Surrealismo III. Literatura Hispanoamericana. LIT.
Categoria:
Literatura
La historia del s. en Hispanoamérica no se ha escrito todavía. Ni siquiera se han ordenado suficientemente los materiales relativos a los distintos grupos que, desde la terceradécada del s. XX, se han identificado de alguna manera con el movimiento más o menos iniciado por André Breton (v.) en Francia (v. I). Las historias panorámicas del movimiento han descuidado, por otra parte, sus estribaciones hispanoamericanas, limitándose a registrar tres o cuatro de sus exponentes, como puede comprobarse consultando los estudios de Maurice Nadeau, Juan Eduardo Cirlot y Jean-Louis Bédouin. Un primer intento de aproximación al tema lo constituyó la obra de Juan Larrea; Paul llie aportó nuevos antecedentes; y finalmente el ensayo de Stefan Baciu, no obstante su brevedad, es el estudio más ordenado de la actividad surrealista en Hispanoamérica (cfr. títulos citados en Bibl.).1. Comienzos y antecedentes. La falta de un trabajo sistemático sobre el tema ha determinado que durante años éste haya sido, según la expresión de Stefan Baciu, una terra incognita, que cada cual ha creído lícito poblar o despoblar a su antojo. El prólogo de Alejo Carpentier (v.) a la primera edición de El reino de este mundo (1949) ha provocado más de alguna confusión, al permitir que, mediante una inversión de la tesis del "realismo maravilloso" (v,. REALISMO v), propiciada por el novelista cubano, se comenzara a proponer como escritores surrealistas a autores tan dispares como Juan Rulfo (v.), María Luisa Bomba] (n. 1910), Julio Cortázar (v.) o José Donoso (n. 1925). Esta confusión ha sido frecuente en las distintas polémicas suscitadas por el "irrealismo" imputado a algunos de los exponentes de la narrativa hispanoamericana, en los que Carpentier descubre, por su parte, los continuadores de lo "real maravilloso", a juzgar por una nota descolgada a pie de página de Tientos y diferencias (1967).Esta confusión resulta comprensible en los momentos iniciales del s. hispanomericano, cuando éste debe ir afirmándose a partir de la conquista de un nuevo lenguaje llevada a cabo por los diferentes movimientos llamados de vanguardia, como el ultraísmo (v.) de los "martinfierristas" argentinos, el creacionismo (v.) del chileno Vicente Huidobro (v.) o el estridentismo mexicano. Resulta, asimismo, comprensible en los casos de aquellos escritores que, como Alejo Carpentier, Miguel Ángel Asturias (v.), Leopoldo Marechal (v.), Arturo Uslar-Pietri (v.) e incluso Ernesto Sábalo (v.), iniciaron su actividad literaria bajo la influencia del s. francés, y hasta colaboraron, como Carpentier, en sus publicaciones oficiales. Ninguno de ellos puede, sin embargo, ser estimado como surrealista sensu stricto. Sólo un análisis retórico permitiría distinguir, a nivel de los procedimientos de escritura, el s. de las diferentes corrientes irrealistas que han proliferado, en distintas fechas, en las letras hispanoamericanas del s. XX.Stefan Baciu ha subrayado la importancia que tuvo en la literatura hispanoamericana la obra del chileno Vicente Huidobro. Colaborador habitual de algunas de las principales revistas vanguardistas francesas, fundador del creacionismo, Huidobro ejerció, desde su retorno a Chile, en 1933, una profunda influencia sobre los jóvenes escritores que, poco más tarde, constituyeron el grupo surrealista Mandrágora. Uno de sus principales animadores, Braulio Arenas (n. 1913), no sólo ha recordado en diferentes textos la vinculación que tuvieron los mandragoristas con Huidobro, sino que, además, preparó y prologó la edición de sus