Suiza (schweiz; Suisse; Svizzera) HIST.
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Historia de la Iglesia
HISTORIA DE LA IGLESIA. 1. Evangelización. El cristianismo se encontró en la provincia romana de Helvetia (v.) con un paganismo celta-romano, y en Retia con otro de raíces autóctonas, que pudieron superarse gracias a un esfuerzo prolongado durante siglos. La cristianización penetró a través del valle del Ródano, desde el Gran San Bernardo y desde la Italia superior. En S. es donde deberán localizarse las comunidades cristianas de la Germanía superior de que hablaba S. Ireneo ca. 180. Seguramente eran comunidades pequeñas y de carácter exclusivamente urbano. Los primeros testimonios ciertos de la nueva fe nos han llegado a través de vasos de cristal, piedras funerarias y especialmente una inscripción en Sitten del 377, así como las firmas de los obispos en sínodos de los s. iv y v. A ello hay que añadir los restos de iglesias y baptisterios en Agaunum y Riva San Vitale (v. VIII). Acerca de Beato y Lucio, que quizá fueron los primeros misioneros, tan sólo hay noticias contenidas en una leyenda, que hace referencia a los lugares donde vivieron y al emplazamiento de sus sepulcros.Al s. v corresponden las primeras informaciones sobre los mártires de la Legión Tebana en Agaunum (SaintMaurice), cuya verosimilitud ha sido confirmada por las excavaciones. Nada podemos afirmar con seguridad sobre la realidad histórica que pueda subyacer en las leyendas acerca de Urso y Víctor en Solothurn, de Félix y Régula en Zurich, y de la reclusa Verena en Zurzach. A Verena se la relaciona con los alamanes (v.), que en el s. v penetraron a través del Rin y dominaron la casi totalidad del centro del país. Desde los tiempos romanos se conservan más o menos claramente sedes episcopales como Octodorus-Sitten, Augst-Basilea, Ginebra, Windisch (¿Constanza?), Avenchez-Lausana y Chur.En el Oeste, los burgundios, ya cristianizados, se mezclaron con la población romana. Facilitaron, de manera parecida a como ocurrió en Retia, una continuidad del cristianismo desde Saint-Maurice, donde su rey fundó en el 515 el famoso monasterio, hasta las zonas norteñas del Jura. Los alamanes, por el contrario, continuaban siendo paganos. Su evangelización no tuvo lugar hasta el s. VII, por obra de monjes irlandeses-escoceses. De Luxeuil llegó S. Columbano (v.), que fundó junto al lago de Zurich el primer monasterio en territorios dominados por los alamanes (v. III). Un discípulo suyo, S. Gall, vivió varios decenios como eremita en las proximidades del lago Constanza. Su eremitorio fue el germen del célebre monasterio de Sankt Gallen erigido en el s. VIII por el abad Otman, y donde la Regla benedictina desplazó a la dura Regla de S. Columbano. La política de los francos, que fomentaba la cristianización de los alamanes, respaldó ulteriores fundaciones de monsaterios: al Norte, Reichenau y Sáckingen, que ejercieron en S. una honda influencia religiosa, cultural y económica, y Pfáfers y Lucerna en el centro del país.2. Edad Media. El florecimiento de la cultura medieval en S. comenzó con la fundación de los monasterios benedictinos. Los monjes dedicaban sus vidas a la solemne celebración del culto divino, a la escuela y al fomento de las ciencias, a las labores del scriptorium y la ornamentación de libros; pero se preocuparon también de abrir caminos antes impracticables y de proteger los principales puertos de montaña (p. ej., la abadía de Disentis). De laSUIZA Vcelda eremítica de S. Meinrado surgió en el s. xi el monasterio de Maria Einsiedeln (v.), que se convirtió en uno de los grandes centros de peregrinación mariana del mundo alemán. Muy abierta a las reformas monacales de los