Surrealismo II. Literatura Española. LIT.
Categoria:
Literatura
1. Primeras manifestaciones. El s. literario español no fue un movimiento configurado, como el francés (v. I), por la dogmática estricta de una escuela literaria. La doctrina del primer Manifiesto surrealista (octubre 1924) de André Breton y de las proclamas posteriores no llegaron a producir un grupo coherente, ni siquiera implantaron unas maneras inequívocas en el quehacer de los poetas españoles del momento. Los contactos con el país vecino, la curiosidad intelectual de los escritores y artistas, los intercambios permanentes con Francia, los viajes frecuentes y el bullir de inquietudes por lograr una nueva maestría poética (que era rasgo común a una y otra parte de los Pirineos) relacionaron los hallazgos y provocaron actitudes creadoras difícilmente adscribibles a rígidos dogmatismos. Los primeros años del s. XX se pueden caracterizar en la historia literaria española por un desasosiego creador que quería conducir a la depuración de la técnica poética.Superadas casi por completo las tendencias ultraístas (v. ULTRAÍSMO) y creacionistas (v. CREACIONISMO), aunque pervivan algunas de sus formas expresivas, los poetas de la época están, en general, abiertos al estudio de los clásicos, de Góngora-(v.), de los cancioneros; (v.) tradicionales, de Bécquer (v.), y se vuelcan en el culto a la imagen por el deseo común de romper los viejos moldes y depurar el lenguaje poético. Góngora, Rimbaud (v.), Mallarmé (v.), las experiencias de movimientos anteriores de la poesía española (incluido el ultraísmo) son claros estímulos iniciales de surrealismo. La presencia del s. en este magma poético añadió un elemento más a la tensión creadora, pero fue incapaz de catalizar el esfuerzo hacia los límites extremados de sus dogmas. La radicalidad de su postura ideológico-estética traía como novedad la intensificación de actitudes y tendencias que ya estaban, de algún modo, presentes en el ámbito poético español.Alguno de los poetas de movimientos anteriores, como Juan Larrea (n. 1895), de filiación creacionista, publicó poemas en las rev. "Grecia" y "Cervantes", primero, y, posteriormente, en "Carmen", de su amigo Gerardo Diego (v.), donde es evidente la utilización de la imagen onírica, ínsita ya en los poemas ultraístas de su primera época. A Larrea, que "conoció, según propia confesión, el superrealismo desde antes de sus comienzos por haber estado ya al tanto del dadaísmo" y que posteriormente convivió en París con los fundadores de la nueva escuela, le deben García Lorca (v.), Alberti (v.) y tal vez Aleixandre (v.) (según opinión de Luis Cernuda) no sólo "la noticia de una técnica literaria nueva para ellos, sino también de un rumbo poético que sin la lectura de Larrea no hubieran hallado".El parcial anticipo de modos surrealistas lo ofrecen algunas revistas poéticas de la época, anteriores a la epifanía oficial del movimiento. Por eso puede hablarse de un ambiente creador próximo a lo que, más tarde, podría creerse fruto del influjo del manifiesto de André Breton, cuyo conocimiento llega a los poetas españoles en fechas muy posteriores. Crean ese clima artículos madrugadores y traducciones de Lautréamont (1846-70) y Rimbaud publicados en la rev. "Prometeo" (11,9, 1909) y en II"Cosmópolis" (junio 1919); la conferencia dada en Barcelona por André Breton el 17 nov. 1922 bajo el título Les pas perdus; el manifiesto dadaísta de Tristan Tzara (1896-1963) dado a conocer por la rev. "Cervantes" en 1919; el artículo de Fernando Vela sobre el s. francés inserto en la "Rev. de Occidente" (XIII, 1924).2. El surrealismo a partir de 1924 en España. Al aparecer en octubre de 1924 el primer manifiesto del s. y el 1 de diciembre del mismo año el primer número del órgano del movimiento, "La révolution surréaliste", ambos encontraron eco en España. La "Rev. de Occidente" publicó traducido el primero de los documentos citados (VII, 1925) y un librero de Madrid, León Sánchez Cuesta, sirvió a algunos poetas de provincia los números de la revista y las obras de Louis Aragon (v.), André Breton (v.) y Paul Éluard (v.), jefes de la escuela. La expansión, necesariamente fragmentaria en los comienzos, de las ideas surrealistas estuvo a merced de la difusión que le otorgaron las revistas literarias y de los actos organizados por los simpatizantes del movimiento. La rev. "Alfar" de La Coruña publicó en 1925 (no 50 y 52) artículos sobre el s. debidos a Pierre Picon, M. Arconada y J. Bergamín (n. 1896). En ese mismo año, la Residencia de Estudiantes, en la que vivían García Lorca, Salvador Dalí (v.) y Luis Buñuel (v.), ofreció una conferencia de Louis Aragon, que se publicó posteriormente, muy