Subordinacionismo REL. NO CRIST.
Categoria:
Religión No Cristiana
Término con el que se designan diversas herejías trinitarias, que tienen como denominador común negar la igualdad entre las Tres divinas Personas de la Santísima Trinidad (v.), afirmando una subordinación o jerarquía entre ellas. Estas herejías -en las que, en definitiva, se niega la divinidad, al menos, implícitamente, de la Persona subordinada- tienen, como es obvio, consecuencias cristológicas (v., sobre todo, ADOPCIONIsmo). A veces se aplica el término s. a algunas explicaciones del misterio de la Trinidad hechas por autores que, aun siendo ortodoxos en su fe, se sirven para exponerla de frases o expresiones que parecen conllevar una subordinación entre las Divinas Personas. Por eso, parece más exacto distinguir entre un s. aparente o meramente verbal y un s. propiamente dicho.Subordinacionismo verbal. La Trinidad Beatísima es una verdad que trasciende nuestra razón y que sólo puede ser conocida por Revelación (v.). Dios, que había ido preparando esa revelación a lo largo del A. T., la manifestó en Cristo. Nuestro Señor al dar a conocer su propia divinidad y su condición de Hijo del Padre, y al hablarnos del Espíritu Santo, igual a Él y al Padre en poder y dignidad, realizó esa Revelación. La palabra de Cristo, así como las expresiones inspiradas que sobre la Trinidad se encuentran en.los escritos del N. T., constituyen regla de fe para el cristiano. Es claro, sin embargo, que al intentar predicar y explicar ese dogma, y al exponerlo en otros idiomas, los cristianos tenían que realizar un esfuerzo para encontrar palabras y explicaciones que transmitieran fielmente la verdad revelada. La inefabilidad del misterio hace ver que se trata de una tarea difícil; no es por eso extraño que no todos los intentos sean felices, y que a veces surjan términos que no consiguen expresar adecuadamente la fe.Tal es el origen del s., al que hemos calificado de verbal o aparente, que se encuentra en diversos Padres antenicenos. Éstos admiten sinceramente la doctrina trinitariacontenida en el N. T. y la profesan claramente diversas fórmulas que recogen, p. ej., a propósito del sacramento del Bautismo, administrándolo "en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (Didajé, 7,1-3). Necesidades pastorales, y la urgencia por poner de relieve la distinción real de las Personas frente a las herejías modalistas (v. MODALISMO), les conducen a desarrollar una Teología con aspectos positivos pero, en ocasiones, con expresiones poco apropiadas.Así los Apologistas (v. PADRES DE LA IGLESIA III) dejan constancia de que el Verbo es verdaderamente Dios, Hijo de Dios, engendrado por Él (cfr., p. ej., S. Justino, Diálogo con Trifón, 61,2; 128,4). Y aunque no utilicen el término consustancial, usado más tarde en el Conc. de Nicea (v.), su doctrina coincide con lo que éste significa, ya que hablan con todo rigor de la filiación natural del Hijo, y de que su generación no tiene lugar por división de las sustancias del Padre (cfr. Atenágoras, Súplica en favor de los cristianos, 10). Sin embargo, aun concibiendo esta generación como eterna -Dios no ha estado nunca sin su Logos-, parecen hacer depender la plena personalidad del Verbo del acto creador: "Su Hijo, aquel que sólo propiamente se dice Hijo, el Verbo, que está con Él antes de las criaturas y es engendrado cuando al principio creó y ordenó por su medio todas las cosas se llama Cristo por su unción y por haber Dios ordenado por su medio todas las cosas" (S. Justino, II Apología, 6). De esa forma, aunque no pueda decirse que afirmen que la generación del Verbo sea temporal, tampoco parece entenderse con todo rigor que sea eterna. En definitiva, la forma de hablar lleva a pensar en una generación del Logos en dos momentos sucesivos: Logos endiathetós, palabra interna, y Logos proforikós, palabra proferida con toda claridad en el acto creador, llegándose a formular con mayor o menor conciencia el pensamiento de que el Logos es el instrumento de la creación, y, por tanto, como subordinado al Padre (cfr. S. Justino, 77 Apología, 6; Diálogo, 61; Taciano, Discurso contra los griegos, 5; Atenágoras, Súplica, 10; Teófilo, Ad Autolicum, 11,10). El cuadro queda completo, si añadimos que en bastantes lugares parece hacerse depender la generación del Hijo de la voluntad del Padre, poniendo en peligro, por tanto, su generación eterna.También en Clemente de Alejandría (v.) parecen encontrarse expresiones subordinacionistas, tales como aquellas según las cuales la naturaleza del Hijo es la más cercana al Todopoderoso y que el Hijo puede ser conocido, mientras que el Padre es incognoscible (Stromata, VII,2: PG 9,408; ib. IV,25: PG 8,1.365); de todas formas estas expresiones pueden entenderse rectamente sin contradecir el sistema general de Clemente. Igual acontece con los primeros escritores latinos, Tertuliano, Hipólito, Novaciano, Lactancio. Bastantes afirmaciones en torno a que el Padre es mayor que el Hijo o a la obediencia de éste pueden entenderse o de la humanidad de Cristo, o de su carácter ministerial de mediador. Más seria es la acusación de s. dirigida a Orígenes, quien llama al Logos "deúteros theós" (Dios segundo), y dice de él que no es autoagthós (la bondad por sí misma), sino imagen de la bondad (Contra Celso, V,39; De Principiis, 1,12,13).Las tendencias subordinacionistas de estos escritores fueron en su mayor parte expresiones desafortunadas, o, a veces, teorías erróneas, pero