Obras completas (1964) y presentó, en 1968, el catálogo de la gran exposición "Presencia de Vicente Huidobro", que se realizó en Santiago de Chile con ocasión del vigésimo aniversario de su muerte. "Para nosotros (precisaba Arenas en una entrevista), Huidobro fue un excelente poeta y un gran amigo. Sin embargo, nuestras diferencias eran extremas". Estas extremas diferencias no impidieron, sin embargo, que el autor de Tour Eif fel colaborara en los primeros números de la rev. "Mandrágora". Huidobro fue, posiblemente, como decía otro mandragorista, Gonzalo Rojas, "el maestro, a pesar suyo". Ello no le eximió de ser duramente atacado por los surrealistas peruanos César Moro (1904-56) y Emilio Adolfo Westphalen (n. 1911), autores de un panfleto titulado Vicente Huidobro o el obispo embotellado (1936).Junto a Huidobro cabe señalar, entre las figuras que prepararon la irrupción del s. hispanoamericano, al argentino Oliverio Girondo (n. 1891). Autor del célebre Manifiesto de Martín Fierro (1924), Girondo fue, al decir de Enrique Anderson Imbert, el niño terrible de las letras argentinas, desde sus Veinte poemas para ser leídos en el tranvía (1922) hasta Campo nuestro (1946). Su obra constituye, según Baciu, uno de los antecedentes más valiosos del s. hispanoamericano; Juan Pinto le consagra como "el poeta surrealista de la generación del 22". Un ejemplo de s. en "estado salvaje" lo ofrece la obra del chileno Juan Emar (pseudónimo de dlvaro Yáñez Bianchi). Su inclusión dentro del movimiento está, desde luego, avalada por la importancia que atribuyeron los mandragoristas a cada uno de sus libros: Miltín (1934), Ayer (1934) y Diez (1937). En 1971, con ocasión de la primera reedición de esta última obra, prologada por Pablo Neruda, Juan Emar obtuvo de parte de algunos de los exponentes de la "nueva crítica" chilena una justa evaluación que contrasta, desde luego, con el porfiado silencio o rechazo de los críticos tradicionales. Al morir, en 1964, Juan Emar dejó una novela inédita, Umbral, que por su extensión (5.000 páginas) permanece hasta nuestros días impublicada.2. Principales figuras. Con el peruano César Moro encontramos, sin duda, a la primera gran figura del s. hispanoamericano. Poeta, prosista y pintor sobresaliente, Moro fue, al igual que Juan Emar en Chile, un escritor marginal. Su obra, en efecto, sólo fue reconocida por el pequeño círculo de artistas que, desde la década del 30, se organizó en torno al poeta y editor Emilio Adolfo Westphalen, en cuya rev. "Las Moradas" publicó Moro regularmente durante los años 40. Sus obras, Le Cháteau de Grisou (1943), Lettre d’Amour (1944), Trafalgar Square (1954) y Amour á mort (1957), figuran entre los textos claves del s. hispanoamericano. En 1956 el crítico André Coyné publicó el primer estudio global sobre Moro. El mismo Coyné reunió, en 1957, la primera poesía de Moro en La tortuga ecuestre, y sus textos en prosa en Los anteojos de azufre. Por las mismas fechas, los escritores de la promoción peruana de medio siglo, particularmente el poeta Carlos Germán Belli (n. 1927), el crítico Alberto Escobar (n. 1929) y el novelista Mario Vargas Llosa (v.) advirtieron la profunda significación que tenía la obra del poeta surrealista. El primer texto conocido por Vargas Llosa es, justamente, Nota sobre César Moro, aparecido en 1958 (o. c. en bibl.). Algunos han creído poder identificar a Moro en la figura del prof. Fontana de La ciudad y los perros.Los dos grupos surrealistas más activos fueron, sin embargo, los de Buenos Aires y Santiago de Chile. El primero se constituyó en torno a Aldo Pellegrini (n. 1903), una de