fragmentada, en el n° 4 de "La révolution surréaliste" y de la que Ángel del Río encuentra reminiscencias en la obra de García Lorca Poeta en Nueva York, escrita años después.Aparte, quedaban las revistas decididamente seguidoras del surrealismo. La más importante por su trascendencia y por su vinculación con los mejores poetas del momento fue "Litoral", fundada en Málaga en 1926 por Emilio Prados (1899-1962) y Manuel Altolaguirre (1905-59). De "Litoral" aparecieron siete números entre 1926 y 1927, y en 1929, año en que publica dos números más, aparece vinculado a la dirección de la revista José María Hinojosa (1904-36), que procedía de París, donde estuvo en contacto con el fervor primero del s. galo. "Litoral" publicó en 1927 un número extraordinario como homenaje a Góngora en el que se insertan composiciones gongorinas como la Soledad Tercera de. Rafael Alberti y una décima de Jorge Guillén (v.) en honor del poeta cordobés, al lado de poemas de corte surrealista debidos a Juan Larrea, Gerardo Diego y José María Hinojosa, así como reproducciones de cuadros de Picasso, Juan Gris, Salvador Dalí y Gregorio Prieto, entre otros. El último número de 1929, que cerraba por muchos años la primera etapa de "Litoral", publicaba una traducción de Paul Éluard hecha por Luis Cernuda (1904-63) y poemas surrealistas de Hinojosa, Alberti y Luis Felipe Vivanco (n. 1908). Con "Litoral", insertaron en sus páginas artículos y traducciones que posibilitaron el conocimiento de la nueva escuela "Alfar", "La Gaceta Literaria", la "Rev. de Occidente", y, posteriormente, "La Gaceta del Arte" (1932-36), dirigida por Eduardo Westerdhal, que contaba con la colaboración de un crítico tan atento a los nuevos movimientos como Guillermo de Torre (1900-71).Queda aparte la influencia ejercida por Salvador Dalí, pintor del grupo surrealista (v. IIV) y autor de libros fieles a la escuela escritos en francés -La jemme visible (1930), L’amour et la mémoire (1931), Babaouo (1932)y de la película Le chien andalou, realizada en colaboración con Luis Buñuel, que se proyectó en 1929 en la Residencia de Estudiantes. Dalí, casado ya con Gala, esposa anteriormente de Éluard y musa de los surrealistas franceses, hizo un viaje a Málaga y tuvo relación conel director de "Litoral", Emilio Prados, con el que se propuso editar una revista que fuera el órgano del s. español. El proyecto no llegó a realizarse, pero el movimiento, si no tuvo un medio orgánico de difusión, no careció, sin embargo, de amplia difusión fragmentaria. Por eso es difícil hablar de un s. casual, simplemente intuitivo. El ambiente estaba preparado para que determinadas influencias surrealistas penetraran en la general tendencia irracionalista de muchos poetas del momento, la mayoría entregados al ensayo de nuevas formas y a la acogida de cuanto tuviera un carácter progresista.3. Problemática y delimitación del surrealismo hispano. Interesa insistir, no obstante, en que el s. español no existió en su sentido estricto. Los poetas más afines con el grupo aceptaron sólo parcialmente las técnicas de la escuela y por breve tiempo, existiendo a lo largo de su obra, antes que nada, el testimonio de una sensibilidad particularmente abierta a cuantas sugestiones les ofrecía el caleidoscopio poético de su tiempo. Los más cercanos al s., salvo J. M. Hinojosa, no estuvieron en contacto directo con los jefes de la escuela ni manifestaron poseer un conocimiento suficiente de sus teorías, siendo común, por lo general, las declaraciones y confesiones personales contrarias al empeño de clasificarlos dentro del movimiento.A la afirmación de Larrea de que no imagina a qué poetas españoles conviene verdaderamente el nombre de surrealistas, añade Alberti sobre sí mismo: "Yo nunca me he considerado un superrealista consciente. En aquella época conocía muy mal el francés. Paul Éluard fue el único poeta traducido algo en España. Tal vez el cine de Buñuel y Dalí y mi gran amistad con ambos influyeran en mí. Nunca he prestado mucha atención a teorías o manifiestos poéticos. La ’cosa’ estaba en la atmósfera". La aceptación de L. Cernuda es parcial: "Mi simpatía con el surrealismo sólo afecta a los poemas escritos entre 1929 y 1931". Aleixandre insiste en que no sabía nada del s. francés cuando escribía Pasión de la tierra (1928-29) y atribuía la coincidencia de procedimientos a la común derivación de los maestros del irracionalismo europeo: Rimbaud, Joyce, Freud. Los poetas se preocuparon del arte de la poesía y, por tanto, no se dejaron ganar por la simple efusión "ni al modo del siglo pasado, dice J. Guillén, ni con violencia de informe chorro subconsciente... En España nunca se contentó nadie con el documento