Sujeto
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Varios
Proviene del latín subiectum (sub-iectum, lo puesto o arrojado debajo) y significa todo aquello que sustenta o a lo que se atribuye alguna propiedad o atributo. Tiene dos sentidos fácilmente discernibles: a) el de sujeto lógico, o término del que se dice o predica algo; y b) el de sujeto ontológico, o realidad fundamental que sirve de base o de sustentáculo a alguna otra realidad sustentada en aquélla.1. El sujeto lógico. En todo juicio (v.) del entendimiento, y consiguientemente en toda proposición expresiva del mismo, hay un primer término del cual se afirma o niega algo. Ese primer término es el s. lógico. Aristóteles definió al s. diciendo: "es aquello de lo cual se predica cualquier otra cosa, sin que él sea nunca predicado" (Metafísica, V11,3; Bk 1.028 b 36). En este sentido, el s. equivale a lo absolutamente indeterminado, ya que puede recibir mútiples determinaciones, pero él mismo no tiene determinación alguna, y por eso no se puede predicar de nada. Así entendido equivale, pues, a la materia prima (v. MATERIA I). Pero esto ya supone trasladar a la realidad o hipostasiar de alguna manera la noción lógica de s.; lo que es achaque frecuente en Aristóteles, en el que no se sabría decir si son las estructuras lógicolingüísticas las que determinan las nociones reales, o son estas nociones reales las que determinan las estructuras lógico-lingüísticas.Manteniéndonos en el plano estrictamente lógico, el s. es una relación de razón que se añade de las nociones reales cuando se integran en un juicio, de suerte que se afirme o niegue algo de ellas. Así, cualquier noción real puede constituirse en s. de un juicio, y no es necesario que se trate de una noción vacía o absolutamente indeterminada. Las cosas no son en sí mismas sujetos lógicos, ni tampoco predicados lógicos; el hacer de s. o de predicada son funciones que se les asigna al ser consideradas como partes de un juicio, son funciones que les corresponde al ser pensadas y en tanto que lo son. De aquí que una misma noción real puede hacer de s. y de predicado lógicos, sin cambiar en sí misma; y no sólo en juicios distintos, sino en el mismo juicio, como se ve en las tautologías; p. ej.:"Sócrates es Sócrates". En este juicio, en efecto, la misma noción real "Sócrates" es tomada una vez como s. y otra como predicado sin cambiar en nada el contenido real de la misma.Sin salir de este plano lógico, hay que señalar también que a veces se llama s. a la materia de un razonamiento más o menos largo o al objeto propio de una ciencia (v.). Es s. porque lo es de muchos juicios, es decir, de todos los que integran ese discurso o la misma ciencia. Entre los escolásticos medievales era frecuente el empleo del término s. en este sentido. Hablaban, en efecto, de s. de atribución o simplemente de s. para designar la materia o el objeto propio de una ciencia. Así, el ente de razón es el s. de la Lógica, y el ente real en cuanto ente, el s. de la Metafísica, y el ente móvil, el s. de la Filosofía natural. S. Tomás, p. ej., escribe: "El sujeto de una ciencia tiene con ella la misma relación que los objetos con sus respectivas facultades o hábitos. Propiamente hablando, el objeto de una potencia o hábito es aquello por lo cual las cosas dicen relación a tal potencia o hábito. Pues bien, como la Doctrina Sagrada (o Teología) lo trata todo desde el punto de vista de Dios, bien porque es el mismo Dios o porque está ordenado a Dios como principio y fin, síguese que el sujeto de esta ciencia es Dios" (Sum. Th., 1 ql a7).2. El sujeto real u ontológico. Para la determinación del s. real hay que apelar en primer lugar a Aristóteles y a su distinción entre sustancias primeras y segundas (v. SUBSTANCIA). El s. real es precisamente la sustancia primera, es decir, aquella realidad que existe en sí y que es como la base y el fundamento de toda otra realidad, o sea, de la realidad accidental; y esto como realidad singular y no como esencia universal. El s. o el suppositum, como también se le llama, debe cumplir los siguientes requisitos: a) ser una sustancia completa, no una parte de una sustancia; b) ser singular, no universal, pues la sustancia universal es la llamada sustancia segunda; y c) ser incomunicable, es decir, cerrado’ en sí mismo o sobre sí mismo. De aquí la clásica definición del suppositum como "sustancia individual de naturaleza completa". Aristóteles dice del s. que es "en un sentido, la materia; en otro, la forma, y en tercer lugar, el compuesto de ambas" (Metafísica, V11,3; Bk 1.029 a2). Y es que el s. se puede tomar en sentido pasivo, en sentido activo y en sentido integral. La sustancia primera, es decir, la sustancia singular, es pasiva por la materia (v.), que es el principio más radical de pasividad o receptividad, y es activa por la forma (v.), que es la determinación por lo que cada cosa es lo que es y obra lo que obra. Por eso, la sustancia completa, en cuanto raíz de pasividad y de actividad, será el compuesto de materia y forma.Una cuestión discutida entre los escolásticos es la de la incomunicabilidad ontológica como característica del suppositum. Ésta es una cuestión teológica que viene determinada por la necesidad de distinguir entre naturaleza individual y verdadero s. a la hora de explicar el Misterio de la Encarnación. Las dos opiniones más sólidas son, en este punto, la de Capreolo (v.), que pone la razón formal de la "supositalidad" en la existencia sustancial, y la de Cayetano (v.), que la pone en un modo