Sirio-caldeo, Rito REL. CRIST.
Categoria:
Religión Cristiana
También llamado sirio-oriental, pertenece a la familia litúrgica antioquena (V. ANTIOQUÍA DE SIRIA VI; V. t. RITOS). La autoridad del Patriarcado de Antioquía (v. ANTIOQUÍA V) se extendía hasta los territorios de Mesopotamia y de la altiplanicie iránica sujetos a los persas. Los grupos cristianos de lengua siriaca (v.) instalados en estos territorios se mantuvieron relativamente aislados, y desde principios del s. V se organizaron de manera autónoma bajo la autoridad del Katholikos o patriarca de todo el Oriente, que originariamente era un obispo delegado del patriarca de Antioquía, con autoridad sobre los demás obispos (v. t. SIRIA VI y VII). En estos grupos de cristianos de origen sirio en Persia se formó un rito autónomo, procedente de la liturgia de Antioquía, que evolucionó sin influencias externas, debido al aislamiento impuesto por el gobierno del Sha.Actualmente el rito s.-c. o sirio-oriental, lo siguen: los nestorianos (v.) orientales, que se llaman simplemente sirios, rehusando el nombre de nestorianos; los nestorianos unidos a Roma en diversas tentativas (los de Chipre en el s. XV, y los de Persia a partir del s. XVI), que se les llama sirio-caldeos (v. t. CALDEOS II); y los cristianos sirio-malabares de la costa suroccidental de la India, herederos de la misma tradición litúrgica (v. MALABAR, IGLESIA).Las iglesias o templos de este rito disponen sus elementos básicamente de la misma manera que los sirio-occidentales o antioquenos. El santuario, con el altar, está separado del resto de la nave del templo por un muro, con una puerta central y dos laterales. Este muro se levanta en el arco triunfal del ábside, o algo más adelante, sobre uno de los escalones que suben al santuario, o a la altura de las primeras columnas de la nave. Un velo en la puerta central separa el santuario de la nave, y se echa o se corre en diversos momentos de la acción litúrgica. En las iglesias sirio-antioquenas el altar ocupa el centro del santuario, en las s. c. está al fondo, en la pared oriental. El sacerdote está ante el altar de espaldas a los fieles. En las iglesias siriacas, siempre can el santuario hacia el este, se entra por puertas colocadas en las paredes laterales norte y sur.Un elemento típico de la iglesia siriaca, sobre todo oriental, y también occidental en el norte de Siria, es el Béma. Se trata de un recinto elevado en el centro de la nave al mismo nivel del santuario; de forma rectangular o trapezoidal, con su lado oeste semicircular, y abierto por la parte opuesta, de cara al santuario, a la que se accede por algunas gradas; está descubierto por arriba. En el centro del semicírculo occidental hay un trono, y en el centro del Béma un altar de madera (cubierto por un ciborio) sobre el que se coloca el evangeliario y la cruz. Adheridos al muro hay asientos para los clérigos. En el Béma se realiza la parte de la liturgia que consta de lecturas y predicación; resulta semejante al coro de las catedrales occidentales colocado en el centro de la nave, pero de dimensiones más reducidas (cfr. R.-G. Coquin, Le Bima des églises syriennes, "L’Orient Syrien" X, 1965, 443-474; A. Raes, La liturgie eucharistique en Orient, son cadre architectural, "La Maison Dieu" 70, 1967, 57-58).La liturgia eucarística. En el rito caldeo, el celebrante, revestido, se acerca al altar recitando una oración que recuerda el principio de la Misa latina. Comienza después solemnemente en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y recita el Padre nuestro parafraseado con versículos del Gloria, para acabar recitando el Padre nuestro seguido. A continuación se canta una sección del salterio (marmyata), y después los salmos 14, 150 y 116 (Vulgata) con antífonas (los malabares suprimen la recitación de la marmyata). A continuación, los caldeos cantan Lakhu Mara ("a Ti, Señor"), colocan el pan sobre la patena, y echan vino, agua y vino de nuevo en el cáliz, acciones que acompañan de oraciones tomadas del rito maronita (v.); después inciensan los dones. Los nestorianos empiezan la celebración con la preparación de las hostias en un horno especial (acción que acompañan de numerosas oraciones), colocan las hostias recién cocidas sobre la patena, y preparan el cáliz; después de esto empieza la celebración con la invocación trinitaria de que ya hemos hablado. Tanto el cáliz como la patena se colocan aparte en un lugar apropiado en el santuario, y serán puestos solemnemente sobre el altar cuando los catecúmenos sean despedidos después de las lecturas.Comienza la Misa de los catecúmenos. En el rito caldeo, el celebrante y el clero se trasladan procesionalmente al Béma llevando el evangeliario, y se canta el trisagio ("Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros"). Siguen las lecturas, que originariamente son cuatro: dos del A. T. (ley y profetas) precedidas de oraciones propias, y dos del N. T., una de las epístolas o de los Hechos precedida de oraciones y cantos, y otra del Evangelio, precedida de oración, aleluya y seguida de una antífona. A continuación se recitan letanías con diversas peticiones (en el rito caldeo, sólo durante la Cuaresma). Después de una oración con imposición de manos sobre los asistentes profundamente inclinados, y tras despedir a los catecúmenos, se celebran los ritos de ofertorio.El celebrante abandona el Béma y se acerca al santuario con inclinaciones y oraciones, hasta llegar