Suiza (schweiz; Suisse; Svizzera) II LIT.
Categoria:
Literatura
LENGUA Y LITERATURA ROMÁNICAS. Aspectos lingüísticos. Erróneamente se piensa que los suizos hablan cuatro lenguas: francés, alemán, italiano y retorrománico, cuando en realidad se trata de cuatro comunidades lingüísticas. Es cierto, sin embargo, que muchos suizos, sobre todo las personas cultas y las dedicadas a negocios y al turismo, conocen al menos dos lenguas, además de su dialecto materno en muchos casos. Las cuatro lenguas tienen consideración de nacionales; gozan de carácter oficial el alemán, el francés y el italiano, aunque en la práctica sólo las dos primeras se emplean en las relaciones administrativas. Las autoridades están obligadas a utilizar la lengua del súbdito. En tanto que el alemán es hablado por el 64,9% de la población, el francés es la lengua del 18,1°/0; tan sólo un 11,9% habla italiano (en el cantón del Tesino, cuya capital es Bellinzona, y en cuatro valles al sur de los Grisones), y un 0,8% habla rético (v.; en el cantón de los Grisones), con sus dos modalidades de engadino y romanche.Hablan francés 1.134.010 hab. (1970), que corresponden más bien a la parte sudoccidental: cantones de Ginebra y Vaud, la mayoría del Valais y de Neuchátel, las dos terceras partes del cantón de Friburgo, y la región del Jura en el cantón de Berna. En contraste con el alemán helvético de la vida familiar, que es dialectal, el francés de S. no ofrece particularidades dignas de mención. Cabría recordar algunos casos, como el empleo de septante, octante y tronante frente a soixante-dix, quatre-vingts y quatre-vingt-dix, lo mismo que en la Bélgica valona. Puede decirse que es el mismo francés que en Francia, aunque sobrevivan los patois. Las hablas regionales de la S. de lengua francesa se relacionan principalmente con el antiguo franco-provenzal (v. ROMÁNICAS, LENGUAS), salvo en la región del Jura de Berna, cuyas escasas particularidades lingüísticas son más afines al antiguo borgoñés. En la Edad Media y hasta avanzado el s. xvl, el franco-provenzal era la lengua corriente en la S. de habla francesa, además de las regiones en torno a Lyon y Grenoble, y en los valles y montañas que remontando el curso del Ródano conducen al lago Lemán.Entre las características de los dialectos que cabría agrupar bajo la denominación de franco-provenzal (v. PROVENZAL, LENGUA Y LITERATURA), puede señalarse la pérdida de la consonante r final en el infinitivo de los verbos (lo mismo que en provenzal moderno): porta, tsanta, tsardzi, jugi (en francés: porter, chanter, charger, juger). Estos cuatro ejemplos revelan otra particularidad muy propia del franco-provenzal: el tratamiento de la a acentuada, que se mantiene a cuando es absolutamente libre (porta, tsanta), pero que se convierte en i bajo la influencia de una yod anterior (tsardzi, jugi). Un tercer rasgo del franco-provenzal que se aparta del provenzal coincide con el francés: la desaparición de las consonantes t y d intervocálicas, y la reducción a r del grupo tr intervocálico.En el cantón de los Grisones hay zonas de habla alemana, italiana y retorrománica. El retorrománico helvético se ha visto amenazado por el empuje del alemán e italiano; pero ha sobrevivido, a pesar de la muy escasa población que lo habla. Uno de los síntomas más significativos ha sido la reposición de los antiguos topónimos, que habían sido reemplazados por alemanes.Es frecuente entremezclar los términos de retorrománico, friulano, tirolés, romanche, etc., localizándolos en la región sudeste de Suiza. En la Edad Media, el dominio del retorrománico fue bastante extenso; pero bajo la presión del italiano y alemán ha quedado muy limitado, reducido hoy a tres grupos pequeños y separados geográficamente entre sí: a) el grupo occidental, en el sudeste de S., cantón de los Grisones, que comprende unas 40.000 personas; b) el grupo central, en el Tirol de los Alpes Dolomíticos, que comprende unas 12.000 personas (Alto Adigio, principalmente en los valles de los afluentes del Adigio: el de Isarco en la parte septentrional, y los valles superiores del Noce y el Avisio en el Sur); y c) el grupo oriental en el Friul, que comprende unas 400.000 personas (provincia de Udine a ambos lados de Tagliamento hasta Gorizia y Monfalcone).Prescindiendo de los grupos central y