s. x y xt, en S. surgieron numerosas fundaciones influidas por las reformas procedentes de Cluny, de Hirsau y del cercano S. Blasien; así nacieron en el s. x el monasterio de Romainmoutier, en el s. xc los monasterios de Todos los Santos en Schaffhausen y de Muri, y en el s. xn los de Engelberg y Fischingen.El emperador alemán S. Enrique II (v.) protegió al obispado de Basilea. En la lucha de las Investiduras (v.), los obispos suizos tomaron partido por Enrique IV (v.); únicamente Chur y los monasterios reformados estuvieron de parte del Papa. Uno de los jefes más esforzados del partido del rey alemán fue el nuevo abad de Sankt Gallen. En torno a Constanza se entabló una lucha encarnizada. Apenas restablecida la paz, comenzó la fundación de monasterios cistercienses, a partir de la Suiza occidental (Hautrive en 1138 con el monasterio filial de Kappel). Al lado de la frontera suiza, nacieron el monasterio de Lützel (1123), la abadía madre de Frienisberg (1138), y los de S. Urban y Wettingen. En el s. xiii se fundaron numerosos monasterios femeninos de la misma Orden. El prestigio de ésta había crecido poderosamente, a raíz del viaje de S. Bernardo (v.) a S. en 1146. Las fundaciones de canónigos regulares, extendidas por Zurich, Solothurn, SaintMaurice, Beromiinster y otros lugares, acreditan la voluntad de reforma eclesiástica, al tiempo que los premonstratenses fundaban la importante abadía de Bellelay (1142) y otras fundaciones menores.En el s. xin, franciscanos y dominicos asumieron la cura pastoral de las poblaciones urbanas. De las órdenes militares, los caballeros de S. Juan alcanzaron mayor difusión en S., con numerosos hospicios y centros. Los conventos de mendicantes fueron los de los dominicos en Basilea, y los de los franciscanos en Zurich y Friburgo. En los conventos de monjas dominicas de la S. alemana floreció la mística germánica, como resultado de la labor de dirección espiritual de Tauler (v.) y Enrique de Suso (v.). También gozó amplia difusión la rigurosa Orden de los cartujos. Representante destacado de la santidad entre los laicos fue S. Nicolás de Flue (m. 1487), que es al mismo tiempo la más noble figura de los eremitas medievales y que, por su labor de pacificador de la joven Confederación helvética, ha venido siendo venerado como patrono de S., por encima de las divisiones confesionales.El establecimiento de la Confederación a la caída de los Hohenstaufen (v.) no introdujo modificaciones en la división eclesiástica del país. La Confederación asumió los derechos eclesiásticos de los Habsburgo y de la nobleza y, mediante la "carta de los párrocos" de 1370, limitó la jurisdicción de la Iglesia al prohibir las apelaciones a tribunales eclesiásticos extranjeros, excepto en asuntos espirituales y causas matrimoniales. Durante el Cisma de Occidente, la Confederación, a diferencia de los Habsburgo, se puso del lado de Roma y posteriormente a favor del Sínodo de Pisa. Aprovechó hábilmente las circunstancias para conseguir nuevos privilegios, especialmente bajo los pontificados de Sixto IV y julio 11, que necesitaban el apoyo militar de los suizos. Ya en 1505 estaba la Guardia Suiza al servicio del Papa, y el card. Schiner (m. 1522) dirigió con habilidad la política italiana de los Papas. En recompensa, consiguió la Confederación un derecho de elección de los párrocos que variaba según los lugares y que suplantó los derechos decolación que tenían los obispos. Poco a poco se estableció en los cantones un riguroso derecho estatal sobre asuntos eclesiásticos.3. Edad Moderna. A finales de la Edad Media, la situación religiosa y moral en S. era mala, como ocurría también en Alemania. De nada sirvieron las preocupaciones e intentos de