las tres o cuatro figuras claves del s. hispanoamericano. Pellegrini fundó, en 1928, "Qué", primera revista surrealista editada en América, tradujo al español los Manifiestos de Breton y publicó Antología de la poesía surrealista de lengua francesa (1961). Durante casi tres décadas, todaslas actividades surrealistas en Argentina fueron, de un modo u otro, animadas o inspiradas por Aldo Pellegrini. La última publicación conocida fue "A partir de O", dirigida por el poeta Enrique Molina (n. 1910), que publicó tres números entre 1952 y 1956. Junto a Pellegrini y Molina, es preciso señalar al poeta Francisco Madariaga (n. 1927), la figura más sobresaliente del s. argentino de la promoción de medio siglo.El grupo chileno, en cambio, se constituyó a partir del encuentro, a comienzos de los años 30, de los poetas Braulio Arenas, Teófilo Cid (1913-64) y Enrique Gómez Correa (n. 1915). Posteriormente, se incorporaron a él Jorge Cáceres (1923-49), Gonzalo Rojas (n. 1917), Fernando Onfray (n. 1922) y Gustavo Ossorio (n. 1912). Entre 1938 y 1943, publican la rey. "Mandrágora", en la que colaboran, además de sus animadores, Vicente Huidobro, André Breton y Benjamin Péret. Los dos autores más fecundos son Braulio Arenas y Enrique Gómez Correa. En 1957, los dos publicaron una de las obras fundamentales del s. chileno, AGC de la Mandrágora. Desaparecidos prematuramente Cáceres y Cid, retirado del movimiento Arenas, sólo Gómez Correa prosigue el impulso inicial de los mandragoristas. Su última obra conocida es El calor animal (1973). Entre los intentos heterodoxos, cabe recordar el periódico mural "Quebrantahuesos" que animaron, a comienzos de la década del 50, Nicanor Parra (v.), Enrique Lihn (n. 1929) y Alejandro Jodorovski. La última publicación chilena de inspiración surrealista fue "Casa de la Luna", fundada por Ludwig Zeller en 1969.La figura más sobresaliente de las letras hispanoamericanas que se identifica con el s. es, en nuestros días, el mexicano Octavio Paz (v.). "Octavio Paz -ha dicho Stefan Baciu- vale más que toda una corriente o grupo surrealista. Su presencia es (...) un fenómeno extraordinario. En medio de una poesía repleta de excelentes obras surrealísticas, el único surrealista conocido y de gran vuelo es el autor de Libertad bajo palabra". Este juicio podría ser confirmado, a nivel de anécdota, por el hecho de ser Paz el único escritor hispanoamericano que contribuyó con un importante texto al número especial de la "Nouvelle Rev. Fran~aise" dedicado a André Breton con motivo de su muerte. La otra firma hispanoamericana que figura en el sumario es la del notable pintor chileno, radicado en Francia, Roberto Matta (n. 1911). Finalmente, entre los grupos de inspiración surrealista de más reciente fecha, es preciso señalar al "nadaísta" en Colombia, y al "Techo de la Ballena" en Venezuela.V. t.: VANGUARDISMO.M. CERDÁ CONTRERAS.
BIBL.: J. LARREA, El surrealismo entre el Viejo y el Nuevo mundo, México 1944; J. E. CIRLOT, Introducción al surrealismo, Madrid 1953; A. COYNÉ, César Moro, Lima 1956; M. VARGAS LLOSA, Nota sobre César Moro, "Literatura" n- 1, Lima 1958, 5-6; B. ARENAS, Los compañeros de la Mandrágora, "El Mercurio" Santiago de Chile 2 mayo 1965; H. ORTIZ VEAS, Contribución al estudio del surrealismo en Chile, "Mapocho" XIII,1, Santiago de Chile 1966, 30-49; P. ILIE, The surrealiste mode in Spanish literature, Ann Arbor 1968; S. BACIU, Puntos de partida para una historia del surrealismo latinoamericano, Santiago de Chile 1970; R. XIRAU, octavio Paz: el sentido de la palabra, México 1970.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.