Sueños HIST.
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Historia
HISTORIA DE LAS RELIGIONES. 1. Significación religiosa general. Los pueblos del mundo antiguo reconocían la existencia de s. especialmente significativos frente a otros carentes de significación. Los primeros contienen un mensaje directo o indirecto (por medio de un emisario o ángel) de Dios a su elegido, o una revelación del futuro, que de alguna manera opera sobre el acontecer histórico, dando un nuevo sesgo a procesos en curso. En cambio, los s. carentes de significado son vanas fantasmagorías (lob 20,8; Ps 73,203; Eccli 4,5), son producidos por las pasiones y los temores (Eccli 40,4-5), o las necesidades físicas como el hambre y la sed (Is 29,7-8). Estos últimos son, por tanto, meros productos del psiquismo personal y, fuera de la angustia o satisfacción individual que causan, no tienen trascendencia alguna. Los ensueños divinos, de sentido evidente e inmediato (teoremáticos en la terminología de los antiguos onirocritas), o subyacente a la trama manifiesta (alegóricos), tienen un alcance más reducido en el A. T. que sus correlatos en el mundo pagano, y reflejan una metafísica de los s. radicalmente distinta. La literatura pagana sobre los s. es bastante abundante. Incluso pensadores como Aristóteles y Cicerón escribieron libros sobre esta materia. Suetonio en Vidas de los emperadores refiere numerosos s. que precedieron a sucesos decisivos en la política imperial.2. Naturaleza de los sueños "divinos". Existen paralelos literarios de s. divinos en el A. T., en Asiria, Babilonia, Ugarit, Egipto y en el mundo grecorromano. Sin embargo, del cotejo de tales relatos y de la reconstrucción de los hechos que refieren se desprenden diferencias fundamentales de estructura, sobre todo de los del A. T. de una parte y del resto de los relatos oníricos de otra. Al no darse en el A. T. el tajante dualismo antropológico de otras concepciones religiosas (p. ej., v. METEMPSÍCOSIS), quedan excluidas: a) la creencia de que el alma o principio espiritual (V. ESPÍRITU II, ALMA) del hombre abandona el cuerpo durante el s. para "volar" por los espacios siderales o penetrar en el mundo del espíritu (V. ORFISMO); b) la de que por hallarse libre de las ataduras del cuerpo, en un estado análogo al de la muerte (v.), tiene tratos con otras almas exentas (espíritus de los muertos) (V. DIFUNTOS I); c) la de que recupera las potencias propias cuyo ejercicio impide el cuerpo, p. ej., la clarividencia. Todo ello implica el que se descarten a priori los s. como vía de acceso a verdades trascendentes organizadas en uncorpus doctrinal y el que no hallen cabida en Israel las prácticas de la magia (v.) onírica (evocación de espíritus de muertos, inducción de ensueños, etc.). El único fundamento de los s. divinos en la Biblia es el de que Dios puede visitar o enviar a su elegido un mensajero, tanto en estado de vigilia como en s., para darle una orden o ponerle en conocimiento de algo. Debe distinguirse también entre lo que significa hablar a través de los s. o durante el sueño.Las analogías que desde Deissmann (Licht von Osten, 4 ed. Tubinga 1923, 125) se han pretendido hallar entre ciertos s. del paganismo y los s. del N. T., tan sólo son válidas en lo que respecta a una actitud religiosa general, a saber, la del acatamiento y obediencia a la voluntad divina, que se expresa de múltiples maneras, especialmente para los paganos por vía de s., según reflejan las dedicaciones epigráficas "por mandato de un sueño", la epístola de Zoilo a Apolonio, el diario del katochos Ptolomeo, los Hiero¡ logoi de Elio Arístides, o el libro XI de las Metamorfosis de Apuleyo.3. Interpretación de los sueños. Las experiencias oníricas desempeñan un papel fundamental en las religiones mistéricas (V. MISTERIOS Y RELIGIONES MISTÉRICAS) de Isis y Sarapis; y en las de divinidades salutíferas, como Asclepio e Innuthes (v. SERPIENTE), revierten o en culto (p. ej., en la erección de templos, realización de ciertas prácticas), o en el mismo contenido religioso (revelación de verdades) o en la conversión individual (por mandato imperioso de la divinidad aparecida; v. TEOFANíA).Nada de esto se encuentra en la Biblia. En la S. E. la interpretación de los s. que entrañan un mensaje divino es algo que rebasa la capacidad cognoscitiva del hombre. Sólo Dios se la puede sugerir a su elegido en un momento dado, como gracia singular y extraordinaria, sin que esto adquiera el carácter de carisma permanente. Así