Su autor, S. Atanasio (v.), Patriarca de Alejandría, la escribió probablemente hacia 357, cuando, objeto de persecución por parte de los arrianos, se refugió en la T. entre los discípulos de S. Antonio. S. Atanasio escribe el panegírico del "Padre de los solitarios", una obra de edificación destinada a los monjes. Intenta mostrar cómo el rigor y la perseverancia en la ascesis condujo a S. Antonio a beneficiarse de las ilustraciones divinas y a su conformación con Dios. La Vida de Antonio gozó de gran celebridad entre los monjes de la Tebaida. Fue de algún modo su regla y su ideal.Un escrito posterior a la Vida de Antonio es la Vida de Pablo de Tebas, debida a la pluma de S. Jerónimo. Pablo de Tebas es un personaje de quien difícilmente puede llegarse a discernir claramente si pertenece a la leyenda o si existió en realidad. El "Primer ermitaño" habría huido al desierto hacia 250 y habría fallecido en 347 a la edad de 113 años, después del feliz encuentro con S. Antonio.Con S. Pacomio el Viejo (v.) el anacoretismo de la T. se transforma en cenobitismo. Se conocen por lo menos 5 ó 6 Vidas de S. Pacomio. Son compilaciones de piezas, de valor desigual, algunas de ellas escritas seguramente pocos años después de su muerte, ocurrida en el año 346. Se conocen además otros textos de finales del s. iv y de comienzos del v que suministran datos biográficos del santo. Paladio, que había vivido algunos años entre los discípulos de S. Pacomio, dedica a él algunas páginas de la Historia Lausíaca. Casiano en las Instituciones se refiere también a la obra pacomiana. S. Pacomio, advirtiendo que el anacoretismo podía sólo aprovechar a los más fuertes, instituyó la forma de vida cenobítica, introduciendo. con ello una verdadera revolución en el seno del monaquismo. Los rasgos fundamentales de la innovación pacomiana consistían ante todo en que el monje era obligado a obedecer una regla común que instituía una jerarquía de superiores, regulaba la vida en el interior del recinto del cenobio, imponía la salmodia, el trabajo y la mesa en común y contenía un código penal, en el que se organizaban estrictamente, en lo jurídico y en lo material, las relaciones entre los diversos monasterios que formaban la congregación. La moderación que rige todas las disposiciones y anima las prácticas ascéticas es también una característica de la concepción pacomiana.La Regla de Pacomio seguramente se constituyó paulatinamente. Una serie de experiencias y de tanteos en la ordenación de los cenobios, llevados a cabo por S. Pacomio y sus sucesores Teodoro y Horsíesis, fueron progresivamente precisando los usos y costumbres que más tarde, consignados por escrito, constituirían la Regla. Los sucesores de S. Pacomio deben ya hacer frente a movimientos de oposición. En la misma T. surgieron pronto intentos de modificación de la obra pacomiana. Chenudio, p. ej., exige de sus monjes la aceptación solemne, por escrito, de las instituciones propias del monasterio de Atripe. Favorece el ideal eremítico, y contrariamente al parecer de S. Pacomio, concibe el cenobitismo como marcando un periodo de transición en la vida del monje.El monofisismo (v.) de los monjes y el rudo golpe que debía significar para ellos el Conc. de Calcedonia (451) por una parte, y la administración interesada de los enviados de Bizancio por otra, iban a minar el monacato tebaideo. Más tarde la conquista de Egipto por los persas, y, finalmente, la aparición del Islam debían prácticamente poner fin a la ilustre historia cristiana y monástica de la Tebaida.En Tebas aparece aún, seguramente en la primera mitad del s. vii, el nombre del abad Epifanio, ligado íntimamente al monasterio de su nombre. Investigaciones arqueológicas llevadas a cabo a primeros del siglo actual han puesto de manifiesto la estructura de las construcciones funerarias antiguas y la de las que fueron obra de Epifanio de que constaba el monasterio. Se han hallado papiros, cerámicas y objetos varios. Se sabe la clase de trabajo a que se dedicaban los monjes, el contenido de su biblioteca, etc. Además se conoce la correspondencia de Epifanio con otra figura de la T., el obispo Pesinto de Keft, la cual resulta de interés porque deja traslucir cómo transcurría la vida diaria de la sociedad en que vivían. Todo lo cual ha permitido descubrir la fisonomía espiritual y material del monasterio de Epifanio, que guardaba un parecido bastante estrecho con la institución pacomiana. H. Leclercq ha presentado un buen estudio de este monasterio en el art. Thébes, en DACL XV,21832225.Si en el Bajo Egipto se propagó sobre todo el eremitismo, fue en la T. donde nació la institución cenobítica. Y mientras que en esta región algunos monasterios seguían considerándose pacomianos y otros volvían al anacoretismo o al semianacoretismo o a las prácticas ascéticas rigurosas, el infujo de la innovación pacomiana descendía siguiendo la dirección del Nilo. De allí, a través de S. Atanasio, de Paladio, de Casiano, de S. Jerónimo, de las Apophtegmata Patrum (v. APOTEGMA) y de las otras obras de índole monástica, llegaba a todo el mundo cristiano, ejercía un influjo decisivo sobre el Patriarca de los monjes de Occidente, S. Benito, y a través de él marcaba profundamente el futuro de toda la vida religiosa.V. t.: ANACORETISMO; MONAQUISMO.R. CIVIL DESVEUS.
BIBL.: Thebais, en LTK 10,13-14; H. LECLERQ, Cénobitisme, DACL, 11,3091-3123; R. DRAGUET, Les Péres du Desert, París 1949.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.