sustancial que llama "subsistencia". Pero no podemos entrar aquí a fondo en esta cuestión (v. ENCARNACIÓN DEL VERBO II).Desde un punto de vista estrictamente filosófico, debe decirse que el s. real u ontológico es la sustancia individual completa. Cuando esta sustancia es corpórea, entraña una necesaria composición de materia prima, que es el s. pasivo más radical, y forma sustancial, que es la raíz de las operaciones. Pero ni el cambio (pasividad) ni la actividad pueden darse sin el acto de ser (v.), existencia (v.), y por ello la existencia debe de estar de alguna manera implicada en el s., tanto si se le considera como s. pasivo, cuanto si se le considera como s. activo; sobre todo en este último caso, pues el obrar sigue al ser (al existir) y el modo de obrar al modo de ser (a la esencia o a la forma). El verdadero s. de las operaciones es una esencia sustancial existente, en la cual la forma es el principium quo (principio por el cual) de las operaciones, así como la materia es el principium quo de cualquier cambio o pasividad; pero la sustancia misma existente es el principium quod (principio que) de las operaciones y de los cambios.3. El sujeto ontológico racional o persona. Pero cuando se trata del s. real u ontológico hay que hacer una especial consideración del s. psicológico, es decir, del suppositum rationale o persona (v.). Hay que reconocer, además, que en el pensamiento moderno y contemporáneo, el s. psicológico ha acaparado por así decir todas las reflexiones sobre la subjetividad. Decir s. y decir persona (especialmente humana) han venido a ser cosas sinónimas. Vamos, pues, a considerar ahora a la persona.La persona puede considerarse desde un punto de vista entitativo y desde un punto de vista operativo. Entitativamente, puede describirse con la clásica definición de Boecio (v.): "sustancia individual de naturaleza racional" (De duabus naturis, cap. 3; PL 64,1343). En este aspecto, es lo mismo que el suppositum, pero en tanto que dotado de una naturaleza racional o espiritual. Desde esta perspectiva, la cuestión de la personalidad es un caso particular de la cuestión general de la supositalidad, y también aquí las dos opiniones de más peso son las que pone el constitutivo formal de la persona en la existencia sustancial (Capreolo) y la que lo pone en un modo sustancial, en la subsistencia (Cayetano).Pero la persona puede también considerarse operativamente, y entonces aparece como el s. cognoscente y como el s. volente o libre. Este sentido del s. es el que ha acentuado sobre todo la filosofía humana moderna y contemporánea. Así, por una parte, el s. se contrapone al objeto (v.); y, por otra parte, se contrapone a la naturaleza (v.). El objeto es lo conocido, lo que hace de polo opuesto al s. cognoscente o s. dotado de entendimiento (v.) y conocimiento (v.); y la naturaleza se considera como lo que no está dotado de voluntad (v.) y libertad (v.), lo que hace de polo opuesto al s. libre y plenamente activo. En ambos casos el s. aparece como el "yo" (v.).Bajo la inspiración de Kant, la filosofía contemporánea, especialmente la de signo idealista, ha distinguido entre el s. o yo "empírico" y el s. o yo "trascendental". El primero es el yo concreto y singular que es cada uno de nosotros, mientras que el segundo es el conjunto de las condiciones necesarias para ser un yo y para que haya un mundo (objeto, naturaleza) contrapuesto a él.Esto da origen a una problemática dentro de la cual el s. se considera a veces, sobre todo en el idealisnio (v.) más absoluto, como algo totalmente irreductible al mundo. El s. es lo que nunca puede devenir objeto; pues es imposible que el cognoscente en tanto que cognoscente se reduzca a lo conocido, y asimismo que lo libre se identifique con lo necesario. Esta contraposición entre objeto y s. llega a considerarse de forma tan radical en algunos autores que, como sucede con J. P. Sartre (v.), esos dos polos se excluyen entre sí como el ser y la nada. ParaSUJETO - SULFAMIDASSartre, el objeto, el "en sí", es el ser sin más, mientras que el s., el "para sí", es la nada. En el orden del conocimiento, estas posiciones llevan a un subjetivismo (v.) generalizado; y a propugnar una incomunicabilidad radical entre las personas, incomunicabilidad no ontológica, sino de conocimiento.Pero no hay que llegar a estos extremos. La persona, el yo, es una realidad concreta que tiene la prerrogativa de abrirse a todas las otras realidades por el conocimiento y la volición. Desde el punto de vista del ser real o físico, el yo tiene también su propia naturaleza, es decir, está encerrado dentro de sus propios límites y no trasciende ni supera a la totalidad del mundo; pero desde el punto de vista del ser intencional (cognoscitivo y volitivo), el yo está abierto a la totalidad del mundo y trasciende y supera sus propios límites.V. t.: JUICIO; SUBSTANCIA; INDIVIDUO; INDIVIDUACIÓN; PERSONA; SUBJETIVISMO.J. GARCÍA LÓPEZ.
BIBL.: V. FAZIo ALLMAYER, II problema morale come problema della constituzione del soggetto, Florencia 1942; A. Guzzo, L’io e la ragione, Brescia 1947; L. PEREGO, La natura e il soggetto. Contributo a una concezione neorealistica del soggetto, Milán 1935; D. INVREA, Il soggetto esistente, Turín 1963; B. LONERGAN, The Subject, Milwaukee 1968; A. MILLÁN PUELLES, La estructura de la subjetividad, Madrid 1967. Para el s. de los juicios y proposiciones (s. lógico), véanse los tratados generales de Lógica (v.), y la Bibl. de juicio (v.) y SILOGISMO (v.).
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