Sulfamidas QUÍM.
Categoria:
Química
Son compuestos que tienen por origen las materias colorantes; fueron sintetizadas a partir del ácido sulfanílico y presentan propiedades bacteriostáticas y bacteriolíticas. Su introducción en terapéutica dio origen a que se estudiaran nuevos mecanismos de acción antibacteriana que, en la actualidad, son la base de las teorías por antimetabolitos; pero las s. van siendo desplazadas de la terapéutica, en parte, por los antibióticos (v.).Origen. Aunque en su mayor parte se relaciona con Gerhard Domagk (1895-1964), descubridor de la primera s., sin embargo, conviene recordar los pasos que se dieron antes y después en tal descubrimiento. Se puede decir que la "era de las sulfamidas" comienza con el s. xx, ya que los compuestos colorantes fueron estudiados por Paul Ehrlich (1854-1915). Hasta la aparición de las s., ocurrieron los siguientes fenómenos: en primer lugar, Gelmo, en 1908, sintetizó y experimentó la para-aminobenceno-sulfonamida; después Heidelberger y lacobs, en 1919, demostraron propiedades antibacterianas de la azosulfonamida; seguidamente, en 1932, Domagk sintetizó el prontosil rojo, demostrando en él propiedades antibacterianas; en 1935, Trefüel, Nitti y Bobet descubrieron que la parte activa del prontosil rojo era el núcleo sulfanilamida, sustancia que se llamó prontosil blanco; Colebrok y Kenny pusieron de manifiesto su gran actividad en la fiebre puerperal. Finalmente, en 1940, Woods y Fildes demostraron que el ácido para-amino-benzoico (PABA) era el antagónico o sustancia inhibidora de las sulfamidas. Se puede afirmar que la "era sulfamídica" aún no ha terminado, ya que se están llevando a cabo investigaciones que son la base de nuevos descubrimientos químicos, con la aparición de nuevas sulfamidas.Química. Proceden del ácido sulfanílico y la sulfanilamida, sustancias que tienen enorme parecido con el ácido para-amino-benzoico, y que se caracterizan por contener en su molécula, en posición para, es decir, en posición 1 y 4, dos nitrógenos: el primero amínico y el segundo amídico. Este núcleo basal de las s. es el punto de partida de la obtención de las s. que se usan en la práctica médica, bien por sustitución del hidrógeno amínico o del hidrógeno amídico, y así tenemos: sulfacetamida, dagenán, madribón, etc. Las propiedades químicas son de enorme importancia, ya que en ellas radican las propiedades bacteriostáticas; pero también la tienen sus propiedades físicas, por las que se clasifican en tres grupos: insolubles, no absorbibles y, por tanto, con acción tópica, como las sulfoguanidinas; poco solubles, como los sulfotiazoles; y solubles o muy solubles, que son las absorbibles, como las sulfopirimidinas.Acción farmacológica. Las acciones verdaderamente importantes de las s. quedan sintetizadas en la actividad bacteriostática, cuya potencia de acción radica principalmente en su concentración en sangre, y también está enSULFAMIDASrelación directa con la virulencia del agente infectante. La acción quimioterápica se dirige contra los gérmenes infectantes que son sensibles y que, por tanto, constituyen el espectro antibacteriano representado por: gérmenes sensibles gram positivos (estreptococo, neumococo, diftérico, carbuncoso, clostridium, etc.); gérmenes sensibles gram negativos (meningococo, coli, brucela, pasteurela, shigela, etc.); hongos sensibles, entre los cuales sobresale el actinornyces bovis, agente productor de la actinomicosis; virus sensibles como, p. ej., el del tracoma como más importante, y después el de la psitacosis y linfogranuloma venéreo. Aunque se han propuesto gran número de teorías, el verdadero mecanismo de acción es en parte desconocido.Por esta causa, merecen ser citados los estudios de Woods y Fildes, quienes demostraron que las bacterias para su crecimiento y reproducción tenían necesidad de sintetizar sustancias llamadas metabolitos, los cuales, en general, serían la base de la estructura proteica (v. RACTEUtAs, 3). Esta sustancia básica o metabolito es en este caso el ácido para-amino-benzoico (PABA), el cual se encuentra presente en todos los líquidos orgánicos y en los medios de