responde José (Gen 41,10): "No yo, Dios será el que dé una respuesta favorable al Faraón". Asimismo, para descubrir y descifrar el s. olvidado de Nabucodonosor, cuya interpretación se exigía a los caldeos, Daniel ruega a sus compañeros que pidan a Dios que revele aquel misterio (Dan 2,18). A lo largo del A. T. se perfila una actitud crítica contra las pretensiones de sedicentes profetas e intérpretes de s.: así Num 12,7 (Dios habla a Moisés cara a cara, y a las claras, no por figuras; cfr. también Dt 13,1-5). Jeremías (23,16-32) arremete contra todo tipo de adivinos, entre ellos los "soñadores". Los escritos sapienciales subrayan con frecuencia el carácter natural de los fenómenos oníricos. Esta línea de sobriedad culminaría en el N. T. Sin embargo, en los relatos referentes al final de la época de los Jueces y primeros años de la monarquía israelítica hay textos aparentemente favorables a la onirocrisia (cfr. 1 Sam 28,6, donde s., ur?m y profetas se equiparan) y pasajes que hacen pensar en una eventual práctica de la incubatio. Pero aun así, en Israel no se produjeron los excesos del mundo pagano.4. Sueños en la Biblia. En hebreo halóm, Vulgata somnium in somniis. En arameo es frecuente la expresión "ver un sueño". Se ha querido relacionar tanto la raíz aramea como la hebrea con una raíz árabe que significa a la vez soñar y llegar al estado de pubertad. Sin embargo, los s. son atribuidos generalmente a los adultos y es en los ancianos en donde toman carácter de mensaje divino. Lo mismo en el antiguo Israel como en general en todo el mundo antiguo se daba gran importancia a los s., pero conviene distinguir diversas especies de sueños.a. Clases de sueños. La Biblia distingue claramente dos clases de s.: Los ordinarios y los de inspiración divina. En efecto, así reflexionan los sabios de Israel: "Esperanzas vacíás y engañosas las del hombre irreflexivo, y los sueños dan a los necios alas. Es como quien coge una sombra y persigue el viento aquel que en los sueños confía. Tal una cosa cual la otra son espejo y sueño... Adivinaciones, augurios y sueños son cosas vanas y como lo que imagina fantasía de mujer encinta; a no ser que sean enviadas del Altísimo en una visita, no apliques tu corazón a ellas. A muchos engañaron los sueños y cayeron por confiar en ellos" (Eccli 34,1-7). En este último sentido Num 12,6: Dios habla a sus profetas a través de sueños. Unas veces lo hace en forma directa y otras a través de diálogo (Gen 20,3-7; 1 Reg 3,5-14; Act 18,9-10). A veces atemoriza por medio de ellos (lob 4,13-14; 7,14; 33,15-16). Como los s. presentan sólo por garantía la palabra de quien lo tuvo, a veces impostores se vanagloriaban de haber oído la voz de Dios en sueños. Así, pues, s. aparecen en la Biblia como "visión nocturna cuando cae letargo sobre los hombres mientras duermen en el lecho" (lob 33,15), pero al mismo tiempo se conciben como uno de los medios de revelación (lob 33,14-17).Aparte de Adán, el primer personaje bíblico en quien se manifiesta propiamente un s. es Abraham (v .). En Gen 15,12-18 aparece la trascendencia que ese s. tuvo para el futuro pueblo de Dios: "Estaba el sol para ponerse cuando un sueño profundo cayó sobre Abram y he aquí que un horror, una tiniebla grande le invadió. Entonces díjosele a Abram: has de saber que tu descendencia será peregrina en tierra ajena y la someterán a servidumbre y la oprimirán por espacio de cuatrocientos años... En aquel día pactó Yahwéh alianza con Abram...". Sueña Abimélek (Gen 20,3-7): su aparición es de gran interés por el cuidado que muestra Yahwéh por su siervo Abraham. Es famoso el s. de la escala de Jacob (Gen 28, 12-25); y curioso el s. de Jacob acerca del ganado moteado, listado y manchado (Gen 31,8-13). Sueña también Labán (Gen 31,24) y Dios le prohíbe en ese s. hablar con Jacob. Los s. relacionados con el patriarca José los refiere Gen 37,7-9; el relativo al copero de Faraón, Gen 40,9-11, y el que cierra el ciclo, con el panadero de la corte egipcia, Gen 40,16-17. Otro s. es el que nos refiere Gen 41,1-7, relativo al Faraón que ve las vacas y las espigas que anuncian los siete años de abundancia y escasez. El s. de la hogaza de pan de cebada nos lo refiere Iudc 7,13-18. La Escritura refiere extensamente el s. de Salomón (v.) en 1 Reg 3,5-14. Los demás s. del A. T. son: el de Mardoqueo (Est 11,5-12); el de Nabucodonosor (Dan 2,31-35; 4,7-14); el de Daniel (Dan 7,2-13); el de Judas Macabeo (2 Mac 15,12-16).b. Estructura de los sueños de la Biblia. De