reforma, pues el clero suizo se opuso a las decisiones del Conc. de Constanza, y pocos años después, en Basilea, el cabildo catedralicio hizo fracasar la reforma. Por eso, los Consejos de las ciudades se arrogaron la facultad de hacerla por su cuenta y acometieron la reforma de la Iglesia en materia de fe y liturgia, con el designio de ajustarla a la letra de la S. E. Así fue como el Consejo de Zurich llamó en 1519 a Zwinglio (v.) como predicador, y éste introdujo el protestantismo en la ciudad, al tiempo que trataba de extenderlo a toda la Confederación. La suerte del protestantismo varió de uno a otro lugar. Fue rechazado por las cinco ciudades que habían establecido una unión con Friburgo, pero encontró pronta acogida en Berna, Basilea, Sankt Gallen, Schaffhausen, Chur y Graubi1nden (Grisones), y desde Berna se propagó a Ginebra, Neuenburg y Waadt. Nada hizo cambiar la disputa de Baden (1526), a pesar de la manifiesta superioridad que allí demostraron los representantes de la fe católica. Gracias a la resistencia militar de las cinco ciudades contra el ataque de Zurich, inspirado por Zwinglio, pudieron aquéllas conservar su fe. Zwinglio murió en la batalla, y en la paz de Kappel (1531) se garantizó a cada uno de los cantones su propia religión, mientras que en las regiones administradas comunitariamente por varios cantones se dejaría a las parroquias la libre elección de la confesión religiosa. Fue restablecida la abadía de Sankt Gallen, que había sido suprimida, y se acordó que en Appenzell y Glarus (Glaris) la minoría católica pudiera conservar sus derechos.Con la división confesional (v. iv) se hizo mayor la impotencia de las sedes episcopales situadas fuera de las fronteras del país, y la renovación eclesiástica quedó a merced de las iniciativas de los Consejos municipales de las ciudades católicas. En el Conc. de Trento, la representación de la Confederación corrió a cargo de Melchor Lussy de Stans y del abad de Einsiedeln. Lussy consiguió interesar a S. Carlos Borromeo (v.) en favor de Suiza. Éste hizo un viaje a través de los Alpes en 1570 y activó la creación del colegio helvético en Milán, así como el establecimiento de una nunciatura permanente en Lucerna. Ya en 1574 habían llegado los jesuitas a Lucerna. Los capuchinos estaban en Altdorf en 1581. En la diócesis de Basilea, el obispo Blarer de Wartenberg fue el celoso fautor de la reforma católica. Pero ni S. Francisco de Sales (v.) en Ginebra, ni la predicación de S. Fidel de Sigmaringa (v.), asesinado en 1622 en los Grisones, consiguieron rescatar para la Iglesia a las regiones protestantes.Las ciudades católicas, comparativamente débiles, buscaron su apoyo en España y Austria. En la guerra de los Treinta Años (v.), los partidos confesionales permanecieron neutrales, no obstante su mutua desconfianza. Sólo la lucha por los desfiladeros de Bünden consiguió sembrar de desconcierto sangriento a los valles. En 1656 y 1712 los protestantes llevaron a cabo las guerras de Villmerger con el fin de quebrantar definitivamente el peso político de las débiles ciudades católicas. Su victoria consiguió privar a las cinco ciudades de su régimen tradicional. Ello motivó un descontento que mantuvo largo tiempo vivas las rivalidades confesionales. En el s. XVIII y tras encoSUIZA Vnadas luchas con la tradición, la Ilustración (v.) se impuso en las ciudades. Gracias a ella se abrió camino un acercamiento entre los cantones en el campo social y político, por encima de los distanciamientos confesionales. El punto de coincidencia fue el cultivo de los valores patrios, dentro de la sociedad helvética (1766). Tras la supresión de la Compañía de Jesús, los cantones asumieron el mantenimiento de las escuelas. La