oriental, por caer fuera del dominio suizo, nos fijaremos únicamente en el grupo occidental. Este se divide en romanche y engadino; el primero se localiza en el valle del Rin anterior, y el segundo en el valle superior del En. El romanche se subdivide en sobreselvano o selvano superior (Sedrun, Disentis, Somvix, Trun, Ilanz) y en subselvano o selvano inferior (Chus, Domat-Ems, Bonaduz, Reichenau, etc.). El engadino, a su vez, se subdivide en engadino superior (Samedan, Saint-Moritz, Maloggia, etc.) y engadino inferior (Zernetz, Scuol-Schuls, Guarda, Ardez, etc.). Tres rasgos caracterizan principalmente las hablas retorrománicas frente a las italianas: a) el plural en -s; b) la conservación de los grupos pl-, bl-, cl-, gl-, y 11-; y c) la palatalizacióuSUIZA VIIde ca- y ga- en posición inicial o interior detrás de consonante.Literatura en francés. Ni en franco-provenzal ni en francés de S. apenas puede hablarse de obra literaria durante la Edad Media, frente a la extraordinaria riqueza de las literaturas que la rodean: francesa, provenzal, italiana y alemana. En el s. xvi, con el cronista e historiador Frangois de Bonivard (1493-1570), nace la literatura helvética en lengua francesa, aunque, más que a su aportación literaria, su fama se debe a que es el héroe de un poema de Byron, The Prisoner of Chillon; el nombre se explica por haber estado encerrado durante seis años en el castillo de Chillon, por orden del duque de Saboya. Cabría señalar al poeta Othon de Grandson (1336-97) durante la Edad Media, pero es un caso aislado, y es más conocido por sus andanzas políticas durante la guerra de los Cien Años que por sus dotes literarias.Ginebra, convertida en capital de la reforma calvinista, acoge a muchos perseguidos en otros países por motivos religiosos. Entre otros, los franceses Clément Marot, Théodore de Beza y Théodore Agrippa d’Aubigné y el escocés John Knox (v.), organizador de la Iglesia presbiteriana. Théodore de Beza (v.; 1519-1605) fue sucesor de Calvino y, además de dirigir L’Histoire ecclésiastique des Églises réformées, escribió diferentes obras, que pueden figurar en el capítulo de la literatura suiza de expresión francesa: Vie de Calvin, la tragedia Abrahan sacrifiant y una versión de los Salmos al francés. Clément Marot (v.) tradujo en Ginebra el libro de los Salmos, versión muy lograda a la que Calvino ordenó poner música. Théodore Agrippa d’Aubigné (1552-1630), uno de los más entusiastas e intransigentes servidores de Enrique IV de Francia, se refugió también en Ginebra y ha dejado, amén de una serie de poemas galantes de juventud titulada Le Printemps, un crudo poema de las guerras de religión, Les Tragiques (1616), y una Histoire Universelle (1616-20).Estos tres autores, así como Guillaume Farel (14891565), amigo y más tarde adversario de Calvino, son franceses de nacimiento y de formación, pero pasaron sus últimos años en Ginebra y allí escribieron sus obras más importantes, que además llevan la huella del calvinismo ginebrino. También Calvino (v.) era francés, y publicó en esta lengua en 1541, con el título de Institution de la Foi Chrétienne, la Institutio Fidei Christianae, que había editado seis años antes en latín. De esta suerte, la reforma ginebrina resulta a la vez profundamente helvética, pero de origen francés en sus fundadores y en sus obras literarias. En el s. xviii, en cambio, Rousseau (v.) y Constant (v.) nacidos ambos en Suiza, se establecen en Francia y se hacen acreedores a ser considerados como franceses.El lago Lemán tiene una característica y curiosa importancia literaria: en el s. xvtti, Rousseau, Madame de Stai;l (v.) y Constant, así como Voltaire (v.) y Fernán Caballero (v.) en el s. xix, tienen relación íntima con él. Rousseau, Constant y Fernán Caballero nacen junto al lago (el primero en Ginebra); Constant en Lausana; y Fernán Caballero en Morges. Mme. de Stai;l tiene su cenáculo en Coppet, y Voltaire en Ferney. La residencia de Coppet se convirtió en lugar de reunión de literatos, hombres de letras y pensadores, en una especie de salón literario que ejerció enorme influencia y agrupó en repetidas ocasiones a Rousseau, Constant y al poeta y crítico alemán August Wilhelm von Schlegel (v.). Allí acudieron también Mme. de Récamier, Sismondi y Bonstetten.El cenáculo de Coppet reemplazó en