cultivo, sustancia que es la base para la síntesis del ácido fólico; por ello, todas las bacterias que necesitan dicho ácido son sensibles a las sulfamidas. Existe, pues, un antagonismo entre este metabolito y las s.; la estructura química de ambos es muy semejante, y así se puede decir que dicho antagonismo es competitivo, ya que la bacteria toma la s. para constituir ácido fólico; de este modo, resulta un ácido fólico desnaturalizado, lo que da origen a la intoxicación y a la falta de poder formador en la bacteria. Este fenómeno, que comenzó siendo una teoría, en la actualidad está completamente comprobado, de tal manera que a dicho ácido se le denomina sustancia antisulfamida. Es tan importante este hecho, que el efecto antagonizador va más allá; el efecto antisulfamida se encuentra además en todos los derivados del PABA, como ocurre principalmente con la novocaína, que es un anestésico local.Resistencias. Tal y como sucede en la actualidad con los antibióticos (v.), pudo demostrarse primeramente con las s., viéndose que muchos gérmenes perdían sensibilidad a las mismas, y comprobándose una resistencia adquirida a estos quimioterápicos; el germen más demostrativo era el gonococo, fenómeno que ha sido considerado de naturaleza desconocida, y que se produce como consecuencia de la misma una verdadera mutación bacteriana, que aparece tanto más rápidamente cuanto más inadecuada es la manera de aplicarse terapéuticamente tanto en calidad como en cantidad.Toxicidad. Las manifestaciones tóxicas de las s. son muy variadas, de tal manera que su aplicación puede provocar accidentes en casi todos los sistemas orgánicos; pero, desde un punto de vista clínico, tres son las principales variedades tóxicas que se pueden dar con tal medicación:a) Fenómenos de intolerancia, que se presentan de una manera muy variada, pero que afectan con preponderancia a la piel, al aparato digestivo y a la sangre, dando origen a una gran cantidad de respuestas, que se caracterizan principalmente por la gran frecuencia en su producción, que con los modernos preparados de dosificación menor han disminuido paulatinamente, y cuyos síntomas más representativos son: la urticaria, que cursa con intenso picor y fiebre; la agranulocitosis, que es una disminución enorme de los leucocitos, que cursa con sintomatologíamuy variada de carácter infecioso; y el dolor gástrico motivado por la irritación gástrica con hiperclorhidria. b) Fenómenos citotóxicos o destructivos, que son trastornos parenquimatosos caracterizados por inflamación, que afecta principalmente al hígado o al riñón, y cuya sintomatología más importante la componen: el dolor, las alteraciones de la secreción urinaria, y la aparición de ictericias de mayor o menor intensidad.c) Fenómenos tópicos o alteraciones de tipo mecánico, trastornos que producen las s. al ser eliminadas por el riñón, al precipitarse y ponerse en contacto con la mucosa tubular, dando origen a cristaluria y, por tanto, con sintomatología de tipo cólico renal.Al margen de estos fenómenos, que son los más importantes y frecuentes, las s. pueden producir trastornos nerviosos ligeros, con la aparición de cefalea, mareo, o bien trastornos nerviosos graves, verdaderas psicosis (v.), que pueden originar trastornos en la personalidad y alucinaciones, los cuales a pesar de ser aparatosos suelen ceder fácilmente. También pueden producir las s. neuritis periféricas, conjuntivitis, acidosis, etc. El tratamiento de todas estas manifestaciones es principalmente sintomático, pero en muchas ocasiones dichos accidentes se previenen al suspender la aplicación de las mismas.Aplicaciones clínicas. Podemos resumir éstas diciendo que son útiles en todas las enfermedades infecciosas provocadas por gérmenes sensibles a las mismas, pero también deben ser aplicadas en enfermedades producidas por una flora bacteriana muy variada, entre cuyos gérmenes exista alguno sensible a las mismas. En orden de importancia, las aplicaciones clínicas son las siguientes: en la meningitis cerebro-espinal-epidémica o meningitis meningocócica, en cuya enfermedad el tratamiento adecuado con s. proporciona remisiones