cultura barroca perduró más tiempo en el campo gracias a la influencia de Einsiede1n y otros monasterios; ello es válido especialmente en lo que se refiere a la arquitectura, las representaciones teatrales religiosas y la piedad popular.4. Edad Contemporánea. La Revolución francesa impuso en S. la República helvética (v. iv), que suprimió la abadía de Sankt Gallen y expulsó al nuncio, pero permitió que se restaurase nuevamente el culto católico en Ginebra. Bajo la Restauración, el Pacto federal de 1815 supuso una garantía para los monasterios y conventos. Respondiendo a una antigua aspiración, la zona suiza del obispado de Constanza se segregó en 1814 y quedó constituida en vicariato apostólico. Otras reformas de circunscripciones eclesiásticas afectaron a los obispados de Sankt Gallen y Lausana. En el aspecto cultural, se superó el predominio de la Ilustración gracias a la influencia de J. M. Sailer (v.) y de los escritores románticos (J. Gürger y F. Geiger). Los publicistas católicos hubieron de luchar contra la reacción liberal y librepensadora (conferencia de Baden de 1834), pero no pudieron impedir que en el cantón de Aargau fueran suprimidos los conventos en 1841. Cuando Lucerna entregó a los jesuitas de Friburgo su escuela teológica, los liberales organizaron expediciones armadas contra el cantón. Lucerna reaccionó y los siete cantones católicos, ante la ineficacia de las autoridades federales, constituyeron una asociación de defensa que recibió el nombre de Sonderbund. Iniciada la guerra en octubre de 1847, el Sonderbund fue derrotado en pocas semanas por el ejército de la Confederación, dominada entonces por los liberales y radicales. La derrota trajo consigo una mayor limitación de la libertad religiosa y nuevas supresiones de conventos (S. Urban, Fischingen, etc.). La Constitución de 1848 prohibió el establecimiento en S. de los jesuitas y de otras comunidades religiosas afines. A las protestas del obispo de Lausana se respondió primero con su encarcelamiento y después con el destierro. La Constitución revisada en 1874 mantuvo la prohibición de nuevas fundaciones religiosas y del restablecimiento de los conventos.Este endurecimiento se relaciona con las circunstancias que siguieron al-Conc. Vaticano 1. Frente a la declaración del dogma de la infalibilidad pontificia respondieron con medidas contra la Iglesia: destierro del obispo Mermillod,expulsión de mons. Lachat, obispo de Basilea, y supresión de su cabildo catedralicio, expulsión del nuncio de Suiza. En el Jura de Berna, la mayor parte de los párrocos fueron expulsados, sus iglesias entregadas a los viejo-católicos (v.) dirigidos por E. Herzog. Sólo poco a poco se suprimieron estas medidas que constituían un auténtico Kulturkampf (v.); en 1884 se restableció el obispado de Basilea tras la renuncia de mons. Lachat, a ruegos de León XIII. Lachat fue nombrado administrador del cantón de Testino que, como diócesis exenta de Lugano, quedó unido por unión personal con el obispado de Basilea, a partir de 1888. Sólo en Ginebra y en el jura de Berna permanecieron en vigor, hasta 1917, algunas leyes persecutorias. En 1920 se restableció la nunciatura, la Iglesia católica fue reconocida poco a poco en los mismos cantones reformados y finalmente, en 1963, en el de Zurich. En 1973, un referéndum suprimió el artículo de la Constitución que prohibía el establecimiento de los jesuitas en territorio suizo.La vida interna de la Iglesia católica en S. se intensificó visiblemente durante las épocas de opresión. Las confraternidades (Piusverein, 1856), la fundación de congregaciones femeninas de amplia proyección social (Ingenbohl, Menzingen, etc.), las misiones populares a cargo de congregaciones