al altar, que besa tres veces (derecha, izquierda y centro). En este momento los nestorianos colocan las ofrendas sobre el altar. Los caldeos y los malabares, que ya las han colocado, cantan la antífona de los misterios, recitan la oración del ofertorio, elevando el cáliz y la patena y cubriéndolos después con un velo, y se lavan las manos. Después se recita el símbolo de la fe (los malabares, por influencia latina, lo hacen después de la lectura del Evangelio) y los dípticos o peticiones por los Padres, obispos, mártires, confesores, gobernantes, que, en las liturgias antioquenas occidentales, están incluidas en la anáfora (V. ANTIOQUÍA VI). Sigue la oración y el ósculo de la paz; el diácono recibe del celebrante la paz, y la transmite a los fieles.El celebrante retira el velo de las ofrendas, y comienza el canon o anáfora (v.) después del Prefacio. La anáfora típica de la liturgia caldea es la de los santos Adday yMari, apóstoles del Oriente. Los malabares han conservado esta única anáfora; los s. c., en el Misal editado en Roma el a. 1901, añaden las de Teodoro de Mopsuestia y de Nestorio, llamándolas simplemente segunda y tercera Misa. El texto de la anáfora de Adday y Mari es antiquísimo; se remonta al s. III (o IV). Su lugar de origen sería la ciudad de Edesa (alta Mesopotamia), y se utiliza actualmente después de haber sufrido ciertas modificaciones (cfr. B. Botte, L’anaphore chaldéenne des Apótres, "Orientalia Christiana Periodica" XV, 1949, 259-276; íd, Problémes de l’anaphore syrienne des apótres Adday et Mari, "L’Orient Syrien" X, 1965, 89-106; E. C. Ratcliff, The original form of the anaphora of Adday and Mari, "Journal of Theological Studies" XXX, 1929, 23-32). Lo que más ha llamado la atención a los autores es la ausencia de la narración de la última Cena y las palabras consecratorias en los textos de los manuscritos nestorianos, que no son en modo alguno antiguos (se remontan a lo más al s. XV). Las ediciones católicas del Misal caldeo han llenado esta laguna; el Misal editado en Roma en 1767 coloca la consagración, traducida del Misal romano, poco antes de la fracción, lugar totalmente anormal y que han conservado los malabares hasta hace poco; la edición de Mosul de 1901 la coloca después del Sanctus, conectándola por medio de una serie de textos tomados de la anáfora de Nestorio. Respecto a los textos nestorianos de la anáfora de Adday y Mari, se supone que la consagración existió en el texto original, después evidentemente corrompido, aunque los autores no concuerdan al interpretar las fases y modos de esa corrupción (cfr. B. Botte, Problémes de l’anaphore syrienne..., "L’Orient syrien" X, -1965, 104).En la forma actual la anáfora se encuentra interrumpida en determinados momentos por oraciones de carácter privado que el celebrante reza arrodillado, o entre profundas inclinaciones y ósculos al altar, y que se llaman kushapa. La anáfora se desarrolla de la siguente manera: diálogo del Prefacio, kushapa; Prefacio, acción de gracias trinitaria que acaba con el Sanctus, kushapa; prosigue la acción de gracias, que, mediante una serie de textos de la anáfora de Nestorio, lleva a la consagración; continúa la acción de gracias que los mortales unen a la de los ángeles; sigue la plegaria de intercesión (por la Iglesia, jerarquía, santos, necesitados, difuntos) notablemente ampliada respecto al texto primitivo; la anámnesis (v.) o memoria de la pasión, muerte y resurrección del Señor; y la invocación al Espíritu Santo o epíclesis (v.), acabando con una doxología (v.) dirigida al Padre.Después de la epíclesis el celebrante recita los salmos 50 y 122, y procede al rito de la fracción e intinción, tras haber elevado la hostia, y haberla besado cuatro veces en forma de cruz (no se echa partícula de pan consagrado en el cáliz). Sigue la oración dominical con introducción. Después el celebrante dice: "las cosas santas convienen a los santos en la concordia", y mostrando la hostia y el cáliz al pueblo recita el Agnus Dei. El celebrante, después de comulgar, da la comunión a los fieles, que reciben una parte de la hostia y beben del cáliz. Los caldeos dan solamente la comunión bajo la especie del pan. Después de dos oraciones finales, el sacerdote en la puerta del santuario despide a los fieles y los bendice.En cuanto al oficio divino en el rito caldeo y malabar, nos limitaremos a decir que consta de cuatro horas canónicas: vísperas, completas, maitines y laudes. A veces las completas no se celebran o se unen a las vísperas. Los monjes católicos completaron las tres horas diurnas, tomándolas de los maronitas (v.).B. M. GIRBAU PERMANYER.
BIBL.: E. CARD. TISSERANT, Nestorienne (église), en DTC, 11, 157-323; A. RAES, Introductio in liturgiam orientalem, Roma 1947; 1. ZIADE, Orientale (Messe), en DTC 11,1434-1489; H. ENGBERDING, Zum anaphorischen Fürbittgebet der ostsyrischen Liturgie der Apostel Addaj una Mari, "Oriens christianus" 4,1 ser. V (1957) 102-124; Liturgish Woodenboek (Roermond en Maaseik, 1958-64) en la palabra Osterse ritussen, col. 2019; J. MATEOS, Un office de minuit chez les Chaldéens, "Orientalia christiana periodica" XXV (1959) 101-113; 113, Lelya-Sapra, Essai Xinterprétation des matines chaldéennes, Roma 1959; QURBANA, La Santa Messa secondo il rito malabarese, Roma 1960 (trad. italiana de la Misa malabar); J. M. SAUGET, Bibliographie des liturgies orientales, Roma 1962.
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