superrealista".De ahí la ambigüedad de una clasificación generalizadora. Más que de poetas surrealistas puede hablarse de obras concebidas en un estado de espíritu a veces próximo al de los surrealistas, en las que se advierte la utilización de algunas de sus técnicas, especialmente la incidencia en la imagen visionaria y onírica, utilizada en la mayoría de los casos con un propósito expresivo ajeno al puro automatismo preconizado por la escuela francesa. Dispuestos a encontrar semejanzas podrían citarse versos aparentemente automáticos en Larrea, García Lorca, Alberti, Cernuda, E. Prados y Aleixandre, así como en algunos poemas de Moreno Villa (1887-1955) y Manuel Altolaguirre existen imágenes y relaciones subconscientes en el contexto de poemas lógicos.Descartada la despreocupación por el resultado estético de la obra, de que hacía gala el s., aparece también como nota diferencial de los modos españoles la ausencia del matiz revolucionario, subversivo, que en el movimiento francés surgía de las amarguras de la I Guerra mundial y que en España pudo traducirse más en la actitud personal de algunos autores que en su mensaje poético, más atento a la interiorización, sin planteamientos moralizadores ni sociales que facilitaran el nacimiento de una sociedad nueva, excepción hecha de la diatriba social orquestada por García Lorca en su Poeta en Nueva York.4. Obras poéticas de carácter surrealista. Los primeros libros que aparecieron con fórmulas surrealistas fueron los del citado malagueño José María Hinojosa, quizá el más entusiasta seguidor del movimiento, cuyas obras, Poesía de perfil, La rosa de los vientos y La flor de California (novela), aparecieron en 1926, 1927 y 1928 respectivamente. Rafael Alberti compone en 1927-28 y publica en 1929 Sobre los ángeles, fruto de una crisis personal, Sermones y moradas (1929-30), Yo era un tonto... (1929) y Elegía cívica (1930), todos ellos (fundamentalmente el primero) con los efluvios de un s. ambiental. De Federico García Lorca son más específicamente surrealistas Poeta en Nueva York (1929-30) y el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1935).La aportación de Vicente Aleixandre está constituida por Pasión de la tierra, poemas en prosa escritos en 1928-29 y editados en 1935, Espadas como labios (1932) y La destrucción o el amor (1935). Hitos principales de la simpatía temporal de Luis Cernuda por las técnicas surrealistas son sus obras Un río, un amor (1929) y Los placeres prohibidos (1931), mientras la anexión de Gerardo Diego a esta nómina sólo parece justificada por Biografía incompleta (1925-41), publicada en 1953, en la que se percibe una progresiva atención a lo subconsciente. Emilio Prados y Manuel Altolaguirre, a pesar de su mayor contacto con las doctrinas del s., sólo aportaron elementos parciales a sus obras.La Guerra española de 1936-39 hizo que la poesía tomara rumbos muy distintos a los anteriores al conflicto, y, en cierto modo, cerró las posibilidades de expansión al movimiento, que, indiscutiblemente, tuvo sus mejores poetas entre 1928 y 1936. Después de la contienda, las formas surrealistas son perceptibles en la poesía de Juan Eduardo Cirlot (n. 1916), en Julio Garcés (n. 1917), en los poetas del postismo, Carlos Edmundo de Ory (n. 1923) y Eduardo Chicharro Briones (n. 1905), y pervive de un modo difuso en Luis Rosales (n. 1910) y en los primeros poemas de Leopoldo Panero (v.). El postismo, fugaz movimiento postsurrealista, se presentó con la pretensión de sacudir el ambiente literario español y de abrir camino hacia la libertad creadora hasta, si era necesario, "hacer culto del disparate". Reivindicó lo irracional, admitió influencias de otros movimientos e incluso formas métricas tradicionales como la rima y el soneto.V. t.: VANGUARDISMO.J. M. SANTANO CILLEROS.
BIBL.: G. DE TORRE, Historia de las literaturas de vanguardia, Madrid 1965, 361-452; F. C. SAINZ DE RoBLEs, Los movimientos literarios, Madrid 1957, 392-399; V. BODONI, 1 poeti surrealisti spagnolí, Turín 1963; J. ALBI y 1. FUSTER, Antología del surrealismo español, "Verbo", Alicante 1952; J. LARREA, El surrealismo entre el Viejo y el Nuevo mundo, "Cuadernos Americanos", México 1944; J. L. CANO, Noticia retrospectiva del surrealismo español, "Arbor", junio 1950; M. DURÁN GILI, El superrealismo en la poesía española, México 1950; D. ALONSO, Poetas españoles contemporáneos, Madrid 1952; J. GONZÁLEZ MUELAS, El lenguaje poético de la generación Guillén-Lorca, Madrid 1954; L. CERNUDA, Estudios sobre poesía española contemporánea, Madrid 1957; C. BousoÑo, La poesía de V. Aleixandre, Madrid 1956; J. GUILLÉN, Lenguaje y poesía, Madrid 1961.
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