misioneras (Bethlehem, en Immensee, desde 1859), se complementaron con el desarrollo por las benedictinas y capuchinos de instituciones católicas de enseñanza. En 1889 el cantón de Friburgo fundó la Universidad católica, cuya facultad de Teología se confió a los dominicos en 1890. En 1903 tuvo lugar en Lucerna el primer Congreso de los católicos suizos. La lucha contra la política eclesiástica del liberalismo hizo necesaria la fundación de un partido católico. Solamente en 1891 pudo un católico llegar a ser miembro del Consejo Federal.5. Organización y estadística. Como consecuencia del mayor número de hijos de las familias católicas, la proporción de católicos en el conjunto de la población suiza creció en el lapso de un siglo del 40,7% al 45,6%. En 1960 vivían en S. 2.472.000 católicos, 2.807.000 reformados, 34.000 cristiano-católicos y 65.000 personas pertenecientes a otras confesiones o sin religión alguna. Diversos factores han contribuido a atenuar la división confesional entre los cantones: el trasiego permanente de mineros, el gran número de trabajadores provenientes de otros países, en su mayoría italianos, y los extranjeros en general que viven en S. y que en 1968 constituían el 15% de la población total.En razón de la autonomía, celosamente conservada por cada uno de los cantones, no existe ningún arzobispo en S.; todos los obispados del país son, por tanto, exentos. Los obispados son: Basilea, Chur, Lausana-Ginebra-Friburgo, Lugano, Sankt Gallen y Sion. Hay, además, dosSUIZA V - VIabadías nullius, la de los Canónigos regulares de S. Agustín de Sannt-Maurice y el monasterio benedictino de Maria Einsiedeln. Los datos estadísticos de estas circunscripciones se resumen en el cuadro de página anterior.Además de las mencionadas de Sannt-Maurice y Einsiedeln, se han conservado las abadías benedictinas de Disentis y Engelberg, así como la cartuja de Valsainte. Dominicos y franciscanos tienen solamente algunas fundaciones. Son numerosos los conventos de capuchinos, y en algunos cantones se conservan también desde la Edad Media monasterios femeninos de benedictinas y cistercienses. Pero el punto fuerte de la vida religiosa en S. radica en las congregaciones modernas. La participación suiza en las obras misionales es muy activa. Sólo la Congr. misionera de Bethlehem contaba en 1954 con 235 sacerdotes, 58 legos y 63 hermanos, y al mismo tiempo trabajaban también en las misiones cerca de 1.000 hermanas de la Congr. de Menzing (primera fundación en Sudáfrica en 1883). Es también ejemplar la colaboración católica en obras caritativas para atender necesidades urgentes en cualquier parte del mundo.HERMANN TÜCHLE.
BIBL.: T. SCHWEGLER, Geschichte der katholischen Kirche in der Schweiz, 2 ed. Stans 1943; R. PFISTER, Kirchengeschichte der Schweiz, 1, Zurich 1964; U. LAMPERT, Kirche und Staat in der Schweiz, 3 vol., Friburgo 1929-39; 1. SIEGWART, Die Chorherrenund Chorfrauengemeinschaften in der deutschsprachigen Schweiz vom 6 Jahrhundert bis 1160, Friburgo 1962; O. VASELLA, Reform und Reformation in der Schweiz, Münster 1958; fO, Das Visitationsprotokoll überden Schweizer Klerus des Bistums Konstanz von 1568, Berna 1963; F. STROBEL, Die Gesellschaft Jesu und die Schweiz im 19 Jahrhundert, Olten 1954; G. BEURET, Die katholisch-soziale Bewegung in der Schweiz 1848-1919, Winterthur 1959; R. GMÜR, Die Komfessionelle Bestimmungen der schweizerischen Bunderverfassung, "Oesterreichisches Archiv für Kirchenrecht" 9 (1958) 14-36; "Zeitschrift für schweizerische Kirchengeschichte" Friburgo 1907 ss. (con índice para los vol. 1-40, Friburgo 1947); Statistisches Jahrbuch der Schweiz, Basilea 1963; Ann. Pont., 1973.
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