nunca herejías conscientemente mantenidas. "Esto queda demostrado, escribe Vagaggini, por la clara distinción que hacen los autores que la propusieron entre la fe, norma absoluta, y las ulteriores explicaciones doctas de la fe, propuestas por cada autor bajo su propio riesgo, distinción siempre presupuesta y no raramente afirmada con toda claridad; cfr., p. ej., S. Justino, Diálogo, 48; Orígenes, De principias, pref. 3 ss." (Vagaggini, o. c. en bibl., 1467).Subordinacionismo propiamente dicho. Es aquel que afirma clara y conscientemente una subordinación entre las Divinas Personas. Su origen debe colocarse en una actitud racionalista: advirtiendo la dificultad del dogma -que, como decíamos, trasciende a nuestra razón-, se rehúsa aceptarlo netamente y se intenta interpretarlo de una manera que sea más "comprensible". De ahí la negación de la absoluta igualdad de las Tres Personas, y la presentación del Hijo y del Espíritu Santo como seres subordinados, perfectísimos, pero no Dios.El ejemplo más neto de s. es el de Arrio (V. ARRIO Y ARRIANISMo), que negaba la divinidad del Verbo, concibiéndolo de naturaleza inferior al Padre como su criatura más perfecta, y al Espíritu Santo como criatura del Verbo. Para ello, Arrio se apoyaba, interpretándolos mal, en textos de la S. E. (como, p. ej., "El Padre es mayor que yo": lo, 14,28; "Desde el principio y antes de los siglos me creó": Eccli, 24,14; de los cuales el primero se refiere en realidad a Cristo en cuanto hombre y el segundo a la sabiduría divina presente en el mundo, pero no al Logos Hijo eterno de Dios).A partir del Conc. de Nicea que, condenando a Arrio, define la consustancialidad del Hijo con el Padre, toda expresión de carácter subordinacionista más o menos velada no constituye otra cosa que la estéril pretensión de resucitar las viejas posiciones de arrianos y semiarrianos (v.), ahora ya sin la excusa, que tienen los autores prenicenos, de encontrarse en los primeros tanteos de una explicación y terminología teológica aún no desarrollada y aún no juzgada por eJ Magisterio infalible.Consideraciones finales. La historia del s. contiene algunas enseñanzas metodológicas sobre la teología trinitaria que nos parecen de interés. El hecho histórico de que al menos verbalmente se cayese en este error repetidamente se debe no sólo a la profundidad del misterio de la Santísima Trinidad, sino, entre otras razones, al predominio de una teología algo unilateral en sus planteamientos, es decir, el predominio de lo que pudiéramos llamar una teología puramente "económica", preocupada exclusivamente de la forma histórica en que nos fue revelado a lo largo de toda la S. E. el misterio de la Trinidad y no tanto del misterio en sí mismo. "Mientras que en la especulación trinitaria, escribe Karl Adam, predominó el punto de vista de la redención que reconocía la peculiaridad de Cristo exclusivamente en su obra redentora, se hacía depender del Padre no sólo esta obra, sino el ser mismo del Señor... La consecuencia obvia era que, partiendo de ahí, el Logos que sólo en el tiempo lograba su plena existencia tenía que ser menor que el Padre eterno" (o. c. en bibl., 82).Este error de método teológico explica la génesis del s. verbal, al mostrar los límites que tiene un cierto camino. A él se añadió eJ influjo de filósofos paganos y del gnosticismo, que conduce al s. propiamente dicho: la opinión de Arrio y Eunomio, escribe S. Tomás, "deriva, al parecer, de las doctrinas platónicas que establecían un Dios sumo, Padre y creador de todas las cosas, de quien decían que emanó en un principio cierta inteligencia superior a todas las cosas, en la cual estaban las formas de todas ellas, que llamaron entendimiento paterno; y después de ésta, el alma del mundo; luego, las demás criaturas" (Contra Gentes, IV,6). Es en suma una no plena comprensión de la trascendencia y riqueza divina lo que puede llevar a negar que haya en Dios una vida insondable, que trasciende a nuestra inteligencia, y, a la vez, a sostener que Dios para ser Dios tiene necesariamente que crear dando lugar a una gradación descendente de seres todos de naturaleza de algún modo semidivina. Panteísmo (v.) y racionalismo (v.) acaban así fácilmente dándose la mano.Recordemos, por último, que en la oración litúrgica se invoca desde los primeros tiempos al Padre a través del Hijo concluyendo las oraciones con las fórmulas "por nuestro Señor Jesucristo", "por Cristo, nuestro Señor", "en el nombre de Jesús", o utilizando la doxología "gloria al Padre, por el Hijo, con el Espíritu Santo". Estas fórmulas son absolutamente correctas, pero con motivo del arrianismo, que las invocó a veces en su favor, se introdujo en bastantes ritos litúrgicos una nueva forma de doxología (v.), rezando "gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo", y añadiendo la palabra Dios detrás del Hijo con el fin de evitar toda sombra de s.; de ahí fórmulas como "por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos", o la que cierra el canon romano de la Misa.V. t.: TRINIDAD, SANTíSIMA.L. F. MATEO SECO
BIBL.: 45 30/06/200416:45 30/06/2004.: J. LEBRETON, Histoire du dogme de la Trinité, II, París 1928; J. TIXERONT, Histoire des dogmes dans Pantiquité chrétienne, 11 ed. París 19’30; K. ADAM, El Cristo de nuestra fe, Barcelona 1958; J. QUASTEN, Patrología, 2 vol. Madrid 1968-73; C. VACACCINI, Subordinazionismo, en Enciclopedia Cattolica, XI, Vaticano 1953, 1465-68.
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