perfectamente demostrables en un periodo de 24 horas, teniendo en cuenta que el tratamiento debe durar el tiempo necesario para que se normalice totalmente el líquido cefalorraquídeo. Esta meningitis es la más sensible, pero son también beneficiadas las producidas por otros tipos de gérmenes, como la neumocócica, estreptocócica, etc. Aunque la sensibilidad al medicamento en estos casos es muy grande, sin embargo, en la práctica el médico usa las s. unidas a los antibióticos.En las infecciones del árbol respiratorio, principalmente en las neumónicas, aunque éstas estén producidas por más gérmenes que el neumococo. En el absceso de pulmón, en las gangrenas pulmonares, en el tratamiento de las bronquiectasias, etc., procesos en los que la medicación por s. no solamente debe complementarse o potencializarse con la ayuda de los antibióticos, sino también por medio de sustancias fibrinolíticas, expectorantes y otras. En el tratamiento de las infecciones urinarias de cualquier tipo, medicaciones que en la actualidad son de gran importancia, sobre todo en las provocadas por el colibacilo, que son las más frecuentes; también son sensibles las infecciones provocadas por el estreptococo fecal. Y también dentro de esta terapéutica puede englobarse el tratamiento de la gonococia, incluso el tratamiento del chancro blando. En el tratamiento de las infecciones intestinales, entre las que cabe destacar las específicas o disentéricas, e inespecíficas o banales como son las dispepsias estivales, casi siempre producidas por rotura del equilibrio de la flora bacteriana intestinal, teniendo en cuenta que en este caso la actividad de las s. es práctica y exclusivamente local. También en este caso se usan las s. unidas a antibióticos, sobre todo la estreptomicina. En las infecciones agudas generalizadas de tipo septicémico, provocadas principalmente por el estreptococo hemolítico, endocarditis, etc. También podemos citar las numerosas aplicaciones como antiséptico local. Formas de administración. Existen en el comercio una enorme variedad de preparados de s., unas veces en forma simple, otras muchas unidas a otras s., e incluso unidas a antibióticos o con otro tipo diferente de medicamentos. Cuando usamos las s. para hacer un tratamiento de tipo general, la vía de elección para ser aplicadas es la oral, teniendo en cuenta que en este caso las s. más activas y menos tóxicas son el sulfisoxazol y las sulfopirimidinas, las cuales se encuentran en comprimidos de 0,5 g. para ser aplicadas bien en dosis de choque de hasta 4 g., o bien para continuar el tratamiento o dosis de mantenimiento de 1 g. cada 4 h. Las llamadas s. de acción prolongada se aplican una o dos veces al día; la más importante es la sulfametoxipiridazina, que se aplica en comprimidos de 0,5 g. también. Para el tratamiento de las afecciones intestinales se usan preferentemente las sulfoguanidinas y el ftalilsulfatiazol a las dosis de 1-2 g. Las infecciones meníngeas deben ser tratadas con s. por vía endovenosa, usando preferentemente la sulfodiazina sódica en dosis que oscilan entre 1 y 4 g. Finalmente, las s. pueden ser aplicadas tópicamente, bien en forma de pomadas, cremas, polvos, soluciones, colirios y otras de menor uso.NH2 2 / S03H Ácido sulfanílico N - N//S02 NH2 NH2Prontosil rojo NH2 S02NH2 Prontosil blancoV. t.: QUIMIOTERAPIA; TERAPÉUTICA 1.J. PEDRAZ DE CABO.
BIBL.: M. LITTER, Tratado de Farmacología, Buenos Aires 1964; B. LORENZO VELÁZQUEZ, Terapéutica con sus fundamentos de Farmacología experimental, Madrid 1969; C. WINDSOR-M. D. CUTTING, Manual de Farmacología, Nueva York 1966; L. NEIPP, W. SACKMANN y J. TRIPOD, Some new trends in the field ot experimental research on sulfonamides, "Antibiotica et Chemotherapia. Advances" 9 (1961); D. D. WOODS, Biochemical mode of action of sulphonamide drugs, "J. Gen. Microbiol" 29 (1962) 687; P. SÁNCHEz GARCÍA, Bases farmacológicas del uso actual de las sulfamidas, 1967; E. MUÑOZ FERNÁNDEZ, Farmacología clínica y terapéutica de las sulfamidas, Monografía 1968; R. BASTIN, Estado actual de la suifamidoterapia, "La Rev. du Prat".
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