sencilla estructura, los s. del Antiguo Testamento transmiten: a) una orden o prohibición de Yahwéh (Gen 20,3-7 a Abimélek, Gen 37,5-9 a José); b) un anuncio de victoria (a Gedeón, lude 7,13), de muerte (al copero del Faraón, Gen 40,9), de salvación (al repostero, Gen 40,16), de destrucción y ruina (a Nabucodonosor, Dan 2,1.18); c) a veces una epifanía onírica conduce a la fundación de un santuario, como en el caso del lugar de culto de Betel (v.) tras el s. de la escala de Jacob (Gen 28,11); d) por último, el hombre en s. puede sentir la presencia numinosa de lo divino de un modo impreciso y sobrecogedor (lob 4,12 s.; 7,13; 33,15; Sap 18,17-19; v. TEOFANÍA). Los s. desempeñan un papel en el Génesis y en Daniel, cuya acción se desarrolla en Egipto y en Babilonia, respectivamente, lugares donde la onicronisia y prácticas onicromágicas estaban en auge. Los sabios y adivinos que manda llamar el Faraón para que le interpreten el s. de las sietevacas y siete espigas (Gen 41,1-8) son en realidad, según lo indica la versión bohaírica del pasaje, los "escribas de la casa de la vida", una corporación culta egipcia, en cuyos estudios entraba la interpretación de los sueños. El testimonio del A. T. comprueba aquí lo que sabemos por otras fuentes, y cabe suponer en los israelitas un influjo de prácticas corrientes entre los pueblos con los que estaban en contacto.En el Nuevo Testamento la función de los s. es mucho más reducida y pertenece a tipos aún más sencillos si cabe. Si bien tienen paralelos en otras partes, se explican perfectamente por la economía y pedagogía de la Historia sagrada. Con todo, las diferencias con el mundo pagano, microasiático y helenístico son considerables. Los s. divinos del N. T., a semejanza con los del A. T., contienen un mensaje de Dios, bien sea directamente, o bien, lo que es general, por mediación de un ángel a su elegido, para ordenarle o prohibirle hacer algo, ponerle en conocimiento de un hecho decisivo, o darle aliento en un momento de peligro. Entran, pues, dentro del ámbito de la vida personal de los protagonistas de la Historia sagrada, y si su repercusión en ésta es grande, lo es en cuanto que cooperan con su praxis vital, no porque de sus vivencias oníricas reciban revelación dogmática propiamente. Los s. neotestamentarios, como las experiencias de vigilia, entran en el plano de lo contingente, no afectan directamente a la esfera de las verdades reveladas (V. REVELACIÓN). Una excepción parece ser la visión de S. Pedro (Act 10,11 ss.), que si bien tiene una validez general, se dirige directamente a un momento histórico concreto. Es éste el único s. alegórico del N. T., exceptuada la aparición del macedonio a S. Pablo, fácilmente comprensible (Act 16,9). Los restantes s. son teoremáticos y excluyentes de la onicronisia, así como de todo deseo de indagar el futuro, de acuerdo con las palabras del Discurso de la montaña (Mt 6,34). El fundamento de esta postura, según se insiste en dicho discurso, es la fe y confianza en Dios, cuyos designios trascienden el conocimiento humano (Rom 11,33), pero habla a los hombres sin ambigüedades, bien en estado de vigilia, bien durante el sueño.En particular, los s. del Evangelio de Mateo corresponden a dos tipos de vivencias oníricas frecuentes en los textos antiguos: el s. prenatal y la señal decisiva. Así, un ángel anuncia a José en s. que María ha concebido del Espíritu Santo (1,20), pero a diferencia de casos aparentemente análogos, nada se dice sobre el futuro del niño; la función del s. es clara. Un aviso en s. impide que los Magos regresen junto a Herodes (2,12), un ángel ordena a José la huida a Egipto (2,13), regresar a Israel (2,19) e instalarse en Galilea (2,22): mandatos todos pertenecientes a las actividades de la vida, no propiamente a la esfera religiosa. Los s. inquietantes de la mujer de Pilatos (27,19) pueden tener una explicación psicológica natural.Por lo que respecta a los s. de S. Pablo tampoco rebasan propiamente la esfera de su vida personal, aunque sus repercusiones para la Iglesia sean importantes. Un s. en Tróade le indica que debe trasladarse a Macedonia (Act 16,9); otro que habrá de ir a Roma (Act 23,11); otro le ordena regresar a Jerusalén (Gal 2,2). En los momentos cruciales de su vida el Apóstol tuvo la asistencia del Señor (cfr. Act 18,9-10; 23,11; 27,23) aparte de las "visiones y revelaciones del Señor" a que alude en 2 Cor 12,1.L. GIL FERNÁNDEZ, J. VALDIVIA VALOR.
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