cierto modo al de Ferney creado por Voltaire. Más al E, la misma orillasuiza del lago inspiró a muchos escritores del s. xix: Chateaubriaüd, Lamartine, Victor Hugo, Stendhal, Daudet, Michelet, Rilke, Tolstoi, etc. La zona Vevey-MontreuxChillon fue santuario de los románticos, al que acudieron en busca de inspiración. Las rocas de Meillerie, junto a Vevey, han sido inmortalizadas por Rousseau y lord Byron. El pueblecito de Clarens, hoy anexionado a Montreux, fue el marco en que Rousseau hizo moverse a los protagonistas de la Nouvelle HéloYse. Byron, con motivo de una "peregrinación" en 1816 a este pueblecito de Clarens, en homenaje a Rousseau y su obra, se sintió particularmente atraído por el castillo de Chillon, a pocos kilómetros, en el que dejó esculpido su nombre-.Durante el s. xix surge en S. un movimiento principalmente literario de exaltación de la nacionalidad helvética, basada en razones históricas y sobre todo geográficas en torno a los Alpes. Como figura representativa de este movimiento destaca Bridel (1757-1845), y en cierto modo Rodolphe Toepffer (1799-1846) y Philippe Monnier (1864-1911), cantores de las excelencias ginebrinas. Otra corriente, en cambio, prefiere orientarse hacia Francia: el crítico literario Alexandre Vinet (1797-1847), y H. F. Amiel (v.), autor de un monumental lournal intime, en buena parte aún inédito. Como poeta del s. xix sobresale Juste Olivier (1807-76), y con él otros, y sobre todo una pléyade de novelistas; entre ellos, varias mujeres, como Noelle Roger, Clarisse Francillon, Monique Saint-Hélier y Alice Rivaz. También empiezan a destacar en las letras suizas algunos autores católicos como Léon Savary, René de Weck, Maurice Zermatten (n. 1910) y sobre todo el historiador de la literatura suiza del s. XVIII Gonzague de Reynold (n. 1880), entusiasta del helvetismo, en la misma línea que lo había sido Bridel en el siglo anterior. Posiblemente, la figura más importante de las letras suizas contemporáneas sea Ch. F. Ramuz (v.), que ha sabido compaginar su helvetismo acendrado con su entronque en las letras francesas, así como el respeto al ambiente de preocupación casi exclusiva por las cuestiones de moral, característica del espíritu helvético, con su dedicación y entrega al arte abierto a otras corrientes.Literatura en italiano. A pesar del carácter profundamente helvético de los suizos de lengua italiana, su producción literaria está impregnada de italianismo. Entre los escritores suizos en lengua italiana cabe señalar: al poeta y novelista Francesco Chiesa (n. 1871), al crítico literario Giuseppe Zoppi (1896-1952), al poeta Valerio Abbondio (1891-1958), y al novelista Felice Filippini (n. 1917). Son particularmente interesantes la novela Tempo de Marzo (1925) de Francesco Chiesa (n. 1881) y sus agradables narraciones Racconti puerili (1921).En 1937, las autoridades del cantón del Tesino, en su noble afán de conservar y mantener la tradición de la región y de poner de manifiesto y hacer resaltar su idiosincrasia, publicaron una obra de particular interés titulada Scrittori della Svizzera italiana (Escritores de la S. italiana), que recoge numerosos textos helvéticos en expresión italiana.Literatura en retorrománico. Entre los escritores suizos en lengua retorrománica sobresalen Peider Lansel (1863. 1943) y Giachen Michel Nay; el primero escribe en ladino, y el segundo en romanche. En el s. xix se hizo notar principalmente por sus preciosas baladas el poeta Giachen Chasper Muoth (1884-1906). El número muy reducido de los que hablan estas lenguas en S. (no pasan de los 40.000), la presión constante por parte de las lenguas limítrofes, y la avalancha de turistas, con quienes se ven obligados a emplear otras lenguas, dejan reducido el retorrománico aSUIZA VII - VIIIuna situación muy precaria y no favorecen el desarrollo de una literatura con empuje.J. CANTERA ORTIZ DE URBINA.
BIBL.: Consúltese las rev. Romanica Helvetica y Vox Romanica. Además, P. GiRARD, La Suisse romande, Grenoble 1951; P. GODET, Histoire littéraire. de la Suisse traneaise, Neuchátel-París 1890; JENNY-ROSSEL, Histoire de la linérature suisse, Lausana 1910; Portraits d’écrivains romands contemporains, Neuchátel 1954; WEBER-PERRET, Écrivains romands 1900-1950, Lausana 1951.
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